101 RAZONES POR LAS QUE ESTOY ORGULLOSO DE SER CAJAMARQUINO

 

Autor: Jorge Pereyra Terrones

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El bello valle de Cajamarca, denominado como la Esmeralda de los Andes, es una bucólica y verde planicie donde el sol, las nubes y los infinitos matices de verde integran el preciso lugar en el que Dios besó a la Tierra después de crearla. La campiña de Cajamarca forma un paisaje admirable, donde se respira el aroma de eucaliptos, pinos, retamas, capulíes y molles.

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 Los primeros habitantes del Valle de Cajamarca, y zonas circunvecinas, de los que se tiene registros, aparecen hace unos 10 mil años.

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En Cajamarca nació el Perú actual. Y ello ocurrió un 16 de noviembre de 1532, después del choque sangriento de dos culturas: la americana y la europea, en parte de lo que es ahora la Plaza de Armas de Cajamarca, una de las más grandes del país. En esta ciudad se produjo, además, el origen de nuestro actual mestizaje y de una nueva época en la historia del Perú. El Imperio Inca llegó así pues a su ocaso y de dominante se convirtió en dominado debido a la acción militar concertada de un grupo de osados conquistadores castellanos y de miles de indígenas auxiliares, sojuzgados por los Incas, que los acompañaban.

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El majestuoso complejo lítico de Cumbemayo es una de las expresiones más sorprendentes de la ingeniería hidráulica precolombina a nivel de toda América. Mediante la construcción del acueducto, labrado en roca viva y finamente decorado con enigmáticos petroglifos, los antiguos Caxamarcas lograron hace mil años antes de Cristo el transvase de las aguas de la Cuenca del Pacífico a la del Atlántico. Y los turistas que lo han visitado aseguran que está cargado de una gran energía sagrada, mística y mágica, por lo que está considerado como el Stonehenge peruano. Cumbemayo también está rodeado de un fantástico bosque de piedras donde se halla un macizo megalítico que parece reproducir las siluetas de piadosos frailes a las que familiarmente se les denomina “Los Frailones” los cuales están reconocidos como la Tercera Maravilla natural del Perú.

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En las cercanías de la ciudad de Cajamarca se encuentran los restos de tres imponentes pirámides ceremoniales truncadas. La pirámide más antigua e importante es la de Huacaloma, la misma que cuenta con una antigüedad mayor a los 3,000 años. Asimismo, se ha podido encontrar en esta pirámide testimonios de una compleja organización social, con una fuerte base agrícola y con bastante presencia de cerámica local. Las otras dos pirámides son la de Layzón (y la de Agua Tapada) que corresponden a un período mucho más posterior y están relacionadas con el complejo megalítico e hidráulico de Cumbemayo.

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La Pirámide de Layzón  se encuentra ubicada a 3 kilómetros al noroeste de la ciudad de Cajamarca, en la salida hacia Cumbemayo, y está enclavada en la falda del cerro Sexemayo a 2,898 msnm. Esta pirámide es asiento de la Cultura intermedia Layzón en la que destacan sus enigmáticos petroglifos y transmitió su legado cultural en cada elemento de su delicada vajilla de caolín. Esta cultura precedió al reino de Cuismanco.

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La lengua Culle fue el idioma primigenio de los antiguos cajamarquinos y se habló en las provincias de Cajamarca, Cajabamba, Huamachuco y el norte del departamento de Ancash. Pero su influencia también se hizo notar desde la cuenca del río Chicama (por el norte), hasta el río Santa (en el sureste) y a lo largo del río Marañón (por el este). Antes de la expansión del quechua y su implantación como lengua general, el Culle fue la lengua que hablaban los pueblos de Cajamarca y Huamachuco. Cieza de León y el Padre Blas Valera, dicen que al terminar el gobierno de los Incas los pueblos de Cajamarca y Huamachuco volvieron a su antigua lengua. En 1949, Paul Rivet publicó una lista de 19 palabras que recogió el cura González de Pallasca, y actualmente en total se tiene un vocabulario de apenas 60 palabras conocidas de esta lengua, hoy totalmente extinguida. Gary Parker asegura que el Culle se extinguió en el siglo XVIII, y se hablaba en varios pueblos de la región. Y Jorge Cevallos Quiñones ha encontrado un documento en el Archivo de la Curia de Trujillo, que data de 1774, según el cual el cura de Ichocán y del valle de Condebamba, Miguel Sánchez de Arroyo, al postular al curato señaló que “a más de la Lengua General entiende también el Culle, por curiosidad y por industria y por haber administrado los sacramentos entre los que acostumbraban hablar…”.

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En el Templo de Kunturwasi se hallan las evidencias más antiguas de la orfebrería peruana y cajamarquina. Sorprende la gran calidad, primorosidad y delicadeza de su orfebrería. Kunturwasi está ubicado en el distrito de San Pablo, Provincia de Cajamarca, y desde allí irradió su gran influencia cultural 1500 años A. C. También, desde esa época, los pobladores de la zona iniciaron una labor de construcción de una imponente pirámide con escaleras y muros de piedra, con plazas y templos en su cima. Los motivos figurativos de su arquitectura son similares a los de su cerámica, con deidades de grandes colmillos, con rasgos de águilas o búhos y otras expresiones con detalles elaborados y complejos; lo que puede ser apreciado en el museo de sitio que allí existe. Kuntur Wasi ha sido y sigue siendo estudiado por una misión científica de la Universidad de Tokio.

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Parece ser que la cerámica más antigua del Perú, conocida como Pandanche y Yesopampa, se encuentra en estas regiones cajamarquinas. Posteriormente, la Cultura Cajamarca, famosa por su bella cerámica cursiva hecha de pasta blanca de caolín, alcanzó notable prestigio en todos los Andes, gracias a que los Wari se encargaron de difundirla al llevar consigo utensilios diversos para usos de élite. Esta cerámica está considerada por los arqueólogos como la de más fina textura de toda la América precolombina y sus tonos decorativos van desde colores muy claros como el rojo y anaranjado hasta los muy oscuros como el marrón.

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Según datos del Instituto Nacional de Cultura, nuestro principal legado cultural precolombino se halla distribuido en toda la región de Cajamarca y consiste en más de 2,000 sitios arqueológicos. Los antiguos habitantes cajamarquinos poblaron nuestra región en la misma época que en toda el área de los andes centrales, siendo a la fecha la evidencia más antigua, la hallada por el arqueólogo Cardich, en una cuevas del cerro Cumbe, tratándose de utensilios líticos y restos humanos de cazadores recolectores, con una antigüedad de 10,500 años, dato determinado por el carbono 14.

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Diversos arqueólogos se refieren a la existencia de un poderoso Estado cajamarquino con hegemonía política y militar que, durante el Horizonte Medio, extendió su dominio por las cuencas de los ríos Cajamarquino, Condebamba, Crisnejas y Chusgón y que en un momento, a fines del Horizonte Medio, se extendió hasta los callejones de Huaylas y de Conchucos. Alfredo Torero, coincidiendo con Rowe, afirma que no hubo unidad política en el Horizonte Medio y es posible que al menos tres Estados poderosos se relacionaran y enfrentaran entre sí en los Andes centrales, guardando su individualidad: Cajamarca, Viñaque (Wari-Ayacucho) y Pachacamac, y señala que por lo menos tres lenguas distintas se hablaban por esa época en los Andes Centrales: el culle en Cajamarca-Huamachuco, el aru en Ayacucho y el protoquechua en la costa (Torero 1972). Por su parte, Ravines acepta la posibilidad, aunque con reservas, de la existencia de un Estado cajamarquino poderoso, del que Huamachuco pudo ser parte integrante (Ravines 1980: 145).

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La Cultura Cajamarca ejerció una notable influencia en el norte del Perú y también en el departamento de Ancash. El arqueólogo japonés Izumi Shimada considera que existieron enclaves cajamarquinos en la costa, sobre todo en la provincia de Pacasmayo. Estos enclaves o colonias cajamarquinas tributaban con pescado fresco y otros productos marinos. Y Shimada indica que podría tratarse de un sistema parecido al de los mitimaes incaicos.

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El objeto cerámico más propio y característico de la Cultura Cajamarca es la copa trípode. Durante el período Cajamarca IV es cuando aparecen estas copas trípodes y son distribuidas hacia otras áreas del Perú debido a la influencia Huari que existía en esa época sobre la Cultura Cajamarca. La forma trípode es ajena al área andina central y su presencia a partir de ese momento en otras partes del territorio nacional es por difusión desde Cajamarca.

 

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Los antiguos cajamarquinos, antes de la llegada de los Incas, habían constituido un  estado poderoso al que se denominó Reino de Cuismanco, por el nombre de su último curaca, el Gran Cuismanco Capac. De acuerdo a Sarmiento de Gamboa y a Cabello, la capital o centro principal del reino estuvo donde se halla actualmente la ciudad de Cajamarca, donde los Incas asentaron también la capital de la provincia. Después de reorganizar la “huaranga” (provincia) y quedar reducido Cuismanco a la “huaranga principal”, la residencia del Hatun Curaca, por lo menos en los últimos tiempos del Tahuantinsuyo, fue trasladada al lugar que se conoce actualmente como Gusmango el Viejo, en la provincia de Contumazá. Por los vestigios arqueológicos, las noticias de los cronistas, la información de los documentos coloniales y las supervivencias etnográficas puede afirmarse que el reino de Cuismanco se extendió por los valles interandinos de los ríos Cajamarquino, Condebamba y Crisnejas; y en la vertiente occidental por las partes altas y medias de los ríos Saña, Jequetepeque y Chicama. Es posible que haya dominado también Huamachuco, si es que no hubo simplemente una alianza. Se supone que con el reino Chimú si existió efectivamente una alianza, la cual se rompió probablemente antes que llegaran los Incas. La conquista de Huamachuco por el ejército Inca al mando de Cápac Yupanqui se produjo sin mayor resistencia por parte de los huamachuquinos. Sin embargo, los cajamarquinos al mando de Cuismanco Cápac -quien murió en combate-  lucharon denodadamente contra los Incas. Es necesario señalar que Cuismanco y Huamachuco tenían muchos rasgos culturales semejantes, como: lengua, religión y vestimenta. Según el cronista Cieza de León: “la provincia de Huamachuco es semejante a la de Caxamalca, y los indios son de una misma lengua y traje. En las religiones y sacrificios se imitan unos a otros y por consiguiente en sus ropas y llantos…”. Sarmiento de Gamboa refiere que tenían una misma Huaca (divinidad) principal y los extirpadores de idolatrías, Cristóbal de Albornoz y el Padre Arriaga, dicen que Catequil es la misma divinidad que se adoraba en Cajamarca y Huamachuco. Y las madejas de lana que llevaban en la cabeza, eran las hondas simbólicas con las que Catequil lanzaba los rayos.

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La divinidad más importante de la Cultura Cajamarca fue Catequil. Éste fue la personificación regional de una antigua divinidad panandina y la más importante de la sierra desde los tiempos del Formativo: El Dios del Rayo. Es la misma divinidad representada en el personaje de los Dos Cetros de la Piedra de Chavín; la misma figura principal de la Portada de Tiahuanaco y demás representaciones similares. Es también el Illape de los Incas y Libias de los Llacuaces. A Catequil se le representa como un personaje que lleva dos hondas, una en cada mano, con las que produce los rayos y truenos. Era la divinidad que controlaba el devenir, y no era precisamente el rayo, sino la divinidad que lo producía. También se le rendía culto al Sol (Su, en lengua Culle) como una de las divinidades principales, y era Dios de la fertilidad y protector de la vida.

La Luna, (Muñ), en la misma lengua, tenía que ver con las actividades agrícolas y las fiestas habituales. Rendían culto a las estrellas (que llamaban Chuip), en especial al planeta Venus, al que consideraban como dos hermanos, uno que salía al amanecer y otro al anochecer. Las pléyades (Chuchucoc), eran como la luna, protectoras de la alimentación y en particular del ají.

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Cajamarca es eterna como Roma. No tiene una fundación conocida y su origen como ciudad se pierde en la noche de los tiempos. Cuando las grandes ciudades de la costa eran aún arenales, Cajamarca ya era un importante centro poblado.

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En Cajamarca existió antes de la llegada de los Incas una forma muy peculiar de sepultar a los muertos, la cual consistía en excavar nichos en roca viva y colocar allí a los difuntos. A este enigmático lugar, localizado a 8 kms. al noroeste de la ciudad, en el distrito de los Baños del Inca, se le denominó popularmente como Ventanillas de Otuzco. Y este nombre se debe al aspecto de los nichos cuadrados o rectangulares de 50 a 60 cms. de altura, tallados en las paredes del cerro, que se asemejan a ventanas y  algunos nichos colectivos pueden alcanzar hasta 8 y 10 metros de profundidad. También son muy conocidas las Ventanillas de Combayo.

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El nombre propio de Cajamarca deriva de las palabras quechuas kasha (espina) y marca (población). Pero el historiador cajamarquino Horacio Villanueva Urteaga (autor de la Obra “Cajamarca”) dice que el nombre de Cajamarca significa “Pueblo del Rayo”, lo cual tiene significado porque la divinidad principal de los antiguos cajamarquinos fue Catequil, Dios del Rayo.7

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El gran gobernante Gusmango Capac y muchos de sus súbditos cajamarquinos pelearon heroicamente para evitar ser invadidos y dominados por los Incas. Cuismanco fue uno de los reinos de más prestigio e importancia de la época, habiendo alcanzado un gran desarrollo social, político y cultural. La capital del reino de Cuismanco estuvo situada en Tantarica (Contumazá) y posteriormente en Cajamarca, pasando a pertenecer a dicho gobierno bajo el mando del gran Gusmango Cápac. El reino de Cuismanco controló gran parte de la sierra norte y mantuvo alianzas con los Chimús y Huamachucos. Alrededor del año 1430, los Chimú tuvieron noticias del avance Inca hacia territorios del norte. Al parecer fue la ocasión por la que los Chimú buscaron alianza con el gobernante cajamarquino.

Pero antes de la conquista Inca se deshizo la alianza entre Cuismanco y Huamachuco, por lo que este pueblo fue conquistado sin mucha resistencia por los cusqueños. En cambio, los Cajamarcas combatieron arduamente hasta caer muerto su jefe, el Gran Gusmango Cápac. Fue en 1460,  el año en que el Inca Pachacutec había enviado a su hermano Capac Yupanqui para emprender la conquista de los reinos norteños. Gusmango, el rey de Cajamarca, y Minchacaman, el rey Chimú, le hicieron frente, pero perdieron la batalla. Gusmango murió peleando bravíamente y Minchacaman fue llevado preso al Cusco.

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A la llegada de los Incas a Cajamarca, siendo aún niño, el curaca Chuptongo fue llevado al Cusco por Túpac Inca Yupanqui para recibir una educación esmerada en la corte imperial. Y poco antes de morir, el mencionado monarca lo nombró tutor de su menor hijo Huayna Cápac por haber alcanzado fama como un notable amauta. Chuptongo también fungió como gobernador del Imperio durante la minoría de edad de Huayna Cápac.

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Cajamarca jugó un rol fundamental para la expansión territorial del Imperio Inca hacia el norte. Los Incas tomaron la sabia decisión en 1465 de establecer en Cajamarca una nueva provincia que sirviera de puente para sus conquistas posteriores de Quito (Ecuador) y Pasto (Colombia).

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El mayor rescate que se pagó a nivel mundial por una persona ocurrió en Cajamarca. En el histórico Cuarto del Rescate, el Inca Atahualpa ofreció al conquistador español Pizarro llenar dos habitaciones de plata y una de oro por su liberación. Parte de ese rescate, robado posteriormente por los piratas ingleses, sirvió para financiar la Revolución Industrial de Inglaterra.

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Cajamarca fue un punto muy importante del Camino Inca o Qhapac Ñan. Los cronistas Francisco de Xerez (1533), Pedro Cieza de León (1553) y Pedro Sarmiento de Gamboa (1572), al igual que el Inca Garcilaso en sus “Comentarios Reales” (1609), han descrito la grandeza monumental que tuvo Cajamarca: “La ruta más importante del Qhapaq Ñan era la ruta del Chinchaysuyo, que unía, partiendo del Cusco, las siguientes localidades: Andahuaylas, Huamanga, Jauja, Huánuco Pampa, Pincos (Piscobamba), Huari, Andamarca, Huamachuco, Cajatambo, Cajamarca, Ayabaca, Loja, Tomebamba (Cuenca), Inga Pirca, Quito, Rumichaca y Pasto. La importancia de Cajamarca queda puesta en evidencia por los destinos de los caminos secundarios que partían de esta ciudad, dirigidos, respectivamente, a Cajamarquilla, Chachapoyas, Moche (Trujillo) y al valle de Zaña (Lambayeque)”.

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Francisco Pizarro creó en Cajamarca en 1535 la primera organización socio-económica  del Perú (llamada Encomienda) y se la concedió al despiadado y cruel Melchor Verdugo. En 1549 llegan los primeros frailes franciscanos a Cajamarca y la bautizan con el nombre de San Antonio de Caxamarca. Posteriormente, hacia el año 1566 se funda el Corregimiento de Cajamarca. Y en 1619, por sus constantes progresos, es elevada a la categoría de Villa. Luego, el 19 de diciembre de 1802 por Real Cédula del Rey Carlos IV de Borbón es reconocida con el título de Ciudad de Caxamarca la Grande del Perú.

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Acerca de la vida y las costumbres de los antiguos cajamarquinos, Cieza de León dice que los moradores de Cajamarca eran polígamos y tenían muchas mujeres, una de las cuales era la principal. Consigna igualmente que era costumbre ancestral que cuando fallecía un Señor se lo enterraba con gran pompa y junto con él a sus mujeres y tesoros.  También indica que sus curacas eran muy obedecidos por sus súbditos y que sus fiestas eran muy concurridas y con grandes borracheras. Asimismo, refiere que todos andaban vestidos con mantas y camisas ricas y que para distinguirse llevaban en la cabeza unas hondas y unos cordones a manera de tocado. Waldemar Espinoza, quien ha estudiado la poligamia cajamarquina, dice que la primera y principal esposa llamada Nus en lengua Culle, gozaba de mayor autoridad que las demás. Las mujeres secundarias pertenecían también a la aristocracia del reino, y por lo general eran primas y sobrinas de los señores étnicos. Era norma de los señores de Cajamarca el estar casados antes de llegar a la pubertad. El matrimonio con la esposa principal  se realizaba en la niñez, costumbre que se prolongó entre la descendencia de los curacas hasta el siglo XIX, pues el viajero inglés William Stevenson se sorprendió de un matrimonio entre niños que presenció en Ichocán, después de cuya ceremonia los esposos se fueron a sus respectivas casas y continuaron con sus juegos infantiles.

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Baños del Inca, cuyo nombre quechua es Pultumarca, es uno de los parajes más bellos de nuestro país y, por lo mismo, ha sido declarado Primera Maravilla del Perú. Fue lugar de descanso del Inca Atahualpa antes de su encuentro con Pizarro. Pero este lugar resulta además especialmente atractivo por sus aguas termales que poseen propiedades medicinales para la cura de enfermedades reumáticas, afecciones nerviosas y de la piel. El líquido aflora desde la roca volcánica del subsuelo a una temperatura que alcanza los 70 y 75 grados centígrados. Numerosos testimonios de personas curadas de reumatismos, bronquitis y otros males dan fe del poder sanador de estas aguas denominadas científicamente termominerales o termoiónicas. En la actualidad, este complejo turístico recibe un promedio diario de 4 mil visitantes provenientes de todo el mundo.

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En 1772 se descubrió la existencia de las ricas reservas de plata en la localidad de Hualgayoc que causó un profundo impacto económico en Cajamarca y en el Perú colonial de la época. El acaudalado minero don Miguel Espinach no es cajamarquino de nacimiento, pero vivió tantos años en Cajamarca hasta su muerte que es considerado como tal. Llegó a nuestra ciudad en 1775, a los 3 años de haberse producido el descubrimiento del famoso emporio argentífero de Hualgayoc. Y al cabo de varios años se convirtió en uno de los hombres más ricos de la colonia, a tal punto que es considerado el Creso cajamarquino.

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Debido a su rico pasado histórico y a su portentoso legado arquitectónico colonial, la Organización de Estados Americanos declara a Cajamarca el 14 de setiembre de 1986 como Patrimonio Histórico y Cultural de Las Américas.

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La colina de Santa Apolonia, que se eleva a 2,985 metros sobre el nivel del mar, es el cerro tutelar de Cajamarca y desde allí se divisa la ciudad y la verde y bella planicie cajamarquina. Su nombre antiguo es Rumi Tiana (Asiento de Piedra) y originalmente fue una huaca y una fortaleza. Sus canteras de piedra sirvieron para la edificación de las principales iglesias y portadas coloniales cajamarquinas.

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Por sus hermosas casonas coloniales, sus patios empedrados con fuentes cantarinas, sus incontables pórticos de piedra tallada y sus innumerables balcones floridos, Cajamarca es la ciudad de mayor influencia española que cualquier otra ciudad del Perú. Hacia 1782, vivían en Cajamarca 7,835 españoles, 22,299 mestizos 29,692 indios.

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Las iglesias cajamarquinas de San Francisco (culminada en 1579), la Recoleta (1671), Belén (1744), y la Catedral (1762), cuyas fachadas están finamente talladas en piedra de origen volcánico con un estilo barroco plateresco que combina armoniosamente columnas salomónicas, cornisas y hornacinas, expresan la maestría alcanzada por los picapedreros y artesanos cajamarquinos. En el interior de los templos destacan asimismo los altares mayores y los púlpitos policromados primorosamente tallados en madera y recubiertos de pan de oro, donde se encuentran también muebles y pinturas religiosas muy valiosas.

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El Obispo de Trujillo, don Andrés García de Zurita, llega en 1651 a nuestra ciudad y no puede ocultar su admiración por Cajamarca por lo que escribe lo siguiente: “Al llegar a este pueblo descubrí desde un alto la población más vistosa que he visto en el Perú… Es un paraíso todo él y por eso lo escogió el Inca Atabalipa para su corte… La tierra es tan fértil que se siembra todos los años y no se cansa… Aquí sonó la primera voz de la trompeta del Evangelio y se bautizó al primer indio”.

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Cajamarca también fue famosa durante la Colonia por su notable producción de textiles. Hacia el siglo XVII se desarrolló en Cajamarca la crianza extensiva de ganado ovino, lo que hizo posible el surgimiento de los obrajes (fábricas de textiles dedicadas a la producción de ropa, alfombras, bayetas, tocuyos y telas de una gran calidad), los que, a su vez, sustentaron un importante comercio con la Madre Patria. Y esto permitió que se convirtiera en el principal centro textil del Virreynato del Perú. Estos obrajes subsistirían hasta el siglo XIX, cuando el mercado fue inundado por productos de mayor calidad procedentes de Inglaterra y Francia.

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El Corregimiento de Cajamarca, que mantuvo su jurisdicción primigenia hasta 1759, fue uno de los más extensos y poblados de toda el área andina. Estuvo localizado en lo que hoy es el departamento de Cajamarca, con la excepción de Jaén. Y abarcó, además, la actual serranía del departamento de La Libertad, hasta el río Marañón. El viejo Corregimiento, nacido en la década del sesenta del siglo XVI, comprendió Huambos (al norte), Cajamarca propiamente dicha (al centro), y Huamachuco (al sur).

 

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La pila ornamental de la Plaza de Armas cajamarquina, de cantería labrada, fue colocada en los primeros años del siglo XVIII. Se compone de un esbelto y grácil cuerpo central y una amplia taza octogonal, constituyendo ambas partes una sola pieza pétrea. Según el historiador Horacio Villanueva Urteaga, tan importante ejemplar de arte es uno de los pocos de este género que los españoles dejaron en las plazas del Perú. Ha sido restaurada varias veces, según las leyendas colocadas a los lados de la taza.

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Cajamarca proclamó su independencia de España un 8 de enero de 1821, muchos meses antes que el general San Martín proclamara la independencia peruana, y eligió subdelegado patriótico a su Alcalde don Antonio Rodríguez de Mendoza, quién desde ese entonces se convirtió en el primer Gobernador patriota de Perú y de Cajamarca.

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Cuando Bolívar llegó a Cajamarca, la matrona cajamarquina, doña Josefa Castañeda, hija de españoles y viuda de otro español, se presentó ante el Libertador para ofrecerles a sus dos únicos hijos, Narciso y Domingo Bonifaz, de 18 y 21 años respectivamente, a fin de que fueran enrolados en el ejército patriota que a la sazón se estaba formando. “General (dijo la señora) vemos que exige Ud. con razón hombres y recursos para organizar las fuerzas de la Patria. Yo he quedado viuda y pobre, y no tengo otra cosa que ofrecer, que estos hijos míos que por su edad, ya pueden tomar un fusil para la defensa de su Patria”. Bolívar, sumamente conmovido, agradeció el desprendimiento de doña Josefa y aplaudió el patriotismo de la dama cajamarquina.

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Figura cumbre de Celendín como “Fundador de la Patria” y vencedor de Junín y Ayacucho, con el grado de coronel, don Juan Basilio Cortesana se distinguió desde un primer momento como una gran figura de la acción libertaria del Perú. Siendo muy joven, con el grado de teniente, se dirigió a Huaura para ofrecer su espada al libertador don José de San Martín, junto con 322 soldados y dos oficiales más. Esta circunstancia obligó al caudillo argentino a formar el batallón de la “Legión Peruana de la Guardia”, al que fue destinado Cortegana, para luego acompañar al Generalísimo a su entrada a Lima donde participó en la Proclamación de la Independencia el 28 de Julio de 1821.

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Cajamarca cuenta con uno de los colegios más afamados de la región norte del país (segundo en población escolar luego del Colegio Guadalupe de Lima). Nos referimos al “Glorioso” Colegio Nacional de San Ramón, el más antiguo del país pues fue fundado en 1831. Asimismo, su gloria proviene del hecho de que sus alumnos lograron un 13 de Julio de 1883 una importante victoria militar sobre el ejército chileno en la batalla de San Pablo durante la Guerra del Pacífico, y muchos de ellos ofrendaron sus vidas en aras de la defensa de la Patria y de la tierra madre que los vio nacer. Por lo mismo, se cumple a cabalidad la frase: “San Ramón es Cajamarca, Cajamarca es San Ramón”. De este Colegio también salió el prócer Toribio Casanova, Director del mismo, quien junto a Juan Antonio Egúsquiza y Pedro Villanueva convirtieron a Cajamarca en departamento mediante la Revolución del 3 de enero de 1854. Reabriendo sus aulas en 1856, con el nombre de Colegio “San Ramón” en homenaje y gratitud al Mariscal Ramón Castilla, Presidente del Perú,  que ordenó su reapertura.

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Entre las fechas más notables del calendario histórico-cultural de Cajamarca, figura la del 13 de Marzo de 1847 en la que se recuerda la aparición del bisemanario político y literario “Volcán Termal”, primer periódico cajamarquino fundado y dirigido por Manuel Luna Victoria y administrado por Pablo la Rosa.

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La ciudad de Cajamarca fue la cuna de la Revolución del 3 de enero de 1854 con la que se creó el departamento del mismo nombre bajo el liderazgo de los próceres Toribio Casanova, Juan Antonio Egúsquiza y José Villanueva. Cajamarca es igualmente el único departamento que se ha creado por una revolución y por la gesta de su propio pueblo.

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Fue un cajamarquino, el doctor José Gálvez Egúsquiza, quien dirigió exitosamente la defensa del puerto del Callao el 2 de Mayo de 1866, en su condición de Ministro de Guerra, en la que se derrotó categóricamente a la flota española y con ello se acabó el sueño de España de volver a reconquistar sus colonias americanas.

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El 19 de noviembre de 1879, durante la etapa inicial de la Guerra con Chile se produjo la Batalla de San Francisco y un cajamarquino se distinguió heroicamente en ella. En las partes altas del Cerro Dolores se habían apostado las tropas chilenas provenientes de Pisagua. Contaban con una excelente artillería y tenían a sus 7000 soldados descansados y con buenas provisiones. Las fuerzas aliadas, encabezadas por el general Juan Buendía, llegaron desde Iquique ese mismo día, después de una dura marcha a través del desierto, y de inmediato se inició la toma de las posiciones chilenas en las alturas del cerro Dolores. En esta acción, el Sargento cajamarquino Blas Ortiz, natural de Santa Cruz (provincia de Cajamarca) se arrojó con un puñado de sus compañeros sobre una batería enemiga, tomándola por asalto. En esta batalla también se cubrió de gloria el Batallón “Zepita” (ahora acantonado en Cajamarca) que se adueñó de varios cañones chilenos y que estuvo al mando del teniente coronel Ladislao Espinar.

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A bordo del Monitor Huáscar, estuvo provisionalmente al mando del mismo, el ilustre cajamarquino don Diego Ferré quien murió heroicamente peleando en la cubierta de este glorioso navío durante la Guerra del Pacífico.

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La juventud del Colegio San Ramón de Cajamarca se cubrió de gloria, un 13 de Julio de 1882, al derrotar y poner en fuga al ejército chileno en la Batalla de San Pablo, la única que se ganó en el norte peruano. En esta acción de armas, se inmolaron los 3 líderes sanramoninos: Gregorio Pita, José Manuel Quiroz y Enrique Villanueva, a quienes la historia ha inmortalizado con el nombre de “Los Colegiales del Juramento”. 

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El general celendino Miguel Iglesias, en la Guerra del Pacífico, apoyó a Piérola y tuvo destacada actuación en la defensa del Morro Solar como Ministro de Guerra durante las batallas de San Juan y Miraflores. En la defensa de Lima pelearon y murieron cientos de cajamarquinos y ex alumnos del Colegio San Ramón, conformando el batallón “Plomo” y el batallón “Vengadores de Cajamarca”. Su hijo Alejandro también murió en la contienda. Iglesias fue presidente de la República durante el período 1882-85 y firmó el Tratado de Ancón (1883) que puso fin a dicho conflicto.

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Cajamarquino fue el “Niño Héroe de la Guerra de 1879”, Néstor Batanero, quien fue uno de los héroes peruanos que cayeron luchando por nuestra Patria. Siendo tan sólo un muchacho de 14 años, el 13 de julio de 1882 participó y murió heroicamente en la batalla de San Pablo. Pero un año antes, por su bravura demostrada en las batallas de San Juan y Miraflores, fue nombrado Subteniente del Batallón Cajamarca No. 3 cuando sólo contaba con 13 años de edad. Néstor Batanero nació en 1868 en Cajamarca y representa el símbolo más alto y varonil de la juventud cajamarquina.

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El contralmirante piurano, Lizardo Montero Flores, asumió la presidencia del Perú durante la Guerra del Pacífico en la heroica ciudad de Cajamarca, luego de juramentar su cargo el 15 de noviembre de 1881 en el local de la Corte Superior de Cajamarca. Dado que el presidente Francisco García Calderón había sido encarcelado y trasladado a Chile, el vicepresidente Montero se convirtió en presidente provisorio e inició negociaciones con el gobierno chileno. Debido al asedio de las tropas chilenas, el Contralmirante Montero tenía planificado retirarse de Cajamarca y dirigirse a Huaraz, por lo que nombró como Jefe Superior Político Militar y General en Jefe del Ejército del Norte, al General Miguel Iglesias, quien tomó posesión del cargo encomendado. Posteriormente, su negativa a la cesión de territorios, obligó a Montero a trasladar el Congreso a Arequipa. Al mismo tiempo trabajó intensamente para proseguir la guerra junto a Bolivia, adquiriendo armamento en Europa y Estados Unidos.

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El 4 de junio de 1899 nació en nuestra ciudad don Antonio Guillermo Urrelo, el más grande maestro cajamarquino que hizo de su vida una clase permanente de sabiduría, honestidad, disciplina y talento. Fue profesor de los más importantes colegios del Perú (Barranco English Institute, Instituto Sabogal del Callao, Antiguo Colegio Labarthe, Instituto de Lima, Colegio La Merced, Colegio “Nuestra Señora de Guadalupe” de Lima, etc.). También se distinguió como Director de los colegios Santa Isabel de Huancayo, San Juan de Jauja, y San Ramón de Cajamarca, entre otros. Actualmente, lleva su nombre la Universidad Particular “Antonio Guillermo Urrelo” (UPAGU).

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La poeta cajamarquina Amalia Puga de Lozada fue glorificada en vida, y ello constituye un caso sumamente singular en la historia literaria de América.  En una plaza de su ciudad de nacimiento, Cajamarca, se levanta una estatua de bronce de cuerpo completo en una pensativa apostura. Hija de una familia distinguida con raigambre peninsular, fue su padre don José Mercedes Puga y su madre doña Carolina Puga de Puga. Su educación se caracterizó por una vocación literaria precoz, que se alimentó en la lectura de selectos libros de la biblioteca familiar. A los once años ya había publicado algunos cuentos y se había impuesto al ambiente y a la consideración de los hombres de letras como una promesa que pronto se tornaría en realidad. Muy joven viajó a Lima y desde 1891 comenzó a publicar interesantes producciones en “El Perú Ilustrado”, que era el órgano ilustrado intelectual más prestigioso del Perú. Posteriormente, con su poema “El Descubrimiento”, obtuvo una medalla de la Municipalidad de Lima con motivo de la celebración del IV Centenario del descubrimiento de América, realizado con gran pompa y solemnidad en todo el país. También es muy comentada la carta que le enviara don Ricardo Palma en la que saluda su notable calidad literaria. Su ingenio traspuso fronteras y obtuvo iguales éxitos en el extranjero, especialmente en Estados Unidos, donde sus escritos fueron traducidos y publicados en la “Revista Ilustrada” de Nueva York. Entre algunos de sus trabajos literarios más importantes podemos mencionar su soneto “Plegaría”, “Pampas del Sacramento”, “La Balada 35”, “La Puguita”, “Bucólica”, “Resurrectio”. “Mi ambición”, “Refrigerio”, “A mi hijo en la infancia”, “Abuelita”, “Mi plegadera”, “Maizales”, “Peseta Columnaria”, “Los Libros”, “Viñeta” y “A una Lámina”.

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En 1906 se inauguran los primeros servicios de telefonía y telegrafía en Cajamarca. Asimismo, en 1919 se efectúa la primera experiencia de iluminación eléctrica en la ciudad de Cajamarca. Y el primer automóvil llega en 1920, posteriormente un modelo similar aparece en dos cuadros del pintor Mario Urteaga.

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El legendario militar cajamarquino, don Julio C. Guerrero, con el grado de Mayor del Ejército Peruano, viajó a Europa como Ayudante del Mariscal Andrés Avelino Cáceres cuando éste fue nombrado Embajador Plenipotenciario. Allí le sorprendió el estallido de la Primera Guerra Mundial y por sus notables conocimientos de estrategia militar fue invitado a formar parte del Estado Mayor alemán de von Letlow, por lo que pidió permiso al Mariscal Cáceres para incorporarse a dicho organismo. Y estuvo presente en Verdún y en las principales batallas de la Gran Guerra. Posteriormente, fue enviado a participar en las maniobras del Ejército Rojo en los Lagos Mansurianos. Guerrero dominaba también a la perfección la guerra de guerrillas y escribió varios libros sobre este tipo de guerra, siendo el general vietnamita Chou En Lai uno de sus más fervientes admiradores y lectores. Luego, dirigió al ejército boliviano contra Paraguay durante la Guerra del Chaco, siendo nombrado general por sus valiosos servicios prestados a ese país. A su regreso al Perú, la envidia y mediocridad de los militares peruanos hizo que no se le reconociera su grado de coronel del ejército alemán y general del ejército boliviano. Murió a la edad de 92 años y hasta el último de sus días, el congreso boliviano le pagaba su pensión.

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En Belenpampa aterriza en 1921 el primer avión que llegó a Cajamarca, provocando una gran algarabía evocada años después en un cuadro de Mario Urteaga.

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La legendaria figura del hacendado, montonero, guerrillero y caudillo Eleodoro Benel ha quedado plasmada en nuestra región como sinónimo de valentía y coraje. Benel nació en la ex hacienda Montan, actual Provincia de Santa Cruz y desde muy joven participó en la vida política, siendo constantemente perseguido por las autoridades debido a rencillas de diversa índole. En 1924 se produjo la revolución de Chota y Benel, junto con el doctor Arturo Osores y el coronel Samuel del Alcázar, pasaron a la oposición para combatir la reelección del dictador Augusto Leguía. Y durante varios años derrotó en las montañas de Cajamarca a todos los gendarmes y tropas enviadas por el gobierno. Finalmente, el 28 de noviembre de 1927, al ver agotadas sus municiones, en el sitio denominado Arenal, Cutervo, se disparó un tiro en la cabeza destrozándose la mandíbula y el cráneo.

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El prominente historiador Horacio Urteaga nació en la ciudad de Cajamarca en 1877. Siendo muy joven se trasladó a Lima e ingresó a la Universidad de San Marcos, donde obtuvo los grados de bachiller en Jurisprudencia y doctor en Letras. Posteriormente en 1904 se recibió como abogado y doctor en Jurisprudencia. Entre 1904 y 1909 fue diputado por su provincia y, al terminar sus obligaciones, se trasladó a Puno y Huancayo, donde ejerció la dirección de dos colegios nacionales. Fue docente en el Instituto Pedagógico Nacional (1914-1930), catedrático de Historia, Arqueología e Historiografía en la Facultad de Letras de San Marcos y decano de esta facultad entre 1930 y 1935. Asimismo, tuvo a su cargo la dirección del Archivo Nacional durante su reorganización (1919-1944), asimismo fue director del Museo Arqueológico Víctor Larco Herrera y presidente de la Sociedad Geográfica de Lima. Falleció en 1952.

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El brillante intelectual cajamarquino Antenor Orrego Espinoza (Santa Cruz,  22 de mayo de 1892 -  Lima,  17 de julio de 1960), nació en la hacienda de Montán, Cajamarca, y desde muy joven fue llevado a  Trujillo, donde estudió en el Seminario de San Carlos y San Marcelo, y posteriormente Filosofía y Letras en la  Universidad Nacional de Trujillo, entonces llamada Universidad de La Libertad. En  1914, este notable  filósofo, periodista, político y pensador aprista peruano, formó el llamado “Grupo Norte” o “Grupo del Centenario”, donde junto a los jóvenes intelectuales y artistas más brillantes de su época ejerció una tremenda influencia en la intelectualidad y la cultura peruana. Se dedicó al periodismo en muchos diarios de la época como “La Reforma” y “La Semana”. En 1923 funda el diario “El Norte”, en el que participa su grupo, conformado por Víctor Raúl Haya de la Torre, César Vallejo, Alcides Spelucín, Julio Eulogio Garrido, Macedonio de la Torre, Oscar Imaña, Juan Espejo Asturrizaga, Francisco Xandoval, Julio Esquerre “Esquerriloff”, Eloy Espinoza y Ciro Alegría, entre otros. En América Latina es considerado el primer filósofo del Perú, por sus obras de trascendencia internacional. En Lima fue columnista y luego director de los diarios “La Antorcha” y “La Plataforma”.

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El destacado filósofo cajamarquino Mariano Iberico Rodríguez nació en Cajamarca en 1892 y murió en Lima en 1974. Está considerado como uno de los más distinguidos filósofos contemporáneos del Perú. Hizo sus estudios en la  Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima. Fue catedrático de Historia de la Filosofía Moderna en la Facultad de Letras de San Marcos y posteriormente, de Filosofía Subjetiva, Historia de la Filosofía Antigua, Estética y de Filósofos Contemporáneos. También fue nombrado Rector de San Marcos entre 1952-55 y Ministro de Educación Pública en 1955. Entre sus principales obras podemos mencionar: “Una filosofía estética” (1920), “El nuevo absoluto” (1926), “El viaje del espíritu” (1929), “La unidad dividida” (1932), “El sentimiento de la vida cósmica” (1939), y “La aparición” (1950).

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El padre de don Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador del APRA, fue natural de Cajabamba, Cajamarca. Este distinguido político peruano vino al mundo en Trujillo en el hogar conformado por don Raúl Edmundo Haya y Cárdenas de 32 años de edad y doña Zoila Victoria de la Torre y Cárdenas Carrillo, de 30 años de edad, natural de Trujillo, y fue bautizado con el nombre de Víctor Raúl (Víctor, por el segundo nombre de su madre Victoria, y Raúl, por el primer nombre de su padre). Y de este modo se finiquitó una disputa familiar por el nombre del futuro revolucionario, según lo manifiesta Luis Alberto Sánchez en su obra:”Haya de la Torre o el Político” publicada, por primera vez, en Santiago de Chile en 1934, cuando el líder aún no cumplía los cuarenta años.

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El general celendino José del Carmen Marín Arista nació en el año 1899 e ingresó a la vida militar cuando tenía 18 años, es decir en el año de 1917. Hizo sus estudios en Francia en dos oportunidades. En la primera, en la Escuela de Versalles recibiéndose de Ingeniero. Y en la segunda, en la Escuela de Guerra en París graduándose con mención muy honrosa. Al ingresar de la Escuela de Versalles y con el grado de Capitán se le encomendó crear y organizar el servicio de transmisiones con sede en Ancón hasta el año de 1929. En el año de 1944 asciende a Coronel y con este grado funda el Colegio Militar Leoncio Prado, siendo su primer director. En el año de 1946 con el grado de General de Brigada es designado Director de la Escuela Militar de Chorrillos, cargo que dejó en 1947 para asumir la función de Ministro de Guerra. En el año de 1948 preside la Comisión de los Institutos Armados encargado de proponer los proyectos de leyes fundamentales de preparación de la defensa nacional de la Fuerzas Armadas. En el año de 1950 creó el Centro de Altos Estudios Militares (CAEM) siendo su primer director. En Diciembre de 1956 cuando sólo le faltaba un mes para pasar al retiro el Congreso Nacional lo asciende a General de División. En todos sus ascensos fue el número uno y en sus estudios siempre fue distinguido. Acuñó una frase que ha pasado a la posteridad: “Las Ideas se Exponen, no se Imponen”.

 

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El gran poeta y maestro cajamarquino, Anaximandro Vega, nació en Chota en 1903 y se estableció en Lima en 1921. Estudió en el Instituto Pedagógico Nacional de Varones y en la Facultad de Letras de la Universidad de San Marcos (1922-1924), donde completó su doctorado. Ejerció la docencia en varios colegios limeños y posteriormente regresó a Chota y Yungay, donde fue director de los colegios nacionales entre 1935 y 1939. Más tarde regresó a Lima y fue profesor en los colegios Alfonso Ugarte, Dos de Mayo y Leoncio Prado, para los cuales escribió la letra de sus respectivos himnos. Asimismo, estuvo a cargo de la cátedra de Castellano y Literatura en la Facultad de Letras de San Marcos. Anaximandro Vega falleció en 1950. Su obra literaria ha sido publicada en las revistas La sierra y Folklore, y también fue recopilada en “Amor y Llaga de mi Tierra” (1944) y póstumamente en “Poemas y Cuentos (1970). Es padre del famoso historiador Juan José Vega.

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El ilustre maestro cajamarquino, Emilio Barrantes, nació en 1903 y es autor de libros capitales en la bibliografía peruana. Ha sido distinguido con las Palmas Magisteriales de primera clase y con el Premio Nacional de Fomento a la Cultura. Se graduó de profesor en el Instituto Pedagógico Nacional de Varones. En 1946 completó sus estudios superiores en la sección pedagógica de la Facultad de Letras de San Marcos, donde optó el grado de Doctor en Pedagogía con una tesis sobre “La educación secundaria en el Perú”. En uno de sus libros, “El Perú Vivo”, que es un conjunto de reflexiones sobre la problemática peruana, los aspectos geográficos, históricos y culturales son analizados detalladamente para que los peruanos comprendan y amen al Perú. Una de sus grandes preocupaciones fue el desarrollo de la educación. En 1969, durante el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado, presidió, junto a Augusto Salazar Bondy, Malpica y otros sanmarquinos ilustres, la Comisión de la Reforma de la Educación. En este proyecto hicieron un diagnóstico de la problemática educativa y plantearon la reforma de la educación en todos los niveles. También ha escrito “Pedagogía, Vida en las aulas”, “Tarea que debe cumplir la educación en el Perú”, “La historia de la educación en el Perú” y “La Escuela Humana”, distinguida con el Premio Nacional otorgado en 1964 a los estudios sobre educación.

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El 11 de Marzo de 1933, se rebela en Cajamarca, contra el presidente Luis Sánchez Cerro, el Teniente Coronel Gustavo Jiménez, más conocido como el “Zorro Jiménez”, quien ejercía el cargo de Jefe del Regimiento de Infantería Nº 11 de Cajamarca. El comandante Jiménez había ingresado de manera clandestina al Perú y se proclamó en Cajamarca Presidente del país y jefe supremo político y militar. Luego marchó a Trujillo en busca de respaldo y fue derrotado cerca a Paiján. Después de negociar su rendición y librar de responsabilidad a los oficiales y soldados de su regimiento se suicidó en pleno campo de batalla.

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El 1º de Abril de 1934 se establece en la ciudad de Cajamarca el Colegio Indoamericano, cuya fundadora y Directora fue la pedagoga María Octavila Sánchez Novoa. Esta ilustre educadora cajamarquina donó la casona de sus padres para que se estableciera en ella este Colegio y financió con su propio peculio el mantenimiento y el pago de sus profesores, todo ello sin ayuda del Estado. Y con el tiempo convirtió al Colegio Indoamericano en uno de los más importantes del norte del Perú. Doña María Octavila Sánchez murió en la ciudad de Cajamarca, un 22 de mayo del 2003.

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El destacado aviador cajamarquino, el coronel FAP Armando Revoredo Iglesias, ejecutó el vuelo Lima-Bogotá un 13 de diciembre de 1935 y después de una travesía de 14 horas y 45 minutos aterrizó en el aeropuerto de “El Techo”, por lo que el Gobierno de Colombia le otorgó “La Cruz de Boyacá”. Posteriormente, el 5 de junio de 1939 efectuó el raid Lima-Buenos Aires que duró 13 horas 38 minutos y a su retorno el presidente Oscar Benavides le otorgó la “Orden del Sol”.

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En el  área de Callac Puma, en un macizo rocoso, existen una gran cantidad de pinturas rupestres y ellas se hallan localizadas en un lugar denominado Huayrapongo a un lado de la carretera que va de los Baños del Inca a Llacanora. Las representaciones son sencillas y en las cuales se pueden observar figuras de animales: llamas, venados, de hombres y figuras no naturalistas, generalmente de carácter geométrico. El color que se emplea con más frecuencia es el rojo indio, pero además existen el naranja y el rojo bermellón. Podemos mencionar, además otras muestras de este arte ubicadas en diferentes lugares del departamento como: Tayales, Llipa, Recalde, Algodonal (Cutervo), El Faical/ Peñas Blancas, Potrero, Gramalote, Shipal (San Ignacio), El Guitarrero (distrito de Cajamarca), El Quique, Cueva (Contumazá, con diseños chavinoides), Udima/Monte Calvario (Santa Cruz, con diseños chavinoides).

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Por su incontrastable belleza natural y paisajística, Cajamarca es ampliamente conocida como tierra de pintores. Mario Urteaga, José Sabogal, Camilo Blas, Bagate y Andrés Zevallos constituyen los más grandes pintores peruanos y cajamarquinos que han dejado una profunda huella en las artes plásticas del Perú.

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Mario Urteaga (1875 – 1957) es sin duda alguna el más  grande pintor cajamarquino. Y constituye un ejemplo de triunfo a una edad en la que la mayoría de los hombres se retiran a descansar después de haber cumplido su misión en la vida. Luego de estudiar en el Colegio San Ramón, trabajó como cronista en el diario El Ferrocarril de Cajamarca. Enseñó durante 10 años en el Instituto Chalaco de Lima, y a la edad de 59 años realizó su primera exposición en la capital. Obtiene un primer premio en Viña del Mar (Chile), y realiza un peregrinaje artístico por México, Venezuela, Panamá y Francia. En 1942 el Museo de Arte Moderno de Nueva York adquirió uno de sus cuadros (“Entierro de veterano”) para su colección. Entre sus más destacadas obras se tienen “La riña”, “La casa-hacienda”, “Los adoberos”, entre otras.

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El gran maestro cajamarquino de la pintura peruana, José Sabogal (Cajabamba 1888 – Lima 1956) está considerado el creador del indigenismo en las artes plásticas peruanas. Entre 1908 y 1911 viajó por Italia (donde inició sus estudios para pintor), Francia, Marruecos, Argelia y España. Y de 1912 a 1918, permaneció en Argentina donde estudió en la Academia de Bellas Artes de Buenos Aires. Regresó al Perú por el Cusco, ciudad en la que se quedó pintando, y presentó su primera exposición en Lima el año 1919, de la que surgió un nuevo tipo de arte que se llamó pintura indigenista. En 1920 ingresa como profesor a la Escuela de Bellas Artes, rol que desempeña hasta 1932 en que asume la dirección. Entre sus obras más famosas están “Vista de Amancaes”, “Tondo Colorado”, “Varayoc de Chincheros”, “La procesión del Señor de los Milagros”, “Victoria Regia”, “Hilanderas Huancas”, y el mural de Garcilaso de la Vega del Hotel de Turistas del Cusco.

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El visionario ganadero cajamarquino, Alejandro Castro Mendívil, efectuó en 1936 el primer transporte aéreo de ganado vacuno en el Perú. Elmer Faucett había inaugurado el 12 de marzo de 1930 una línea aérea de pequeños aviones anaranjados que hacía vuelos sin paradas a Cajamarca y Castro Mendívil lo convenció para que trasladara su ganado en uno de sus aviones. Quitando los asientos el aeroplano podía llevar ocho terneros, como si fuera un avión de carga, ya que el trajín por la vía corriente era muy pesado y con la cantidad de animales que el ganadero pensaba traer la cosa se ponía difícil. Y, así, con varios viajes, completó el número de animales que necesitaba para formar su ganadería. Con perseverancia, Castro Mendívil también logró conseguir lo que él llamó la raza Holstein-Peruana, es decir, un ganado puro obtenido por cruce y nacido en una hacienda peruana.

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En la actualidad, Cajamarca posee una de las más importantes cuencas lecheras del país. Desde 1940 se inició en el valle de Cajamarca una célebre producción de lácteos, pues los ganaderos locales (entre los que se encontraban Alejandro Castro Mendívil y Julio Cacho Gálvez) impulsaron una dinámica crianza de ganado vacuno importado de Argentina y Suiza, mejorado genéticamente y alimentado con los excelentes pastos de la zona. En consecuencia, firmaron un contrato con la empresa Perulac, hoy Nestlé. Además, en Baños del Inca, se encuentra actualmente la fábrica de leche evaporada y derivados del Grupo Gloria. Así pues, se establecieron sucursales bancarias, mejoramiento de razas de ganado lechero (como el cruce con Holstein, Norton, Albertha, Yorkshire y Brown Swiss). Actualmente Cajamarca es el primer productor de leche y derivados, produciendo diariamente más de 200 mil litros de leche.

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La cajamarquina Emperatriz Chávarri, más conocida como Ima Sumac, asombró al mundo por su prodigioso registro vocal de 5 octavas y paseó su arte por las principales salas operáticas del planeta.

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Mario Florián es uno de los más grandes poetas que Cajamarca ha dado al Perú. Estudió en Contumazá y Cajamarca y luego se graduó de Doctor en Historia en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Destacó desde muy temprano como poeta y en 1940 ganó los juegos florales universitarios con su libro Tono de Fauna. En 1944 obtuvo el premio de Fomento a la Cultura del Perú con su libro “Urpi”, que le dio justa fama. En 1976 obtuvo el Premio Nacional de Literatura que compartió con Luís Alberto Sánchez y Emilio Adolfo Westphalen.

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El antropólogo, historiador y catedrático cajamarquino Fernando Silva Santisteban es una figura cimera de la intelectualidad peruana. Silva Santisteban (1929 – 2006) fue director del Instituto Nacional de Cultura y del Museo Nacional de Historia, así como ex presidente de la  Comisión Interamericana de Cultura de la OEA. Entre sus publicaciones se encuentran “Los obrajes en el Virreinato del Perú”, “La Idiosincrasia de Occidente”, “Antropología: conceptos y nociones generales”, entre otras. Además, es autor de “El primate responsable”, libro en el que analiza el desarrollo evolutivo del hombre. Los tres tomos de la Historia del Perú, que publicó junto a Juan Mejía Baca constituyen un referente para la investigación y le permitieron entablar amistad con Jorge Basadre. Su inclinación por la observación y estudio del mundo andino marcó también su carrera, “Desarrollo político de la civilización andina” es uno de los títulos dedicados a este campo de investigación. Su interés por los temas andinos le valieron la amistad del escritor José María Arguedas, con quien incluso llegó a hacerse compadre.

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El fogoso abogado cajamarquino, profesor, poeta, escritor, periodista y político, Genaro Ledesma Inquieta, nació en la ciudad de Cajabamba el 19 de setiembre de 1932. Sus estudios superiores los realizó en la Universidad de Trujillo, donde siguió dos especialidades: Educación y Derecho. Laboró como profesor de educación primaria, en la sección nocturna del colegio Daniel Alcides Carrión, de Cerro de Pasco a 4500 msnm. En 1958, fue nombrado alcalde de Cerro de Pasco y durante su labor edil se identificó con la pobreza y el sufrimiento de los mineros. Y cuando la policía mató entre el 1º y el 2 de mayo de 1960 a varios campesinos, entre ellos al presidente de la comunidad de Rancas, Genaro Ledesma fue tomado preso y enviado a la colonia penal de “El Sepa”, donde después de algún tiempo, quedó libre. En 1962, al producirse el golpe militar del general Ricardo Pérez Godoy, nuevamente fue apresado y encarcelado en “El Frontón” o Isla del Diablo. Mientras continuaba su presidio, los obreros y campesinos de Cerro de Pasco, lo inscribieron como candidato a la diputación por su provincia, y resultó elegido por el poder del pueblo. Posteriormente, el secretario del Jurado Nacional de Elecciones le entregó en la prisión sus credenciales de diputado de la Nación, y solo así abandonó la isla penal más cruel y desalmada del Perú. En 1976, durante la dictadura del general Remigio Morales Bermúdez, Ledesma otra vez fue apresado y deportado a la provincia argentina de Jujuy. Ledesma fundó el partido político FOCEP (Frente Obrero, Campesino y Estudiantil del Perú), aún desterrado, y regresó al país elegido miembro de la Asamblea Constituyente, lugar donde muchas veces conversó con el doctor Víctor Raúl Haya de la Torre, cuyo padre era también cajabambino.

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El primer Alcalde provinciano de la ciudad de Lima fue un cajamarquino, el doctor Alfonso Barrantes Lingán, quién posteriormente fue candidato presidencial y también máximo dirigente de Izquierda Unida. Es asimismo creador del humanitario programa de asistencia social conocido como el “Vaso de Leche” en beneficio de los niños y las madres gestantes.

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El general de división, Rafael Hoyos Rubio, un ilustre militar cajamarquino, dirigió y planificó con acierto las victoriosas operaciones militares para expulsar a las tropas ecuatorianas que habían invadido nuestro territorio en la Cordillera del Cóndor.

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El antropólogo cajamarquino César Arana Castañeda, mundialmente conocido como Carlos Castaneda, y considerado el padre de la Nueva Era, es el único peruano que apareció en 1973 en la carátula de la prestigiosa revista estadounidense Times por sus cerca de 18 libros traducidos a una veintena de idiomas en los que narra sus experiencias místicas y alucinógenas con el brujo yaqui Don Juan Matus.

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El 14 de Noviembre de 1986 la UNESCO declaró a Cajamarca como “Patrimonio Histórico y Cultural de las Américas”, con Resolución CIECC-726/86 en su XVII Reunión Ordinaria y en ella consideró: “Que en la ciudad de Cajamarca, Perú, se produjo el encuentro decisivo entre los conquistadores europeos y la civilización incaica. Que la ciudad de Cajamarca es uno de los centros de expresión del acervo histórico cultural, tecnológico y artístico de las Américas, desarrollado por las civilizaciones históricas. Que la ciudad de Cajamarca como histórico conjunto monumental, debe ser preservada y protegida en forma adecuada para las generaciones presentes y futuras, y Que Cajamarca es actualmente un ámbito de aplicación de los postulados del desarrollo integral”.

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En 1961 por iniciativa del biólogo cajamarquino, natural de la Provincia de Cutervo, Salomón Vílchez, entonces, diputado por Cajamarca, se establece el Primer Parque Nacional del Perú: El Parque Nacional de Cutervo, para proteger los recursos naturales de la zona. Su existencia fue un precedente decisivo para la creación del actual Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado Peruano (SINANPE). Su extensión es de 8,215 hectáreas, ubicado sobre la Cordillera de los Tarros de los Andes Occidentales del Perú, con altitudes que van entre 2200 y 3500 msnm. El objetivo principal del Parque Nacional de Cutervo es la protección de su flora y fauna así como la conservación de la belleza escénica de la Cordillera de los Tarros. Los atractivos principales son la Cueva de los Guácharos, y el Pez Bagre de las Cavernas existentes en los riachuelos subterráneos. Además el parque alberga abundante riqueza de flora y fauna silvestre dispersa en bosques enanos, pajonales y bosques de neblina. El Parque también alberga especies amenazadas de fauna silvestre, como el jaguar (Panthera onça), el tigrillo (Leopardus pardalis), el oso de anteojos (Tremarctos ornatus), la nutria (Lontra longicaudis), el gato silvestre (Oncifelis colocolo), el tapir de altura (Tapirus pinchaque), el pilco o quetzal de cabeza dorada (Pharomachrus auriceps) y el gallito de las rocas (Rupicola peruviana).De este lugar es asimismo originario el Árbol de la Quina que permitió la elaboración de la quinina para controlar la malaria en el mundo.

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El eminente político cajamarquino Javier Alva Orlandini nació en Cajamarca un 11 de diciembre de 1927 y estudió Letras, Derecho y Ciencias Económicas en la Universidad Mayor de San Marcos. Se recibió como abogado el 16 de Enero de 1953. Tenaz opositor a la dictadura de Odría (1948-1956). Fue preso muchas veces y estuvo  incluso en la Isla del Frontón (1953). Opositor, sin tregua, a la dictadura militar de Velasco y Morales Bermúdez, fue deportado en 1974 y retornó clandestinamente al Perú. Combatió igualmente a la dictadura de Fujimori (1992-2000). Fundó el Frente Nacional de Juventudes, que proclamó la candidatura de Fernando Belaúnde Terry a la presidencia del Perú. También fue fundador y Secretario General del Partido Acción Popular. Fue asimismo Diputado por Lima, Ministro de Gobierno y Policía, Senador de la República, Vicepresidente del Perú, Presidente del Senado y del Congreso, Candidato a la Presidencia de la República del Perú, y Presidente del Tribunal Constitucional de la República del Perú.

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El político y revolucionario cajamarquino Carlos Malpica Silva Santisteban nació en Chota en 1929 y murió en Lima en 1993. Malpica fue un firme defensor de la reforma agraria y de los recursos naturales. Estudió en el Colegio Militar Leoncio Prado y después en la Escuela Nacional de Agricultura en Lima. Tras su oposición al pacto del APRA con el gobierno de Prado, siendo diputado por Cajamarca (1956-1962), fue expulsado del partido en 1959 con otros militantes con quienes formó el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (1962), que impulsó las guerrillas rurales en 1965. Fue elegido miembro de la Asamblea Constituyente en 1978 y varias veces senador por el Partido Unificado Mariateguista e Izquierda Unida entre 1980 y 1992. Dejó numerosas obras como “Guerra a muerte al latifundio”, “Los dueños del Perú”, “Crónica del hambre en el Perú”, “El mito de la ayuda exterior”, “Petróleo y corrupción”, “El poder económico en el Perú”, entre otras. También fue uno de los autores en el año 1961, junto con el congresista Mario Alzamora Valdez, del Anteproyecto de Creación de la Universidad de Cajamarca.

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El etnohistoriador Waldemar Espinoza nació en Cajamarca en 1936 y es una personalidad académica especialista en historia andina prehispánica y colonial. Su inclinación por los estudios históricos se manifestó cuando, aún siendo alumno del Colegio San Ramón, escribió su primer artículo sobre la historia de esta institución. Obtuvo el grado de bachiller con la tesis “Rebeliones indígenas y mestizas en la sierra septentrional del Perú 1756-1821” en la Universidad de San Marcos. Los 4 años de investigación que pasó en el Archivo General de Indias, le permitió demostrar científicamente la colaboración de las etnias andinas en la destrucción del Tawantinsuyo. En la actualidad es docente en las Universidades de San Marcos y Federico Villarreal, y autor de numerosas publicaciones. Su obra “La destrucción del Imperio de los Incas” y “La rivalidad señorial y política de los curacazgos andinos” (1973) figura entre los 50 mejores publicadas en el Perú durante el siglo XX.

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La insigne educadora, poetisa, escritora y periodista peruana, Irene Pereyra de Vásquez, nació en Celendín en 1904 y murió en Cajamarca en 1986. Realizó sus estudios superiores en la Escuela Normal de Mujeres de Lima y Letras en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Su poesía romántica brota espontánea del intimismo, aflora sobriamente y sin quejas lacrimosas o el lamento melodramático de románticos sensibleros. En mérito a su obra cultural ha recibido una Medalla de Oro y Diploma de Honor otorgadas por la Municipalidad de Cajamarca; Medalla de Oro y Diploma de Honor por la Sociedad Auxilio Mutuo Obrero por haber ocupado el primer lugar en el concurso convocado para elegir la letra del himno de dicha institución con motivo de sus Bodas de Plata. Obras publicadas: "Cajamarca la Bella", "Crepúsculos". Obras inéditas: "Ecos del Alma", "Miscelánea", "Rimas al Viento", "Pétalos", "Armonías del Aula", "El Niño en Escena".

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El ingeniero agrónomo Pablo Sánchez nació en Cajamarca en 1935. Sánchez es un notable investigador forestal y promotor de la conservación de suelos y aguas. Es asimismo el gestor de la iniciativa de sembrar y cosechar agua a la usanza incaica para colocar un Poncho Verde a los Andes a fin de que cumpla su función de almacén de agua. Se inició en la docencia universitaria en 1962, cuando fue fundada la Universidad Nacional de Cajamarca, y como primer director de la facultad de Ciencias Ambientales creó un centro de investigación y formación para los cajamarquinos que se llamó inicialmente “Proyecto de desarrollo de laderas” y después “Servicio Silvo-agropecuario”, con el que ya ha forestado cerca de 50 mil hectáreas en Cajamarca. Y sólo en la localidad de Porcón hay alrededor de 12 mil hectáreas. Por su labor, ha recibido el Premio Nacional de Protección al Medio Ambiente, otorgado por la UNESCO y CONCYTEC, y el Premio Global 500, concedido por las Naciones Unidas.

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El novelista y cuentista cajamarquino, Luis Urteaga Cabrera, nacido en Cajamarca en 1940, fue distinguido con el Premio de Novela “Good Year” y el de la editorial Sudamericana de Buenos Aires por su obra “Los hijos del orden”. Urteaga es uno de los pocos narradores peruanos que se ha inspirado en las culturas amazónicas, dando a conocer su mundo mágico. También ha publicado “El universo sagrado”, “Fábulas de la tortuga”, “El otorongo negro y otros animales de la Amazonía”, y “El arco y la flecha”.

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La familia cajamarquina Pereyra Terrones está constituida por notables intelectuales que han distinguido el nombre de Cajamarca y del Perú en el extranjero. El periodista y escritor cajamarquino Jorge Pereyra Terrones, nacido en Cajamarca en 1952, recibió el Premio Nacional de Periodismo en 1977 a la edad de 25 años cuando se desempeñaba como el más joven editorialista del diario “La Crónica” de Lima. Posteriormente, laboró en Estados Unidos durante 30 años y es el único peruano que ha trabajado para cuatro de las principales cadenas televisivas norteamericanas (Univisión, Telemundo, NBC y Fox) como presentador, productor y director de noticias. Su hermano Rodolfo, nacido en 1953, ganó en 1970 un premio internacional de narrativa con el cuento “Residencia en el lejano islote del ensueño”, convocado por la editorial El Ateneo de Argentina; y además ha dirigido varias películas y telenovelas peruanas con notable éxito. Igualmente, trabajó para la cadena noticiosa CNN y fue Agregado de Prensa de la embajada peruana en EE. UU y Secretario de Prensa durante el mandato del ex presidente Alejandro Toledo. Ambos son hijos del notable periodista celendino Manuel Pereyra Chávez (Perseo), cuya pluma enalteció a Cajamarca y cuyo intelecto se manifestó a través de la dirección de varios periódicos cajamarquinos como “La Razón”, “La Hora”, etc.

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El arqueólogo cajamarquino Walter Alva Alva, nacido en el Distrito de Contumazá, el 28 de junio de 1951, fue el descubridor de las Tumbas Reales de Sipán en 1987 mientras era director del Museo Brünning de Lambayeque. Durante los años posteriores, se encontraron las tumbas intactas de dos reyes moche, (conocidos popularmente como “El Señor de Sipán” y “El viejo Señor de Sipán”) enterrados con sendos acompañantes. Y a lo largo de 20 años de trabajo se han excavado arqueológicamente 14 tumbas de la nobleza Mochica. Estos hallazgos (que son consideradas las tumbas más ricas halladas en las Américas en tiempos modernos, por la calidad de las joyas y ornamentos que acompañaban a estos monarcas) arrojaron nuevas luces sobre la organización de la sociedad o “Cultura mochica” y el rol de sus dirigentes, y captaron el interés del público internacional. Alva ha sido, a su vez, un tenaz enemigo del tráfico de arte precolombino, y promotor de la construcción de un museo para los hallazgos de Sipán, cruzada que culminó en 2002 con la inauguración del muy moderno Museo Tumbas Reales de Sipán, del que actualmente es director. Ha obtenido varios reconocimientos, entre ellos la Orden del Sol del Perú (1990). Sus investigaciones han permitido aclarar la estructura social de la Cultura Mochica y su pensamiento religioso, así como obtener información sobre su tecnología metalúrgica.

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La cordillera cajamarquina es sumamente rica en yacimientos de oro y cobre. La compañía minera Yanacocha, Minas Conga y Goldfields extraen el oro de Cajamarca y su producción  ocupa el primer lugar en Latinoamérica y la tercera en el mundo. Por su parte, Michiquillay, El Galeno, La Zanja, etc., convertirán a nuestro país en el primer productor mundial de cobre una vez que entren en operación.

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La hacienda La Colpa, ubicada a 11 kms. de la ciudad de Cajamarca, es el único lugar en el mundo donde a las vacas se las llama por su nombre y éstas acuden disciplinadamente a sus lugares en el establo para ser ordeñadas. Cuenta la tradición que el dueño de la hacienda comenzó a llamar a una vaca en particular con el nombre de su esposa en tono de broma. Y tanto y tanto fue llamando a la vaca que ésta comenzó a hacerle caso, y así fue como empezó la costumbre de llamar a todas las vacas por su nombre.

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Una de las más grandes reforestaciones emprendidas en el Perú en los últimos 50 años se halla en la Granja Cooperativa Porcón, camino a las minas de oro de Yanacocha, y es un atractivo lugar cuyos bosques de pinos constituyen la más grande extensión arborícola de los Andes peruanos, siendo comparada únicamente con Bariloche en Argentina y Alberta en Canadá.

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Inmediatamente después de la Navidad, y durante los 3 primeros meses del año, Cajamarca se convierte en la Capital del Carnaval Peruano, la verdadera y única ciudad donde se goza con más ganas el Carnaval. En esta alegre festividad, se fusiona el verdadero espíritu de lo tradicional con la música, el baile, el desenfreno, la belleza y el goce de la juventud como contraparte de lo más moderno. Tan placentera, divertida e incomparable es esta fiesta, que todos los peruanos saben que Cajamarca es en esta fecha un destino turístico obligado. Al ritmo del “Silulo”, “La Carolina”, “Cumbe-Cumbe” y “La Matarina”, la población y sus visitantes nacionales e internacionales bailan alrededor de las “Unshas”. Y es el Rey Momo, el personaje que preside la algarabía de las fiestas carnestolendas en esta ciudad. Bien dicen, y con mucha razón los cajamarquinos: “Lima Ciudad de los Reyes, Arequipa Ciudad Blanca, Trujillo Ciudad Primaveral, y Cajamarca Capital del Carnaval”.

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La muerte para los cajamarquinos, desde épocas muy remotas, siempre ha tenido un profundo significado como ocurre en todos los pueblos andinos. Para ellos, los muertos seguían acompañándolos desde una dimensión distinta pero inmediata. Y superviven en Cajamarca algunos ritos de transición y purificación mortuorios. Así podemos hablar, por ejemplo, de “el cinco” o la lava de toda la ropa del difunto en un río. Esta primera creencia se deriva de la noción de que los muertos regresaban al quinto día de fallecidos para arreglar, sí las había, algunas cuestiones pendientes entre sus deudos. En tanto que la segunda creencia tiene que ver con el rito de desprender, mediante la corriente de un río, la energía que supuestamente queda en la ropa del difunto.

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La Granja Porcón, localizada a 30 kms al norte de la ciudad de Cajamarca (una hora en automóvil aproximadamente), constituye la expresión más importante de autogestión y agroturismo en Cajamarca.  Granja Porcón es también el ejemplo exitoso de una cooperativa que ha traído el desarrollo y el progreso sostenido a sus miembros y que se ha hecho acreedora a una serie de premios nacionales e internacionales. Sus orgullosos miembros han decidido abrir sus puertas al turismo vivencial y permiten que los turistas aprecien su forma de vida y participen en las labores agrícolas, ganaderas y forestales. Además, los visitantes pueden disfrutar de caminatas por el bosque y el campo. Granja Porcón reúne en un solo lugar agroturismo, naturaleza e intercambio cultural.

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El folklore cajamarquino, constituido por el canto y el baile, está muy ligado a las celebraciones religiosas, siendo especialmente populares las fiestas patronales. El cajamarquino le canta a todo durante el Carnaval y también canta al hablar con un peculiar dejo final. En sus versos, muchas veces improvisados, resaltan el amor, la ingratitud, la Patria, la esperanza y el dolor, pero también saben reír con picardía. Asimismo, baila eufóricamente hasta desplomarse de cansancio. Entre las danzas más características de Cajamarca destacan la Cashua, los Chunchos o Danza Blanca, las Pallas, la Pachilla, la Danza de los Emplumados o Imperiales y la Danza de los Diablos. Cachua o cashua: Baile típicamente cajamarquino, caracterizado por su desplazamiento lento y suave; no se acostumbra el zapateo. Una variante denominada “gavilán” consiste en quitarse el pañuelo entre las parejas. Chunchos o danza blanca: Son grupos de 12 o más danzarines vestidos con saco y pantalón de color blanco sujeto por maichiles (semillas), que sirven como adorno y emiten agradables sonidos al compás del baile. Usan pañuelo de color en el cuello, portan una bandera y llevan además una calabaza con chicha. Otros personajes de esta danza son el “chuncho negro” que lleva saco azul u oscuro, una máscara de color negro con aplicaciones de vivos rojos, marcando ojos, nariz y orejas, y un látigo con mango de madera; el “capitán de baile”, que dirige la danza y los pasos para realizar diferentes figuras; el “negro”, personaje gracioso, que asusta y hace chistes a los espectadores, recolectando las viandas de comida para el grupo. Entre lo más característico del baile está dejar el pañuelo en el suelo y recogerlo con la boca. Pallas: Danza efectuada sólo por mujeres alegres y bonitas, con mucho garbo y estilo. Llevan una vestimenta elegante y atractiva, consistente en un sombrero blanco con cinta negra, blusa de color celeste, blanco o rosado, pechera bordada, anaco o pollera plisada de color negro, aretes largos, gargantillas y sortijas en todos los dedos. Las pallas van bailando y cantando por las calles dirigidas por una capitana que va dando la voz para que entonen diferentes canciones. El gran mestizaje del pueblo cajamarquino y la notable confluencia de razas heterogéneas en nuestro suelo, es quizá la explicación de un folklore tan rico en matices y tan abundante en picardía y gracia.

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El Carnaval de Cajamarca es una de las celebraciones más importantes en la ciudad y la Provincia de Cajamarca. Y los cajamarquinos consideran a su ciudad como la Capital del Carnaval Peruano porque durante esta fecha la euforia popular alcanza su tope y sólo se vive para esta fiesta. Se celebra principalmente en el mes de Febrero y principios de Marzo. Los cinco barrios más tradicionales se preparan para enfrentarse en un concurso, en el que la música y las danzas predominan. Se organizan corsos engalanados con bellas reinas y se preparan bebidas tradicionales. El desfile recorre la ciudad, acompañan al Rey Momo, patrullas y comparsas que bailan y cantan alegrando las calles de la ciudad capital. Las noches son propicias para coronar reinas, y las tardes para derribar Unshas y Cortamontes. El puchero, las cuyadas y la libación de la rica chicha de jora y maní también son parte del disfrute popular. La celebración del Carnaval Cajamarquino se extiende por más de un mes con ocho días centrales.

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La mina de Yanacocha se halla ubicada a 40 kilómetros de Cajamarca y es el yacimiento de oro más grande de Latinoamérica y la segunda mina más grande del mundo, tanto en volumen de producción como en extensión del yacimiento, lo que ha atraído grandes inversiones extranjeras. La minera Yanacocha, fundada en 1992 y manejada en un 48% por la familia Benavides y por la multimillonaria compañía internacional Newmont Mining Corporation en un 52%, extrae según el INEI 102.3 toneladas métricas anuales de oro (2005), además de cobre, plata, plomo y zinc, representando aproximadamente la mitad de la producción anual aurífera del Perú. Minera Yanacocha aporta el 1.17% al PBI peruano. El producto final de esta mina se denomina barras de Doré: mineral compuesto de 60% de oro, 30% de plata y 10% de impurezas.

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Una de las más grandes manifestaciones religiosas de Cajamarca es la Fiesta de las Cruces, durante el Domingo de Ramos, y ocurre en el poblado de Porcón, a unos 14 kilómetros de la ciudad de Cajamarca. Ese día participan más de cincuenta cruces (de unos 60 kgs de peso cada una) cubiertas de imágenes y espejos recortándose sobre el intenso cielo azul cajamarquino. El Domingo de Ramos, día central de la fiesta, se llevan a cabo cuatro ceremonias: la Coronación de las Cruces, el Saludo al “Señor” en la casa del mayordomo (encargado de liderar los festejos cada año), los Responsos cantados en quechua y latín y, finalmente, la Procesión a la capilla de Porcón. Es una fiesta cerrada, donde a los extraños no se les permite participar. Sólo participan los “porconeros”, descendientes de los Cañaris, los cuáles dieron dura batalla al ejército inca de Huayna Cápac, y que luego de ser sometidos, fueron trasladados hasta las cercanías de Cajamarca. Sobre un armazón de madera y carrizos de tres metros de altura, colocan la cruz en el centro y alrededor de ella distribuyen imágenes de Jesús, la Virgen, los Santos, completándola con los espejos. Después las adornan con hojas de palma, romero y flores que existen en abundancia en los valles aledaños. Y aquí cumple una labor trascendental “Señorca”, la burrita que sólo tiene una misión en su vida: trasladar la imagen del Señor de Ramos hasta la iglesia del caserío. Un día antes, el apreciado cuadrúpedo recibe un baño con jabón perfumado y un cuidadoso “corte de pelo”, para estar presentable ante la magnitud del evento.

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El clarín de Cajamarca, un instrumento de viento de inspiración hispánica que apareció en el siglo XVIII, está considerado por el gobierno peruano como Patrimonio Cultural de la Nación. El clarín de Cajamarca o “shukcha”, que es el nombre en quechua de la caña con que está fabricado, es uno de los instrumentos musicales más peculiares y propios de la región cajamarquina. El clarín, también llamado kepa, es una trompeta andina de tres partes: un pabellón de calabaza, coco u hojalata, el cuerpo de una sola pieza de carrizo grueso de unos 3 a 4 metros de largo y una boquilla desarmable de 10 centímetros. Su ejecución es considerada “particularmente difícil” porque hay que sostenerlo con el pabellón hacia arriba en posición diagonal, coger el cuerpo con un brazo y agarrar la boquilla con la otra mano para soplar por ella. El clarinero suele aparecer acompañado de un ejecutante de caja o tambor, combinación usual en Cajamarca que constituye una de las imágenes típicas del folklore local. El clarinero está presente en faenas agrícolas (corte de trigo y limpia de acequias), fiestas patronales y ganaderas, y en las danzas tradicionales como los Chunchos o los Incaicos.

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Cajamarca es un mixtura étnica española e indígena y sus actuales habitantes nativos descienden de los cupisniques y caxamarcas que predominan entre Contumazá, San Pablo, Cajamarca y San Miguel. Los cañaris, que originariamente eran del sur de Guayaquil, se encuentran en las zonas de Llapa, Porcón y Cumbemayo (17%). Por otra parte, los descendientes de españoles andaluces se encuentran entre San Juan de Cutervo, Chota, Chugur, Santa Cruz, Cajamarca, San Marcos, Cajabamba, San Miguel, Hualgayoc, y constituyen la mayoría de la población (43 % del total de etnias de origen caucásico). Cajamarca representa el único departamento en todo el Perú donde la población descendiente de raza blanca predomina, incluso entre la población campesina. Hacia la zona de Celendín se encuentran descendientes de judíos portugueses, morunos y andaluces, y a este grupo se los llama popularmente “shilicos”. También existe una población de origen aguaruna (12 %), campa y shipibo que se encuentra entre San Ignacio y Jaén, representando la mayoría de la población en esas provincias.

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Cajamarca es el departamento de la sierra peruana más plano y de menor altitud de la cordillera de los Andes. Tiene 17 valles extensos y amplios y escasos cerros que llegan a 4,000 msnm. La excepción es el cerro Rumi Rumi (4,496 msnm) en la provincia de Cajabamba, que rara vez se encuentra cubierto de escarcha o de granizo, pero no de nieve. Además de sus suaves pendientes, Cajamarca posee la mayor cuenca hidrográfica del país al servicio de la agricultura y la ganadería. Su gran caudal de aguas se vierte al río Marañón hacia el oriente y hacia el Océano Pacífico al occidente.

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La primera región productora de ganado vacuno del Perú es Cajamarca con más de 600,000 cabezas de esta especie y es también el primer productor nacional de cuyes. Posee igualmente una gran cantidad de ganado ovino y caprino. La estación piscícola de Namora produce alevinos de truchas y pejerreyes. Jaén es uno de los mayores productores de arroz y frutales. En el valle de Condebamba se siembra caña de azúcar de la que se obtiene  aguardiente y chancaca. En cuanto a la industria, se procesa la leche para producir quesos y mantequilla. La artesanía de sombreros de paja de Celendín es muy atractiva. Es asimismo un gran productor de lentejas, maíz y pastos, y tiene una enorme riqueza forestal. En cuanto a la producción agrícola, Cajamarca también destaca por la siembra de papa, trigo, cebada, maíz, oca, olluco, mashua, arracacha, quinua, cañihua, arroz, café, yuca, camote, ají paprika, caña de azúcar, chirimoya (primer productor nacional de la misma) y algodón. También es muy notable su producción ganadera: ganado vacuno (primer productor nacional), ovino y caprino. En lo que se refiere a la producción minera, cuenta con importantes yacimientos de oro, plata, cobre, plomo y zinc. Y la energía eléctrica la obtiene de la Central Hidroeléctrica de Carhuaquero en la provincia de Santa Cruz.

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