EN EL DÍA DE LAS MADRES

 

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Antonio Goicochea Cruzado

 

     A lo que el mundo quiere hacer notorio y evidenciar su importancia; y, en algunos casos su presencia, se le ha separado en el calendario un día para rendirle homenaje. Tenemos así el día del trabajo, el día del idioma, el día de la tierra, el día del niño...

 

     El segundo domingo de mayo, en casi todos los países del mundo ha sido reservado como el día de la Madre. Un homenaje por demás justo. Solo que la realidad y la mercantilización de un noble sentimiento nos lleva a parcializar nuestro punto de vista; y, hoy queremos acordarnos, y si se puede rendirle pleitesía a las madres de familia de realidad agobiante, oprimida por horarios y por múltiples trabajos; a aquella de pecho cavernoso; a la mendicante.. a las de manos curtidas y encallecidas y sin seguro social; a la madre campesina abandonada, azotada por el desprecio de un acendrado machismo, parias en su heredad; a la madre de canillitas y lustrabotas, esposa de marido alcohólico, cauta administradora de escasos peculios aportados por la tempranamente responsabilizada prole; a la madre que maltrata manos y vientre con el calor del brasero anticuchero;

 

     A aquella madre-niña, de cuerpo inmaduro, que tempranamente conoció los arrebatos del amor, que fue dañada como a endeble surco daña el agua, que entregó su inocencia creyendo en el patán que después la abandonó;

 

     Y, a la madre que torció rumbos para ganar un pan con que mitigar las hambres cotidianas de un niño que en su inocencia no sabe en que trabaja, pero sí que es porque lo quiere y para hacer que siga viviendo.

 

     A ellas, hoy mis pensamientos.

 

     Alguien postuló el otro día por la televisión Gianmarco, con criterio grandilocuente, que se debería instituir una Universidad para padres (no postuló obviamente una escuela, o trabajar el tema dentro de la escuela). Que cursi y que injusto el planteamiento. En un país en que poquísimos van a la Universidad. La mayoría desposeída estaría imposibilitada, como siempre, de acudir a ella; y, las madres de estos sectores no recibirían teorizaciones o elucubraciones sobre sus problemas por ellas muy conocidos, pero pobremente explicados.

 

     Y no le rendimos homenaje, con enormes regalos, lo hacemos con reflexiones que nos puedan acicatear a enderezar actitudes si las nuestras no son las apropiadas.  Coloquémonos en empatía con aquellos niños, que se quedan extasiados al mirar los escaparates de las tiendas de comercio en que ofrecen lo que se necesita para hacer feliz a la mamá. Es posible que piensen así:

 

     Estoy muy triste mamita. En la tienda de la esquina, en un televisor así de grande (abre los brazos en toda su extensión) he visto a un señor bien enternado, que dice que la mamá se sentirá feliz si recibe en su día una refrigeradora o una cocina de cinco hornillas y horno incorporado; y, una señorita bonita que para hacer feliz a una madre hay que regalarle un juego de sala último modelo, o un comedor de acero cromado...y en las tiendas, ¡que lindas cositas para las mamás! y otras cosas más. Pero yo no tengo como dártelas.

 

     Y volviendo a la realidad pensará: Sin embargo, te tengo contenta mamita, todos los días, cuando me levanto temprano, cuando voy a vender periódicos, cuando ayudo a llevar trastos en el mercado; cuando con mi cajón salgo a lustrar zapatos y por las tardes traigo mi latita llena de monedas; cuando te traigo mi libreta con notas aprobatorias; cuando comparto tus tristezas y alegrías. Por eso, yo que siempre he visto mamita, en los jardines del parque, unas florcitas rojas.  Sin que el vigilante me vea, voy a tomar la más grande y la más bonita para regalarte en tu día.

 

 

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