CANTARES DE MUJER

 

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CELEBREMOS A NUESTRA HERMANA AGUA

 

            Uno de los Santos que hermanó los benditos recursos de la naturaleza, fue sin duda SAN FRANCISCO DE ASIS, quien no estaba lejos del hermanamiento que establecía nuestra CULTURA ANDINA.  Por ello, los incomparables acueductos, canales de riego, pozas de acopio del agua, técnicas para enrumbarla en venas fecundas hacia la tierra y, tan bien hechas, que asombran a la ingeniería hidráulica de la civilización moderna.  Tanto San Francisco de Asís, como nuestros hermanos del ande, proclamaron con el ejemplo, el amor a la naturaleza: todos estamos hermanados sostenían siempre.

 

            Sin embargo, con la dominación española, muchísimas de estas tecnologías cayeron en desuso, no fueron valoradas.  Con el mestizaje devino el “valorar” lo que venía del otro lado del mar.  Pero siendo la Cultura Andina, una cultura que sigue vigente a pesar de los siglos, podemos aprehender nuevamente y con urgencia a dar su respectivo valor al AGUA BENDITA que cae del cielo en lluvia fresca, suave o torrencial. Guardarla, enrumbarla, derivarla adecuadamente para salvar la vida del planeta tierra.  Cómo se las verán las familias humildes de los arenales, de las tierras eriazas, de las laderas abandonadas, donde llega el agua como visita de médico.  Cómo exigir que se laven las manos, cuantas veces sea necesario, si no la tienen, ni siquiera para tomar u te de yerbas como único alimento del día, tantas veces, tantas, ahora recrudecida situación, por la atroz   pandemia.

 

 

 

            HERMANA AGUA, no seas ajena a nuestras penas, tú eres la compañera de nuestros ojos cuando están tristes; tu nos calientas con tu hervorcito de fuego; tu conserva los ríos, los puquiales, regando las sementeras para que crezcan los árboles, el ichu de la quebrada, amamantando la pampa en su semilla que ha de fructificar, sin ti no podría hacerlo.  Tu abres el universo del niño en las cálidas entrañas de la madre, enciendes el beso y la entrega.  Brillas lozana y hermosa en el rocío de la mañana, mil brillos encendidos en tu grano de cristal, corres, correteando las piedras para llegar hasta el mar, en las blancas corrientes del río manso o en las tremendas, furiosas, ennegrecidas, luego de la tempestad.

 

            Sin ti la vida es imposible y sin embargo cuánto nos cuesta quererte como te quiere el indio de la montaña o de la cumbre o del arenal, porque te necesita tanto como el aire mismo, dando paso a la existencia de cualquier ser. Déjame acariciarte hermanita con mis sueños vagos de un mundo donde den valor a tu fragancia translucida.  Cómo que no tienes olor, si es el olor de la víspera, del día, del anochecer.  Cómo que no tienes color, si el pintor no podría pintar sin tu ser y las flores no tendrían esa gama de infinitas consonancias para poder frutecer.  Cómo que no tienes sabor, sin tu líquido cariño no se harían las tortillas y los juanes y los bizcochos calientes para acompañar el chocolate caliente de Celendín.  No crecería el café con su aroma de rotundo sabor a café.  CÓMO QUE NO TIENES VIDA PROPIA, SIN TI, SIN TI LA VIDA NO ES POSIBLE DE AMANECER.

Cajamarca, 23 de marzo 20021.

 

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