Angélica Luzmila

 

Ir a Presentación    Día de la Madre   Artículos y Comentarios

 

 

 N. R. Insertamos en esta sección el homenaje de Fransiles Gallardo, considerando que el Día de la Madre es 'todo el tiempo'.

Cajamarca, 16 de Setiembre del 2010.

 


 

  

 

Angélica Luzmila

 

 

  

 

IX

 

 

  

 

Ah, nos olvidábamos, mama Beca.

Alguna vez usted se quejó de que el viejo Joshua no le compró aquel rosario con crucifijo de plata, bendecido por el cura don Vigo, al año siguiente de la fiesta que la Florcita se dejó robar.

– ¿Si'acuérdaste usté, mama Beca?

– Sí se lo compró.

Sucede que como estaba medio achispado, tomando cañazo con su compadre don Rojas, el faite de ño Murrugarra y otros más de la Lomada, me lo dio para que se lo entregara a usted, mama Beca.

Muchacho de siete años, inquieto y destructor, sacamos una a una esas bolitas, para después pegarlas con su gomita de espino y amarrarlas con su pabilo de costalillo; pero por más intentos que hicimos no pudimos unirlas más y el temor a su enojo, mama Beca, nos hizo guardarlas en una bolsita, que escondimos celosamente en un huequito de la pared de la cuadra.

Lo hemos llevado siempre con nosotros, mama Beca.

Por los caminos de la patria por donde Dios nos ha enviado en esta vida.

Por inhóspitas trochas  –que hemos construido a punta de barreno, tractor y dinamita, cholo hermano–, desconocidos senderos abiertos a machetazo limpio  –si te pierdes, calavera nomás te encuentran –,  en medio de las granizadas -onde se te enfría hasta el alma-, en los arenales de febrero suda sudando manteca por paisajes distintos y diferentes de esta nuestra patria, que ustedes no alcanzaron a conocer.

Esas bolitas de rosario fueron nuestro amuleto y protección.

Tenerlo, significaba tenerlos a ustedes dos juntos. A toda hora, en todo instante; guardadito en nuestra mochila verde de mataperro, sin dueño, sin brújula, sin destino.

Fueron nuestra compañía en estos más de veinte años de ausencia.

Esas bolitas blancas, mama Beca, saben de nuestros sufrimientos  –Mal'ora el día que me vine por estas tierras de desconsuelos y extravíos. Levanten sus petates y envuelvan sus tristezas, que nos vamos pa' otra obra–, saben también de nuestras esperanzas y anhelos  –¿Cuándo regresaré pa' La Playería, canijo?–,  de nuestras alegrías y desencantos  –¡Ojalá los viejos biencito nomás, estén–.

Ahora se lo devolvemos, mama Beca; mi vieja mama Beca. 

Sin ustedes, pa'qué ya pué lo tengo ya.

Perdóneme por retenerlo.

Ahora lléveselo al viejo Joshua y tal vez vuelvan a rezar juntos por nosotros, por sus hijos, sus eternos chiquindujes. Y la arropo también, con este callado y solitario cariño que fue creciendo con cada día de ausencia... hasta hacerse inmenso.

Como lo hacían noche a noche, arrodillados ante un Cristo crucificado, orando por todos, rogando por nosotros; porque nos vaya bien, para que no nos suceda nada malo, para que seamos gente de bien y para que su mano generosa no nos abandonara nunca.

Perdóneme, mama Beca; hoy ya sabe que el viejo Joshua nunca le falló.

Nosotros sí.

Como entonces, como ahora, como siempre.

 

Ir al Inicio


 

Ir a Presentación    Día de la Madre     Artículos y Comentarios