Carátulas de libros de Cajamarca - 2016

 

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Los libros –en físico- son fuente inagotable de cultura

existen desde tiempos inmemoriales y seguirán

existiendo hasta la consumación del mundo,

son apreciados sin distinción de clases,

tanto por el mensaje que ofrecen en sus páginas

como por el formato y calidad de los materiales…

 

Aperturamos nuestra sección Carátulas de libros de Cajamarca – 2016

con el libro “Cuentos del Tío Lino” del Prof. Andrés Zevallos de la Puente,

un gran artista plástico y escritor cajamarquino que en este 2016

celebra el centenario de su nacimiento y le expresamos

nuestra más sincera felicitación.

 

 Cajamarca, 17 de febrero de 2016

 

Juan C. Paredes Azañero

Director de CaSu

 

VELÁSQUEZ MACHUCA, Ever E. Jelig, toque de silencio. Primera edición 2016. Edición e impresión: Martínez Compañón Editores S.R.L. 88 Pág. 17 x 23 cm.

PRÓLOGO

Por más que pase el tiempo en esta vida, quedan huellas imborrables y pueden trascender la eternidad. Así resultaron los hechos que, en esta obra, son crónica, testimonio y sentimiento, porque prematura y premeditadamente fueron provocados con alevosía por la codicia y el egoísmo mal entendidos de hacer empresa y fortuna a costa de lo que fuere. Es decir, sembrando la desgracia, el luto y la impotencia, en vez de la esperanza y la felicidad propia y del prójimo.

Ocho hogares, ocho familias, lloraron y lloran todavía sobre la pena, la pobreza y en algunos casos en el desamparo. De aquella luctuosa tragedia, que no cobró sólo la vida de unos, sino que muchos otros han quedado en la discapacidad de lo más insufrible indudablemente,

harán también ya ocho años el próximo octubre de este año. Y todo como el soplo de una pesadilla, algo que seguirá siendo increíble e inexplicable que el corazón humano, llegue a tal grado de avezamiento, sin un ápice de respeto, de caridad ni remordimiento. Ocho años de vacío, de tinieblas y tormento.

Esta obra recoge toda esa trayectoria en pos del triunfo, con ímpetu y hombría juveniles, para sumirse de pronto en una desgraciada espiral sin fondo de nada. De lo pasajero, en medio de la inconsciencia que acecha y acechará cuantas veces se le ocurra. Aquí encontraremos la historia del acontecimiento y de la acción que la justicia logró investigar durante seis años y sancionar.

Este libro, basado en una seria investigación periodística a la vez, es la constancia de algo que jamás debió suceder... Y me ha tocado apoyar esta iniciativa, agradeciendo a quienes tuvieron este buen propósito, y a la entidad que patrocina la publicación, en homenaje a las víctimas y como consuelo cristiano y moral al pueblo y a familiares muy en particular.

JORGE WILSON IZQUIERDO

Celendín, Io de Setiembre 2016.


 

OFRECIMIENTO

Al dejar en sus manos, amable lector, esta crónica teñida de espanto, sangre y desesperación frente a lo irreparable, acaecida en los pacíficos predios de nuestro solar norandino, tiene la índole crucial de ser un testimonio de tan execrable como luctuoso e ignominioso acontecimiento, por lo que la justicia, a la larga, condenó al actor material como consta en la sentencia expedida por el Juzgado Penal Liquidador de Cajamarca.

Los agraviados que aún padecen excesos anímicos y corporales en su recuperación, los deudos directos, vecinos amantes del deporte y demás familiares de las víctimas, haciendo un esfuerzo plasman esta amarga entrega premunida de reflexión, dolor y esperanza, por tantas vidas agostadas en que es patente el grado de inhumanidad para cometer tan horrendo crimen sin un ápice de consideración. Pero, convencidos estamos que Dios tarda, pero no olvida.


 

 

PRESENTACIÓN

PARECIERA que el tiempo es indefinible. Siendo de él, no sabemos si pasa por nosotros o viceversa. Ente de origen sempiterno y sempiterno su final. No se detiene y aunque no se le sienta, brecha la vida, el alma y el cosmos. Nunca sabremos cuando empezó, pero sí que jamás terminará. Todo va en festón de recuerdos o esperanzas de eco en eco muriendo. Tiempo es el hombre y el hombre es tiempo.

A la muerte sí le cupe realidad. Qué importa si religiosa o filosóficamente se le conciba, pero ES. Misterio antes y después. Y en el soplo insignificante del vivir, dolor, paciencia, conformidad y olvido. Pero también permanece la MALDICIÓN como en un equilibrio interior, natural, que ojalá no infestaran los alucinados. La resignación es la calma de seguir acostumbrándonos al sufrimiento.

Pasan los días y de pronto años. Eso sufrió Celendín entre carcajadas de la muerte, muerte individual o colectiva. Muerte por destino o la que el prójimo inflige. Nos vino el titular: “ÓMNIBUS AL ABISMO / CHOFER ESTABA BORRACHO”... Fue el 5 de febrero 1973 (7.15 p.m.), en Challayhuaco, 400 m. adentro: 23 muertos y 27 heridos, a cargo de la entonces Emp. Díaz y Cía. Duelo en Celendín y los cadáveres inhumados aquí y en Cajamarca.

Otro accidente a las 4:45 a.m. del 6 de abril 1996, en Quillimbash, también por ebriedad del conductor. Los 200 m. de precipicio, tragaron a 19 personas, algunas de lejanos puntos del país sin un solo familiar por estas rutas del Señor. Misa común en la plaza de armas, celebró el RP. Antero Mundaca, seguida del desfile luctuoso de ataúd tras ataúd al cementerio. El vehículo una espantosa chatarra mientras, irónicamente, el responsable fungía ileso y en paz manejando de nuevo.

 Tercera desgracia la de Jelig: 8 muertos y 22 heridos. De éstos algunos incapacitados de por vida. Más no fue un accidente ordinario, de falla mecánica o humana, sino prohijado por una venganza de competencia, como si no hubiese derecho a vivir, al trabajo libre y a desarrollarse honestamente en la lucha por la existencia. Esta vez también el chofer quedó ileso, compareció dos veces y tal como sus cómplices o secuaces, es NO HABIDO. ¿Fue tanto lo criminal y la ambición de soles más o soles menos, para desgraciar a familias enteras arrebatando de pronto a los suyos? ¿Será que sobre este maquiavelismo macabro, la justicia Divina y la humana son imposibles? ¿Las leyes protegen a los delincuentes y las víctimas no tienen derechos en absoluto? Infinitas son las lágrimas, lutos y suspiros que camufla la NADA aquí, allá y más allá. ¿Es cierto, pues, que “El crimen nunca paga”? ¿O como decía César Vallejo: “Nadie es delincuente nunca o todos somos delincuentes siempre”?

La NADA tiene alma de miseria, injusticia e impotencia. Nada contra la FATALIDAD; por ella, murió Abel y clama su sangre todavía. La fatalidad, de suyo propia o provocada por reptiles de la sombra, sin sentimiento de culpa, sin amor al prójimo ni temor de Dios, es lo mismo.

El infortunio embrolla esclarecimientos y con el tiempo todo pasa y queda solamente un campo arrasado o lleno de cardos y abrojos, de polvo para el viento. Campo de indolencia, siempre al acoso de fúnebres presagios. De lo prometido, poco o nada se cumple por más que se aplaudiera, como se podrá comprobar, a fin de cuentas queda en rojo solamente el dicho de “ofrece y busca quién te dé”...

El Editor

“EL TIEMPO ES PRECIOSO, PERO LA VERDAD, ES MÁS

PRECIOSA QUE EL TIEMPO"

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N.R.: Expreso mi gratitud al Lic. Ever E. Velásquez Machuca por su gentileza en obsequiarme un ejemplar de su obra "Jelig, toque de silencio...". / jcpa.

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FONTENEAU, Isabelle. Cajabamba: Las miradas de Isabelle. Primera edición. Enero 2016. Diseño GABB. Impresión FA&CE. 123 pág. 11.7 x 16.5 cm.

CAJABAMBA: LAS MIRADAS DE ISABELLE

 La fotografía no es sólo un procedimiento para conseguir imágenes permanentes; hoy es considerada, con toda razón, un arte: desempeña un papel resaltante como medio de información o instrumento de mensaje y es imprescindible en toda actividad humana, abarcando desde los escenarios más inmensos del espacio hasta lo subatómico.

Un gran porcentaje de usuarios saben “disparar” sus cámaras fotográficas, pero no son muchos los que logran fotografías de gran calidad, menos aun los que consiguen impregnar “su personalidad” artística en las vistas captadas, como reflejo de su vocación o su amor al medio que los cobija. Consideramos que en este grupo de privilegiaos está la señora Isabelle Fonteneau Minaud.

Por eso me parece una valiosa y significativa ofrenda de amor el gesto de su esposo, Guillermo Silva Rodríguez, al tratar de materializar en un libro que muestre parte de la obra de su compañera de vida, no sólo para difusión en Cajabamba, la hermosa provincia cajamarquina que los alberga en el Perú sino para que se divulgue en Francia y el resto del mundo.

Isabelle juega hábilmente con las distancias, la luz (natural o artificial), las sombras, los contrastes, perfiles y equilibrios; capta una imagen, pero no sólo como pueden verla o captarla muchos, sino por lo que para él o ella tiene de “mensaje oculto" o hasta de sentido poético; es decir, de sus fotos se deriva una historia que, obviamente, no todos los que la vean podrán desprender. Hay fotos que, por eso, emocionan en su silencio, y más si se les agrega música de fondo, por ejemplo,  en una presentación de diapositivas.

Hablar de la fotografía es, pues, hablar de una de las artes que cultiva la señora Isabelle Paule Nicole, además también es excelente artista plástica y domina la pintura, así como el tallado en madera, entre otras habilidades muy bien cultivadas. Sobre ella, conociendo su obra, puedo afirmar sin equívoco que es una de esas personas con gran sensibilidad, por lo que puede sentir y exteriorizar esas profundas emociones que se arraigan en su ser.

Ella siente no sólo gratitud sino admiración y cariño por Cajabamba, la “Gloriabamba” de Bolívar, tierra natal de su esposo, donde radican desde hace unos años. No es raro, pues, que ese lugar sea considerado por la señora Isabelle como su segunda Patria, tan distante de la tierra francesa en que nació. Por esa identificación derivada del amor conyugal es que a Cajabamba le dedica mucho de lo que ella puede dar, resaltando los valores y potencialidades cajabambinas, su belleza y sus riquezas, sus escenas diarias, paisajes, personajes, eternizando todo ello en hermosas fotografías que forman parte del libro “Cajabamba: Las miradas de Isabelle”, editado por empeño de su esposo, como forma de compensar ese valor artístico que no debe quedar en el ambiente hogareño.

El libro está separado en secciones, adecuadamente seleccionadas y clasificadas según las motivaciones que encarna cada una de ellas.

Estoy seguro que los paisanos cajabambinos sabrán aquilatar este aporte de gran calidad e importancia para esa tierra. Para mí, es un verdadero honor felicitarla, por esta publicación, que en una primera etapa sólo se hará en formato pdf, y posteriormente en físico.

Cajamarca, febrero del 2016.

Juan C. Paredes Azañero

Director de la página Cajamarca-Sucesos

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VALDIVIA CHÁVEZ, Andrés. Cada vez una canción – Mi poesía. Primera edición, agosto 2016. Impresión: Gaviota Azul Editores / Víctor Ataucuri García. 170 pág. 14.5 x 20.1 cm.

A MANERA DE PRÓLOGO

La creación literaria como patrimonio estético eminente­mente humano, nos permite navegar en interminables playas e insondables mares. Hacia la búsqueda no de la verdad científi­ca, sino de la ficción, bella e inasible. Cuando el poeta es presa del quid divinum, abandona su razonabilidad lingüística y se enciende en un océano de emociones, caótico, turbulento, ico­noclasta. Como un ansia irrefrenable se introduce en la poiesis, configura ideas, frases, palabras hasta la aparición de su gran obra (lo bello). No obstante, el autor nunca se siente satisfecho con su creación. Eso es bueno, pues nunca una obra de arte agota sus lecturas en el lector. Por eso Riffaterre decía que no existe un solo lector, sino un archilector.

En el corazón de la palabra está la ahiestesis como una facultad sensible de los humanos.

Sin sensibilidad, la creación resulta un acto trivial. Sin sensibilidad el poema es un fardo de versos, amorfos, insulsos, una imagen vacua, sin posibilidad de 13 embellecer el alma. Eso, nos invita a inferir que el verso debe trasminar poesía. Pues, lo bello habita en la esencia del verso.

Es tarea del poeta romper la cáscara del verso para dar paso a la luz estética. No obstante, es preciso aclarar en este apartado que no pretendo enclaustrar a la verdad en una sola verdad.

No se entienda que la belleza debe ser patrimonio de una con­cepción elitista. De ninguna manera. Pues, muchos afamados críticos, amantes de la diversidad y la interculturalidad - en eso estamos de acuerdo- defienden la espontaneidad creadora (lo cotidiano, lo improvisado, lo gracioso), como fuente de lo bello. Basta citar a los trovadores medievales, los juglares, los sal­timbanquis, los clérigos vagantes, cuya dinámica creativa era fresca, sincera y sugestiva.

La fruición estética es hija de la contemplación, como lo sostenía B. Croce. Prefiero contemplar la fresca actuación de los personajes de la “Commedia dell arte”, sin desdeñar por supuesto, la clásica “Antígona” de Sófocles. O la “Madre Coraje” de Brecht. Prefiero el relato “el Zorro y el conejo” en boca de un narrador popular tanto como el “Aleph” de Borges, Prefiero el deleite de la declamación de un verso breve y sincero, que el ruidoso displacer de un vasto y agotador poema abstracto.

Quiero detenerme en este punto, a propósito de la narrativa oral y la declamación. Narrar es un arte. Declamar también lo es. Tanto el narrador popular como el declamador necesitan de ciertas habilidades gestuales, miméticas, dramatúrgicas e interpretativas. No obstante, la oralidad (narrar, declamar) ha sido descuidada en los últimos años. Cuánto éxtasis sentía­mos, cuando junto al fuego, contemplando las estrellas, escu­chábamos de nuestros abuelos los cuentos fantásticos, las co­plas anónimas y melodiosas. Qué deleite, la declamación de un poema de Vallejo o de Chocano.

Me resisto a creer, por eso, que la tecnología haya secuestrado para siempre a la palabra. Que el mundo virtual haya cosificado nuestra fantasía creadora. No es cierto que haya muer­to la oralidad. No es cierto que se hayan extinguido nuestros narradores y declamadores populares. Debemos ir al rescate de ellos. El pueblo los necesita.

Por eso, me atrevo a mencionar a un docente universitario, narrador y declamador popular cajamarquino, Andrés Valdivia Chávez, cuya emoción amical nos ha concedido la generosa licencia de autorizarnos unas breves palabras a manera de pró­logo. Sin embargo, debo ser sincero. Cuando lo vi venir con su risa inconfundible como sus lentes redondos, intenté evadir mi responsabilidad poética: no soy ni crítico literario, menos exper­to prologuista. Le aclaré que mi lúdica premonición habrá de vencer a mi razón, mas no superará la expectativa depositada por él en mi mesurado discurso. Pues, de él, como persona, tengo una sólida imagen grabada en mi hemisferio derecho más que en el izquierdo. Lo imagino en el escenario declamando “Epístola a los poetas que vendrán”. O actuando en la “Vil Muestra Nacional de Teatro Universitario” en Huanuco, como “Juanito Piqueras”, personaje ficticio de “Los espacios se en­cuentran solos”, de mi autoría. Como adenda en su pergamino actoral, no puedo dejar de aplaudir su graciosa danza, vesti­do de clown, con su largo cucurucho, sus hiperbólicos lentes y sus cabriolas de carnaval, en uno de los Eventos de Literatura Infantil y Juvenil, realizado por la APLIJ-filial Cuzco. Terminó cansado pero victorioso, en un chapuzón de lluvia, luego de su imaginaria batalla contra los cóndores sureños. Se aviva aún más la emoción al recordar con nostalgia, en la universidad, los desafíos teatrales entre dos directores de nombradla: Federico Fellini (Andrés Valdivia) contra Steven Spielberg (Lázaro Les- cano).

Ahora me doy cuenta que su sueño emprendedor, lo cual testificamos en estas líneas, es lanzar “una gota de arte al vien­to” y “alborotar los huanchacos en la madrugada”. O -cerra­dos los ojos, ir “más allá de los catorce”, ad infinitum. Como un 15 Samurái con el sable en ristre, en pos de ser leyenda. A defen­der tercamente la “causa del agua”, “desfacer algún entuerto”, o socorrer no a una viuda, sino a la libertad secuestrada por alguna ladina injusticia. Su espíritu emprendedor, a puño fuer­te, lo ha llevado a fundar PROSESA PRODUCCIONES EIRL, donde hoy dicta, muy en su estilo, en su escenario romano, oratoria, teatro, declamación y danza. No en vano nos deleita con sus cimbreantes merengues, aderezados con salsa de to­mate, Kashua y cancha cajamarquina.

Un hombre de bien no necesita para sobrevivir tantas competencias exigidas por la incertidumbre de este mundo.

Un hombre humilde no necesita la lisonja para ser reconoci­do. Tampoco la cimitarra para degollar la mediocridad. Lo que necesita -lo decía Enmanuel Lévinas- es mirarse en la “Huella del otro”. Sin embargo, nuestro personaje, ha roto este princi­pio filosófico. Ha ido más allá de esa impronta: ha aprendido a mirarse a sí mismo. Ha aterrizado con atrevida ansia en su mundo interno, para cazar, insomne y temerario, invocando a las huidizas musas: sílabas, palabras, versos. Ha puesto la leña y el fuego. Los ha cocido, hasta el amanecer y hasta el último hervor. Ahora ese caldo, es el que pone a disposición del público lector. El mejor Juez y crítico de la creación de los poetas y escritores.

Saludamos su opera prima (prefiero esta denominación a “bestiario”) titulada “cada vez una canción: mi poesía”. Un con­junto de variados poemas, escritos en muchos años de expe­riencia vital. Tomaremos al azar alguna muestra de ellos. No para fustigar algún inopinado ripio que haya osado filtrarse en los versos. Tampoco para flagelar el desliz de la intuición al co­locar algún prosaico o exagerado signo de puntuación. Seamos como Azorín. Dignos de Ir al grano con emoción y concisión. De resultas, nos aproximaremos con la mirada de un imparcial y cotidiano lector.

La estructura del poemario consta de cuatro ejes temáti­cos: 1) poemas infantiles 2) poemas a la naturaleza 3) poemas al amor y 4) poemas a la lucha existencial.

La literatura infantil es patrimonio de todas las culturas y de todas las edades. Se caracteriza por el ludismo, la fantasía, la musicalidad, las emociones, la ternura, propio del mundo infan­til, pero también de los adultos que reconocen su niño interno. El aderezo sustantivo es el uso de los diminutivos, las interjec­ciones, los símiles las imágenes sencillas.

Niño, niñito,

en el suelo gatea

como un gatito que maúlla

cuando quiere caminar.

…………………………………….

¡Qué dolor!

¡Ay Jesús!

¡Yaya, yaya!

Un garabatito en el suelo:

el niñito se cayó.

Levanta y camina como yo.

Pache, pache, pache, pache.

El niñito se levantó.

(Mi caminar)

 

Advertimos marcas sociolectales bucólicas, acaso una re­miniscencia de cierto sustrato de alguna lengua antigua (sufijos “illa”, “alio" “¡lio” o un irreverente pronombre “lio” que asustaría a algún gramático de la Lengua Española). Sospecho que no es del Quechua sino del Culle. Lo que le otorga al poema un liris­mo sensual, con aire de ruralidad en la línea de Mario Florián. Leamos los versos de “Palomitilla, a caballo palomitilla”:

Cuando tú andaballas a caballo,

yo en mi tierno potrillo.

Allá por la jalcalla,

te corría lio enamoradillo.

Se asustó tu caballo,

salté.

Mi potrillo corrió,

salté.

Tendidilla te quedaste en el suelo,

medio dormidalla, dormidalla... ¡aaah!

Quedaste, palomitilla, palomitilla, sin resuello.

………………………………………………………

 

¡Aaah!, bandidalla.

Despertaste en mis brazallos

buscando mis labiallos.

¡Aaah! Mis labiallos, palomitalla

(Palomitilla, a caballo palomitilla)

 

El humor trabajado de manera fina y sopesada, es otro de los ingredientes de la poesía. En algunos poemas hay matices humorísticos que merecen destacarse.

Estentóreo canto en mi habitat.

Gran caballero de espuelas soy,

tornasolado plumaje visto.

………………………………………………..

 

En el mundo anuncio

al alba entrando.

Quieran o no quieran

soy la luz, también del día.

Canto del reloj,

fastidio del dormilón.

……………………………………

 

Lo gracioso del gallito erótico, personaje encarnado por el poeta, se manifiesta como un trovador andino “Barba azul”, cuando ufano, dice:

Goloso como Inca de espléndido imperio,

el amor de mujeres cien, disfruto.

Quien no me rinde merecida pleitesía,

se atiene, el insolente a caro premio:

Picotazos hasta el desplume,

el correteo y carr carr..

El escondite, a mis ojos del intrépido.

(Gallito, gallito, gallo)

 

Existen algunas metáforas y un acendrado lirismo en al­gunos textos que se filtran como inesperados promontorios en nuestra imaginación. Llaman nuestra atención y nos sugestio­nan con gran placidez. He aquí una breve muestra:

Mi amor

tintineo del arroyo.

Planta que vive del agua,

música inseparable del viento.

(Tintoneo del arroyo)

 

¿Los ecos de nuestras risas

han muerto para siempre?

¡Tú vives en mí!

Eres pan de mi alma.

(Rosa roja)

 

Vino escanciado en mi copa,

labios listos para el beso.

Acopio de vino: eso eres tú.

(Sabor como el tuyo)

 

Ambigüedad, misterio, ilusión, reticencia, aunque en trozos poéticos, recordando algún pasado efímero, como punzante re­quisitoria, pero que merecen destacarse.

Lo del río, lo de la flor,

lo de la lluvia, lo del frío, lo de...

Lo de la holgura y lo de la escasez...

A pesar de todo, fuimos felices.

(Gota de agua)

 

Cuadro de texto: 19
Existen además matices del sentimiento religioso y amoro­so que profesa el poeta hacia sus seres queridos, en este caso a su madre, por quien la añoranza se ha posesionado en la memoria como se advierte en el siguiente acróstico (Etelvina, la madre del poeta).

Ea, madre, cristal metálico de mi carne nómada

Tierra mágica de mi sangre engrandecida.

Estaba el Creador contigo desde que abrí los ojos,

La vida mía, tú y Dios la alegran,

Velan ambos en el alba mía

I sonríen en mis días de hiel y en mis días de miel.

Nada impedirá que en tu sonrisa haya esencia de primavera

Alba y ternura de estrella que fue de Dios en tu mirara, mi mi­rada.

(Cristal metálico)

 

La identidad cultural es reconocerse a sí mismo y a los de­más en relación a su cultura y contextos: valores, tradiciones, símbolos, creencias, etc. Es preciso, entonces, no solo respetar 20 al prójimo, sino también a la naturaleza: amar el paisaje. Debe­ríamos, cada día, asumir una actitud filosófica ante el paisaje. Educar nuestra sensibilidad con el paisaje. Amar nuestro entor­no. Con nuestros saberes, nuestras utopías y relatos. El poeta canta a la primera tierra, Cajamarca; y a la segunda, Nanchoc:

Linda tierra de amores,

bella hija de añoranza,

mi pensamiento te aclama:

Cielo de mi esperanza.

(Tierra de amor: Cajamarca)

Nanchoc tierra de amor

que me viera nacer

en nueva cuna

en tiempo diferente

para un tiempo diverso.

(Cuento 1)

 

Encontramos en algunos textos, el sentimiento nostálgico, mustio, premonitorio, mesiánico y existencial. La poesía existencial es connatural al hombre: Es la esfera envolvente de la conjunción del ser con el no ser, de la vida con la muerte, de la alegría con el dolor, de la justicia con la injusticia. ¡Es la exis­tencia!

Dios mío, “perdónalos, señor,

porque no saben lo que hacen”

sabiendo lo que hacen.

¡Miserables del orbe!

Sedientos inicuos, salvajes de poder.

(Perdona Dios mío)

 

No llores ni quieras morirte tampoco.

Las avecillas

se hundirían en sus tumbas frías

porque se perderían para siempre sus moradas.

Pálido me quedaría,

 resquebrajado en el alma,

añorando sus melodiosos trinos.

Pero la vida es triste a veces.

Todos quedaremos convertidos en cenizas al fin.

(Árbol)

 

De pronto, un rumor Vallejiano, como el azote de una ven­tisca, se acrecienta en el oído del poeta:

La noche sueña callada,

desnuda, fría y ventisca.

Tiritando alguien pasa trotando,

ni una música. ¡Muchos ayes!

Cuadro de texto: Q-
Lejos llora, un niño llora lejos,

quizá hambriento de pan.

…………………………………………….

 

Solo hallo un número

dibujado por nuestras propias manos y deseos

partido en uno y en dos,

tríptica cantidad de nuestro ser.

 

Felizmente, el rumor pasa. Y el poeta logra distanciar­se hasta el borde del romanticismo, cuando dice:

Y yo,

contemplando los espejos de la luna

en noche de mis noches

salpicada mi alma en seso

en palpito tuyo

en pos de tus besos

de tus aires y tus plumas

de su suavidad de lis.

(Espejos de Luna)

 

La defensa de los valores, la solidaridad, la justicia social, el amor universal, es parte del perfil existencial del autor. Las exclusiones y la vulneración de los derechos humanos siempre han sido temas muy propios del arte comprometido. Por eso, su espíritu se rebela contra el sistema de cosas. Identifica sin temor a los perversos y canallas, los describe y los pulveriza. Acaso, es una impronta atávica de sus años mozos de lucha sindical en el magisterio, donde pasó gran parte de su vida profesional.

Este es el vino que bebo, ahora

asentando un día de lucha de maestro

dando un golpe certero y sutepista a Caín.

……………………………………………………

 

Es el fingido presidente

es el burócrata

es el funcionario

que come, vive y engorda, a sus anchas

y olvida a los de su entorno, olvida al maestro.

(Uvas del día)

En estos versos, dedicados al maestro, fluye con pasión el espíritu del vino, la lucha sindical, en una suerte de embriaguez bacanal. No obstante, su voz impugnadura contra las injusticias no es excéntrica ni banal. Reclama a la justicia con la justicia. En ese reclamo es imprescindible para el poeta la compañía energética de la amada. Aparece así el amor indestructible, im­posible y existencial, en la perspectiva Vallejiana.

No estéis sentado cual mendigo discapacitado.

Sé soldado que toce la trompeta,

que la diana despierta

hasta al impávido para vestirse

y acuda temprano al desayuno,

aunque el pobre ya no huele

el pan caliente saliendo del horno

que otros comen con café caliente y destilado

(Inhumanos en la humanidad)

 

Amor

haremos el pan para los demás

hoy, en este once... y siempre,

construyendo en la pelea:

cantos de vida

germen y levadura.

Tiempo infinito del entrañable Perú

¡Perú nuestro! De fiera lid y victoria.

(Corazón combativo)

 

Dejemos, por ahora, tranquilo al poeta. Salvemos su estro rebelde para que madure con entusiasmo su cosecha. El bu­ril está próximo a iniciar su trabajo. Mientras tanto, conduzcá­moslo por los mares en calma, hacia una isla prometida donde canta Calíope junto a los crespúsculos que hieren en silencio la metáfora del alma. Con la dulzura del sueño, la placidez del exilio, el éxtasis de la paz, la autorrealización y la esperanza.

Duermo, duermo, ya duermo tranquilo…

aunque me queda mucho por hacer.

Ya la paz, la paz queda, queda…

SUEÑO

(VIL)

 

Que las musas, las sílfides y las pléyades, desde sus deí­ficas y mágicas moradas, guarden siempre los versos de los poetas. Así sea.

Escrito en Cajamarca, febrero de 2016.

 

Ricardo Cabanillas

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RODRÍGUEZ VILLA, José Hildebrando, El viejo pueblo "San Miguel de Catamuche" en Cajamarca. Primera Edición, octubre 2016. ©Universidad Nacional de Cajamarca. Diseño, diagramación e impresión: Publiser Comunicaciones EIRL.. 116 Pág.  14.7 x 20.8 cm.

 

PRESENTACIÓN

Es grato escribir algunas palabras liminares sobre la publicación histórica “Una historia olvidada: El viejo pueblo de San Miguel de Catamuche en Cajamarca” de la autoría del distinguido docente universitario, antropólogo José Hildebrando Rodríguez Villa, cuya inquietud constante por investigar temas en el campo de las Ciencias Sociales es ampliamente conocida.

Esta entrega, que por méritos propios ingresa con solemni­dad en la colección de publicaciones de índole histórica, ostenta una característica insoslayable: el rigor en la utilización de las fuentes y la seriedad en el trabajo de un científico social.

En este libro el autor sustenta la hipótesis que el pueblo fundado por el conquistador Francisco Pizarro, en su marcha hacia Cajamarca en 1532, fue San Miguel de

Catamuche. Posteriormente San Miguel de Pallaques debió surgir por el traslado o reubicación de este primer asentamiento y de otras llactas aledañas a su nuevo emplazamiento, en el marco de la política colonial de las Reducciones. Al respecto, el historiador Juan José Vega indica que el tema de la ubicación de la primera ciudad que fundaron los hispanos, Tangarará, es bastante complejo y seguramente pertenece a la órbita de los asientos históricos que requieren de la ayuda de ciencias complementarias auxiliares para un cabal esclarecimiento. Luego, refiriéndo­se a este primer pueblo fundado en la costa norte por los españoles, sostiene que el cambio de asientos de las villas y ciudades fue muy frecuente, y Piura quizás haya sido la ciudad que más traslados sufrió. En principio podemos considerar siete asentamientos, todos en el siglo XVI.

La Historia del Perú debe construirse en base a las historias regionales y las investigaciones como la presente, donde el autor desentraña una realidad fundacional desconocida y que sale a luz, gracias a su trabajo investigativo.

Todo trabajo histórico objetivamente válido presenta una etapa inicial o Heurística, labor de tipo acumulativo, donde se reúnen los elementos o fuentes que permiten desarrollar el tema. En este trabajo, José Rodríguez Villa ha utilizado un importante documento del siglo XVII del Archivo Regional de Cajamarca: Es una escritura de 1605 referente

Luego viene el trabajo hermenéutico que en el libro “Una historia olvidada: El viejo Pueblo San Miguel de Catamuche en Cajamarca”, se cumple a cabalidad.

Todo trabajo histórico debe estar contextualizado, es por ello que son valiosas las referencias sobre el medio geográfico de la provincia referida a relieve, ecología, clima, producción agropecuaria y artesanal y la forma de ser y vivir de su gente. El devenir histórico está presente desde sus inicios como distrito, hasta 1964 en que se promulgó la ley de creación de la provincia de San Miguel.

Asimismo, estos trabajos contribuyen a fortalecer nuestra identidad, porque la historia de nuestros ancestros, es nuestra propia historia, es darle un significado para el presente constituyendo, decididamente a forjar en la conciencia de los pobladores de esta parte del ande su identidad regional, de nutrirnos constantemente de la médula de la cajamarquinidad.

Por todo lo expuesto esta publicación es bienvenida y a su autor José Rodríguez Villa le decimos gracias por esta valiosa entrega, y que siga en esta tarea investigativa y de contribución que amplía los horizontes de las Ciencias Sociales en Cajamarca.

Julio Sarmiento Gutiérrez.

Instituto Histórico Cajamarca


PRÓLOGO

En esta publicación de carácter hermenéutico, se presenta una visión antropológica sobre “Una Historia Olvidada: El viejo pueblo San Miguel de Catamuche en Cajamarca”, desarrollada por el Antropólogo José Rodríguez Villa, profesor principal, adscrito al Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Ciencias Sociales de nuestra universidad:

“Indagando entre los papeles del Archivo Regional de Cajamarca... me topé con un manuscrito contenido en el legajo correspondiente a los Protocolos Notariales y fechado a inicios del siglo XVII...”

El autor ha realizado su estudio desde una perspectiva histórica, con rigor científico, recurriendo a la investigación documental de la época colonial para desentrañar el origen del pueblo de San Miguel de Pallaques. Para ello parte de la hipótesis de que a lo que es la actual ciudad del mismo nombre le precede otro anterior y que el “viejo pueblo de San Miguel de Catamuche, fue creado por Francisco Pizarra y se asentó en otro espacio geográfico”:

“Es probable que el pueblo de San Miguel de Catamuche permaneciera en su lugar originario por alrededor de 40 años antes de ser trasladado a un nuevo y cercano emplazamiento...”

El autor presenta una visión histórica de la evolución -e involución- cultural de los pueblos alto-andinos, a la vez que plantea nuevos retos para ir reconstruyendo, desde lo local, la historia nacional.

El libro se estructura en cinco partes y las conclusiones; en cada una de ellas el autor hace gala del rigor hermenéutico del cientista social, usando las fuentes con precisión metodológica y conceptual para demostrar su hipótesis.

Por último, pero no menos importante, el lector encontrará anexa al documento, la trascripción de los textos que sirven de fuente para el desarrollo de este libro.

Asumo que el ideal del escritor del presente libro es compartir sus experiencias y conocimientos para que por medio de él usted logre fácilmente entender que los asentamientos humanos han ido desplazándose de acuerdo a intereses económicos, políticos, culturales y ambientales, reconfigurando el rostro andino-hispano de nuestros pueblos.

Esperamos que este libro genere expectativas y que sus aportes a la ciencia y a la comprensión de los procesos sociales, sirvan de fuente de inspiración para otros trabajos similares.

Desde este espacio académico expresamos nuestro beneplácito por esta entrega e instamos al autor a seguir produciendo y aportando al crecimiento de la Ciencias Sociales en nuestra región.

Julio César Alcalde Giove

Director del Departamento Académico

de Ciencias Sociales, Facultad de

Ciencias Sociales, Universidad

Nacional de Cajamarca

 

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VILLARREAL TINOCO, Marino Leoncio. Integral Indefinida. Primera Edición, mayo 2016. Lima, Perú. Edición: Victorino Zorrilla Agüero, Impresión: Talleres Gráficos Alborada Peruana. 172 Pág.  20.8 x 29 cm.

 

Extracto del contenido del Informe del
Dr. Oswaldo Velásquez Castañón

 

Director de la Escuela Profesional de Matemática

 

Facultad de Ciencias de la
Universidad Nacional de Ingeniería

 

"Tengo el agrado de dirigirme a usted, con respecto al pedido que me hiciera con fecha 07 de abril del presente, para revisar el material denominado Análisis Matemático del Ing. Marino Villarreal, para lo que se me proporcionó una cantidad de material entre escrito y tipeado, y un diskette.

Las conclusiones generales de mi revisión son las siguientes.

En el mar de libros de cálculo integral (y diferencial) que existen, es necesario recalcar las cualidades de cada material, con el fin de evitar material redundante. En este sentido, el punto fuerte del presente material es la presentación de numerosas propiedades y ejercicios resueltos a lo largo del texto. Otro punto a resaltar son las numerosas aplicaciones presentadas al final del libro, tanto de origen geométrico como físico. Por lo tanto, tengo una opinión favorable de la publicación del presente material como libro luego de un trabajo de edición apropiado.

Le alcanzo una lista de observaciones generales para el autor:

1. Considero personalmente que el libro debe denominarse Cálculo Integral o similar, dado que el material se centra en ese punto..."

Nota Editorial: Previamente a la presente impresión han sido levantadas por el autor, todas las observaciones indicadas por el Dr. Oswaldo Vásquez Castañón.


------------------

N.E.: Agradezco la gentileza del Prof. Ausberto Martos Padilla por obsequiarme un ejemplar de "Integral Indefinida" del insigne y recordado Catedrático de Análisis Matemático de la Universidad Nacional de Cajamarca Ing. Marino L. Villarreal Tinoco, que aportó a la formación una pléyade de ingenieros de esta Casa Superior de Estudios. / jcpa.

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PUGA COBIÁN, Javier Augusto. Conversando en los Cielos de Garuda. Primera Edición, octubre 2016. Lima, Perú. Edición e impresión Corporación Inthelios S.A. 368 Pág.  17 x 24 cm.

PRÓLOGO

Juan Álvarez Vita

INICIO ESTE PRÓLOGO con mi agradecimiento muy sincero al autor del libro pues elaborar estas líneas liminares supone un honor aunque también, como en el presente caso, un desafío pues se trata de una obra en la que lo complejo se junta con lo multidisciplinario; y la belleza literaria, con los variados mundos en los que los seres humanos nos desarrollamos. Así podría decir que el libro parece, por momentos, esos caleidoscopios que, al moverse, generan imágenes que se proyectan al infinito

El título de la obra, “Conversando en los Cielos de Garuda” me trajo recuerdos de Indonesia, cuyo escudo nacional lleva la figura de Garuda, país donde tuve la suerte de vivir durante cinco años y medio que duró mi misión como embajador del Perú en ese archipiélago, que es el más grande del mundo.

Para mí es muy significativo que la obra de Puga Cobián sea ofrecida A los desesperados en las Cárceles del Mundo. Hace cinco años publicó su libro “La Trascendencia en Friedrich Nietzsche”, dedicado "A las víctimas del fanatismo religios". Ambos constituyen ofrendas que merecen el reconocimiento de la humanidad por enmarcarse en la defensa y promoción de los derechos humanos, ideales por los que vengo desplegando mis mayores esfuerzos en los campos diplomático y académico.

Yo no suelo dormir durante los viajes aéreos. Por ello puedo afirmar -inspirándome en Antoine de Saint-Exupéry- que desde las alturas me es posible reconocer las costas de América, Europa y África, el Mar Rojo, los desiertos de Arabia Saudita o de los Emiratos Árabes Unidos, el Mar de la China, las islas Filipinas, las de Java, Bali, Papúa, donde Asia deja de ser Asia y empieza a ser Oceanía, Timor Leste, que algunos se empecinan en llamar Timor Oriental, donde fui embajador concurrente del Perú con sede en Indonesia. Así, durante muchos años, vengo admirando los perfiles geográficos de nuestro planeta en sus variados atardeceres y luces aurorales a más de 10.000 metros de altura.

Si alguien me preguntara dónde escribí estas líneas, tendría que responderle que fue en las alturas, a la luz del Sol y de la Luna, surcando los cielos del Perú, del Brasil, del Japón, de España, de Marruecos, de Estados Unidos de América, de Arabia Saudita y de Corea del Sur. Para mí, también en las alturas del espíritu, me ha sido imposible en las horas de vigilia, desprenderme de mi silencioso compañero de vuelo, el libro “Conversando en los Cielos de Garuda”.

La civilización occidental parece tener como imperecedera voca­ción el tratar de separar la ciencia de otros aspectos de la cultura como si fuesen elementos diferenciados. Se suele olvidar que la primera no es tan nítida ni evidente como sostienen algunos. Por otra parte, los procesos culturales, que pueden ser comúnmente irracionales, pero también excepcionalmente superaciones, siempre están reñidos con las ciencias, que tienen como pilares fundamentales a la experimen­tación y la observación que no deberían romper el necesario equili­brio y complementación que se requiere entre ambas esferas. De otro lado, el mundo científico parece no tener ánimo para comprender la complementariedad de estos elementos que caracterizan lo humano.

Javier Puga Cobián nos entrega a los hispanohablantes el fruto de una producción literaria, más que filosófica, metafísica, plena de múltiples situaciones que deberán desentrañar los lectores.

Garuda es un ave mitológica que se origina en las culturas de la India, Indonesia y Malasia. Es un ave que se desplaza por los cielos, que es libre y nadie ni nada le puede limitar su vuelo. Un ave que lucha contra el vano esfuerzo del provincialismo de la cultura occidental, que es capaz de asesinar por olvido, por marginación, a los más grandes aportes que las culturas orientales ofrecen a la humanidad. En medio de la obnubilación que produce la soberbia, el Occidente pretende encerrar al resto del mundo en la cárcel en la que se ha autoenclaustrado.

Si el lector occidental hurga en todas las enciclopedias para ha­cerse una idea de Garuda, pronto descubrirá que no coincide con la concepción que Puga Cobián ha creado en torno a esa ave mítica que difiere de la que los habitantes de Asia, han ido elaborando a lo largo de los siglos. Pero eso no conlleva que para los tiempos que vivimos Garuda, trasformado en naves o misiles aéreos, no continúe reinando en los cielos.

Entonces, los cielos de Garuda no tienen límite posible en una par­ticular concepción en la que el medio se confunde con el fin y donde la libertad de pensamiento discurre por campos donde las ataduras no tienen cabida. Es ahí donde el autor le da a esa ave mítica una nueva configuración producto de su creación intelectual.

En el libro bajo comentario, Puga Cobián diferencia claramente el fondo de la forma a través de un método o vía muy singular de simbiosis, que hace que a lo largo de toda la obra los pensamientos discurran con fluidez.

En su natal Cajamarca, el autor vivió en mundos que iban de lo urbano a lo rural, donde se usa un castellano castizo y muy rico en léxico, al mismo tiempo que el campesino lo habla con formas que indudablemente combinan con aquellas vinculadas con el lenguaje de los antiguos cufies, que poblaron esas tierras antes de que el inca Huayna Cápac y su hijo Atahualpa se enseñorearan de ellas.

El buen criterio con el que Puga Cobián maneja ambos estilos y hablas es extraordinario y, a través de su uso, denota las concepciones que la naturaleza y la cultura han impuesto en el pueblo de Cajamarca.

El escritor va más allá de toda clasificación. Combina la prosa con la poesía, hasta el extremo que podría decirse que ha creado un nuevo género de haikus que, sin dejar lo mejor de la herencia nipona, lo ha enriquecido con nuevas formas hasta entonces desconocidas en el idioma castellano. Lo ha logrado generando una singular belleza que armoniza la forma con el fondo. Inaugura así una nueva forma literaria.

Además de lo señalado, Puga Cobián ha creado su propio código de escritura utilizando distintos tipos de estilos para diferenciar la prosa de la poesía. A ello se suma -como hemos dicho- su dominio de un excelente castellano y, con pleno conocimiento de causa, se aparta a veces de las normas que la Real Academia de la Lengua ha impuesto para el uso de mayúsculas y minúsculas.

Es impactante la descripción de diferentes lugares del mundo que el propio autor -según él mismo me lo ha comunicado- no ha visitado nunca en su vida. Al referirse al Museo Rath de Ginebra, tan familiar para mí por los muchos años que estoy ligado a esa ciudad suiza, me hizo suponer que el autor había recorrido esos lugares de Europa. Me sorprendió, además su confesión de que no le gusta “viajar hacia afuera” porque desde su juventud privilegió “el viaje hacia dentro de sí”, pero sus pies no dejaron de estar afirmados en los suelos y más aún, en los de las galerías subterráneas de su proyecto minero en Cajamarca. Puga Cobián, como nadie lo ha hecho, enorgullece al empresariado nacional entregándonos esta obra de tan especial calidad.

Estoy seguro que al igual que Dante Allighieri, que nos lleva en su inmortal “Divina Comedia” a los parajes más insólitos del infierno, del purgatorio y del edén, esta obra de Puga Cobián también nos conduce a las alturas siderales hasta llegar al paraíso que nos permita admirar a plenitud su magnificencia.

“Conversando en los Cielos de Garuda” es una narración novelada sin antecedente alguno en la literatura de lengua castellana. Nunca antes escritor alguno de nuestro idioma ha dado un sinfín de horizontes de producción. En ella encontramos la cultura de los Andes prehispánicos, la que al Perú llegó de Europa a través de España, formada con aportes hebreos, cristianos e islámicos, se amalgamó con la indígena creando una nueva cara, que se extiende por los confines de Asia y África. Puga Cobián ha elaborado una obra que es la más universal y cósmica de todas las que el genio de la lengua castellana ha producido.

Puga Cobián es un maestro al hilvanar los aportes de diversas cul­turas. Las leyendas de Cajamarca se funden así con las de la Amazonia peruano-brasileña. Las descripciones sobre la yacumama no son las que haría un mero folklorista o recopilador de creencias sino que todo revela una producción metafísica muy bien elaborada.

Si bien lo que antecede se refiere a la forma y a pesar de que su au­tor emplea un lenguaje carente de alambicamientos innecesarios, como hemos visto, el fondo es complejo como lo es el ser humano y sus cul­turas. Es un autor que escribe en la madurez prolífica de su vida y que será mejor comprendido por quienes han alcanzado un grado de liber­tad espiritual e intelectual, condiciones que son imprescindibles para entender a plenitud el mensaje que encierra cada página de este libro.

El autor aborda muchos y variados temas que sin renunciar a los aspectos inmanentes de estos días, nos lleva a acompañarle en sus re­flexiones trascendentes sobre la prevalencia de lo sagrado en sus múl­tiples expresiones.

Hombre de grande y variada cultura, por naturaleza autodidacta, Puga Cobián nos ofrece un mensaje que corresponde a cada lector desentrañar. A mi entender, estamos ante un escritor que surge como líder en campos inéditos de la literatura. El lector puede sentirse satisfecho cuando concluya la lectura de esta obra. El autor ha puesto todo su empeño en entregarnos una pieza de arte donde el verso y la prosa describen estados de conciencia de sus personajes que se proyectan hacia las cumbres celestiales y también a los abismos infernales por los que transita el alma humana.

Puga Cobián trasluce su amor y respeto por la vida en todas sus expresiones. Yo calificaría de “maravilloso” al capítulo donde Evaristo rememora su dolorosa angustia cuando se ve en la encrucijada de matar a su “huachito”, al carnero huérfano que había criado desde su nacimiento. Su lectura me transportó a las zonas rurales de Mongolia y a los países islámicos donde se procura producir el menor sufrimiento posible al animal que va a ser sacrificado, dando un ejemplo que debería ser seguido por toda la humanidad.

Es aquí donde la relación familiar de Javier Puga y de su tía abuela, la distinguida poetisa cajamarquina Amalia Puga de Losada se unifican. Permítanme efectuar una breve digresión para leer un poético texto de Amalia Puga:

 

“Cuando salgo de paseo por el campo y en id senda

Hallo humíldes sabandijas, verbigracia escarabajos,

O diligentes hormigas que a su lejana vivienda

Acarrean provisiones, con afanes y trabajos

—Como un grupo de devotos que en esfuerzo colectivo

Llevan a cuestas en sus andas una imagen milagrosa—,

yo me aparto del camino, recelosa,

De causarles un desastre; todo ser inofensivo

Tiene el sagrado derecho de vivir la vida humana.

 

Los personajes de la obra se suceden unos a otros; aparecen y desapa­recen como actores de una ópera. El ser humano está retratado desde numerosos ángulos: culturales, psicológicos y sociales. Todos los es­tados de ánimo que nuestra especie tiene, individual y colectivamente, están magistralmente escritos.

A fin de facilitar la comprensión de las tramas que el libro tiene, decidí hacer un cuadro a manera de árbol genealógico que sirviera para ubicar mejor a los personajes y evitar confusiones no deseables. Recordé que este método me había dado excelentes resultados cuando leí otra gran obra de nuestra literatura de lengua castellana: Cien Años de Soledad, del Premio Nobel de Literatura, el colombiano Gabriel García Márquez, en la que el bosque de los Buendía es muy frondoso. En ambos casos, el de García Márquez y en el de Puga Cobián, fue como si se hubiese fusionado la belleza de la literatura con la magia pictórica de Peter Brueghel, el Viejo, o la del Bosco en el Jardín de las Delicias. Debo sí reconocer que el hecho de que yo tenga la suerte de conocer al autor, me coloca en una posición de ventaja frente a lectores que sólo pueden apreciar su obra escrita.

Para mí, Richard, el principal personaje del libro, encarna al propio autor o, por lo menos, en un porcentaje considerable. Sin embargo, todos tenemos la posibilidad, sobre todo cuando se trata del género novelesco, de escondernos hábilmente bajo el sutil lenguaje literario propio de este género.

Sus alusiones a la metafísica oriental, principalmente al hinduismo, sale a luz en otra inteligente interpretación del Himno X, 129 del Rig Veda -la anterior Puga Cobián la expuso en su ensayo sobre Nietzsche- que menoscaba la posición académica de que Grecia fue la cuna de la filosofía mundial a partir de Tales de Mileto, más o menos 620 años antes de Cristo; pero este himno del Rig Veda, según los historiadores occidentales data entre los 1.500 a 1.200 antes de esta era. Esto me induce a confirmar que Occidente, y aquí repito mis palabras, “es capaz de asesinar por olvido, por marginación, a los más grandes aportes que las culturas orientales ofrecen a la humanidad”.

Uno de los diálogos que parecen sintetizar el pensamiento de Puga Cobián es aquel que Juliana mantiene con Richard:

“Estimado Richard, nunca imaginé escuchar tan importantes temas trascendentales en esta especial e inolvidable “conversación en los cielos” que me abren enriquecedoras perspectivas de conocimiento. ¿Cómo ha sido posible que no obstante las grandes responsabilidades corporativas hayas acumulado el saber que posees?

—Los temas sobre los que abreviadamente he hablado, guardan estrecha relación con mi personalidad, en otras palabras, con mi naturaleza corporal, síquica y espiritual que, por destino kármico se desarrollan en mis correspondientes espacio-tiempos.

—¿ Tú has adoptado el hinduismo como religión o algo parecido? —De ninguna manera, Juliana, uno nace hindú y sanseacabó.”

Debo decir también que no se necesita volar por los aires para comprender este libro maravilloso. En cambio sí es preciso liberarse —como lo hace Javier Puga Cobián— de las ataduras o estereotipos que pueden ser remediados. “Conversando en los Cielos de Garuda” es un cántico a la libertad del ser humano que, a manera de sinfonía levanta el espíritu y nos llena de optimismo para seguir meditando en rodo lo trascendente que tiene nuestra especie. Ahí es cuando toma un sentido adicional la dedicatoria del libro: “A los desesperanzados en las cárceles del mundo”. Las prisiones no son solamente físicas sino también espirituales.


AGRADECIMIENTO DEL AUTOR DE ESTE LIBRO

Estimado lector: Mis gratos agradecimientos por los enjundiosos párrafos que sobre mi persona y mi obra, usted acaba de leer, escritos por el embajador peruano, Juan Álvarez Vita, notable intelectual de vasta cultura y gran defensor de los derechos humanos a nivel mundial. Con amical anticipación, también los hago extensivos a los preclaros académicos, el doctor José León Herrera y el doctor Guillermo Dañino Ribatto, que en generosas palabras ensalzan la obra de un desconocido escritor como es el que ha elaborado esta novela. Tanto las palabras escritas como las orales me abruman, pero al proceder de sus reconocidas solvencias éticas y culturales, con gran complacencia las acepto.

Para quienes desconozcan quién es el autor del prólogo, seguidamente transcribo el importante currículum vítae de Juan Álvarez Vita.

-Estudió Derecho e Historia en las Universidades de San Marcos de Lima y Católica del Perú; y Diplomacia en las Academias Diplomáticas del Perú y de Austria, y en la madraza o Centro de Altos Estudios islámicos de Yakarta. Tiene grados de maestría y de doctor “Summa cum laude”.

-Es Embajador de Carrera en el Servicio Diplomático del Perú. Es miembro de Honor de los Ilustres Colegios de Abogados de Lima y de Arequipa y Miembro Ilustre del Colegio de Doctores en Educación del Perú.

-Como diplomático ha representado al Perú en la Argentina, Hungría, Austria, Turquía, Suiza, Naciones Unidas, Ginebra, Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) en Montevideo, Costa Rica, Coba, Indonesia, Timor-Leste y ha sido el primer embajador que el Perú acreditó ante la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN).

-Fue adjunto diplomático al Papa Juan Pablo II en su visita oficial al Perú.

-Ha participado en más de 50 conferencias y congresos internacionales. Es coautor de varios tratados internacionales celebrados en el marco de la ONU, entre ellos la Convención contra la Tortura y la Convención sobre los Derechos de los Niños y de la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo. Ha sido Presidente del Consejo Nacional de Derechos Humanos del Perú.

-Ha integrado desde su fundación y durante diez años, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, el órgano más importante de la ONU encargado de supervisar el cumplimiento de esos derechos humanos, conformado por 18 expertos elegidos a título individual por la ONU. Es Asesor de las Naciones Unidas para Derechos Humanos y Perito de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

-Hasta el 31 de julio de 2016, fue Director General de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos del Perú.

-A la fecha, es Presidente de la Fundación Ricardo Palma, en Lima.

-Paralelamente a su actividad diplomática cabe mencionar el ejercicio de la docencia como Catedrático de Derecho Internacional, Derecho Constitucional y Negociaciones en la Maestría de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en la Universidad de Lima, en la de San Ignacio de Loyola, en la Universidad Femenina (UNIFE), en la doctoral de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Ricardo Palma, así como en el Centro de Altos Estudios Nacionales (CAEN) y la Academia Diplomática del Perú. Es Profesor Principal Honorario de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa. Es Profesor y miembro del Consejo Científico de la Universidad de Derechos Humanos de Ginebra (Suiza). Ha sido profesor invitado en las Universidades de Budapest (Hungría), Complutense y Carlos III de Madrid (España) y Padua (Italia.)

-Es autor de obras de carácter histórico, lingüístico y jurídico como “El Derecho al Desarrollo”, con cuatro ediciones en castellano e italiano por el Instituto Interamericano de Derechos Humanos, la Universidad de Padua y la Fundación Alemana Hanss Seidel; “El Derecho a la Salud como Derecho de la Persona Humana”, traducido por las Naciones Unidas al inglés, francés, árabe, chino y ruso; “Tratados Internacionales y Ley Interna”, editado por el Fondo Editorial de la Universidad de Lima y el Fondo de Cultura Económica; “El Maravilloso Mundo de los Derechos Humanos”, editado por la Universidad Alas Peruanas y el “Diccionario de Peruanismos. “El Habla castellana del Perú”, coeditado por la Universidad Alas Peruanas y la Academia Peruana de la Lengua, obra esta última altamente calificada por el Premio Nobel de Literatura, Camilo José Cela. Ha escrito más de 200 artículos publicados en América y Europa. En los últimos 10 años ha ofrecido más de 500 conferencias en el Perú y en el exterior.

—Es miembro de más de 20 instituciones académicas de América y Europa.

-Ha integrado durante más de diez años la Comisión de Estilo de Lengua Española en la Oficina Europea de las Naciones Unidas con sede en Ginebra, Suiza.

—Nuestro país le ha conferido la más alta condecoración que otorga: La Orden El Sol del Perú. Entre las distinciones de otros países cabe destacar que ha sido incorporado, con el título de príncipe, por la Casa Real de Sinagabariang, una de las más antiguas de Sumatra, en Indonesia, siendo el único ciudadano extranjero a quien se le ha otorgado este excepcional reconocimiento.

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N.R.: Expreso mi sincero agradecimiento a la Lic. Consuelo Lezcano Ruiz, por su desinteresada colaboración en hacer posible la difusión de esta carátula con el correspondiente prólogo. / jcpa.

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QUIROZ CASTAÑEDA, Eugenia. Las coplas cajamarquinas, Canto de carnaval del norte del Perú. Primera Edición, noviembre 2016. Lima, Perú. Impreso J.C. Mundo del color E.I.R.L. Pág. 112. 20.7 x 14.4 cm.

Algunas palabras

La música y la poesía son siempre aliadas, desde el tiempo de los griegos, cuando los poetas se llamaban aedas, los que cantan, como Homero precisamente. En la Edad Media, las antologías de poesía se nombraban cancioneros, como el célebre Cancionero de Baena. Los grandes líricos, como Dante, Petrarca o Garcilaso, escribían canciones, y así llamó también Mariano Melgar a sus composiciones. Muerto en 1815, sus canciones desde 1868 tomaron el nombre de yaravíes, poemas para ser cantados. Hay una tradición en distintos puntos del Perú, de estirpe anónima, que recoge composiciones que son escritas expresamente para el canto. Esta tradición es reconocida en la academia universitaria y tiene notables logros como las célebres cumananas de Piura o las coplas de Cajamarca, a las que Eugenia Quiroz Castañeda ha dedicado muchos esfuerzos que ahora el público puede

leer y atesorar. Generalmente se trata de cuartetas bien rimadas en octosílabos y que tienen como característica común el humor y la picardía; acompañadas del bordoneo de la guitarra suelen recitarse en las ferias populares y en las festividades religiosas o patrióticas. Forman, sin duda, parte de nuestro acervo literario y merecen reproducirse y apreciarse. Libros como el que ahora tiene el lector en sus manos, contribuyen a mantener y acrecentar una vigorosa y centenaria tradición.

Marco Marios


Presentación

La Escuela Nacional Superior de Folklore José María Arguedas presenta el libro La copla cajamarquina. Cantos de carnaval del norte del Perú, de Eugenia Quiroz Castañeda, investigadora cajamarquina, teniendo en cuenta que nuestro patrimonio cultural tradicional y popular es muy valioso para conocer nuestra compleja pero rica cultura nacional.

En esta publicación se rescata un florilegio de coplas de Cajamarca, lo que significa que se rescatan textos multidiscursivos compuestos por música, danza y canto. La copla cajamarquina se canta, se musiquea (hacer música) y se baila.

La presencia de la copla en el Perú y Latinoamérica, merece mayores estudios porque necesitamos entender el alma y el ser latinoamericanos. El hecho de comprobar su vigencia en casi todos los países latinoamericanos, corrobora que la poesía popular tiene mayor vitalidad que la poesía libresca de moda, que surge cada vez como un movimiento nuevo y luego se extingue, tal como sucedió con el barroquismo, el costumbrismo y el romanticismo. Las particularidades de cada territorio, de cada cultura, de cada geografía y de cada sociedad, hicieron que la copla adquiriese personalidad en cada espacio latinoamericano. No podía ser de otro modo, pues la poética coplera se hizo muy americana. Salvo el caso argentino, los otros casos de vigencia de la copla en Latinoamérica, son más bien expresiones de los sectores populares urbanos.

El caso más notable de la copla latinoamericana es el de Argentina, más precisamente el del norte de este país, pues la fusión hispano-andina generó la baguala, la vidala y la tonada; todas sumergidas profundamente en el sentimiento y pasión andina del norte argentino. Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa, Jorge Cafrune, entre otros cantores del “folklore” argentino, no son pura casualidad; crecieron en medio de un frondoso intertexto nativo y mestizo

La copla peruana, seguramente llegó de manos de la soldadesca conquistadora, y de alguna manera, estos versos rimados quedaron sembrados en el alma de los mestizos peruanos. La copla peruana es una vieja reminiscencia poética popular transformada en género poético-musical. Siendo el canto una vital necesidad humana, la copla cantada le dio al mestizo un medio de expresión de su conflictivo mundo interior, le dio expresión a sus dos mundos culturales: el indio y el foráneo.

La copla cajamarquina tiene su particular expresión, entre andina y urbana mestiza. Andina, porque recuerda los textos quechuas de contrapunto que se canta en los carnavales de la zona Chanka (Huancavelica, Ayacucho y Apurímac), en alguna medida la misma que se describe en las crónicas de Guamán Poma[1] (wawku taki, haylli, etc. 1980: T. I, 288-301). Las letras de las coplas cajamarquinas de carácter erótico picaresco son la versión en castellano de las letras quechuas de los cantos de carnaval erótico Chanka; ambos de contrapunto hombre mujer. La parte urbana mestiza, por su forma es de ascendencia hispana, tanto por el idioma, el castellano, y por celebrarse en la temporada de carnavales.

El genio creativo del coplero cajamarquino, por su instantaneidad, musicalidad contextualizada y su poética, pone en nuestra literatura peruana a una de las más virtuosas poéticas de nuestro país. La copla cajamarquina es, por supuesto, una de las mejores coplas del Perú. Merece nuestra atención muy especial.

Isaac Huamán Manrique

Director de Investigación

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[1] Guamán Poma de Ayala, Felipe. El primer nueva crónica y buen gobierno. México, Siglo xxi, 1980.


Introducción

La poesía popular ha sido estudiada desde diferentes enfoques, y se la ha relacionado, casi siempre, con la música, la danza y el teatro. Estas representaciones artístico-culturales forman una unidad; es decir, están dentro de un mismo contexto, siendo esta una de las razones por las que la poesía popular en nuestro país ha recibido pocas veces un tratamiento teórico global. Sin embargo, se debe señalar que los estudios de casos específicos brindarán a la larga el material necesario para realizar la síntesis crítica de una poesía que tiene, algunas veces, filiación milenaria.

Por otro lado, existe una restricción geográfica que singulariza a la poesía andina, expresada con acompañamiento de música. Vale decir que se ha privilegiado casi siempre a la que es producida en lengua quechua, en el centro y sur andino. La poesía andina y su forma musical en la sierra norte, al igual que otras manifestaciones culturales de esta región, son aún poco estudiadas y esto contribuye a excluirlas de toda evaluación de conjunto.

Lo que aquí presentamos ahora es una síntesis de nuestra tesis “La copla cajamarquina: Las voces del carnaval” (1997), en la que, como parte central, hemos desarrollado un estudio sobre las coplas que se cantan en la celebración festiva (el carnaval), realizada en los meses de febrero o marzo. Confieso que han sido estas breves canciones las que alegraron mi niñez y mi adolescencia. Cuando hemos realizado la tesis, hallamos la oportunidad de poder unir aquel regocijo personal con la rigurosidad de la formación académica que hemos recibido en las aulas sanmarquinas. Cabe destacar que muchas de estas coplas se vienen cantando año tras año y han sido publicadas por compositores y recopiladores, en forma autor al o anónima.

El objetivo principal de nuestra investigación ha sido vislumbrar una interpretación de las coplas del carnaval de Cajamarca como un caso de la creación artística verbal de la región andina del norte del país, con los riesgos que tiene asumir un estudio que no cuenta con muchos antecedentes, pero que, por ello, se vuelve necesario.

En el presente libro damos una definición de lo que entendemos como copla, teniendo en cuenta a algunos autores y presentamos un conjunto de coplas, en las que podemos ver que han mantenido su forma o estructura, desde que llegaron al Perú con los conquistadores españoles, pero que su contenido se adecua de acuerdo al ambiente, al pensamiento y al sentir del poblador del lugar en donde se reproducen cada año.

No hubiera sido posible la publicación de este libro sin el auspicio y la generosa colaboración de la Escuela Nacional Superior de Folklore José María Arguedas y, en particular, el interés del Director de Investigación Isaac Huamán Manrique (poeta e investigador de la poesía quechua), a quienes les debo las gracias infinitas. En especial agradezco a quien fue mi asesor de tesis y por citarme en sus textos que publica, al catedrático de la UNMSM Gonzalo Espino Relucé. Al gran poeta y maestro Marco Marios, por alentarme siempre a que siga en la literatura. A Manuel Larrú, admirado maestro y amigo, especialista en literatura oral quechua, por sus invalorables aportes iniciales y sus consejos; y a Johan Travezaño por darme ánimos y compartir temas afines.

La autora.

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N.R.: Expresamos nuestro sincero y público agradecimiento a la Lic. Eugenia Quiroz Castañeda, por obsequiarnos un ejemplar de cada uno de sus dos libros publicados.

 

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PEREYRA TERRONES, Jorge. Los nanocuentos que siempre quise contar. Primera Edición, noviembre 2016. Cajamarca, Perú. Martínez Compañón Editores S.R.L. Pág. 128. 22.6 x 15.8 cm.

Palabras del autor

Nací en el año del Dragón, en el Centro Histórico de Cajamarca, y viví mis primeros años en el jirón Atahualpa, en donde aprendí muchas cosas que quizás no debía.

Hice la primaria en diversos centros educativos porque siempre me trompeaba a la salida de la escuela. Y después que me expulsaron del Colegio Militar "Ramón Castilla" de Trujillo, por no aceptar las impertinencias de un cadete de año superior, culminé la secundaria en el glorioso colegio San Ramón de Cajamarca. Allí estudié cosas tan prácticas como Educación Cívica, Lógica y Religión. Pero lo que más ansiaba era escaparme del aula a efecto de jugar fulbito o para leer a Vallejo y Arguedas bajo la sombra de un eucalipto.

Volvieron a expulsarme de la Escuela Militar de Chorrillos, no terminé Sociología en la UNC, tampoco culminé la carrera de Periodismo en el Instituto Jaime Bausate y Meza, pero trabajé como articulista en la página editorial del diario La Crónica, donde gané un Premio Nacional de Periodismo, hasta que me deportaron a México durante la dictadura de Morales Bermúdez.

En la capital mexicana laboré en el diario El Universal, dirigí la revista Textual de humanidades y ciencias sociales de la Universidad Autónoma de Chapingo y trabajé como investigador en el Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo.

Como corresponsal de guerra para diferentes cadenas noticiosas televisivas, cubrí las guerras civiles de Nicaragua y El Salvador, en las que estuve a punto de convertirme en una víctima más de las que diariamente reportaba.

Luego viajé a Estados Unidos donde me desempeñé como reportero, productor y presentador de noticieros en las cadenas televisivas de Univisión, Telemundo, Fox y NBC.

He vivido la vida que quise vivir y practiqué también algunos oficios inconfesables. Publiqué asimismo varios libros y artículos, y he viajado demasiado por el mundo debido a guerras, huracanes y terremotos. Me he casado cinco veces (no hay quinto malo), tengo dos hijas y dos hijos, y de vez en cuando toco guitarra, canto, y escribo cuentos y poemas.

Sigo empeñado en buscar la justicia social y la justa distribución de la riqueza. También amo profundamente a mi tierra, Cajamarca, y defiendo su medio ambiente y la limpieza de la naturaleza.

Esto no cae muy bien en el egoísta mundo neoliberal actual en el que vivimos, en donde se valora más la propiedad que la inteligencia. Y tanto la razón como el talento son combatidos visceralmente por la estupidez de los mediocres.

Creo en la dialéctica, en la paradoja, en la virtud de imaginar y de soñar con un mundo mejor y diferente al que nos ha tocado vivir.

En pocas palabras, soy un hombre de un tiempo que aún no llega.

Jorge Pereyra

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Prólogo

Jorge Pereyra fue aplazando por algún tiempo la escritura de estos cuentos; hasta que decidió no posponer más la plasmación de su inventiva. Comprendió que era tiempo de adentrase en aquel mundo mágico que revoloteaba en su interior, bullía buscando escaparse en el cauce de la palabra artística; sus sensaciones y percepciones pugnaban por aflorar.

Sin duda la creación literaria es producto de una fragua multidimensional que se agita sincrónicamente: la experiencia o vivencia, la emoción o sensibilidad, la creatividad o inventiva, la imaginación o fantasía y la palabra oral o escrita.

De dicha cantera espiritual ha brotado este conjunto de cuentos breves que lleva por título LOS nanoCUENTOS QUE SIEMPRE QUISE CONTAR.

Esta obra contiene cuarenta y cinco relatos cortos. Sin abundar en detalles interpretativos, podemos sintetizar -siguiendo la secuencia- la naturaleza de cada uno de ellos:

Calle sangrienta. Es un cuento truculento, trágico, conmovedor. Censura. Lleva implícita la censura interna del escritor, el censor interior que lucha con la invención en la búsqueda de formas y temas narrativos.

Círculo vicioso. Encierra el simbolismo de la vida sin salida;

cuando se cierran los caminos, se apaga la vida; cuando no encontramos a los demás, la vida se apaga en sombras. Desapariciones en la oficina. La atmósfera de misterio se tiñe de sugerente sensualismo.

El cloaquero. Es un relato no solo cacósmico sino cacómico. El mensaje está en que no importa lo escatológico si se salva lo ecológico.

El collar de los besos. El misterio y el fetichismo son superados por el humor: el protagonista imanta besos femeninos, pero rechaza el beso punzante del bigote masculino.

El fantasma del abismo. Aflora el fantasma interior del personaje narrador; su temor a la curva del camino se convierte en torbellino de realidad y ficción.

El fugitivo. La estructura narrativa se ha reducido a la mínima expresión. El ahorro expresivo sugiere que no hay más que decir, pues," para un buen entendedor, bastan pocas palabras".

El loro usurpador. Más allá de la ocurrencia humorística, resulta implícita la sátira dirigida a los usurpadores.

El principio y el final. Tiene riqueza conceptual; en una línea está definido lo que es la novela.

Entrevista con Dios. Es una forma de expresar la angustia humana y la debilidad para persistir en la fe.

Espionaje cibernético. Sugiere los riesgos cibernéticos.

Evanescencia. Combina lo expositivo con lo narrativo para presentar la desaparición de los seres.

Focos modernos. Se insinúa el realismo mágico.

La habitación de mi hija. Es un relato de ficción; son los demonios internos que aparecen en la visión fantasmagórica.

La nota. En la misma línea del relato anterior, el espejismo asalta al narrador.

Las "combis" invisibles. Nos devuelve a la realidad de las combis conducidas por salvajes temerarios e irresponsables.

Lectura vespertina. Es un relato onírico e introspectivo.

Limpieza química hogareña. Texto expositivo-argumentativo, con final conclusivo y sugerente.

Líos parlamentarios. Presenta la realidad política del congreso peruano.

Locura de amor. Sentencia poética que podría entronizarse como frase célebre.

Los diablos$ desempleados. Es una alegoría o perfil exótico de satánicos políticos ayayeros.

Marketing funerario. El humor burlón ante la cegadora de vidas.

El abuelo terrorista. En el perfil del abuelo se gráfica la acción secreta del terrorismo.

Mi entierro. Curioso mandato para sus funerales.

Muerto en vida. Retrato del hombre muerto en vida.

Muñecas de porcelana. Ficción y personificación de las muñecas. Página en blanco. Especulación sobre la palabra como creación estética que da vida a los personajes literarios.

Pistolero de bar. Interesante relato sobre cambio de personalidad por influjo de indumentaria ajena, acaso semejante a cuando uno escribe con lapicero ajeno: nuestra caligrafía se deja llevar por la caligrafía ajena.

Regalos inesperados. Relato psicológico. Los fantasmas persiguen la imaginación del autor.

Robot. Cuento logrado por su originalidad creativa. Capcioso por el rol de los protagonistas. Insinuante de la espectacularidad tecnológica en que se confunden la humanidad y el automatismo, el hombre y el androide, con fino ingrediente humorístico.

Ruta al cielo. Extraña forma de morir y de elevarse a la mansión del más allá; es la manera de perder la conciencia y de viajar a otros mundos. Posiblemente San Pedro se encargará del peritaje técnico del accidente y del reporte policial luego del dosaje etílico. Simulacro de divorcio. Sátira a la ingenuidad y la burocracia. Vampirismo. Es una forma de hacer el amor con humor.

Viejos criminales. Relata lo que podrían ser capaces de hacer los ancianos que sufren la injusticia social: es la protesta del bastón.

De manera general podemos decir que en estos relatos de Jorge Pereyra se perciben fácilmente el humor y la ironía; cada relato se cierra con un renglón o un párrafo redondo, sugerente. Cada historia tiene su identidad, impulsada por el soplo personal e íntimo; la originalidad radica en decir lo propio; lo que dice Jorge Pereyra está en correspondencia con lo que le caracteriza.

Aunque sonriamos escépticos ante lo que nos cuenta, resultamos asumiéndolo, y por tanto nos hemos convertido en cómplices de lo acaecido. Si el final del relato impacta por lo sorprendente y provoca una reacción emocional, es porque -como decía Julio Cortázar- "ha ganado por knock out, a diferencia de la novela que gana por puntos".

En los cuentos de Jorge Pereyra se advierte con claridad la estructura cerrada, la concisión y la economía de recursos narrativos. Poseen una lograda forma sintética de presentar situaciones, sin extenderse en la profusión analítica propia de la novela.

Para el autor, en los nanorrelatos o cuentos de pocas palabras no importa tanto lo que se dice, sino lo que se deja de decir. Es un relámpago que fragmenta la historia pera dejar en libertad la imaginación del lector. Si la atmósfera creada predomina sobre el suceso narrado, generando alguna ambigüedad, esta debe ser resuelta por el lector.

Por tanto, quien lee los nanocuentos de Jorge Pereyra debe convertirse en un lector activo, porque detrás del texto el autor está guiñando socarronamente. En auxilio de quien se siente desconcertado surge el para texto, como es el título del relato, para completar o precisar lo que no se dice.

Jorge cultiva de manera concisa los microrrelatos y los nanorrelatos, cuya estructura evita explicaciones y amplificaciones, y, por consiguiente, el lector común se convierte en un lector minifictivo. Con razón alguien definió: "El nanocuento: un enano mentiroso".

Finalmente, podemos decir que en estos nanocuentos hay un carácter ficcional que permite al autor reconstruir la realidad para hacernos creer sus mentiras a medias. En otras palabras, ¡qué manera de inventar mentiras para decimos las verdades!

Luzmán Salas Salas

Cajamarca, Navidad del 2014.

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Proemio

La historia de "El Loro Usurpador", un loro borracho, que figura en la colección de "Los nanoCuentos que Siempre Quise Contar", ofrecida ahora por el amigo Jorge Pereyra, me ha llevado a pensar en la borrachera.

Supongo que la borrachera es una experiencia conocida para la mayoría de los lectores de este prólogo, y los que son expertos en la materia saben que hay borracheras y borracheras -yo también lo sé aunque no pretendo ser un experto, sino solo un aficionado de vez en cuando-.

Hay la borrachera que viene lentamente conforme el bebedor avanza de copa en copa tomando siempre el mismo licor. Pasa por la memoria triste: las decepciones amorosas, las traiciones de los amigos, los fracasos económicos, etc., y luego, si todo va bien, viene la euforia. Ya el bebedor es el capo, ya triunfa, ya puede todo y ya tendrá gran éxito en la vida.

Pero hay otra borrachera que es bastante diferente y resulta de tomar rápida y alegremente distintos licores, uno tras otro: cerveza, ron, pisco, whisky. Aquí, la habitación comienza a dar vueltas y el piso se convierte en una montaña rusa cuando se hace el intento de caminar hacia el baño; se confunden a la suegra con la querida. Las caras de los compañeros del trago van cambiándose: algunas se alargan y otras se aplanan; aquella de un amigo simpático se convierte en el rostro de un perro o de un gato cariñoso, y, si hay suerte, una vieja fea se convierte en una ninfa seductora.

Sí, seamos honestos, la experiencia es buena, pero luego, al día siguiente parece que la Banda Municipal se haya adueñada de la cabeza y no recordamos nada. Total, esta borrachera nos deja noqueados.

Ahora, apliquemos eso a "Los nanoCuentos" de Jorge Pereyra. "Si los leemos, uno por uno lentamente, uno por día, es como tomar un buen licor a sorbitos. Se lo puede saborear el cuento, reír, pensar, o reflexionar. Pero, si leemos todo el libro a un solo porrazo, esto es como la borrachera con licores variados, y el peligro es que no disfrutemos de los distintos cuentos que son muy diferentes entre sí. Habrá una diversión efímera, pero no se disfrutará a fondo. Al fin de cuentas, una cosa es disfrutar del trago y otra cosa es simplemente emborracharse.

Jorge nos ha creado un mundo fantástico de lo que hay que gozar; es un mundo donde las combis son invisibles, donde la censura es estúpida -bueno, casi siempre ha sido así, pero aquí llega al límite de la estupidez-, donde la gente desaparece como por arte de magia, y donde el excremento es un elixir de la vida mientras un perfume huele a mierda y casi mata.

Hay una reflexión sobre la violencia que aflige nuestra sociedad en el primer cuento, y hay una mirada a la naturaleza en "Navegando Sobre Las Nubes". El "Círculo Vicioso" se puede leer como una alegoría de hacer trámites en El Perú y me hace pensar en una de las obras de Charles Dickens donde el autor describe "La Oficina de Circunlocución" en que nada nunca se resuelve. Y se puede decir lo mismo del cuento "Líos Parlamentarios". Hay el humor, a veces mordaz, como en "Los Diablos Desempleados", y en "La Importancia de Llamarse Alimenerio"; mientras hay lo inverosímil, como en "El Collar De Los Besos " y "Las Bodas Otoñales De Don Augusto Gil".

La muerte está muy presente en cuentos como "El Fantasma Del Abismo", "Marketing Funeraria", "Mi Entierro", y "Ruta Al Cielo". "El Pishgo Que Mataba Palomas" es como un largo cuento al estilo Tío Lino.

La "Entrevista Con Dios" me parece ser el retrato bastante fiel de mis propios intentos de conversar con el Todopoderoso, que es como pedir una entrevista con uno de nuestros alcaldes, gobernadores, o ministros, porque ellos siempre se esconden detrás de una cortina de humo compuesto de secretarios, consejeros, y personas de confianza que sólo sirven para estorbar. "Espionaje Cibernético” es un tanto escalofriante porque indica cual vulnerable cualquiera de nosotros puede ser cuando se trata de las mañas de los mañosos de toda laya, sean del aparato oficial del estado, sean de los criminales dedicados al lavado de activos.

"La Belleza de la Utopía" suena la nota de esperanza y optimismo que corre como un riachuelo subterráneo debajo de estos "nanoCuentos”.

Claro está, hay muchos cuentos más que el manojo que he mencionado aquí -cuarenta y cinco en total, donde mucho está al revés o de cabeza -como debe ser cuando la imaginación goza de rienda suelta-.

Esta es la libertad que Jorge Pereyra se da a sí mismo y nos invita a gozar del mundo loco que él ha creado. Entonces, lea usted este libro de "nanoCuentos" de a pocos, no de un solo porrazo, y saboreando cada cuento.

Miguel Garnett

Cajamarca, agosto del 2016.

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N.R.: Expresamos nuestro sincero y público agradecimiento al escritor Jorge Peryra Terrones por obsequiarnos un ejemplar de este interesante libro.

 

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SALAZAR, Jorge Luis. Aramy. Intimidad despojada en busca del Derecho a la Identidad. Primera Edición, octubre 2016. Lima, Perú. Editora y Librería Jurídica Grijley E.I.R.L. Pág. 92. 21 x 14 cm.

 

Aceptar lo que no está establecido parece fastidiar y avergonzar a los demás. Vivimos en una sociedad enfrentada por defender sus posturas sobre lo bueno, lo malo y lo que -tal vez- podría ser aceptado. "Tenemos que ser inclusivos", aseguran algunos; "no podemos ir en contra de lo establecido por Dios", defienden otros. Pero quién puede definir lo que es y no es, lo malo o bueno. La sociedad delimita, pero, ¿puedo acaso saltar esas barreras?, ¿decidir no pertenecer ni a uno ni a otro? Me dijeron que tengo derechos, que debo de luchar por ellos, así que no pienso rendirme. Mientras debatan si puedo encajar en esta sociedad y vivir sin limitaciones, mientras tanto, seré ARAMY.

Contracarátula. Aramy. Intimidad despojada en busca del Derecho e Identidad.

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GOICOCHEA CRUZADO, Antonio. Retacitos de vida. Primera Edición Príncipe, agosto 2016. Cajamarca, Perú. Pág. 146. 20.6 x 14.4 cm.

A MANERA DE PRÓLOGO

Retacitos de vida, consta de tres partes: Retacitos de vida "Desfaciendo entuertos" y Bocetos de Ensayos. La primera está dividida en Retacitos de Vida de Pisadiablos, Retacitos de Vida Cajachos, Retacitos de Vida Shilicos y Retacitos de Vida en el Plancad, que en sí son anecdotarios. "Desfaciendo entuertos", son aproximaciones de cómo veo la vida y Bocetos de ensayo, son intentos de incursionar en el género en referencia.

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua la define de este modo: "Anécdota, una relación, ordinariamente breve, de algún rasgo o suceso particular más o menos notable", tiene como principales atributos la agudeza, el gracejo o el donaire de sus protagonistas; ellas han surgido en el acontecer de sucesos de trascendencia e importancia o han brotado al calor de diálogos fugaces. Sus matices pueden ser tantos cuentas sean las circunstancias en que tienen ocurrencia".

La anécdota es la radiografía que nos devela la gracia, la galanura, el gracejo de los pobladores de un lugar en un momento históricamente determinado, dibujando su idiosincrasia. La anécdota, es por tanto, la manifestación del ingenio e inteligencia socio-personal.

Así como en el pueblo se conoce a los personajes más pe o "chapas" que por sus nombres, así más se conoce la personalidad de los personajes por sus anécdotas, que por los estudios que de ellos se haga.

San Miguel y demás provincias de Cajamarca, tienen un frondoso corpus de anécdotas, las que ocurrieron en sus momentos propicios y atizados por la perspicacia de los participantes, que vía la oralidad se mantiene con vida, aunque con riesgo a que muera al paso del tiempo, ese es el albur que se corre si no se las escribe. Este caudal anecdótico es inagotable, solo que cada generación cuenta las suyas y por ello sus efectos. Y formarán parte  de la oralidad “pisadiabla”  mientras alguien en San Miguel, las repita, las cuente. Cada generación es dueña de su historia. Nosotros de la nuestra y los jóvenes de la suya. Pero todos saboreamos con la misma delectación. Que cuando las generaciones den espacio a las que vienen, otras serán las anécdotas que se cuenten. Porque las generaciones nuevas tienen también sus nuevas anécdotas y que las cuentan con picardía, salero y no poca malicia.

Nuestra oralidad humorística es múltiple, de diversos matices, que pintan coraje, talento e ingenio, inocentes, rosadas, verdes y hasta rojas es abundante. Desde tiempos idos se ha transmitido de esa manera, pero plasmadas en escrito son escasas o no conocidas.

Nuestro repertorio histórico, literario y humorístico es sumamente múltiple, rico y variado. Desde remotos tiempos se nos ha transmitido, en forma oral, infinidad de anécdotas en las que podemos valorar el carácter, la agudeza de sus protagonistas; ellas han surgido en el acontecer de sucesos de trascendencia e importancia o han brotado al calor de diálogos fugaces. Sus matices pueden ser tantos, cuantas sean las circunstancias en que tienen ocurrencia. Las encontramos con rasgos que encarnan sublimidad de ánimo o también se nos presentan con expresiones de simple pasatiempo o frivolidad. Contamos, pues, con anécdotas que van desde aquellas que revisten verdaderos coloridos de nobleza, de coraje, de talento o ingenio, hasta aquellas que pudiéramos llamar de carácter vulgar o escatológico. En fin, como alguien lo anotara, existen anécdotas que son verdades y verdades que pueden ser anécdotas.

Mediante el relato del episodio anecdótico nos es dado estimar la personalidad de un hombre determinado, la idiosincrasia de un pueblo y las costumbres de una comunidad, el alma de una región. Como que la anécdota es una especie de radiografía que nos da a conocer el salero de ciertas ocurrencias que afloran en determinados momentos históricos, políticos y geográficos, o en el cotidiano discurrir de la sociedad. Se ha dicho, de igual modo, que "el pueblo conoce más a los personajes por sus anécdotas que por el estudio consciente de sus obras". Igualmente, creemos que para gozar y recrearse con el ayer lejano o con la época que uno vive, nada mejor que hacerlo al calor y al sabor picante de las manifestaciones festivas. La anécdota, sin la menor duda, es la manifestación por excelencia del ingenio, que perdura a lo largo de todos los tiempos.

No tengo dudas de que definir la idiosincrasia de un pueblo es siempre tarea ardua. Si cada persona es un mundo y lo son cada pueblo y ciudad y hasta cada barrio de la misma, qué decir de un pueblo entero. Cada pueblo es lo que es. No se trata de hacer juicios, sino de tratar de entender las señales que caracterizan a un pueblo, como hace la antropología, sin juicios de valor. He oído muchas veces la frase: "Sólo un sanmiguelino... ", como diciendo esto es típico de un "pisadiablo", lo que no quiere decir que ese rasgo o ese "no sé qué" que se nos revela como de San Miguel de Payacques, no se pueda encontrar también en algún otro lugar. En Contumazá dicen lo mismo de los contumacinos y en San Pablo dicen igual de los chalaquinos, no hay como los shilicos, dicen los cendendinos.

Recordemos que de no existir esas diferencias antropológicas, caracteriales, culturales y hasta genéticas, todos los pueblos serían aburridamente iguales. En la diversidad está la riqueza, de ahí el peligro de una cierta globalización mal entendida que puede acabar borrando la riqueza de la diversidad. Los antropólogos siempre han pensado que las anécdotas son siempre reveladoras ya que suelen ser la mejor fotografía de la índole de un pueblo.

La idiosincrasia es un conjunto de características hereditarias o adquiridas que definen el temperamento y carácter distintivos de una persona o un colectivo. Identifica las similitudes de comportamiento en las costumbres sociales, en el desempeño profesional y en los aspectos culturales. Las relaciones que se establecen entre los grupos humanos según su idiosincrasia son capaces de influir en el comportamiento individual de las personas, aun cuando no se esté convencido de la certeza de las ideas que se asimilan en masa. Por extensión, este término es utilizado para identificar amplios grupos de personas sin especificar cada detalle que los relaciona entre sí. También se utiliza para enfatizar las diferencias entre personas de diversos orígenes y costumbres.

La idiosincrasia cambia o evoluciona en coherencia con el avance del tiempo. Como peruanos somos producto de todas las sangres, como diría don José María Arguedas y mucho más antes don Ricardo Palma que de indios, de mandingas, de españoles, todos tenemos un poco, nuestra cholitud es evidente. Esta mescla de arquetipos hace nuestra idiosincrasia. Nuestra particular forma de ser. Una mixtura de razas la motejan otros.

El "humor es un modo de expresión o juicio que resalta el lado cómico o risueño de las cosas. El concepto refiere a la jovialidad, agudeza o genio para reír y hacer reír." "El humor nos ayuda a hacer más llevaderos los momentos más difíciles de la vida", "No tolero a la gente que atiende de mal humor ", "Con un poco de humor, todo es más fácil"

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IZQUIERDO GONZÁLEZ, Wilson Alfieri. ¡Acacaucito... mi Marañón. Primera edición, Enero 2016. Cajamarca, Perú. Fondo Editorial de la MPC. Talleres Gráficos de C&J Impresiones E.I.R.L. Pág. 108. 21 x 14.4 cm.

 

PRÓLOGO DEL AUTOR

"Acacaucito" es el diminutivo de "acacau" que significa "pobrecito" pero no en su nivel de acepción de "pobre en dinero o bienes" sino en son de lástima, de conmiseración o de pena. Cuando Quintiliano Chávez Pereyra exclama: "Acacaucito... mi Marañón" al observar la inmensidad del mar en Pacasmayo, eso es justamente lo que nos quiere decir. Para él, que su Marañón era un río enorme, fabuloso e incomparable, encontrarse frente a un mar que no tiene fin y que va más allá del horizonte, es algo que no sólo lo deja sin palabras sino que le hace sentir una lástima profunda y sincera por su río, al verificar que con respecto al mar, era casi nada. Severiana Augusta Díaz Pereyra en cambio, más práctica y sencillona para este tipo de cosas, sólo atina a decir: "¡ahhh burro aguada!".

Es presumible que todo lo que se narra en el primer cuento de este libro tenga su origen en alguna anécdota que, como tal, es real y verídica. Sin embargo, las descripciones, los personajes, los escenarios y los diálogos, entre otras cosas, son de hechura del autor. Se cuenta igualmente por ejemplo, que cuando en Huacapampa (distrito de Celendín) instalaron allí por primera vez el pantófono, el hijo de una respetable señora del lugar viajó hasta Lima, por la penosa ruta que se describe que hicieron Quintiliano y Severiana. Al no encontrar mejor manera de contarle a su madre que había llegado bien a su destino, utilizó este novísimo servicio. Cuando su madre acercó el auricular de este aparato al oído, y al escuchar a su hijo hablarle por éste, sólo atinó a decir: "alo, alo..." porque la empleada del telégrafo le había instruido que así tenía que contestar, y se cayó "putum" al suelo patas arriba, desmayada por esa indescriptible estupefacción.

Así como estas anécdotas -la de Quintiliano y la del pantófono- existen en la realidad no una sino miles de situaciones que, tratadas adecuadamente pueden convertirse en cuentos e historias divertidas. En este libro, ese es el caso también de "La pusanga", "La venganza de la monja", "A la prima se le arrima" y "El bueno y el malo". En cambio en "Timoteo", "El brazalete negro", "Sicario de nacimiento" y "Shushupe warmi", la "historia" narrada es puramente ficcional y no corresponde ni tiene su origen, necesariamente, en un hecho o situación anecdótica de la vida cotidiana, sino que ha sido aderezada con esos ingredientes para que tengan cierta verosimilitud.

La "pusanga" es un brebaje que, en la selva más que en cualquier otra región del país, opera por la creencia de la gente como algo que logra resultados amatorios y de enamoramiento realmente asombrosos. Se parece en cierto modo al "sígueme, sígueme" de algunos lugares en particular, aunque no es su equivalente. Como se puede verificar, ese es el título del segundo cuento y como podrá verificar leyendo el libro, se trata de una divertida historia de cómo el efecto de esta pócima resulta produciendo resultados contrarios a los deseados por uno de los protagonistas.

En "Timoteo", la tercera historia de este libro, se trata de "explicar" por qué la Minera Yanacocha parece que se encuentra de espaldas al pueblo de Cajamarca y por qué la gente de este pueblo generoso y noble, "aborrece" a la mina ya los "mineros", cuyas mujeres y ellos mismos andan por sus calles insultando a la pobreza con sus carrazos cuatro por cuatro. Otra de las historias que pretende "explicar" desde la ficción literaria el "por qué" de ciertas conductas incomprensibles de la gente que nos rodea, es "Sicario de nacimiento”. Averiguarlo es a lo que nos reta este libro. Igualmente, "Shushupe warmi" obviamente no es una historia divertida como las demás, se trata de una intrincada trama donde las bajezas humanas salen a relucir y donde una mujer resulta como víctima.

Las demás narraciones, se da por descontado, que sí cuentan con el aderezo del humor y la picardía humana. "A la prima se le arrima" no puede tratarse de algo serio. Eso resulta obvio. De modo similar "La venganza de la monja" se espera que ha de arrancarles una sonrisa, lo mismo que "El bueno y el malo".

El autor.

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N.R.: Expresamos nuestro sincero y público agradecimiento al escritor Wilson Izquierdo Gonzáles por obsequiarnos un ejemplar de este precioso libro.

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TORRES RUIZ, Guillermo Manuel. Velero contracorriente. Primera edición, Enero 2016. Cajamarca, Perú. Fondo Editorial de la MPC. Talleres Gráficos de C&J Impresiones E.I.R.L. Pág. 100. 20.9 x 14.4 cm.

PRÓLOGO

Una metáfora, una oda a la vida se encuentra en este velero que navega contracorriente. Guillermo Torres Ruiz nos conduce en este viaje marino por recovecos del turquí. La nave personificada sufre en la travesía y nos trae imágenes desoladas, donde se aprecia en su lenguaje literario las acciones con los cinco sentidos, con ello él logra que podamos sentir la brisa, mirar las naves pesqueras surgir de una lejanía, deleitarnos con las salinas escarchas lamiendo la playa; en su lírica hasta el oído se deleita.

El vate con su pluma se convierte en escultor, erige magistralmente al agua en monumento, en una viajera, en navío. Se observa a un hombre anclado al muelle de evocaciones... que mira el horizonte, sombreado con los colores del pincel que habita en su mirada.

Juega con la palabra, la lleva al mutismo, al estado de alegría al igual le convierte en lágrima, en viento y

la misma palabra lo transporta a los nidales del cosmos; nos encontramos con un poeta en cuya voz escuchamos a las ninfas pronunciar desde una metamorfosis, hasta cánticos acompañados de una lira, cuerdas que, a todo trance, embelesan al oído en la cadencia del verso.

Conforme se adentra en estas letras se vive la melancolía que el bardo trasmite. Abrir las páginas de este libro es descubrir la aurora en diversos tonos purpúreos, porque en el texto hay la semblanza de un suelo y sus mares, de un hombre y el océano.

Se deja ver en su metáfora como Una luz deshoja la alborada, golpeando con sus cascos las aguas del mar...

Entre distancia, el silencio y las palabras... Guillermo Torres Ruiz nos comparte cual forma de vivir en los márgenes del mar, desde habitantes que duermen al arrullo de las cadente s aguas nocturnas hasta un albor anunciando el hacer del pescador que el poeta se detiene a mirar. Un retrato de sus costas se encuentra en su versar, y un sentimiento donde él profundiza con la fuerza del vocablo en los cambios del ayer y el ahora: Todos jugaban como niños, olvidándose de ser mayores... y consterna su plusvalía al comparar los tiempos distantes del presente, al de la realidad que hoy nos aqueja en el mundo.

Guillermo Torres Ruiz, vate de Latinoamérica nos convoca a través del VELERO CONTRACORRIENTE a conocer La ternura del mar, a ver como las palabras se hacen olas y a escucharlas: reventando como estallidos en los puertos de su poesía.

María Dolores Reyes Herrera

H. Tlapacoyan, Veracruz, México.

Enero 07 del 2016

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PRESENTACIÓN

Navegar contracorriente, en un velero, no es atreverse temerariamente; significa conocer el entorno, los factores que inciden en el periplo; asimismo hacerlo con maestría, contar con las virtudes, la habilidad y el conocimiento del mar, del viento, de los arcanos secretos que se cruzan en la travesía, entre otras cualidades de la persona que se aventura en la inmensidad.

Asimismo, en la poesía: este mar de palabras, sentimientos, olas y vaivenes, requiere del entendimiento, el talento, la capacidad y la competencia para llegar al puerto deseado.

Guillermo Torres Ruiz, es el maestro, el timonel de este velero. Sabe manejar la palabra, ondear su estilo, adentrarse en el misterio de las olas y el vasto, a veces arcano, lenguaje del mar literario. Su experiencia y sus virtudes de gran poeta y declamador, le permiten aprovechar el viento de la inspiración poética para llegar a un nuevo puerto: el puerto del triunfo poético. Desde allí nos entrega este vital poemario galardonado en los Juegos Florales Horacio Zeballos 2013.

Sin embargo, hay que aclararlo, este premio es uno de tantos y merecidos lauros obtenidos. Trotamundos de la palabra, de la poesía, de la narración, la declamación y la oratoria. Con sus dotes, dueño de una pluma prodigiosa, vocación pedagógica, y sensibilidad de padre, hermano y amigo, conoce y ha conquistado muchos puertos: los puertos del triunfo artístico, de la madurez poética y la integridad personal, principalmente.

Mi verso crece, / se contagia del helado ventarrón / y las palabras se hacen olas / reventando cual estallidos / en los tantos puertos de mi poesía.

Esta nueva obra, Velero contracorriente, que consta de dos secciones: Entre el mar y la memoria y Muelle de recuerdos, es una estación de arte, plasticidad y sentimiento. Desde este muelle, gracias a su palabra y sus imágenes poéticas, podemos ver el horizonte humano: el alba, el cenit, el crepúsculo. Aquí se evidencia el esfuerzo, aún a contracorriente, para vencernos y triunfar sobre nosotros mismos, en la dura batalla en el mar de la vida. Dolor, soledad y magia también navegan en las letras buscando los umbrales de la eternidad.

Vida: describe me los ojos que tiene la melancolía / y después obséquiame el sufrimiento que llevas en tu boca, / y si sostienes en tus manos la quemante herida que te asfixia, / préstame un momento la llama que más arde.

Y en este horizonte forastero / en que el amor huele a cadáver / y a hedor de caracoles. / El viento, cual ostra marina, / guarda los mejores recuerdos de tanta ternura.

Velero contracorriente, poemario pletórico, henchido de elementos naturales: Agua, arena, ríos, ojos de agua, honduras, seres marinos, seres mitológicos; sentimiento humano: temores, esperanzas, dudas, memorias y nostalgia, amor. Pueblos, puertos, ciudades, faro, muelle, misterio. El cielo, el mar, la tierra, la naturaleza, el pasmoso cosmos. Aquí habitamos entre alucinaciones terrenales y entre ellas avanzamos a pesar de nuestra fragilidad humana.

Aquí se curva el horizonte / haciendo reveses al tiempo / Recogido como trenzas de tarde / estaba encogido en su cóncava nave, / en un ángulo próximo a ser besado por el horizonte.

¿Quién me estacionó en esta soledad; / entre las mágicas manos de los creadores / del tiempo y el agua?

El loco espejo grita de angustia / entre el reflejo del delirio / y su pálido abismo.

Poesía plena de imágenes y elementos, filosofía y misticismo; como la vida bien vivida, como la marea del mar o la llegada de los ríos: a raudales. El poeta 10 sabe, a veces la vida rueda, nos llega convulsionada como una turba, pero, a Dios gracias, siempre hay un puerto de tranquilidad: el arte; que nos permite descifrar, intuir tanta complejidad y caos, en el alma, para dirimir y vislumbrar nuestra estancia en la creación.

Tal vez mañana nos regalemos cuentos / en las montañas de nuestras vidas. / Tal vez mi madre resucite en ese vaivén / que viene y va en un barquito de papel.

Tal vez mañana las guerras se conviertan / en volcanes de paz ~Y noches de compañía, / y las canciones humildes de los pescadores / en cánticos de identidad.

Tal vez mañana podamos sembrar / árboles de cariño y nidos de fraternidad / con gorriones hechos de cristal/ y pentagramas de sinceridad.

Pintemos los mares con nuestros ojos, / los caminos con el amarillo del trigo / y nuestros viajes... cargados de veleros, / con el vuelo de nuestras sombras.

En nuestro mundo material hay dos elementos: el mar y el viento, dos gigantes planetarios, que poseen, para la poesía, un motivo notablemente estético, pero, para el espíritu una fuerza metafisica esencial y trascendente. Y, qué mejor que estos portentos para parangonarlos con la vida, la existencia y el destino; con la fluidez, la palabra reveladora y la vocación de Guillermo Torres; sucesos de vida que el poeta, con su voz vital los ennoblece y los eleva a la condición sublime de belleza, en una permanente oscilación de metáforas que multiplican la reflexión. Sin duda, su estilo se sitúa entre lo mejor de la poesía de nuestra patria.

Sé que recordar es dar múltiples vueltas / y al doblar las campanas el alma se agita. / Sin embargo, esperaré en cada insomnio de los muelles / tu pronto retorno en la agonía de las horas.

En las corrientes más profundas e intranquilas, / allí está tu casa y tu pena, / tu cauce y tu soledad. / Allí sola... viajas en tu nave eterna.

Me he cansado buscando el mar de mis ancestros. / Encima de las rocas, / debajo de las raíces de las auroras, / sólo encontré piedras fosilizadas, / metales olvidados, / retazos de madera, / silencios de tarde, / una inmensidad de huesos en las cavernas.

Sólo el viento sabe de nuestras penas / Cuando arrastró nuestra arena y nuestros sueños.

Guillermo Manuel Torres Ruiz, poeta cajamarquino para el mundo, nos invita en esta expedición a paladear la sal de los versos, surcar el agua poética y recibir el viento en el rostro como una oleada de vida, hecha poesía; porque, amigo lector:

Ahora... sólo tú sabes lo que es el gozo del agua salada.

Ahora... sólo tú sabes cómo agoniza el mar en la noche.

Carlos Ernesto Cabrera Miranda

Finalista en la X Bienal de cuento

Premio COPE

Poeta y Escritor Cajamarquino

Cajamarca Enero de 2016.

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N.R.: Expresamos nuestro sincero y público agradecimiento al escritor Guillermo Torres Ruiz por obsequiarnos un ejemplar de este precioso libro

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QUIROZ ASCURRA, Nelson. Llovizna y Recuerdo. Edición: BLA! Publicidad y Servicios Generales S.R.L. Abril 2016*. Cajamarca, Perú. Fondo Editorial de la MPC. Pág. 36. 21 x 14.7 cm.

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* Fecha de presentación.

 

PROLOGO

El poeta cajamarquino Nelson Quiroz Ascurra, me ha pedido personalmente que prologue su libro de poesía titulado: Llovizna y recuerdo. Esta tarea en forma muy particular la considero muy difícil para mí, por ser yo esencialmente narrador. No es el caso que no me guste la poesía. Podría aseverar que me encanta y no estaría mintiendo, porque leer considero que es uno de los placeres que sólo el ser humano puede llegar a saborear. Sin embargo, por muchas causas y factores, los seres humanos de ahora leen muy poco o, definitivamente, no leen ya nada, salvo quizás las "atrocidades lingüísticas" con las que suelen comunicarse en las redes sociales.

Leer y escribir son dos de las capacidades más maravillosas con las que el Supremo Hacedor ha podido equipar al cerebro humano, entendido este acto creativo de Dios como algo intencional mente diseñado para que deleite de su criatura más preciada: el hombre. Y ... es que, tanto leer como escribir, son goces espirituales tan sólo comparables con las habilidades intelectuales superiores de pensar e imaginar, ambas sin embargo, prerrequisitos esenciales para poder crear un texto cualquiera, sea éste verso o en prosa.

Puedo manifestar por todo eso, que he leído con goce y deleite muy especial: Llovizna y recuerdo de Nelson Quiroz. Sin embargo, después de paladear los quince poemas de su contenido, me di con la grata sorpresa de encontrarme con tres relatos cortos, sin llegar por esta característica, a poder ser consideradas en el género de "mini ficción". Para mí y para muchos, crear un relato de mini ficción es un quehacer tan complejo como crear una poesía y no me cabe la menor duda que para poder lograrlo, hay que "nacer con ese don". Según parece, otro tanto ocurre con un narrador. Resulta que hasta la fecha no he conocido todavía a alguien que, a base de ejercicio, de práctica o de ciertas rutinas, se haya convertido en un poeta o en un narrador, que produce en sus lectores sentimientos abiertos de alegría, risa, felicidad, melancolía o tristeza. Según mi apreciación, Nelson Quiroz es un poeta nato. Compruébelo usted por sí mismo, lea Llovizna y recuerdo.

El primer poema del libro está orientado a rendir merecida pleitesía a la Ciudad del Cumbe, su tierra natal y de la que se siente orgulloso. En el poema "Cajamarca" el autor le canta a esta histórica y bella ciudad, lo que los sentidos perciben y lo que el corazón llega a enraizar muy dentro del alma. Dice por ejemplo: En Cajamarca las nubes/ al atardecer se encienden/, besan tímidas al cerro/ y se marchan, de repente... En "Pueblito natal" le vence en cambio una ternura heredada de sus ancestros. Ello se hace objetivo y verificable cuando dice: En mi pueblito los años/ se olvidaron de pasar/ y los niños todavía/ acostumbran saludar... Podría decirse que algo similar ocurre en el caso de "Balconcito", "Despedida" y "Hoy estuve".

Más adelante en el poema "Quinde" el autor nos hace retroceder a aquel tiempo, en el que la maestra de jardín, nos hacía memorizar una poesía a la medida de nuestra edad, tan sólo de dos cuartetos, pero vibrantes y llenos de ternura para esa avecilla tan frágil y grácil, capaz de convertirse en helicóptero o en ladrón de néctares escondidos. "Buscándote" no es otra cosa que una gran pena cantada en versos tan lastimeros como: Serán los años los que tengan la palabra/, será el perfume de tu pelo duradero / te buscaré en mí, en algún sueño /, o me buscaré en los tuyos, cuando yo haya muerto. En "Cuando vuelvas" en contrapartida, aparece un atisbo de feliz esperanza cuando dice: no habrá poema más hermoso que tu pelo/, ni verso alguno que no anuncie tu regreso... cuando vuelvas/.

Podría decirse que Nelson Quiroz Ascurra en este libro, no se ha puesto a pensar en un público específico de lectores, que podrían ser los niños, las mujeres, los jóvenes o los adultos y viejos. En su libro hay de todo. Tan igual como le canta a "Las tululas", le canta al "Indio Pishgo" o al "Maestro Rural". Es tan versátil que tan pronto se baña de patriotismo en "Para mi patria" como se deja invadir hasta el tuétano por una nostalgia y una ternura indescriptibles en "Nuestra esquina" y en "La maestra", con la que concluye su poemario y en la cual confiesa: No quisiera recordar / el día de tu partida/, porque no sana la herida/ que dejaste en la memoria/, pero has escrito en mi historial una página sagrada/ de maestra enamorada/ de esa noble profesión/ que sacó del corazón/ el verdadero saber.

Las tres narraciones que aparecen al final de los poemas, al parecer, no hacen otra cosa que retro-traer al presente, una serie de recuerdos y experiencias infantiles, guardadas celosamente en ese cofre mágico que es la memoria de largo plazo, que comienza a funcionar divinamente recién cuando los años se acumulan irreversiblemente con los días cotidianos. En "Uñas largas" el autor denuncia con dolor la razón por la cual una alumna fue castigada inmerecidamente en la escuela. ¿La causa? No cortarse las uñas como las demás niñas. Pero... no se las cortaba, porque ayudaba a su madre a pelar los ajos que ella vendía en el mercado. En "Baile de promoción” por su parte, el autor nos conduce a esa época mágica en la que los sueños, a veces, se convierten en realidades increíbles y fascinantes. Finalmente, el equívoco y la exagerada preocupación por una evaluación al típico estilo tradicional lindando casi en lo escolástico, es el alma del relato "Examen de matemática".

En mi opinión, un gran esfuerzo el desplegado por Nelson Quiroz Ascurra para crear lo que hay dentro de este libro, que sólo puede ser recompensado con su lectura, pero como goce intelectual, jamás como una tarea del maestro de comunicación.

Wilson Izquierdo González

Escritor.

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N.R.: Expresamos nuestro sincero y público agradecimiento al escritor Nelson Quiroz Ascurra por obsequiarnos un ejemplar de este precioso libro

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CEDRÓN PLASENCIA, Juan Manuel. El Padre Rebaza, una vida al servicio de los demás. Segunda edición. Febrero 2016. Cajamarca, Perú. Fondo Editorial de la MPC. Pág. 144. 21 x 14.7 cm.

PROLOGO

En 1983, con ocasión de las "Bodas de Oro" de la creación política del Distrito de Chilete, publiqué Páginas a Chilete, incluyendo una pequeña biografía del R.P. Luis Rebaza Neira, que resulta para mí, una joya de valor incalculable, porque él mismo me dijo: "¿De dónde supiste mis datos; y para qué lo haces?" Fue una mera conversación llena de vida. Luego, años más tarde, me sugirió que sería bueno volver a publicar en imprenta, con algunas fotografías y diagramas para la mejor presentación del "librito" Páginas a Chilete (mimeografiado en 1983, en el Obispado), con motivo de las bodas de Plata del Colegio "Gran Guzmango Capac" de Chilete.

El Padre Rebaza no ha sido escritor; pero sí amante de apuntar hechos y actos importantes en los libros que usaba para inscribir bautismos o

matrimonios; allí, en la parte final hay muchos datos que sirven para que ordenadamente y con cuidado se anote la historia de estos pueblos. Si él hubiera escrito su obra diversa y múltiple, juntándola con toda su noble acción, auténtica y original de ayuda a los demás, de respetar hechos y formas heroicas de los gestores de la nación, de las culturas legendarias anteriores a nuestro imperio incaico; de las juventudes que él conoció; hubiese tenido la capacidad suficiente para llenar volúmenes. Mas su forma personal de ayuda a los demás ha hecho que su vida esté ocupada en el servicio que necesitaba la gente del pueblo y los jóvenes, y no le permitió la presentación de monumentales obras.

Su obra importante y efectiva, espiritual y material, en forma humilde y callada, mereció el reconocimiento del Pueblo de Dios.

En 1976, con motivo de las "BODAS DE PLATA" de su ordenación sacerdotal, el Grupo Pastoral de La Recoleta, con Víctor Ruitón y otros, le hicieron un pequeño homenaje y le obsequiaron un pergamino; acto que no dejó de ser un día más de labor por la honestidad y delicadeza del Padre Lucho".

Creo que no ha habido mayores homenajes que los de respete, ayuda y colaboración de todo el pueblo de Cajamarca, Contumazá, Chilete, Tembladera, Magdalena, Jesús y otros, a la obra, que de manera sencilla y silenciosa ha cumplido el Padre Rebaza.

Los cuarenta años de intensa labor y esfuerzo dedicados a los demás; los miles de estudiantes, amigos y fieles de distintos lugares, el haber compartido por muchos años la fraternidad y ser testigo de su fructífera y gran labor; me instan a tener que escribir estas páginas con amor, aprecio y gratitud a la obra y persona del R.P. Luis.

Con la alegría, cariño, respeto y amor que él siempre me demostró, dejo en manos de los lectores y amigos este libro que recoge hechos de la vida del Padre, y no encuentro otra denominación tan especial que ésta: "El Padre Rebaza, una vida al servicio de los demás".

Jesús, 25 de Abril de 1992

El Autor

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CABRERA MIRANDA, Carlos Ernesto. Los Colores del Cielo. Fondo Editorial de la Municipalidad Provincial de Cajamarca. Sexta edición. Enero 2016. Cajamarca, Perú. Pág. 108. 21 x 14.1 cm.

APUNTES

En "Los Colores del Cielo" encontramos tonos muy distintos; algunos vibrantes y alegres, otros sombríos y tristes. Hay cuentos que tocan en forma distinta la pregunta profunda de la existencia humana. "Cogito", ergo sum ", dijo Descartes: "Pienso, por lo tanto soy", es una traducción más exacta, en mi opinión que "Pienso y luego soy", y Carlos mete varios goles aquí. Vemos cómo el ser humano tiene que esconderse tras de los vestidos y los disfraces para que otros lo acepten; desnudos no somos aceptables, salvo a escondidas. También nos hundimos en el lodo de nuestros propios prejuicios y vicios. Sí, hay colores opacos, tonos tristes, mezclados con otros vibrantes y alegres.

Miguel Garnett

Cajamarca, Diciembre de 2001

Los cuentos que conforman Los Colores del Cielo reflejan un trabajo importante en la literatura nuestra. En el no sólo convergen acontecimientos singulares, sino el sello propio que su autor impregna: la visión filosófica de hermandad y fraternidad que parecerían alejarse cada día.

Los pueblos de la sierra norte del Perú tienen una riqueza propia y-por su misma naturaleza-tejida de acontecimientos tan reales como maravillosos que sorprenden a todo narrador sensible; allí se desarrollan las narraciones de este libro fecundo y necesario, lleno de sucesos aparentemente cotidianos, captados con gran precisión.

Los colores del cielo no son otros que los colores interiores, personales, reflejos del alma; su individualidad; colectivos, sociales y trascendentes.

William Guillén Padilla

Cajamarca, Enero de 2002

 

"Los Colores del Cielo" es más que un conjunto de relatos empezando por reconocer el diestro manejo de la palabra, que discurre cristalina, es la historia de un pueblo que en la vida diaria sabe añorar y soportar los embates de la guerra y la alegría. El difícil oficio de vivir es trasladado por Cabrera Miranda a la literatura en cuyo campo domina los gigantescos combates que por ella propone... Sin duda, su estilo lo instala entre lo mejor de nuestra narrativa.

Con la personalidad y el talento de un escritor como Carlos Ernesto Cabrera, "Los Colores del Cielo" se convierten en la revelación de un escritor valioso que enriquece la frondosa producción literaria de Hispanoamérica.

Reynaldo Naranjo

Lima, julio de 2007

 

"Barrio con lucidez de pesadilla al pie de los otros, esa alucinación que impone al espacio el unánime miedo de la sombra". Con estos versos de Jorge Luis Borges resumimos algunos relatos de Carlos Cabrera, que nos devuelven a nuestra niñez campestre con la savia de sus cuentos.

Carlos Cabrera Miranda, escritor al filo del rayo de la lucidez identitaria. Aguafuertes de tono coloquial, en el cual el paisaje humano del terruño se azucara y se vuelve serio con la filosofía cotidiana, citadina.

Aparecidos, compactados, reminiscencias, muertos vivientes, chascarrillos y enjundia palpitante, desfilan en los relatos de este buen narrador cajamarquino, quien destaca también por sus incursiones en los territorios del sueño... Saludamos, por medio de este escritor cajamarquino, a los narradores de nuestra región, empeñados en hacer del arte una verdadera ingeniería espiritual. Los colores del cielo es la pintura y la partitura de los acaeceres y recuerdos de nuestra tierra irredenta.

Miguel Arribasplata Cabanillas

Cajamarca, marzo de 2012

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N.E. La Sexta edición de Los Colores del Cielo no está prologada, lleva en cambio, los comentarios de algunos connotados escritores. Expresamos nuestro sincero y público agradecimiento al escritor Carlos Cabrera Miranda por obsequiarnos un ejemplar de este precioso libro.

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ZEVALLOS, Andrés. Cuentos del Tío Lino. Duodécima edición. Lluvia Editores SRL., 2016. Lima, Perú. Pág. 266. 30.5 x 20.5 cm.

NOTA EXPLICATIVA A LOS CUENTOS DEL TÍO LINO

En los más apartados rincones del mundo, y quizá por esa misma reconditez, es posible encontrar personas capaces de captar matices no percibidos de su medio ambiente para elaborar con ellos pequeñas historias que parecerían intrascendentes, destinadas tan sólo a divertir a las gentes. Sin embargo, esas creaciones humildes contienen mucho del alma colectiva de su comunidad y constituyen el primer contacto del niño con el mundo de lo maravilloso desde donde parte ya la ficción literaria.

Contumazá es un pequeño mundo serrano con características propias donde lo telúrico y lo humano se han compenetrado tanto  que es imposible desligarlos. Su territorio provincial se extiende desde las tierras bajas, lindantes con los valles y arenales costeños, hasta más arriba de los cuatro mil metros de altitud. Entre estos dos extremos tiene cabida una variedad de paisajes que incluye parte de los valles del Jequetepeque, al norte, y

del Chicama, al sur; ascendiendo por laderas eriazas, donde la sequía es un fenómeno casi permanente, encontramos quebradas al fondo de las cuales el hombre ha creado pequeños oasis entre pedrones y barrancos. Más arriba, donde esporádicamente cae alguna lluvia, anualmente el tesón humano extiende retazos labrantíos que de enero a junio dan al paisaje una nota de color cambiante. Por encima de los tres mil metros está la jalca, donde el viento y el frío hacen dura la vida; pero allí están los minerales de plata, los pastos de raíz para apacentar el ganado en tiempo de escasez, y allí también están los manantiales que dan origen a los ríos.

Por las venas de la mayoría de los contumacinos corre una mezcla proporcionada de sangres nativa y española; sin embargo, hay casos en que predomina la primera, acompañada de apellidos como Namoc, Cabosmalón, Culquichicón, etc. En el segundo caso encontramos familias enteras con rasgos y apellidos típicamente hispanos, como Muguerza, Murrugarra, Nureña, Plasencia, Alva, etc., que difícilmente pueden encontrarse en el resto del Perú si no es por ascendencia contumacina.

Los idiomas nativos han desaparecido prácticamente de esta zona, persistiendo sólo algunos topónimos quechuas y muchos otros de origen mochica; así pues el castellano es el idioma generalizado dentro del cual podemos encontrar escasos aportes nativos.

Así, es significativo el hecho de que el Tío Lino llame a su compañera Chuspe que en quechua quiere decir mosca. Dicho apodo sugiere la referencia a una persona pequeña, morena y vivaz; es decir una nativa. En cambio, don Lino León parece haber tenido mucho de español, pues casi todos los habitantes de Cosiete son blancos y barbados.

Durante la Colonia, y hasta las dos primeras décadas del Siglo XX, la arriería fue un oficio muy difundido entre los contumacinos debido a que el pueblo de San Mateo de Contumazá está ubicado geográficamente al promediar el camino entre Cajamarca, ciudad importante desde mucho antes de 1532, y Trujillo, que Pizarro fundara estratégicamente para facilitar su comunicación marítima. Sin embargo, las actividades básicas de la región siempre fueron la agricultura y la ganadería, no obstante que, por razones obvias, nunca alcanzaron un desarrollo importante.

Esta somera referencia al medio ambiente contumacino puede ayudarnos a comprender al Tío Lino y sus cuentos.

Lino León no es un personaje mítico; fue un hombre de carne y hueso, semejante a los Pretel, a los Sánchez, a los Nureña y León que aún pueblan Cosiete, lugar donde trabajó como agricultor y en el que, probablemente, también nació.

Cosiete es un acogedor paraje situado a unos ocho kilómetros al sur de Contumazá. Bajando unos doscientos metros de ladera desde la carretera a Cascas, hay una planicie semejante a una repisa desde donde se puede contemplar una vasta perspectiva de contrafuertes escalonados que se diluyen en la bruma densa de la atmósfera costeña. Hace treinta años frecuentábamos este lugar donde siempre nos pareció percibir el espíritu del Tío Lino; indagando por la ubicación de su casa nos indicaron un sitio hacia la derecha del camino de herradura que baja a Jandón, promediando la parte llana; allí encontramos vestigios de una construcción de piedra y adobe entre unos arbustos de pincullo. Seguramente que sus ocupaciones y preocupaciones eran semejantes a las de sus paisanos actuales: la siembra, la cosecha, el ganado, los negocios, la arriería; pero también las inquietudes ciudadanas en atención a las cuales estampó su firma en documentos que nos han permitido ubicarlo como un ciudadano que vivía en Contumazá hace unos cien años; sólo se distinguió de sus contemporáneos en aquello que dijimos al principio: en ser un fabulador. Sus cuentos concretan las preocupaciones y problemas lugareños, algunos de los cuales, al tornarse apremiantes, merecen soluciones drásticas; entonces es cuando el humor del Tío Lino los despoja de su dramaticidad dándoles soluciones tangenciales tan simplistas que mueven a risa abierta.

Es proverbial el sentido de humor contumacino; sin embargo requiere cierta iniciación para entenderlo a cabalidad, puesto que mayormente gira sobre expresiones idiomáticas de origen quechua o yunga, y otras, quizá más numerosas, conformadas por arcaísmos hispanos. Las plantas y los animales, tanto domésticos como silvestres, los fenómenos geográficos -sobre todo geológicos y metereológicos- están siempre presentes en la trama de historias, chistes, cuentos, alusiones y apodos.

Podemos, pues, pensar en una humorística contumacina cuyo más destacado representante vendría a ser el Tío Lino. Siguiendo el mismo estilo estaría el Tío Canchungas de quien, desgraciadamente, no contamos con datos. Seguidamente consideraríamos a don Alberto Díaz, abuelo materno del laureado poeta Mario Florián. De don Alberto conocemos algunos cuentos que a pesar de seguir la línea del Tío Lino, dejan traslucir la originalidad del autor.

Nos fue dado tratar personalmente a don Abel Castillo, más conocido como Abel Poncho, quien nos contó algunos cuentos que hoy se publican; él también los creaba dentro del estilo del maestro pero con una vis cómica singular.

Tratándose de literatura oral, es indudable que la narración en sí haya sufrido cambios desde cuando don Lino León contaba sus cuentos a los muchachos que solían juntarse alrededor suyo en las gradas del coro de la iglesia. Por ese motivo no puede, pues haber una versión oficial, estereotipada, por cuanto estos cuentos pertenecen ya al folklore, es decir que están sujetos a la influencia del tiempo, lugar y personas; así es por ejemplo, en San Benito hay una versión del cuento titulado “El macho moro” según el cual el Tío Lino viajaba por allí hacia Ascope y que fue en la Encañada de Shimba donde se dio cuenta que estaba sobre un venado. Quizá si el propio don Lino adecuaba las circunstancias cuando en determinado lugar le solicitaban contar sus cuentos, cosa que posiblemente sucedía a menudo.

Debemos lamentar la posible pérdida de muchos cuentos, quizá por olvido colectivo, pues no creemos que los pocos que han perdurado representen toda la creación del Tío Lino cuya capacidad de improvisación se advierte fácilmente. Además de los quince que hoy presentamos, tenemos imprecisas referencias de otros sobre cuya forma definitiva estamos pendientes. Hay otros que le han sido atribuidos, como aquel en que un puma se llevó la antara del Tío Lino prendida bajo la cola. Este cuento, que aparece en el libro Los Cuentos del Tío Lino publicado en 1941, por el Dr. Fidel A. Zárate en Lima, fue recogido por nosotros como creación de don Alberto Díaz.

Hemos escrito estos cuentos1 en atención a la solicitud de muchos amigos que nos ha oído contarlos, entre ellos recordamos especialmente a José María Arguedas cuya desaparición frustró una grabación que deseaba hacer de ellos.

Ha sido preocupación nuestra conservar la forma coloquial, manteniendo giros y modismos de la región, tal y como llegó a nosotros. A fin de facilitar su cabal comprensión entre quienes no son precisamente contumacinos y teniendo en cuenta que los lectores rurales prefieren textos ilustrados sobre temas campesinos, a cada cuento le hemos hecho una ilustración. En estos dibujos hemos procurado dar un ambiente más o menos identificable con el escenario de los hechos narrados; así el cuento “La penitencia” pretende reconstruir la antigua torre del campanario de Contumazá con un balcón a modo de puente y al fondo la arquería del Cabildo, ahora desaparecidos. Para ello nos hemos valido de un dibujo del siglo XIX que pertenece al libro que sobre sus viajes por América publicó en París el viajero francés Charles Wienner.

Con esta publicación queremos rendir homenaje al Tío Lino en ocasión de los difusos cien años que han pasado desde cuando andaba por estos caminos derramando creaciones para solaz de las gentes.

Andrés Zevallos

Cajamarca, marzo de 1980

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AGRADECIMIENTO

Al presentar la primera edición de Cuentos del Tío Lino, lamentábamos que fueran sólo quince los que se publicaban, y prometíamos estar pendientes de dar forma a aquellos de los cuales sólo teníamos algún vago recuerdo infantil o imprecisas referencias1. Con este objeto, en junio de 1985, hicimos una visita a Contumazá, donde nos fue posible tomar contacto con gente que conserva este acervo como una manifestación de identidad contumacina.

Cotejando las distintas versiones oídas, hemos procurado extraer de este nuevo conjunto aquellos elementos que, a nuestro juicio, hacen posible una mejor expresión del espíritu del Tío Lino.

Con esto no pretendemos adjudicarnos la exclusividad en la interpretación de la narrativa “linesca” ya que, tratándose de una expresión que pertenece al folklore, cada quien tiene el derecho de contar estos cuentos a su manera.

Entre nuestros numerosos informantes recordamos de manera especial a doña Isaura Mostacero Bazán, nacida en 1899, cuyo padre, don Isaías Mostacero, solía contarle los cuentos que había escuchado de boca del propio Tío Lino en circunstancias que este y el padre de don Isaías tenían sus respectivos "arriendos" en Cosiete.

A doña Magna Nureña, Directora de la Escuela de La Banda; y a don Pedro Florián Espinoza, secretario del Concejo Provincial de Contumazá.

Expresamos nuestra gratitud a estas y a todas las generosas personas que nos han ayudado a hacer realidad esta edición, la que posteriormente será ampliada en formato especial.

Andrés Zevallos

Cajamarca, 1997

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N.R.: Expresamos nuestro sincero y público agradecimiento al Dr. Esteban Quiroz Cisneros por obsequiarnos un ejemplar de este precioso libro, editado bajo su sello de Lluvia Editores SRL.

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