CANTARES DE MUJER

LA RUTA CONTINÚA…

 

Presentación    Cantares de Mujer

 

          Socorro Barrantes Zurita.

 

         Nacer, gota de agua en el vientre rojo de la madre.  Despertar en el grito primero; otros vendrán entre la luz y la sombra, inseparables caras de la vida.  Gota de agua generando el cauce de río infatigable, ruta hacia la mar del universo insospechado.  Paraíso terrenal donde la gota de agua cubre la duda y la certeza, abriéndose camino en las riveras.  El pie grande del tiempo pisa el segundo, lo destruye, lo deforma.  Más, vuelve a nacer el segundo, el minuto, la hora, el año, abren los ojos para verter el color y la forma de tus días. Un río joven, acaba de cumplir 35 años en esta ruta hermosa y tremenda, por la cual caminamos los humanos, las plantas, los peces, los buenos y los malos instantes de la colección de nuestro andar por el terrenal paraíso.   A veces … un infierno abierto al llanto y la tristeza.   Amaina luego, viene la carcajada perpleja de la estrella, alumbrando desde sus brazos, desde los húmeros descalzos, saboreando el pétalo y la espina, la belleza del dolor y la alegría.

         Río de mis sueños, de mi vientre, te veo crecer en el torrente de tus genuinas aguas.  La barca insinuante navega en tus entrañas.  A lo lejos la música humilde de los pájaros, vibra en arpegios ocultos de la escala del sonido, del silencio.  Cuántos caminos dibujan tus pies, rutas primigenias y recientes, serán el patrimonio de tu existencia, gotita de mi entraña triste, de mi sonrisa tenue, de la noche de mis ojos.  Tú calmas aquella tristeza, tú iluminas la levedad de mi sonrisa, tú me amaneces con el sol a cuestas, vibras en mi corazón hecho piedra.

         Quiero que el torrente de tu río, florezca bonito desde tus raíces, amanse la pena de los sin nombre, descubra sin descanso los misterios que duelen, que mastican lágrimas y devoran el éxito efímero.  Descubre la simiente de tu río abierto hacia la mar.  Descubre el sonido de la piedra, dale forma bendita a su corazón callado.  Talla tu silencio hacia la voz que se escuche en el viento, en los ojos, en la herida de la tierra, en el bramido del tiempo que traga los momentos en un instante.  Descubre que aquel tiempo que se va, vuelve en el agua que baja en tus vertientes generosas, hacia algún hermano que necesita de tu fuente para calmar su pasajera sed, él te la devolverá en matecito de alegría.

         Y aunque la vejez me cubra en arrugada piel, enséñame de tu bondad. Esa que me llega, arropando el frío de mi espalda, cansada de cargar el desaliento, la frustración, los remolinos. Enséñame la ternura de tu voz, conversando con las comunidades andinas, originarias.  Enséñame a recoger el canto de los niños olvidados por los sucesivos gobiernos, descubriendo la esperanza de sus voces.  Enséñame del buen trato a la gente humilde a quienes abrazas y sonríes con verdadera fe en el hermanamiento con todos los seres de la tierra.

         Recibe en este día el clamor de mis entrañas por verte reír en el canto de la vida.

Cajamarca, 16 de setiembre de 2020.

 

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