Carátulas de libros de Cajamarca - 2018

 

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Para 2018 se vislumbra un gran año en publicaciones de libros en

la Región Cajamarca, la creación del Fondo Editorial en el Gobierno Regional,

el Fondo Editorial de las Municipalidades Provinciales y Distritales, de las Universidades

y de algunas Compañías mineras que apuestan por la cultura cajamarquina,

es una garantía que debe ser aprovechada por nuestros Poetas y Escritores.

 

Empezamos el 2018 publicando la carátula del libro ganador en el

I Concurso Regional “Vanguardia Literaria Cajamarquina 2017”, categoría Ensayo:

“Esos libros que lees y otros ensayos” del Ing. Carlos Alberto Cerdán Moreno, no sin antes,

reiterarle mi agradecimiento público y sincero por haberme dedicado.

 

Reiteramos nuestra cordial invitación a los poetas y escritores  de nuestra Región

se sirvan alcanzarnos las carátulas y prólogos de sus libros publicados

 -de cualquier año- para difundirlos en esta sección.

 

Juan C. Paredes Azañero.

 Cajamarca, 13 de enero de 2018.

 

 

 

CABANILLAS BECERRA, Gladis del Pilar y LÓPEZ ALVA, Ruperto. Chasca. Novela del Ande. Primera Edición, mayo 2018, Edición: James Becerra Becerra. Impreso en: Kalissa Producciones. Tembladera, Cajamarca, Perú. 44 Pág. 14.0 x 18.8 cm.

 

PRÓLOGO

Hay que tener “Corazón de Poeta” y ser la mujer de la mirada de los ojos verdes; para regalamos una historia como la que, por una deferencia especial, llegó a mis manos desde tierras cajamarquinas, cruzando la frontera sur de mi País. Es que las historias que nos cuentan de libertades, de sueños y correrías infantiles, de animales y seres humanos retozando juntos y a sus anchas en los campos floridos y generosos, mientras coloridas y bulliciosas aves nos cantan que el mundo es de todos, ya no nos llegan como hace años, como cuando aún no nos dejábamos atiborrar de “modernismo”, de tecnología de último cuño que nos ha hecho olvidar que un día respirábamos aire puro y nos alimentábamos del

verdadero amor, de ese que nos regalaron los seres que cobijaron nuestra niñez nuestros años de enamoramiento juvenil, del amor de los seres que nunca traicionan: padres, abuelos, las verdaderos amigos.

“Mujeres cajamarquinas / ya se olvidaron de hilar / ahora viven choteando / todas con buen celular”.

“Chasca” nos traslada sutilmente a ese mundo ahora olvidado. Y atando nos lleva a ese lejano pasado, la máquina del tiempo llega justo, cuando se celebran tradiciones campesinas, quizá milenarias; de las que en muchos sitios aún se resisten a ser engullidas por los tiempos, por la modernidad. Tradiciones que los autores, de forma magistral pero sencilla, nos desmenuzan líricamente para situamos en medio de la algarabía que traían las retretas, los bailes, los juegos populares, los torneos galantes, el rodeo, las corridas de toros; el traje de fiesta, la alegría en el alma, ha ilusión en el corazón.

Solo que las historias de amor, más aún cuando están salpicadas del desamor, del odio, de la venganza, de la sinrazón; han de parir siempre alguna historia de tragedia. De esta historia llena de fantasía y colorido campesino, ha de nacer Chasca, “La hija del arcoíris”. Entonces la historia nos embarca en el bus de la nostalgia y nos extrae de las alturas andinas. Otro ambiente, otro entorno, otra forma de luchar, otra forma de vivir... o de morir.

El amor, sin embargo, nunca deja de rondar las páginas de nuestra historia, pero también la tristeza y el dolor. El despertar del corazón, es el más sublime salto a los avalares del sentimiento; pero así mismo, casi siempre es el que no se olvida, el que nos transforma en seres invencibles, el que nos arroja sin armadura a las fauces del mundo que nos rodea y que sin duda venceremos. Así mismo es el amor, así lo concibe Chasca, nuestro personaje lleno de ternura y de esperanzas, porque “somos pasajeros / de amores inciertos / que los lleva el viento”.

Y el viento de la tragedia nunca deja de soplar fuerte en la historia de Chasca. Adentrémonos con Gladis del Pilar Cabanillas Becerra y Ruperto López Alva, los autores de la obra-, y acompañemos a los personajes con los que nos será muy fácil identificamos sin apenas damos cuenta, recorriendo las líneas de esta novela que no solo nos cuenta una historia de amores y tragedias, sino que nos lleva de la mano por las costumbres y tradiciones andinas que tanta falta nos hace rememorar. Porque eso somos los pueblos andinos, de cualquier parte y cualquier color, recuerdos y nostalgias, música y canciones, risas y lágrimas, amores y traiciones.

Marco Alulema Miranda Macas

Morona Santiago-Ecuador.

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CASTILLO DÍAZ, Elmer. Castillo de cuentos. Primera Edición 2018, Diseño y pre prensa: KN Editores. J & O Editores Impresores SAC, Lima, abril 2018. 96 Pág. 14.9 x 20.6 cm.

 

Agradecimiento

Nunca hay que dejar de agradecer a la vida; cada ma­ñana es un buen momento para decir: ¡Gracias! Gra­cias vida, por tener la oportunidad de, aún, compartir con la familia y los amigos.

Gracias vida, por darnos el tiempo de hacer lo que nos gusta. Hay que sacarle provecho a lo que nos que­da de vida, porque quién sabe lo que nos espera: de repente, la Nada.

Y esta vida es hermosa porque aún tenemos a per­sonas que nos las hacen mejor.

En esta gratitud, dedico este libro a Valeska, Vania, Sebastián y Mayra Alessa, mis nietos.

Elmer

PRÓLOGO

Ingresemos al “Castillo de cuentos” como quien se ingresa a un reino: al feudo del Huauco. De este pue­blo han salido para el mundo hombres de preclara inteligencia, talante comercial y dotes artísticos, expandiendo su fama por el orbe. Este recinto terrenal, principalmente, es el que inspira a Elmer Castillo, le brinda el argumento de sus textos y de su propia vida. Para él la existencia tiene otros ángulos, a menudos nostálgicos, tragicómicos, anecdóticos, que atesora para plasmarlos oportunamente en sus cuentos.

El Huauco, distrito andino pleno de verdor, de belleza andina y calidez planetaria, es el grandioso escenario donde los personajes transitan, viven y sienten, y conviven y presienten, y Elmer hace buena literatura de la vida cotidiana. Elmer Castillo palpita literatura. Escribe lo que ve y escucha. Sus cuentos, su pluma, se nutren de la vida en el pueblo, sus acaeceres y vivencias.

Así, su literatura trasciende vitalidad porque el escenario, los personajes y las historias afloran de su entorno real. Es el registro, la pincelada social y psicológica que nos presenta para conocer a través de ella a su pueblo. Elmer se solaza y pretende que a través de sus escritos, los lectores puedan rememorar lo suyo y gozar, en su recuerdo, de los días en sus calles, en sus caminos y en sus campos. Este libro es una forma de reencuentro de paisanos; reencuentro en el tiempo, en el lugar preciso. Con aquellos que ya nos dejaron es un reencuentro en el alma.

Este es un libro grato. En el sentido de gratitud a la tierra natal, al pueblo de los ancestros; un tributo a su lugar. Grato, asimismo, en el sentido de agradable, porque el Tío Julio Borera nos arrancará sonrisas, así como la tía Luzgarda, el Cojo Velasco, el tuerto Chuquiruna, la tía Matilde, los Rocotos y otros cuentos. Sentiremos nostalgia con el tío Remigio Centenario y la tierna historia de los perros Joven y Bolas; y nos preguntaremos sobre el destino y fragilidad de la vida en el notable relato “La metralla y el alma”, que narra los avatares policiales en la época del terrorismo. Y no podía faltar historias del corazón: El rapto de Proserpina y Obsesión, brillantemente narradas.

El libro contiene bellas ilustraciones de artistas sucreños: Max Malaver Silva y Abdón Díaz Chávez. Además se han considerado fotografías galardonadas en el Concurso de Fotografía Ananau, referentes al Huauco. Sirva pues, la literatura, para hacer del arte un instrumento de unidad.

Elmer escribe con estilo breve, alegre, coloquial y con picardía. Con frases certeras y directas, en una época de afectación de las maneras, de imitación de gustos, modas, lenguaje, estilos y snob social e intelectual; mimetismo vano e insulso que atenta contra nuestra idiosincrasia e identidad. Elmer pinta con franca naturalidad y notable sencillez ese retrato so­cial y humano donde cada vecino, cada alma, tiene sus propios rasgos, imagen e historia, conforme a los dones que la vida le concedió, marcadas en sus vir­tudes, defectos, o en sus rasgos físicos. Ha consolida­do un estilo que le es propio, sobrio, conciso. En su pluma la narración transcurre con estricta elegancia, sin innecesarios recovecos literarios, sin reflexiones o conclusiones que abunden en lo que le corresponde al lector, y así nos lanza el anzuelo de palabras y dis­traídos, inadvertidos, terminamos asidos de la fibra con que habrá de atraparnos.

Elmer Castillo, huanuqueño-sucreño, es un escritor importante en el seno de una literatura celendina llena de escritores importantes. Articulista notable, evocador, crítico, melancólico, cómplice, amante de la lectura, de la vida política; dirige la Asociación Cultural Letras Huauqueñas, valorando, rescatando y promoviendo la cultura nacional.

Después de Lircay y otros cuentos, de las Witotadas que continuarán ad infinitum, y decenas de puntuales y magistrales artículos, Elmer Castillo nos entrega este “Castillo de cuentos”. Nuevo libro que confirma sus cualidades de buen narrador y que reafirma su vocación de cronista, segador de anécdotas, ensayista de la vida diaria, tradicionalista. Redactor nato, que engarza con lógica y lucidez las ideas y describe con claridad situaciones y personajes que reiteran la finura con que, como un coleccionista de retazos cotidianos, nos comparte en forma clara y amena su vivencias transformadas en retratos de su pueblo y de su gente, que hoy penden dentro de su Castillo, iluminados, para la posteridad.

La gente de Sucre y Celendín; los hijos, nietos y posterior descendencia, verá a sus ancestros, verá su historia humana en los relatos y poemas de sus escritores, cuyas páginas se convierten en el Álbum Familiar, que forma ya parte del patrimonio cultural de su pueblo y del país.

Este mágico Castillo de Cuentos se erige para sobrepasar los linderos locales; su altura, agilidad y fluidez anuncian a su autor largos y lejanos caminos por recorrer; por ellos andará con su libro, su Castillos de Cuentos y un cigarro.

Parabienes Elmer, amigo de siempre.

Cajamarca, mayo de 2018

Carlos Cabrera Miranda

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NR: Expreso mi agradecimiento publico al dilecto escritor Elmer Castillo Díaz, por las consideraciones a mi persona y por el obsequio de sus libros "Lircay y otros cuentos" y "Un castillo de cuentos".

Juan C. Paredes Azañero.

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CERDÁN MORENO, Carlos Alberto. Esos libros que lees y otros ensayos. Segunda Edición, Cajamarca, abril 2018. Pardys Imprenta y Servicios. 72 Pág. 14.8 x 20.9 cm.

 

Índice

Presentación ......................................................... 7

Curiosidad.............................................................. 11

Esos libros que lees ................................................ 15

La mota y la bola de papel .................................... 21

El agua del baldecito ............................................. 25

Adiós al concolón ................................................... 29

La sopa que pierde su sal ....................................... 33

Enfriar el café ........................................................ 35

La bomba que deja de bombear ............................ 39

Profeta en tierra ajena: el efecto Coriolis  ............ 43

Una casona pesada ................................................ 47

Besos eléctricos ...................................................... 49

Televisor en blanco y verde ................................... 51

El arco iris ............................................................. 55

El crepúsculo, la hora mágica ............................... 59

El rayo verde, un fantasma ................................... 63

Gotas de lluvia en cámara ..................................... 67

NR: Felicitamos al Ing. Carlos Alberto Cerdán Moreno por la pronta publicación de la Segunda edición de su ensayo ganador del Concurso Regional "Vanguardia Literaria Cajamarquina 2017". Un mejora sustancial que aprecio es la inclusión de las fotografías a colores y en papel couché, asimismo, expreso mi agradecimiento público por el obsequio de 20 ejemplares de esta edición, que serán entregados a los visitantes de CaSu en un próximo sorteo público con los libros: Cada vez una canción de Andrés Valdivia Chávez; Cien llamas en el llano... de William Guillén Padilla, y, Esos libros que lees de Carlos Alberto Cerdán Moreno.

LÓPEZ ALVA, Ruperto. Kunturmasha. Impreso en: Kalissa Producciones. Tembladera, Cajamarca, Perú. Edición mayo, 2018. 262 pág. 14.5 x 19.5 cm.

PRÓLOGO

La obra de Ruperto López Alva tiene una exquisitez literaria de remembranzas y amores de muchos poetas y escritores a su tierra natal llamada Contumazá; amantes de los paisajes que se quedaron tatuados en sus almas desde pequeños y que reclama con angustia el respeto por la naturaleza

Evocan en sus poemas la belleza del horizonte andino, en ocasiones sienten la soledad y el amor en el alma, entonces escriben con ternura, expresando la dulzura inmensa de la poesía contumacina que invade la nostalgia del ser...

Poetas de versos bruñidos y decantados, con maravillosas metáforas que adornan cada uno de ellos y brotan de su espíritu embriagado de amor.

Maestros de profusa imaginación que vuela alto cual cóndor de los Andes en busca de nuevos horizontes

para compartir sus sueños y trascender con su lírica, para eternizarse en las mentes y en los corazones de quienes lean sus poemas.

Interpretan en cada poema los ímpetus del alma, en donde se entrega a la contemplación y a sublimar los recuerdos, buscando el silbido del viento en una rosa, cuando se lleva uno a uno sus pétalos para perfumar el firmamento, las lágrimas en cada hoja cual rocío, el color matizado con los rayos del sol, el canto del ave que pasa entonando su alabanza mañanera, la piedra que silenciosa espera la caricia de la lluvia, la mariposa que se embriaga con el néctar de una flor...

Cada verso es un trino lírico de ruiseñores, la conjugación del dolor y la alegría, de sus sueños y desesperanzas.

Poetas polifacéticos con un lenguaje de inusual belleza y comprenden que nada se logra sin sacrificios y luchas.

Los poetas contumacinos en esta obra buscan dejar en sus versos el aliciente a tanto sinsabor que se halla en el mundo actual, el ejemplo de buscar en la literatura ese oasis que acrecienta la sed de felicidad que tanta falta hace a la humanidad, exaltar la belleza de sus terruños donde quedó impregnada el bullicio de su infancia.

El poeta, escritor y compositor peruano Ruperto López Alva, con esta obra no pretende brillar solo en el firmamento, deja de ser el sol que da luz a sus lectores con sus cuentos, novelas, poemas y canciones y exige la presencia de otros soles para dar más luz a la humanidad con sus versos o busca ser una estrella más de la noche que junto a la luna adornan el paisaje celestial y que ese lucero contumacino que metafóricamente llamaré cultura y que brilla al amanecer en el horizonte, ilumine por siempre el paisaje matinal de aquella maravilla andina llamada Contumazá.

Que esta obra literaria “Libro de oro” titulada KUNTURMASHA aporte a la convivencia pacífica y un reconocimiento de los valores que posee este gran poeta que lleva en su alma la poesía viva y la sensibilidad de un hombre que sueña con un mundo mejor...

María Hermilda Chavarría Londoño

Licenciada

Poetisa colombiana

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SÁNCHEZ VÁSQUEZ, Luis Alberto. Las monedas y otros relatos. Primera Edición, Cajamarca, marzo 2018. s/d. 60 Pág. 14.5 x 20.5 cm.

 

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SEIFERT, Reinhard. 40 Pintores peruanos. Primera Edición, Lima, febrero 2018. Impreso en los Talleres Gráficos de Aníbal Cueva García. 264 Pág. 14.5 x 19.5 cm.

PRÓLOGO

César Toro Montalvo

Todo arte es un legado del artista. Se hace arte todo empeño que el artista pone de sí en la belleza que de­muestra. Es ineludible destino que el artista por demos­trar que su obra vive cerca y permanente del pueblo, es porque de él se afirma su vigor intangible. El pueblo da lo que el artista necesita. Sin esa fuente humana y de la naturaleza no existiría el artista. Salva al artista cuando el pueblo lo salva. De ese conjunto de expresiones se han pintado cuadros desde la mayor dimensión universal.

Existe vocación por ser pintor. Vocaciones que han dejado sus vidas por crear una verdadera obra de arte. Ser pintor resulta ser un elegido, en esa dimensión, si ser elegido es proyectar su obra desde la lectura del pueblo del que forma parte y conciencia del arte.

El pintor hace de su paleta un arma de los colores de los que se han de forjar las futuras generaciones de pin­tores. El pintor, acaso, habla de sí de lo que el pueblo le concede, de lo que la palabra se hace color de la pala­bra. En ese destinatario, el cuadro expresa mucho, tanto y mucho, como tantos son los deseos que el artista llega al pueblo, raíz del arte humano.

Pintores hay como poetas. Hay poetas que son pinto­res desde que nacieron. Nacieron en el lugar en que han sido creados sus cuadros. Reflejan y plasman los signos Vitales desde el habla de los colores. Están como que discuten, pero son. Vibran en gestos, heredan lugares, dejan legados, se hacen en emblemas, y están como en organización de valores morales. Tienen ideas más que de ideas. Salvan una nación si es que hay que demostrar la belleza, la belleza expresiva de los hombres. El pintor lo sabe. Posee la palabra de los colores. Tiene que pintar.           

Este libro que forma parte de lo que acabo de expresar, habrá de cambiar el destino histórico del arte de nuestro país. Si se le aprecia en conjunto, y desde el contenido de cada cual, 40 Pintores Peruanos de Reinhard Seifert, habrá de constituir uno de los libros fundamentales de la historia del arte peruano contemporáneo. Aunque vasta y a la vez breve, sus páginas ameritan la selección que Seifert ha considerado.     

40 Pintores Peruanos es un libro, que resulta diferente de los que se han publicado dentro del arte en el Perú. Reinhard Seifert en ese desempeño parte desde la elección como fruto de la investigación comparativa, profunda, erudita y polémica. Abre un camino para continuar. Abre un camino para reclamar. Abre un camino desde la verdad artística del Perú. Incita a la curiosidad de leer y saber un poco más del oficio de cada uno de los pintores peruanos, de la que estudia y traza valoraciones. Para tal cometido los divide en pintores difuntos y pintores activos. De ambas maneras, ellos representan el expresionismo y el impresionismo, toda vez en que ambas -aunque no siempre- resultan las nutrientes y el tránsito del arte peruano contemporáneo. Asimismo, y a su vez, subyacen en múltiples casos, representantes del arte del indigenis0mo, del arte febril y contagiante de la costa, de la fortale­za del arte andino de la sierra, y del arte de la Amazonia que posee la fuerza ancestral y mitológica.

La introducción por su proyección de ser, resulta un legado de la verdad del arte peruano contemporáneo. Como pocas veces, hacía falta en la referencia artística de nues­tro país, un estudio introductorio de esta dimensión. Su lectura abre camino a la polémica, si ella constituye un documento de balance crítico sobre aspectos del centra­lismo limeño, los intereses mercantiles que se manejan, “la argolla imperante”; la falta de: “Una nueva carrera académica la del crítico de arte [...] No podemos dejar esta situación -como hasta ahora sucede- en manos de los charlatanes [...] sin preparación intelectual alguna y que únicamente defienden intereses comerciales. La parte académica es la llamada en completar este vacío y ponerse a la altura de un nuevo Perú”, enfatiza y pone en alerta Reinhard Seifert.

La selección de este libro reúne además una biografía bastante sustantiva de muchos Pintores Peruanos, que en múltiples casos presentan signos de datos valiosos, algunos subyacen enriquecidos con anécdotas particulares del pintor, las que a su vez, se incrementan con opiniones críticas y valorativas, incluyendo testimonios personales del pintor.

Los pintores que aquí se reúnen aparecen en orden al­fabético, y están ubicados desde aquellos que han dejado de existir y los que aún están vivos. En este orden aparecen -además de figurar al final del libro, cuadros de los pintores correspondientes, incluyendo un epílogo esclarecedor, y una bibliografía ilustrativa-, de este modo, reitero, aparecen Manuel Alzamora, Pablo Amaringo, Apu-Rímak, BAGATE, César Calvo de Araujo, Teófilo Castillo, Antonino Espinosa, Sérvulo Gutiérrez, Víctor Humareda, Pancho Izquierdo, Víctor Martínez, Teodoro Núñez Ureta, Carlos Quízpez Asín, Bernardo Rivero, Eladio Ruiz, Alfredo Ruiz Rosas, José Sabogal, El Tigrillo, Juan Manuel Ugarte Eléspuru y Mario Urteaga, dentro de los pintores que ya no están. Asimismo incluye a Alfredo Alcalde, Joan Alfaro, Oscar Allaín, Ever Arrascue, Miguel Aybar, Carlos Bernasconi, Chillico, Juan de la Cruz Machicado, Víctor Delfín, Carlos Fuller, Femando de la Jara, Nicolás López, Elvis Luna, Fanny Palacios, Enrique Polanco, Bruno Portuguez, Boris Quinteros, Quispejo, Jorge Rojas, y Brus Rubio, dentro de los pintores en actividad.

. “Los artistas y los pintores -señala Seifert-” de arraigos populares y comprometidos con la lucha de su pueblo rompen los esquemas y ponen su “granito” de arena en humanizar mejor a la sociedad peruana en su conjunto. A estos pintores hay que admirarlos”.

Quisiera destacar entrelineas sobre algunos pintores, los más representativos, de los que destaca Seifert desde los apuntes biográficos o documentales al respecto. Hablar de José Sabogal representa referirse de la cima de la pintura indigenista peruana contemporánea. “Todavía estamos a la espera -confirma Seifert- que nazca otro pintor y artista peruano que en vida fuera tan “cuestionado”,  “polémico” y “trascendente como él”. Asimismo explica que su obra inmarcesible se autodefine con la historia. De allí que Sabogal confirma:

“Somos indigenistas en el justo significado de la pa­labra”. Sobre esta cita, así como las anteriores, y las que continúan corresponden a 40 Pintores Peruanos.

La obra pictórica de Sérvulo Gutiérrez, poliédricamente está trajinada de un expresionismo dramático. Su vida fue “desafiante, atrayente y divertida” asegura Seifert. Pero también estuvo envuelto de bohemia y farándula, con cuadros de paisajes iqueños de gamas radiantes. Hubo en algunos de ellos la vida de la angustia emergente en gestos de modernidad de bares curiosos.

Juan Manuel Ugarte Eléspuru ejerció la pintura expresionista donde aparece la vida indígena oprimida con he­chos andinos, y algo hay del fauvismo como del cubismo asegura Seifert, La versatilidad de ejercicio del artista lo combinó con otros géneros, como lo afirma nuestro autor: “No solo fue pintor, escritor, escultor, grafista, muralista, conferencista, amante del teatro, sinosobre todo-, fue un humanista indeclinable. Renuente a ser enclaustrado en los ismos contemporáneos, su pintura fue expresionista”.

Hablar de Víctor Humareda es ya todo un anecdotario de su vida y obra plástica. Enamorado platónico de Marylin Monroe de quien le inspiro escenas pictóricas dedicada a la diva. Bohemio provinciano en Lima, de vida estrambótica, trasladó gestos en cuadros de escenas puneñas, Reinhard Seifert lo cataloga con altura: “Era bailarín, tanguero, bufón, clown y rabioso, tierno y sensible, duro, sarcástico, e irónico. Las propias contradicciones y luchas internas (sus diablos de la diablada puneña), intactas como siempre [...] Humareda fue él en primera persona y para siempre. Le gustaba la filosofía y el teatro. Fue un hombre culto”.

Imbuido de peruanidad destaca la pintura de Teófilo Castillo de asombroso retratista, impresionista vasto, acaso, existe cierto recogimiento religioso en sus inquie­tudes artísticas, de entre patios solariegos, “tomados de casas monumentales, huertas o vegas”, señala Seifert. Asimismo el colorido impresionista atrae en sus costeñas y serranas.

Todo un descubrimiento y rescate fue la recuperación de la pintura de BAGATE, al que Reinhard Seifert le ha dedicado un bello libro publicado en tapa dura. Pintor cajamarquino de evidente cosmovisión andina realizó cuadros, sobre indios peruanos.

Los dos más grandes muralistas peruanos del siglo XX constituyen Carlos Quízpez Asín y Teodoro Núñez Ureta. El primero fue además un pintor figurativo con tendencia a ser el iniciador de la pintura surrealista. Pintó murales sobre las paredes. Pero Teodoro Núñez Ureta, “es el mejor muralista del Perú”, cataloga Seifert. El mismo Ureta explica su fervor artístico: “He pintado paisajes, marinas, flores, bodegones, retratos, composiciones murales, y he pasado del rápido apunte de un movimiento o de una expresión, a la meditada composición de mi mural”.

Carlos Bernasconi fue pintor y grabador por excelencia. Expresionista, diseñó el arte del hombre del Ande, bien apreciado por poetas como Alejandro Romualdo, Sebastián Salazar Bondy y Carlos Germán Belli. Es de destacar, de otro modo, en la pintura actual a Chillico, memorable caricaturista. Pintó a políticos y autoridades. Seifert por ejemplo lo afirma: “Chillico con su particular estilo recobra con esmero una vigencia en el mensaje que nos hace reír a carcajadas”. Quispejo, destacado por nuestro peruanista, explica: “La magnanimidad del pin­tor se fulgura en el planteamiento anguloso de las formas, en las figuras de los campesinos”.

La trayectoria de Víctor Delfín brilla en la escritura peruana contemporánea. Tanto que Seifert lo saluda fervo­roso: “Solo nos queda quitamos el sombrero ante su obra monumental y comprometida a fondo con la realidad so­cial y política del Perú”. Impresionista colorido resulta la pintura de Enrique Polanco. “Él es uno de los pintores de la Lima marginal”, acentúa Seifert. Acaso domina los colores vivos del mestizaje limeño con acentuada emergencia.

Bruno Portuguez es un excepcional retratista de la pintura peruana contemporánea. Exigente en la versión popular, sus dibujos de energía prismática son crudos y humanos. Seifert recoge en esta afirmación su legado pic­tórico: “Él es un hombre comprometido como pintor y su arte con la lucha social de su pueblo.

No hay otra manera de entenderlo. Para él, no hay arte apolítico, es el interés de la burguesía que exista un arte elitista, excluyendo al pueblo. Se autodefine como un ar­tista popular, un pintor popular”.

Habrá desde luego que destacar este esfuerzo solvente de Reinhard Seifert. Invalorable peruanista de nuestra época tanto o más que su dedicación sobre el Perú es el reflejo y el legado del ejercicio del investigador culto y bien informado, que conoce temas sobre la cultura, literatura, sociología, filosofía, política, pintura y el arte de nuestro país. De allí esta sabia frase suya: “Queda un enorme reto por delante en insistir, persistir, resistir y nunca desistir”. Su libro 40 Pintores Peruanos, referencia obligada, habrá de constituir también una obra tan llena de curiosidades sobre el arte del Perú que suma sus créditos de logrado predicamento dentro de la historiografía del arte peruano que lo identifica con fervor de estudioso y peruanista excepcional.

Ver: Resumen del libro “40 pintores peruanos”

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CERDÁN MORENO, Carlos Alberto. Esos libros que lees y otros ensayos. Primera Edición, Cajamarca, enero 2018. Pardys Imprenta y Servicios. 72 Pág. 14.8 x 20.9 cm.

 

A Juan Paredes Azañero,

inquieto profesor, promotor cultural,

que creyó en este vuestro servidor...

 

PRESENTACIÓN

La producción literaria que con gozo presentamos re­presenta el esfuerzo y mérito de su autor, al ser ganador en el Concurso Regional «VANGUARDIA LITERARIA CAJAMARQUINA 2017», organizado por el Gobierno Regio­nal de Cajamarca a través de la Gerencia Regional de Desarrollo Social y a iniciativa de la Comisión de Educación y Cultura del Consejo Regional.

      El concurso tiene como propósito implementar las Políticas Públicas Regionales, referidas a «... poner en valor el patrimonio cultural, material e inmaterial de Cajamarca» y a «... fortalecer instituciones culturales de la región», previstas en el Nuevo Modelo de Desarrollo Regional Sustentable, que nos permitirá valorar la producción intelectual de connotados escritores y despertar la inquietud en los jóvenes intelectuales.

Es nuestra aspiración que esta iniciativa cultural sea el preámbulo para una permanente y fructífera producción in­telectual a lo largo y ancho de toda nuestra región; que sea un instrumento para conocer, difundir y valorar la creativi­dad y el arte, a fin de trasmitir a través de la poesía, el cuento, la novela, el ensayo y el teatro la belleza de nuestra región; su historia, sus costumbres, hazañas y valores; que afiance nuestra identidad y nos ayude a construir una región con justicia social, equidad y desarrollo sostenido.

Es oportunidad para agradecer a los intelectuales que participaron en este concurso, desafiando la premura del corto tiempo que se tuvo desde su convocatoria, reconocer la labor de la Dirección Regional de Educación y de las Uni­dades de Gestión de Educación Local (UGEL) de toda la región, que no dudaron en colaborar en la difusión y recepción de los trabajos, a los integrantes de la Asociación Regional de Integración Cultural Cajamarca (ARICC), quienes asumieron la delicada tarea de la calificación de los trabajos concursantes. Finalmente, reconocer la dedicación y empeño mostrado por el equipo de la Subgerencia de Desarrollo Social y Humano, de la Gerencia Regional de Desarrollo Social del Gobierno Regional de Cajamarca.

Nos queda la esperanza, el reto y el compromiso de continuar promoviendo y organizando este Concurso Regional «VANGUARDIA LITERARIA CAJAMARQUINA» a fin de que sea una ventana de oportunidad de nuestros intelectuales para cumplir sus aspiraciones de ver impresas sus obras, y contribuir a la difusión de la producción intelectual en la Región Cajamarca.

Carlos Magno Roncal Noriega

Sub Gerente de Desarrollo Social y Humano

Gobierno Regional de Cajamarca

 

Ver: Ceremonia de Premiación

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