Carátulas de libros de Cajamarca - 2016

 

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Los libros –en físico- son fuente inagotable de cultura

existen desde tiempos inmemoriales y seguirán

existiendo hasta la consumación del mundo,

son apreciados sin distinción de clases,

tanto por el mensaje que ofrecen en sus páginas

como por el formato y calidad de los materiales…

 

Aperturamos nuestra sección Carátulas de libros de Cajamarca – 2016

con el libro “Cuentos del Tío Lino” del Prof. Andrés Zevallos de la Puente,

un gran artista plástico y escritor cajamarquino que en este 2016

celebra el centenario de su nacimiento y le expresamos

nuestra más sincera felicitación.

 

 Cajamarca, 17 de febrero de 2016

 

Juan C. Paredes Azañero

Director de CaSu

 

QUIROZ CASTAÑEDA, Eugenia. Las coplas cajamarquinas, Canto de carnaval del norte del Perú. Primera Edición, noviembre 2016. Lima, Perú. Impreso J.C. Mundo del color E.I.R.L. Pág. 112. 20.7 x 14.4 cm.

Algunas palabras

La música y la poesía son siempre aliadas, desde el tiempo de los griegos, cuando los poetas se llamaban aedas, los que cantan, como Homero precisamente. En la Edad Media, las antologías de poesía se nombraban cancioneros, como el célebre Cancionero de Baena. Los grandes líricos, como Dante, Petrarca o Garcilaso, escribían canciones, y así llamó también Mariano Melgar a sus composiciones. Muerto en 1815, sus canciones desde 1868 tomaron el nombre de yaravíes, poemas para ser cantados. Hay una tradición en distintos puntos del Perú, de estirpe anónima, que recoge composiciones que son escritas expresamente para el canto. Esta tradición es reconocida en la academia universitaria y tiene notables logros como las célebres cumananas de Piura o las coplas de Cajamarca, a las que Eugenia Quiroz Castañeda ha dedicado muchos esfuerzos que ahora el público puede

leer y atesorar. Generalmente se trata de cuartetas bien rimadas en octosílabos y que tienen como característica común el humor y la picardía; acompañadas del bordoneo de la guitarra suelen recitarse en las ferias populares y en las festividades religiosas o patrióticas. Forman, sin duda, parte de nuestro acervo literario y merecen reproducirse y apreciarse. Libros como el que ahora tiene el lector en sus manos, contribuyen a mantener y acrecentar una vigorosa y centenaria tradición.

Marco Marios


Presentación

La Escuela Nacional Superior de Folklore José María Arguedas presenta el libro La copla cajamarquina. Cantos de carnaval del norte del Perú, de Eugenia Quiroz Castañeda, investigadora cajamarquina, teniendo en cuenta que nuestro patrimonio cultural tradicional y popular es muy valioso para conocer nuestra compleja pero rica cultura nacional.

En esta publicación se rescata un florilegio de coplas de Cajamarca, lo que significa que se rescatan textos multidiscursivos compuestos por música, danza y canto. La copla cajamarquina se canta, se musiquea (hacer música) y se baila.

La presencia de la copla en el Perú y Latinoamérica, merece mayores estudios porque necesitamos entender el alma y el ser latinoamericanos. El hecho de comprobar su vigencia en casi todos los países latinoamericanos, corrobora que la poesía popular tiene mayor vitalidad que la poesía libresca de moda, que surge cada vez como un movimiento nuevo y luego se extingue, tal como sucedió con el barroquismo, el costumbrismo y el romanticismo. Las particularidades de cada territorio, de cada cultura, de cada geografía y de cada sociedad, hicieron que la copla adquiriese personalidad en cada espacio latinoamericano. No podía ser de otro modo, pues la poética coplera se hizo muy americana. Salvo el caso argentino, los otros casos de vigencia de la copla en Latinoamérica, son más bien expresiones de los sectores populares urbanos.

El caso más notable de la copla latinoamericana es el de Argentina, más precisamente el del norte de este país, pues la fusión hispano-andina generó la baguala, la vidala y la tonada; todas sumergidas profundamente en el sentimiento y pasión andina del norte argentino. Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa, Jorge Cafrune, entre otros cantores del “folklore” argentino, no son pura casualidad; crecieron en medio de un frondoso intertexto nativo y mestizo

La copla peruana, seguramente llegó de manos de la soldadesca conquistadora, y de alguna manera, estos versos rimados quedaron sembrados en el alma de los mestizos peruanos. La copla peruana es una vieja reminiscencia poética popular transformada en género poético-musical. Siendo el canto una vital necesidad humana, la copla cantada le dio al mestizo un medio de expresión de su conflictivo mundo interior, le dio expresión a sus dos mundos culturales: el indio y el foráneo.

La copla cajamarquina tiene su particular expresión, entre andina y urbana mestiza. Andina, porque recuerda los textos quechuas de contrapunto que se canta en los carnavales de la zona Chanka (Huancavelica, Ayacucho y Apurímac), en alguna medida la misma que se describe en las crónicas de Guamán Poma[1] (wawku taki, haylli, etc. 1980: T. I, 288-301). Las letras de las coplas cajamarquinas de carácter erótico picaresco son la versión en castellano de las letras quechuas de los cantos de carnaval erótico Chanka; ambos de contrapunto hombre mujer. La parte urbana mestiza, por su forma es de ascendencia hispana, tanto por el idioma, el castellano, y por celebrarse en la temporada de carnavales.

El genio creativo del coplero cajamarquino, por su instantaneidad, musicalidad contextualizada y su poética, pone en nuestra literatura peruana a una de las más virtuosas poéticas de nuestro país. La copla cajamarquina es, por supuesto, una de las mejores coplas del Perú. Merece nuestra atención muy especial.

Isaac Huamán Manrique

Director de Investigación

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[1] Guamán Poma de Ayala, Felipe. El primer nueva crónica y buen gobierno. México, Siglo xxi, 1980.


Introducción

La poesía popular ha sido estudiada desde diferentes enfoques, y se la ha relacionado, casi siempre, con la música, la danza y el teatro. Estas representaciones artístico-culturales forman una unidad; es decir, están dentro de un mismo contexto, siendo esta una de las razones por las que la poesía popular en nuestro país ha recibido pocas veces un tratamiento teórico global. Sin embargo, se debe señalar que los estudios de casos específicos brindarán a la larga el material necesario para realizar la síntesis crítica de una poesía que tiene, algunas veces, filiación milenaria.

Por otro lado, existe una restricción geográfica que singulariza a la poesía andina, expresada con acompañamiento de música. Vale decir que se ha privilegiado casi siempre a la que es producida en lengua quechua, en el centro y sur andino. La poesía andina y su forma musical en la sierra norte, al igual que otras manifestaciones culturales de esta región, son aún poco estudiadas y esto contribuye a excluirlas de toda evaluación de conjunto.

Lo que aquí presentamos ahora es una síntesis de nuestra tesis “La copla cajamarquina: Las voces del carnaval” (1997), en la que, como parte central, hemos desarrollado un estudio sobre las coplas que se cantan en la celebración festiva (el carnaval), realizada en los meses de febrero o marzo. Confieso que han sido estas breves canciones las que alegraron mi niñez y mi adolescencia. Cuando hemos realizado la tesis, hallamos la oportunidad de poder unir aquel regocijo personal con la rigurosidad de la formación académica que hemos recibido en las aulas sanmarquinas. Cabe destacar que muchas de estas coplas se vienen cantando año tras año y han sido publicadas por compositores y recopiladores, en forma autor al o anónima.

El objetivo principal de nuestra investigación ha sido vislumbrar una interpretación de las coplas del carnaval de Cajamarca como un caso de la creación artística verbal de la región andina del norte del país, con los riesgos que tiene asumir un estudio que no cuenta con muchos antecedentes, pero que, por ello, se vuelve necesario.

En el presente libro damos una definición de lo que entendemos como copla, teniendo en cuenta a algunos autores y presentamos un conjunto de coplas, en las que podemos ver que han mantenido su forma o estructura, desde que llegaron al Perú con los conquistadores españoles, pero que su contenido se adecua de acuerdo al ambiente, al pensamiento y al sentir del poblador del lugar en donde se reproducen cada año.

No hubiera sido posible la publicación de este libro sin el auspicio y la generosa colaboración de la Escuela Nacional Superior de Folklore José María Arguedas y, en particular, el interés del Director de Investigación Isaac Huamán Manrique (poeta e investigador de la poesía quechua), a quienes les debo las gracias infinitas. En especial agradezco a quien fue mi asesor de tesis y por citarme en sus textos que publica, al catedrático de la UNMSM Gonzalo Espino Relucé. Al gran poeta y maestro Marco Marios, por alentarme siempre a que siga en la literatura. A Manuel Larrú, admirado maestro y amigo, especialista en literatura oral quechua, por sus invalorables aportes iniciales y sus consejos; y a Johan Travezaño por darme ánimos y compartir temas afines.

La autora.

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N.R.: Expresamos nuestro sincero y público agradecimiento a la Lic. Eugenia Quiroz Castañeda, por obsequiarnos un ejemplar de cada uno de sus dos libros publicados.

 

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PEREYRA TERRONES, Jorge. Los nanocuentos que siempre quise contar. Primera Edición, noviembre 2016. Cajamarca, Perú. Martínez Compañón Editores S.R.L. Pág. 128. 22.6 x 15.8 cm.

Palabras del autor

Nací en el año del Dragón, en el Centro Histórico de Cajamarca, y viví mis primeros años en el jirón Atahualpa, en donde aprendí muchas cosas que quizás no debía.

Hice la primaria en diversos centros educativos porque siempre me trompeaba a la salida de la escuela. Y después que me expulsaron del Colegio Militar "Ramón Castilla" de Trujillo, por no aceptar las impertinencias de un cadete de año superior, culminé la secundaria en el glorioso colegio San Ramón de Cajamarca. Allí estudié cosas tan prácticas como Educación Cívica, Lógica y Religión. Pero lo que más ansiaba era escaparme del aula a efecto de jugar fulbito o para leer a Vallejo y Arguedas bajo la sombra de un eucalipto.

Volvieron a expulsarme de la Escuela Militar de Chorrillos, no terminé Sociología en la UNC, tampoco culminé la carrera de Periodismo en el Instituto Jaime Bausate y Meza, pero trabajé como articulista en la página editorial del diario La Crónica, donde gané un Premio Nacional de Periodismo, hasta que me deportaron a México durante la dictadura de Morales Bermúdez.

En la capital mexicana laboré en el diario El Universal, dirigí la revista Textual de humanidades y ciencias sociales de la Universidad Autónoma de Chapingo y trabajé como investigador en el Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo.

Como corresponsal de guerra para diferentes cadenas noticiosas televisivas, cubrí las guerras civiles de Nicaragua y El Salvador, en las que estuve a punto de convertirme en una víctima más de las que diariamente reportaba.

Luego viajé a Estados Unidos donde me desempeñé como reportero, productor y presentador de noticieros en las cadenas televisivas de Univisión, Telemundo, Fox y NBC.

He vivido la vida que quise vivir y practiqué también algunos oficios inconfesables. Publiqué asimismo varios libros y artículos, y he viajado demasiado por el mundo debido a guerras, huracanes y terremotos. Me he casado cinco veces (no hay quinto malo), tengo dos hijas y dos hijos, y de vez en cuando toco guitarra, canto, y escribo cuentos y poemas.

Sigo empeñado en buscar la justicia social y la justa distribución de la riqueza. También amo profundamente a mi tierra, Cajamarca, y defiendo su medio ambiente y la limpieza de la naturaleza.

Esto no cae muy bien en el egoísta mundo neoliberal actual en el que vivimos, en donde se valora más la propiedad que la inteligencia. Y tanto la razón como el talento son combatidos visceralmente por la estupidez de los mediocres.

Creo en la dialéctica, en la paradoja, en la virtud de imaginar y de soñar con un mundo mejor y diferente al que nos ha tocado vivir.

En pocas palabras, soy un hombre de un tiempo que aún no llega.

Jorge Pereyra

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Prólogo

Jorge Pereyra fue aplazando por algún tiempo la escritura de estos cuentos; hasta que decidió no posponer más la plasmación de su inventiva. Comprendió que era tiempo de adentrase en aquel mundo mágico que revoloteaba en su interior, bullía buscando escaparse en el cauce de la palabra artística; sus sensaciones y percepciones pugnaban por aflorar.

Sin duda la creación literaria es producto de una fragua multidimensional que se agita sincrónicamente: la experiencia o vivencia, la emoción o sensibilidad, la creatividad o inventiva, la imaginación o fantasía y la palabra oral o escrita.

De dicha cantera espiritual ha brotado este conjunto de cuentos breves que lleva por título LOS nanoCUENTOS QUE SIEMPRE QUISE CONTAR.

Esta obra contiene cuarenta y cinco relatos cortos. Sin abundar en detalles interpretativos, podemos sintetizar -siguiendo la secuencia- la naturaleza de cada uno de ellos:

Calle sangrienta. Es un cuento truculento, trágico, conmovedor. Censura. Lleva implícita la censura interna del escritor, el censor interior que lucha con la invención en la búsqueda de formas y temas narrativos.

Círculo vicioso. Encierra el simbolismo de la vida sin salida;

cuando se cierran los caminos, se apaga la vida; cuando no encontramos a los demás, la vida se apaga en sombras. Desapariciones en la oficina. La atmósfera de misterio se tiñe de sugerente sensualismo.

El cloaquero. Es un relato no solo cacósmico sino cacómico. El mensaje está en que no importa lo escatológico si se salva lo ecológico.

El collar de los besos. El misterio y el fetichismo son superados por el humor: el protagonista imanta besos femeninos, pero rechaza el beso punzante del bigote masculino.

El fantasma del abismo. Aflora el fantasma interior del personaje narrador; su temor a la curva del camino se convierte en torbellino de realidad y ficción.

El fugitivo. La estructura narrativa se ha reducido a la mínima expresión. El ahorro expresivo sugiere que no hay más que decir, pues," para un buen entendedor, bastan pocas palabras".

El loro usurpador. Más allá de la ocurrencia humorística, resulta implícita la sátira dirigida a los usurpadores.

El principio y el final. Tiene riqueza conceptual; en una línea está definido lo que es la novela.

Entrevista con Dios. Es una forma de expresar la angustia humana y la debilidad para persistir en la fe.

Espionaje cibernético. Sugiere los riesgos cibernéticos.

Evanescencia. Combina lo expositivo con lo narrativo para presentar la desaparición de los seres.

Focos modernos. Se insinúa el realismo mágico.

La habitación de mi hija. Es un relato de ficción; son los demonios internos que aparecen en la visión fantasmagórica.

La nota. En la misma línea del relato anterior, el espejismo asalta al narrador.

Las "combis" invisibles. Nos devuelve a la realidad de las combis conducidas por salvajes temerarios e irresponsables.

Lectura vespertina. Es un relato onírico e introspectivo.

Limpieza química hogareña. Texto expositivo-argumentativo, con final conclusivo y sugerente.

Líos parlamentarios. Presenta la realidad política del congreso peruano.

Locura de amor. Sentencia poética que podría entronizarse como frase célebre.

Los diablos$ desempleados. Es una alegoría o perfil exótico de satánicos políticos ayayeros.

Marketing funerario. El humor burlón ante la cegadora de vidas.

El abuelo terrorista. En el perfil del abuelo se gráfica la acción secreta del terrorismo.

Mi entierro. Curioso mandato para sus funerales.

Muerto en vida. Retrato del hombre muerto en vida.

Muñecas de porcelana. Ficción y personificación de las muñecas. Página en blanco. Especulación sobre la palabra como creación estética que da vida a los personajes literarios.

Pistolero de bar. Interesante relato sobre cambio de personalidad por influjo de indumentaria ajena, acaso semejante a cuando uno escribe con lapicero ajeno: nuestra caligrafía se deja llevar por la caligrafía ajena.

Regalos inesperados. Relato psicológico. Los fantasmas persiguen la imaginación del autor.

Robot. Cuento logrado por su originalidad creativa. Capcioso por el rol de los protagonistas. Insinuante de la espectacularidad tecnológica en que se confunden la humanidad y el automatismo, el hombre y el androide, con fino ingrediente humorístico.

Ruta al cielo. Extraña forma de morir y de elevarse a la mansión del más allá; es la manera de perder la conciencia y de viajar a otros mundos. Posiblemente San Pedro se encargará del peritaje técnico del accidente y del reporte policial luego del dosaje etílico. Simulacro de divorcio. Sátira a la ingenuidad y la burocracia. Vampirismo. Es una forma de hacer el amor con humor.

Viejos criminales. Relata lo que podrían ser capaces de hacer los ancianos que sufren la injusticia social: es la protesta del bastón.

De manera general podemos decir que en estos relatos de Jorge Pereyra se perciben fácilmente el humor y la ironía; cada relato se cierra con un renglón o un párrafo redondo, sugerente. Cada historia tiene su identidad, impulsada por el soplo personal e íntimo; la originalidad radica en decir lo propio; lo que dice Jorge Pereyra está en correspondencia con lo que le caracteriza.

Aunque sonriamos escépticos ante lo que nos cuenta, resultamos asumiéndolo, y por tanto nos hemos convertido en cómplices de lo acaecido. Si el final del relato impacta por lo sorprendente y provoca una reacción emocional, es porque -como decía Julio Cortázar- "ha ganado por knock out, a diferencia de la novela que gana por puntos".

En los cuentos de Jorge Pereyra se advierte con claridad la estructura cerrada, la concisión y la economía de recursos narrativos. Poseen una lograda forma sintética de presentar situaciones, sin extenderse en la profusión analítica propia de la novela.

Para el autor, en los nanorrelatos o cuentos de pocas palabras no importa tanto lo que se dice, sino lo que se deja de decir. Es un relámpago que fragmenta la historia pera dejar en libertad la imaginación del lector. Si la atmósfera creada predomina sobre el suceso narrado, generando alguna ambigüedad, esta debe ser resuelta por el lector.

Por tanto, quien lee los nanocuentos de Jorge Pereyra debe convertirse en un lector activo, porque detrás del texto el autor está guiñando socarronamente. En auxilio de quien se siente desconcertado surge el para texto, como es el título del relato, para completar o precisar lo que no se dice.

Jorge cultiva de manera concisa los microrrelatos y los nanorrelatos, cuya estructura evita explicaciones y amplificaciones, y, por consiguiente, el lector común se convierte en un lector minifictivo. Con razón alguien definió: "El nanocuento: un enano mentiroso".

Finalmente, podemos decir que en estos nanocuentos hay un carácter ficcional que permite al autor reconstruir la realidad para hacernos creer sus mentiras a medias. En otras palabras, ¡qué manera de inventar mentiras para decimos las verdades!

Luzmán Salas Salas

Cajamarca, Navidad del 2014.

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Proemio

La historia de "El Loro Usurpador", un loro borracho, que figura en la colección de "Los nanoCuentos que Siempre Quise Contar", ofrecida ahora por el amigo Jorge Pereyra, me ha llevado a pensar en la borrachera.

Supongo que la borrachera es una experiencia conocida para la mayoría de los lectores de este prólogo, y los que son expertos en la materia saben que hay borracheras y borracheras -yo también lo sé aunque no pretendo ser un experto, sino solo un aficionado de vez en cuando-.

Hay la borrachera que viene lentamente conforme el bebedor avanza de copa en copa tomando siempre el mismo licor. Pasa por la memoria triste: las decepciones amorosas, las traiciones de los amigos, los fracasos económicos, etc., y luego, si todo va bien, viene la euforia. Ya el bebedor es el capo, ya triunfa, ya puede todo y ya tendrá gran éxito en la vida.

Pero hay otra borrachera que es bastante diferente y resulta de tomar rápida y alegremente distintos licores, uno tras otro: cerveza, ron, pisco, whisky. Aquí, la habitación comienza a dar vueltas y el piso se convierte en una montaña rusa cuando se hace el intento de caminar hacia el baño; se confunden a la suegra con la querida. Las caras de los compañeros del trago van cambiándose: algunas se alargan y otras se aplanan; aquella de un amigo simpático se convierte en el rostro de un perro o de un gato cariñoso, y, si hay suerte, una vieja fea se convierte en una ninfa seductora.

Sí, seamos honestos, la experiencia es buena, pero luego, al día siguiente parece que la Banda Municipal se haya adueñada de la cabeza y no recordamos nada. Total, esta borrachera nos deja noqueados.

Ahora, apliquemos eso a "Los nanoCuentos" de Jorge Pereyra. "Si los leemos, uno por uno lentamente, uno por día, es como tomar un buen licor a sorbitos. Se lo puede saborear el cuento, reír, pensar, o reflexionar. Pero, si leemos todo el libro a un solo porrazo, esto es como la borrachera con licores variados, y el peligro es que no disfrutemos de los distintos cuentos que son muy diferentes entre sí. Habrá una diversión efímera, pero no se disfrutará a fondo. Al fin de cuentas, una cosa es disfrutar del trago y otra cosa es simplemente emborracharse.

Jorge nos ha creado un mundo fantástico de lo que hay que gozar; es un mundo donde las combis son invisibles, donde la censura es estúpida -bueno, casi siempre ha sido así, pero aquí llega al límite de la estupidez-, donde la gente desaparece como por arte de magia, y donde el excremento es un elixir de la vida mientras un perfume huele a mierda y casi mata.

Hay una reflexión sobre la violencia que aflige nuestra sociedad en el primer cuento, y hay una mirada a la naturaleza en "Navegando Sobre Las Nubes". El "Círculo Vicioso" se puede leer como una alegoría de hacer trámites en El Perú y me hace pensar en una de las obras de Charles Dickens donde el autor describe "La Oficina de Circunlocución" en que nada nunca se resuelve. Y se puede decir lo mismo del cuento "Líos Parlamentarios". Hay el humor, a veces mordaz, como en "Los Diablos Desempleados", y en "La Importancia de Llamarse Alimenerio"; mientras hay lo inverosímil, como en "El Collar De Los Besos " y "Las Bodas Otoñales De Don Augusto Gil".

La muerte está muy presente en cuentos como "El Fantasma Del Abismo", "Marketing Funeraria", "Mi Entierro", y "Ruta Al Cielo". "El Pishgo Que Mataba Palomas" es como un largo cuento al estilo Tío Lino.

La "Entrevista Con Dios" me parece ser el retrato bastante fiel de mis propios intentos de conversar con el Todopoderoso, que es como pedir una entrevista con uno de nuestros alcaldes, gobernadores, o ministros, porque ellos siempre se esconden detrás de una cortina de humo compuesto de secretarios, consejeros, y personas de confianza que sólo sirven para estorbar. "Espionaje Cibernético” es un tanto escalofriante porque indica cual vulnerable cualquiera de nosotros puede ser cuando se trata de las mañas de los mañosos de toda laya, sean del aparato oficial del estado, sean de los criminales dedicados al lavado de activos.

"La Belleza de la Utopía" suena la nota de esperanza y optimismo que corre como un riachuelo subterráneo debajo de estos "nanoCuentos”.

Claro está, hay muchos cuentos más que el manojo que he mencionado aquí -cuarenta y cinco en total, donde mucho está al revés o de cabeza -como debe ser cuando la imaginación goza de rienda suelta-.

Esta es la libertad que Jorge Pereyra se da a sí mismo y nos invita a gozar del mundo loco que él ha creado. Entonces, lea usted este libro de "nanoCuentos" de a pocos, no de un solo porrazo, y saboreando cada cuento.

Miguel Garnett

Cajamarca, agosto del 2016.

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N.R.: Expresamos nuestro sincero y público agradecimiento al escritor Jorge Peryra Terrones por obsequiarnos un ejemplar de este interesante libro.

 

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SALAZAR, Jorge Luis. Aramy. Intimidad despojada en busca del Derecho a la Identidad. Primera Edición, octubre 2016. Lima, Perú. Editora y Librería Jurídica Grijley E.I.R.L. Pág. 92. 21 x 14 cm.

 

Aceptar lo que no está establecido parece fastidiar y avergonzar a los demás. Vivimos en una sociedad enfrentada por defender sus posturas sobre lo bueno, lo malo y lo que -tal vez- podría ser aceptado. "Tenemos que ser inclusivos", aseguran algunos; "no podemos ir en contra de lo establecido por Dios", defienden otros. Pero quién puede definir lo que es y no es, lo malo o bueno. La sociedad delimita, pero, ¿puedo acaso saltar esas barreras?, ¿decidir no pertenecer ni a uno ni a otro? Me dijeron que tengo derechos, que debo de luchar por ellos, así que no pienso rendirme. Mientras debatan si puedo encajar en esta sociedad y vivir sin limitaciones, mientras tanto, seré ARAMY.

Contracarátula. Aramy. Intimidad despojada en busca del Derecho e Identidad.

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GOICOCHEA CRUZADO, Antonio. Retacitos de vida. Primera Edición Príncipe, agosto 2016. Cajamarca, Perú. Pág. 146. 20.6 x 14.4 cm.

A MANERA DE PRÓLOGO

Retacitos de vida, consta de tres partes: Retacitos de vida "Desfaciendo entuertos" y Bocetos de Ensayos. La primera está dividida en Retacitos de Vida de Pisadiablos, Retacitos de Vida Cajachos, Retacitos de Vida Shilicos y Retacitos de Vida en el Plancad, que en sí son anecdotarios. "Desfaciendo entuertos", son aproximaciones de cómo veo la vida y Bocetos de ensayo, son intentos de incursionar en el género en referencia.

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua la define de este modo: "Anécdota, una relación, ordinariamente breve, de algún rasgo o suceso particular más o menos notable", tiene como principales atributos la agudeza, el gracejo o el donaire de sus protagonistas; ellas han surgido en el acontecer de sucesos de trascendencia e importancia o han brotado al calor de diálogos fugaces. Sus matices pueden ser tantos cuentas sean las circunstancias en que tienen ocurrencia".

La anécdota es la radiografía que nos devela la gracia, la galanura, el gracejo de los pobladores de un lugar en un momento históricamente determinado, dibujando su idiosincrasia. La anécdota, es por tanto, la manifestación del ingenio e inteligencia socio-personal.

Así como en el pueblo se conoce a los personajes más pe o "chapas" que por sus nombres, así más se conoce la personalidad de los personajes por sus anécdotas, que por los estudios que de ellos se haga.

San Miguel y demás provincias de Cajamarca, tienen un frondoso corpus de anécdotas, las que ocurrieron en sus momentos propicios y atizados por la perspicacia de los participantes, que vía la oralidad se mantiene con vida, aunque con riesgo a que muera al paso del tiempo, ese es el albur que se corre si no se las escribe. Este caudal anecdótico es inagotable, solo que cada generación cuenta las suyas y por ello sus efectos. Y formarán parte  de la oralidad “pisadiabla”  mientras alguien en San Miguel, las repita, las cuente. Cada generación es dueña de su historia. Nosotros de la nuestra y los jóvenes de la suya. Pero todos saboreamos con la misma delectación. Que cuando las generaciones den espacio a las que vienen, otras serán las anécdotas que se cuenten. Porque las generaciones nuevas tienen también sus nuevas anécdotas y que las cuentan con picardía, salero y no poca malicia.

Nuestra oralidad humorística es múltiple, de diversos matices, que pintan coraje, talento e ingenio, inocentes, rosadas, verdes y hasta rojas es abundante. Desde tiempos idos se ha transmitido de esa manera, pero plasmadas en escrito son escasas o no conocidas.

Nuestro repertorio histórico, literario y humorístico es sumamente múltiple, rico y variado. Desde remotos tiempos se nos ha transmitido, en forma oral, infinidad de anécdotas en las que podemos valorar el carácter, la agudeza de sus protagonistas; ellas han surgido en el acontecer de sucesos de trascendencia e importancia o han brotado al calor de diálogos fugaces. Sus matices pueden ser tantos, cuantas sean las circunstancias en que tienen ocurrencia. Las encontramos con rasgos que encarnan sublimidad de ánimo o también se nos presentan con expresiones de simple pasatiempo o frivolidad. Contamos, pues, con anécdotas que van desde aquellas que revisten verdaderos coloridos de nobleza, de coraje, de talento o ingenio, hasta aquellas que pudiéramos llamar de carácter vulgar o escatológico. En fin, como alguien lo anotara, existen anécdotas que son verdades y verdades que pueden ser anécdotas.

Mediante el relato del episodio anecdótico nos es dado estimar la personalidad de un hombre determinado, la idiosincrasia de un pueblo y las costumbres de una comunidad, el alma de una región. Como que la anécdota es una especie de radiografía que nos da a conocer el salero de ciertas ocurrencias que afloran en determinados momentos históricos, políticos y geográficos, o en el cotidiano discurrir de la sociedad. Se ha dicho, de igual modo, que "el pueblo conoce más a los personajes por sus anécdotas que por el estudio consciente de sus obras". Igualmente, creemos que para gozar y recrearse con el ayer lejano o con la época que uno vive, nada mejor que hacerlo al calor y al sabor picante de las manifestaciones festivas. La anécdota, sin la menor duda, es la manifestación por excelencia del ingenio, que perdura a lo largo de todos los tiempos.

No tengo dudas de que definir la idiosincrasia de un pueblo es siempre tarea ardua. Si cada persona es un mundo y lo son cada pueblo y ciudad y hasta cada barrio de la misma, qué decir de un pueblo entero. Cada pueblo es lo que es. No se trata de hacer juicios, sino de tratar de entender las señales que caracterizan a un pueblo, como hace la antropología, sin juicios de valor. He oído muchas veces la frase: "Sólo un sanmiguelino... ", como diciendo esto es típico de un "pisadiablo", lo que no quiere decir que ese rasgo o ese "no sé qué" que se nos revela como de San Miguel de Payacques, no se pueda encontrar también en algún otro lugar. En Contumazá dicen lo mismo de los contumacinos y en San Pablo dicen igual de los chalaquinos, no hay como los shilicos, dicen los cendendinos.

Recordemos que de no existir esas diferencias antropológicas, caracteriales, culturales y hasta genéticas, todos los pueblos serían aburridamente iguales. En la diversidad está la riqueza, de ahí el peligro de una cierta globalización mal entendida que puede acabar borrando la riqueza de la diversidad. Los antropólogos siempre han pensado que las anécdotas son siempre reveladoras ya que suelen ser la mejor fotografía de la índole de un pueblo.

La idiosincrasia es un conjunto de características hereditarias o adquiridas que definen el temperamento y carácter distintivos de una persona o un colectivo. Identifica las similitudes de comportamiento en las costumbres sociales, en el desempeño profesional y en los aspectos culturales. Las relaciones que se establecen entre los grupos humanos según su idiosincrasia son capaces de influir en el comportamiento individual de las personas, aun cuando no se esté convencido de la certeza de las ideas que se asimilan en masa. Por extensión, este término es utilizado para identificar amplios grupos de personas sin especificar cada detalle que los relaciona entre sí. También se utiliza para enfatizar las diferencias entre personas de diversos orígenes y costumbres.

La idiosincrasia cambia o evoluciona en coherencia con el avance del tiempo. Como peruanos somos producto de todas las sangres, como diría don José María Arguedas y mucho más antes don Ricardo Palma que de indios, de mandingas, de españoles, todos tenemos un poco, nuestra cholitud es evidente. Esta mescla de arquetipos hace nuestra idiosincrasia. Nuestra particular forma de ser. Una mixtura de razas la motejan otros.

El "humor es un modo de expresión o juicio que resalta el lado cómico o risueño de las cosas. El concepto refiere a la jovialidad, agudeza o genio para reír y hacer reír." "El humor nos ayuda a hacer más llevaderos los momentos más difíciles de la vida", "No tolero a la gente que atiende de mal humor ", "Con un poco de humor, todo es más fácil"

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IZQUIERDO GONZÁLEZ, Wilson Alfieri. ¡Acacaucito... mi Marañón. Primera edición, Enero 2016. Cajamarca, Perú. Fondo Editorial de la MPC. Talleres Gráficos de C&J Impresiones E.I.R.L. Pág. 108. 21 x 14.4 cm.

 

PRÓLOGO DEL AUTOR

"Acacaucito" es el diminutivo de "acacau" que significa "pobrecito" pero no en su nivel de acepción de "pobre en dinero o bienes" sino en son de lástima, de conmiseración o de pena. Cuando Quintiliano Chávez Pereyra exclama: "Acacaucito... mi Marañón" al observar la inmensidad del mar en Pacasmayo, eso es justamente lo que nos quiere decir. Para él, que su Marañón era un río enorme, fabuloso e incomparable, encontrarse frente a un mar que no tiene fin y que va más allá del horizonte, es algo que no sólo lo deja sin palabras sino que le hace sentir una lástima profunda y sincera por su río, al verificar que con respecto al mar, era casi nada. Severiana Augusta Díaz Pereyra en cambio, más práctica y sencillona para este tipo de cosas, sólo atina a decir: "¡ahhh burro aguada!".

Es presumible que todo lo que se narra en el primer cuento de este libro tenga su origen en alguna anécdota que, como tal, es real y verídica. Sin embargo, las descripciones, los personajes, los escenarios y los diálogos, entre otras cosas, son de hechura del autor. Se cuenta igualmente por ejemplo, que cuando en Huacapampa (distrito de Celendín) instalaron allí por primera vez el pantófono, el hijo de una respetable señora del lugar viajó hasta Lima, por la penosa ruta que se describe que hicieron Quintiliano y Severiana. Al no encontrar mejor manera de contarle a su madre que había llegado bien a su destino, utilizó este novísimo servicio. Cuando su madre acercó el auricular de este aparato al oído, y al escuchar a su hijo hablarle por éste, sólo atinó a decir: "alo, alo..." porque la empleada del telégrafo le había instruido que así tenía que contestar, y se cayó "putum" al suelo patas arriba, desmayada por esa indescriptible estupefacción.

Así como estas anécdotas -la de Quintiliano y la del pantófono- existen en la realidad no una sino miles de situaciones que, tratadas adecuadamente pueden convertirse en cuentos e historias divertidas. En este libro, ese es el caso también de "La pusanga", "La venganza de la monja", "A la prima se le arrima" y "El bueno y el malo". En cambio en "Timoteo", "El brazalete negro", "Sicario de nacimiento" y "Shushupe warmi", la "historia" narrada es puramente ficcional y no corresponde ni tiene su origen, necesariamente, en un hecho o situación anecdótica de la vida cotidiana, sino que ha sido aderezada con esos ingredientes para que tengan cierta verosimilitud.

La "pusanga" es un brebaje que, en la selva más que en cualquier otra región del país, opera por la creencia de la gente como algo que logra resultados amatorios y de enamoramiento realmente asombrosos. Se parece en cierto modo al "sígueme, sígueme" de algunos lugares en particular, aunque no es su equivalente. Como se puede verificar, ese es el título del segundo cuento y como podrá verificar leyendo el libro, se trata de una divertida historia de cómo el efecto de esta pócima resulta produciendo resultados contrarios a los deseados por uno de los protagonistas.

En "Timoteo", la tercera historia de este libro, se trata de "explicar" por qué la Minera Yanacocha parece que se encuentra de espaldas al pueblo de Cajamarca y por qué la gente de este pueblo generoso y noble, "aborrece" a la mina ya los "mineros", cuyas mujeres y ellos mismos andan por sus calles insultando a la pobreza con sus carrazos cuatro por cuatro. Otra de las historias que pretende "explicar" desde la ficción literaria el "por qué" de ciertas conductas incomprensibles de la gente que nos rodea, es "Sicario de nacimiento”. Averiguarlo es a lo que nos reta este libro. Igualmente, "Shushupe warmi" obviamente no es una historia divertida como las demás, se trata de una intrincada trama donde las bajezas humanas salen a relucir y donde una mujer resulta como víctima.

Las demás narraciones, se da por descontado, que sí cuentan con el aderezo del humor y la picardía humana. "A la prima se le arrima" no puede tratarse de algo serio. Eso resulta obvio. De modo similar "La venganza de la monja" se espera que ha de arrancarles una sonrisa, lo mismo que "El bueno y el malo".

El autor.

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N.R.: Expresamos nuestro sincero y público agradecimiento al escritor Wilson Izquierdo Gonzáles por obsequiarnos un ejemplar de este precioso libro.

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TORRES RUIZ, Guillermo Manuel. Velero contracorriente. Primera edición, Enero 2016. Cajamarca, Perú. Fondo Editorial de la MPC. Talleres Gráficos de C&J Impresiones E.I.R.L. Pág. 100. 20.9 x 14.4 cm.

PRÓLOGO

Una metáfora, una oda a la vida se encuentra en este velero que navega contracorriente. Guillermo Torres Ruiz nos conduce en este viaje marino por recovecos del turquí. La nave personificada sufre en la travesía y nos trae imágenes desoladas, donde se aprecia en su lenguaje literario las acciones con los cinco sentidos, con ello él logra que podamos sentir la brisa, mirar las naves pesqueras surgir de una lejanía, deleitarnos con las salinas escarchas lamiendo la playa; en su lírica hasta el oído se deleita.

El vate con su pluma se convierte en escultor, erige magistralmente al agua en monumento, en una viajera, en navío. Se observa a un hombre anclado al muelle de evocaciones... que mira el horizonte, sombreado con los colores del pincel que habita en su mirada.

Juega con la palabra, la lleva al mutismo, al estado de alegría al igual le convierte en lágrima, en viento y

la misma palabra lo transporta a los nidales del cosmos; nos encontramos con un poeta en cuya voz escuchamos a las ninfas pronunciar desde una metamorfosis, hasta cánticos acompañados de una lira, cuerdas que, a todo trance, embelesan al oído en la cadencia del verso.

Conforme se adentra en estas letras se vive la melancolía que el bardo trasmite. Abrir las páginas de este libro es descubrir la aurora en diversos tonos purpúreos, porque en el texto hay la semblanza de un suelo y sus mares, de un hombre y el océano.

Se deja ver en su metáfora como Una luz deshoja la alborada, golpeando con sus cascos las aguas del mar...

Entre distancia, el silencio y las palabras... Guillermo Torres Ruiz nos comparte cual forma de vivir en los márgenes del mar, desde habitantes que duermen al arrullo de las cadente s aguas nocturnas hasta un albor anunciando el hacer del pescador que el poeta se detiene a mirar. Un retrato de sus costas se encuentra en su versar, y un sentimiento donde él profundiza con la fuerza del vocablo en los cambios del ayer y el ahora: Todos jugaban como niños, olvidándose de ser mayores... y consterna su plusvalía al comparar los tiempos distantes del presente, al de la realidad que hoy nos aqueja en el mundo.

Guillermo Torres Ruiz, vate de Latinoamérica nos convoca a través del VELERO CONTRACORRIENTE a conocer La ternura del mar, a ver como las palabras se hacen olas y a escucharlas: reventando como estallidos en los puertos de su poesía.

María Dolores Reyes Herrera

H. Tlapacoyan, Veracruz, México.

Enero 07 del 2016

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PRESENTACIÓN

Navegar contracorriente, en un velero, no es atreverse temerariamente; significa conocer el entorno, los factores que inciden en el periplo; asimismo hacerlo con maestría, contar con las virtudes, la habilidad y el conocimiento del mar, del viento, de los arcanos secretos que se cruzan en la travesía, entre otras cualidades de la persona que se aventura en la inmensidad.

Asimismo, en la poesía: este mar de palabras, sentimientos, olas y vaivenes, requiere del entendimiento, el talento, la capacidad y la competencia para llegar al puerto deseado.

Guillermo Torres Ruiz, es el maestro, el timonel de este velero. Sabe manejar la palabra, ondear su estilo, adentrarse en el misterio de las olas y el vasto, a veces arcano, lenguaje del mar literario. Su experiencia y sus virtudes de gran poeta y declamador, le permiten aprovechar el viento de la inspiración poética para llegar a un nuevo puerto: el puerto del triunfo poético. Desde allí nos entrega este vital poemario galardonado en los Juegos Florales Horacio Zeballos 2013.

Sin embargo, hay que aclararlo, este premio es uno de tantos y merecidos lauros obtenidos. Trotamundos de la palabra, de la poesía, de la narración, la declamación y la oratoria. Con sus dotes, dueño de una pluma prodigiosa, vocación pedagógica, y sensibilidad de padre, hermano y amigo, conoce y ha conquistado muchos puertos: los puertos del triunfo artístico, de la madurez poética y la integridad personal, principalmente.

Mi verso crece, / se contagia del helado ventarrón / y las palabras se hacen olas / reventando cual estallidos / en los tantos puertos de mi poesía.

Esta nueva obra, Velero contracorriente, que consta de dos secciones: Entre el mar y la memoria y Muelle de recuerdos, es una estación de arte, plasticidad y sentimiento. Desde este muelle, gracias a su palabra y sus imágenes poéticas, podemos ver el horizonte humano: el alba, el cenit, el crepúsculo. Aquí se evidencia el esfuerzo, aún a contracorriente, para vencernos y triunfar sobre nosotros mismos, en la dura batalla en el mar de la vida. Dolor, soledad y magia también navegan en las letras buscando los umbrales de la eternidad.

Vida: describe me los ojos que tiene la melancolía / y después obséquiame el sufrimiento que llevas en tu boca, / y si sostienes en tus manos la quemante herida que te asfixia, / préstame un momento la llama que más arde.

Y en este horizonte forastero / en que el amor huele a cadáver / y a hedor de caracoles. / El viento, cual ostra marina, / guarda los mejores recuerdos de tanta ternura.

Velero contracorriente, poemario pletórico, henchido de elementos naturales: Agua, arena, ríos, ojos de agua, honduras, seres marinos, seres mitológicos; sentimiento humano: temores, esperanzas, dudas, memorias y nostalgia, amor. Pueblos, puertos, ciudades, faro, muelle, misterio. El cielo, el mar, la tierra, la naturaleza, el pasmoso cosmos. Aquí habitamos entre alucinaciones terrenales y entre ellas avanzamos a pesar de nuestra fragilidad humana.

Aquí se curva el horizonte / haciendo reveses al tiempo / Recogido como trenzas de tarde / estaba encogido en su cóncava nave, / en un ángulo próximo a ser besado por el horizonte.

¿Quién me estacionó en esta soledad; / entre las mágicas manos de los creadores / del tiempo y el agua?

El loco espejo grita de angustia / entre el reflejo del delirio / y su pálido abismo.

Poesía plena de imágenes y elementos, filosofía y misticismo; como la vida bien vivida, como la marea del mar o la llegada de los ríos: a raudales. El poeta 10 sabe, a veces la vida rueda, nos llega convulsionada como una turba, pero, a Dios gracias, siempre hay un puerto de tranquilidad: el arte; que nos permite descifrar, intuir tanta complejidad y caos, en el alma, para dirimir y vislumbrar nuestra estancia en la creación.

Tal vez mañana nos regalemos cuentos / en las montañas de nuestras vidas. / Tal vez mi madre resucite en ese vaivén / que viene y va en un barquito de papel.

Tal vez mañana las guerras se conviertan / en volcanes de paz ~Y noches de compañía, / y las canciones humildes de los pescadores / en cánticos de identidad.

Tal vez mañana podamos sembrar / árboles de cariño y nidos de fraternidad / con gorriones hechos de cristal/ y pentagramas de sinceridad.

Pintemos los mares con nuestros ojos, / los caminos con el amarillo del trigo / y nuestros viajes... cargados de veleros, / con el vuelo de nuestras sombras.

En nuestro mundo material hay dos elementos: el mar y el viento, dos gigantes planetarios, que poseen, para la poesía, un motivo notablemente estético, pero, para el espíritu una fuerza metafisica esencial y trascendente. Y, qué mejor que estos portentos para parangonarlos con la vida, la existencia y el destino; con la fluidez, la palabra reveladora y la vocación de Guillermo Torres; sucesos de vida que el poeta, con su voz vital los ennoblece y los eleva a la condición sublime de belleza, en una permanente oscilación de metáforas que multiplican la reflexión. Sin duda, su estilo se sitúa entre lo mejor de la poesía de nuestra patria.

Sé que recordar es dar múltiples vueltas / y al doblar las campanas el alma se agita. / Sin embargo, esperaré en cada insomnio de los muelles / tu pronto retorno en la agonía de las horas.

En las corrientes más profundas e intranquilas, / allí está tu casa y tu pena, / tu cauce y tu soledad. / Allí sola... viajas en tu nave eterna.

Me he cansado buscando el mar de mis ancestros. / Encima de las rocas, / debajo de las raíces de las auroras, / sólo encontré piedras fosilizadas, / metales olvidados, / retazos de madera, / silencios de tarde, / una inmensidad de huesos en las cavernas.

Sólo el viento sabe de nuestras penas / Cuando arrastró nuestra arena y nuestros sueños.

Guillermo Manuel Torres Ruiz, poeta cajamarquino para el mundo, nos invita en esta expedición a paladear la sal de los versos, surcar el agua poética y recibir el viento en el rostro como una oleada de vida, hecha poesía; porque, amigo lector:

Ahora... sólo tú sabes lo que es el gozo del agua salada.

Ahora... sólo tú sabes cómo agoniza el mar en la noche.

Carlos Ernesto Cabrera Miranda

Finalista en la X Bienal de cuento

Premio COPE

Poeta y Escritor Cajamarquino

Cajamarca Enero de 2016.

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N.R.: Expresamos nuestro sincero y público agradecimiento al escritor Guillermo Torres Ruiz por obsequiarnos un ejemplar de este precioso libro

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QUIROZ ASCURRA, Nelson. Llovizna y Recuerdo. Edición: BLA! Publicidad y Servicios Generales S.R.L. Abril 2016*. Cajamarca, Perú. Fondo Editorial de la MPC. Pág. 36. 21 x 14.7 cm.

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* Fecha de presentación.

 

PROLOGO

El poeta cajamarquino Nelson Quiroz Ascurra, me ha pedido personalmente que prologue su libro de poesía titulado: Llovizna y recuerdo. Esta tarea en forma muy particular la considero muy difícil para mí, por ser yo esencialmente narrador. No es el caso que no me guste la poesía. Podría aseverar que me encanta y no estaría mintiendo, porque leer considero que es uno de los placeres que sólo el ser humano puede llegar a saborear. Sin embargo, por muchas causas y factores, los seres humanos de ahora leen muy poco o, definitivamente, no leen ya nada, salvo quizás las "atrocidades lingüísticas" con las que suelen comunicarse en las redes sociales.

Leer y escribir son dos de las capacidades más maravillosas con las que el Supremo Hacedor ha podido equipar al cerebro humano, entendido este acto creativo de Dios como algo intencional mente diseñado para que deleite de su criatura más preciada: el hombre. Y ... es que, tanto leer como escribir, son goces espirituales tan sólo comparables con las habilidades intelectuales superiores de pensar e imaginar, ambas sin embargo, prerrequisitos esenciales para poder crear un texto cualquiera, sea éste verso o en prosa.

Puedo manifestar por todo eso, que he leído con goce y deleite muy especial: Llovizna y recuerdo de Nelson Quiroz. Sin embargo, después de paladear los quince poemas de su contenido, me di con la grata sorpresa de encontrarme con tres relatos cortos, sin llegar por esta característica, a poder ser consideradas en el género de "mini ficción". Para mí y para muchos, crear un relato de mini ficción es un quehacer tan complejo como crear una poesía y no me cabe la menor duda que para poder lograrlo, hay que "nacer con ese don". Según parece, otro tanto ocurre con un narrador. Resulta que hasta la fecha no he conocido todavía a alguien que, a base de ejercicio, de práctica o de ciertas rutinas, se haya convertido en un poeta o en un narrador, que produce en sus lectores sentimientos abiertos de alegría, risa, felicidad, melancolía o tristeza. Según mi apreciación, Nelson Quiroz es un poeta nato. Compruébelo usted por sí mismo, lea Llovizna y recuerdo.

El primer poema del libro está orientado a rendir merecida pleitesía a la Ciudad del Cumbe, su tierra natal y de la que se siente orgulloso. En el poema "Cajamarca" el autor le canta a esta histórica y bella ciudad, lo que los sentidos perciben y lo que el corazón llega a enraizar muy dentro del alma. Dice por ejemplo: En Cajamarca las nubes/ al atardecer se encienden/, besan tímidas al cerro/ y se marchan, de repente... En "Pueblito natal" le vence en cambio una ternura heredada de sus ancestros. Ello se hace objetivo y verificable cuando dice: En mi pueblito los años/ se olvidaron de pasar/ y los niños todavía/ acostumbran saludar... Podría decirse que algo similar ocurre en el caso de "Balconcito", "Despedida" y "Hoy estuve".

Más adelante en el poema "Quinde" el autor nos hace retroceder a aquel tiempo, en el que la maestra de jardín, nos hacía memorizar una poesía a la medida de nuestra edad, tan sólo de dos cuartetos, pero vibrantes y llenos de ternura para esa avecilla tan frágil y grácil, capaz de convertirse en helicóptero o en ladrón de néctares escondidos. "Buscándote" no es otra cosa que una gran pena cantada en versos tan lastimeros como: Serán los años los que tengan la palabra/, será el perfume de tu pelo duradero / te buscaré en mí, en algún sueño /, o me buscaré en los tuyos, cuando yo haya muerto. En "Cuando vuelvas" en contrapartida, aparece un atisbo de feliz esperanza cuando dice: no habrá poema más hermoso que tu pelo/, ni verso alguno que no anuncie tu regreso... cuando vuelvas/.

Podría decirse que Nelson Quiroz Ascurra en este libro, no se ha puesto a pensar en un público específico de lectores, que podrían ser los niños, las mujeres, los jóvenes o los adultos y viejos. En su libro hay de todo. Tan igual como le canta a "Las tululas", le canta al "Indio Pishgo" o al "Maestro Rural". Es tan versátil que tan pronto se baña de patriotismo en "Para mi patria" como se deja invadir hasta el tuétano por una nostalgia y una ternura indescriptibles en "Nuestra esquina" y en "La maestra", con la que concluye su poemario y en la cual confiesa: No quisiera recordar / el día de tu partida/, porque no sana la herida/ que dejaste en la memoria/, pero has escrito en mi historial una página sagrada/ de maestra enamorada/ de esa noble profesión/ que sacó del corazón/ el verdadero saber.

Las tres narraciones que aparecen al final de los poemas, al parecer, no hacen otra cosa que retro-traer al presente, una serie de recuerdos y experiencias infantiles, guardadas celosamente en ese cofre mágico que es la memoria de largo plazo, que comienza a funcionar divinamente recién cuando los años se acumulan irreversiblemente con los días cotidianos. En "Uñas largas" el autor denuncia con dolor la razón por la cual una alumna fue castigada inmerecidamente en la escuela. ¿La causa? No cortarse las uñas como las demás niñas. Pero... no se las cortaba, porque ayudaba a su madre a pelar los ajos que ella vendía en el mercado. En "Baile de promoción” por su parte, el autor nos conduce a esa época mágica en la que los sueños, a veces, se convierten en realidades increíbles y fascinantes. Finalmente, el equívoco y la exagerada preocupación por una evaluación al típico estilo tradicional lindando casi en lo escolástico, es el alma del relato "Examen de matemática".

En mi opinión, un gran esfuerzo el desplegado por Nelson Quiroz Ascurra para crear lo que hay dentro de este libro, que sólo puede ser recompensado con su lectura, pero como goce intelectual, jamás como una tarea del maestro de comunicación.

Wilson Izquierdo González

Escritor.

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N.R.: Expresamos nuestro sincero y público agradecimiento al escritor Nelson Quiroz Ascurra por obsequiarnos un ejemplar de este precioso libro

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CEDRÓN PLASENCIA, Juan Manuel. El Padre Rebaza, una vida al servicio de los demás. Segunda edición. Febrero 2016. Cajamarca, Perú. Fondo Editorial de la MPC. Pág. 144. 21 x 14.7 cm.

PROLOGO

En 1983, con ocasión de las "Bodas de Oro" de la creación política del Distrito de Chilete, publiqué Páginas a Chilete, incluyendo una pequeña biografía del R.P. Luis Rebaza Neira, que resulta para mí, una joya de valor incalculable, porque él mismo me dijo: "¿De dónde supiste mis datos; y para qué lo haces?" Fue una mera conversación llena de vida. Luego, años más tarde, me sugirió que sería bueno volver a publicar en imprenta, con algunas fotografías y diagramas para la mejor presentación del "librito" Páginas a Chilete (mimeografiado en 1983, en el Obispado), con motivo de las bodas de Plata del Colegio "Gran Guzmango Capac" de Chilete.

El Padre Rebaza no ha sido escritor; pero sí amante de apuntar hechos y actos importantes en los libros que usaba para inscribir bautismos o

matrimonios; allí, en la parte final hay muchos datos que sirven para que ordenadamente y con cuidado se anote la historia de estos pueblos. Si él hubiera escrito su obra diversa y múltiple, juntándola con toda su noble acción, auténtica y original de ayuda a los demás, de respetar hechos y formas heroicas de los gestores de la nación, de las culturas legendarias anteriores a nuestro imperio incaico; de las juventudes que él conoció; hubiese tenido la capacidad suficiente para llenar volúmenes. Mas su forma personal de ayuda a los demás ha hecho que su vida esté ocupada en el servicio que necesitaba la gente del pueblo y los jóvenes, y no le permitió la presentación de monumentales obras.

Su obra importante y efectiva, espiritual y material, en forma humilde y callada, mereció el reconocimiento del Pueblo de Dios.

En 1976, con motivo de las "BODAS DE PLATA" de su ordenación sacerdotal, el Grupo Pastoral de La Recoleta, con Víctor Ruitón y otros, le hicieron un pequeño homenaje y le obsequiaron un pergamino; acto que no dejó de ser un día más de labor por la honestidad y delicadeza del Padre Lucho".

Creo que no ha habido mayores homenajes que los de respete, ayuda y colaboración de todo el pueblo de Cajamarca, Contumazá, Chilete, Tembladera, Magdalena, Jesús y otros, a la obra, que de manera sencilla y silenciosa ha cumplido el Padre Rebaza.

Los cuarenta años de intensa labor y esfuerzo dedicados a los demás; los miles de estudiantes, amigos y fieles de distintos lugares, el haber compartido por muchos años la fraternidad y ser testigo de su fructífera y gran labor; me instan a tener que escribir estas páginas con amor, aprecio y gratitud a la obra y persona del R.P. Luis.

Con la alegría, cariño, respeto y amor que él siempre me demostró, dejo en manos de los lectores y amigos este libro que recoge hechos de la vida del Padre, y no encuentro otra denominación tan especial que ésta: "El Padre Rebaza, una vida al servicio de los demás".

Jesús, 25 de Abril de 1992

El Autor

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CABRERA MIRANDA, Carlos Ernesto. Los Colores del Cielo. Sexta edición. Enero 2016. Cajamarca, Perú. Fondo Editorial de la MPC. Pág. 108. 21 x 14.1 cm.

APUNTES

En "Los Colores del Cielo" encontramos tonos muy distintos; algunos vibrantes y alegres, otros sombríos y tristes. Hay cuentos que tocan en forma distinta la pregunta profunda de la existencia humana. "Cogito", ergo sum ", dijo Descartes: "Pienso, por lo tanto soy", es una traducción más exacta, en mi opinión que "Pienso y luego soy", y Carlos mete varios goles aquí. Vemos cómo el ser humano tiene que esconderse tras de los vestidos y los disfraces para que otros lo acepten; desnudos no somos aceptables, salvo a escondidas. También nos hundimos en el lodo de nuestros propios prejuicios y vicios. Sí, hay colores opacos, tonos tristes, mezclados con otros vibrantes y alegres.

Miguel Garnett

Cajamarca, Diciembre de 2001

Los cuentos que conforman Los Colores del Cielo reflejan un trabajo importante en la literatura nuestra. En el no sólo convergen acontecimientos singulares, sino el sello propio que su autor impregna: la visión filosófica de hermandad y fraternidad que parecerían alejarse cada día.

Los pueblos de la sierra norte del Perú tienen una riqueza propia y-por su misma naturaleza-tejida de acontecimientos tan reales como maravillosos que sorprenden a todo narrador sensible; allí se desarrollan las narraciones de este libro fecundo y necesario, lleno de sucesos aparentemente cotidianos, captados con gran precisión.

Los colores del cielo no son otros que los colores interiores, personales, reflejos del alma; su individualidad; colectivos, sociales y trascendentes.

William Guillén Padilla

Cajamarca, Enero de 2002

 

"Los Colores del Cielo" es más que un conjunto de relatos empezando por reconocer el diestro manejo de la palabra, que discurre cristalina, es la historia de un pueblo que en la vida diaria sabe añorar y soportar los embates de la guerra y la alegría. El difícil oficio de vivir es trasladado por Cabrera Miranda a la literatura en cuyo campo domina los gigantescos combates que por ella propone... Sin duda, su estilo lo instala entre lo mejor de nuestra narrativa.

Con la personalidad y el talento de un escritor como Carlos Ernesto Cabrera, "Los Colores del Cielo" se convierten en la revelación de un escritor valioso que enriquece la frondosa producción literaria de Hispanoamérica.

Reynaldo Naranjo

Lima, julio de 2007

 

"Barrio con lucidez de pesadilla al pie de los otros, esa alucinación que impone al espacio el unánime miedo de la sombra". Con estos versos de Jorge Luis Borges resumimos algunos relatos de Carlos Cabrera, que nos devuelven a nuestra niñez campestre con la savia de sus cuentos.

Carlos Cabrera Miranda, escritor al filo del rayo de la lucidez identitaria. Aguafuertes de tono coloquial, en el cual el paisaje humano del terruño se azucara y se vuelve serio con la filosofía cotidiana, citadina.

Aparecidos, compactados, reminiscencias, muertos vivientes, chascarrillos y enjundia palpitante, desfilan en los relatos de este buen narrador cajamarquino, quien destaca también por sus incursiones en los territorios del sueño... Saludamos, por medio de este escritor cajamarquino, a los narradores de nuestra región, empeñados en hacer del arte una verdadera ingeniería espiritual. Los colores del cielo es la pintura y la partitura de los acaeceres y recuerdos de nuestra tierra irredenta.

Miguel Arribasplata Cabanillas

Cajamarca, marzo de 2012

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N.E. La Sexta edición de Los Colores del Cielo no está prologada, lleva en cambio, los comentarios de algunos connotados escritores. Expresamos nuestro sincero y público agradecimiento al escritor Carlos Cabrera Miranda por obsequiarnos un ejemplar de este precioso libro.

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ZEVALLOS, Andrés. Cuentos del Tío Lino. Duodécima edición. Lluvia Editores SRL., 2016. Lima, Perú. Pág. 266. 30.5 x 20.5 cm.

NOTA EXPLICATIVA A LOS CUENTOS DEL TÍO LINO

En los más apartados rincones del mundo, y quizá por esa misma reconditez, es posible encontrar personas capaces de captar matices no percibidos de su medio ambiente para elaborar con ellos pequeñas historias que parecerían intrascendentes, destinadas tan sólo a divertir a las gentes. Sin embargo, esas creaciones humildes contienen mucho del alma colectiva de su comunidad y constituyen el primer contacto del niño con el mundo de lo maravilloso desde donde parte ya la ficción literaria.

Contumazá es un pequeño mundo serrano con características propias donde lo telúrico y lo humano se han compenetrado tanto  que es imposible desligarlos. Su territorio provincial se extiende desde las tierras bajas, lindantes con los valles y arenales costeños, hasta más arriba de los cuatro mil metros de altitud. Entre estos dos extremos tiene cabida una variedad de paisajes que incluye parte de los valles del Jequetepeque, al norte, y

del Chicama, al sur; ascendiendo por laderas eriazas, donde la sequía es un fenómeno casi permanente, encontramos quebradas al fondo de las cuales el hombre ha creado pequeños oasis entre pedrones y barrancos. Más arriba, donde esporádicamente cae alguna lluvia, anualmente el tesón humano extiende retazos labrantíos que de enero a junio dan al paisaje una nota de color cambiante. Por encima de los tres mil metros está la jalca, donde el viento y el frío hacen dura la vida; pero allí están los minerales de plata, los pastos de raíz para apacentar el ganado en tiempo de escasez, y allí también están los manantiales que dan origen a los ríos.

Por las venas de la mayoría de los contumacinos corre una mezcla proporcionada de sangres nativa y española; sin embargo, hay casos en que predomina la primera, acompañada de apellidos como Namoc, Cabosmalón, Culquichicón, etc. En el segundo caso encontramos familias enteras con rasgos y apellidos típicamente hispanos, como Muguerza, Murrugarra, Nureña, Plasencia, Alva, etc., que difícilmente pueden encontrarse en el resto del Perú si no es por ascendencia contumacina.

Los idiomas nativos han desaparecido prácticamente de esta zona, persistiendo sólo algunos topónimos quechuas y muchos otros de origen mochica; así pues el castellano es el idioma generalizado dentro del cual podemos encontrar escasos aportes nativos.

Así, es significativo el hecho de que el Tío Lino llame a su compañera Chuspe que en quechua quiere decir mosca. Dicho apodo sugiere la referencia a una persona pequeña, morena y vivaz; es decir una nativa. En cambio, don Lino León parece haber tenido mucho de español, pues casi todos los habitantes de Cosiete son blancos y barbados.

Durante la Colonia, y hasta las dos primeras décadas del Siglo XX, la arriería fue un oficio muy difundido entre los contumacinos debido a que el pueblo de San Mateo de Contumazá está ubicado geográficamente al promediar el camino entre Cajamarca, ciudad importante desde mucho antes de 1532, y Trujillo, que Pizarro fundara estratégicamente para facilitar su comunicación marítima. Sin embargo, las actividades básicas de la región siempre fueron la agricultura y la ganadería, no obstante que, por razones obvias, nunca alcanzaron un desarrollo importante.

Esta somera referencia al medio ambiente contumacino puede ayudarnos a comprender al Tío Lino y sus cuentos.

Lino León no es un personaje mítico; fue un hombre de carne y hueso, semejante a los Pretel, a los Sánchez, a los Nureña y León que aún pueblan Cosiete, lugar donde trabajó como agricultor y en el que, probablemente, también nació.

Cosiete es un acogedor paraje situado a unos ocho kilómetros al sur de Contumazá. Bajando unos doscientos metros de ladera desde la carretera a Cascas, hay una planicie semejante a una repisa desde donde se puede contemplar una vasta perspectiva de contrafuertes escalonados que se diluyen en la bruma densa de la atmósfera costeña. Hace treinta años frecuentábamos este lugar donde siempre nos pareció percibir el espíritu del Tío Lino; indagando por la ubicación de su casa nos indicaron un sitio hacia la derecha del camino de herradura que baja a Jandón, promediando la parte llana; allí encontramos vestigios de una construcción de piedra y adobe entre unos arbustos de pincullo. Seguramente que sus ocupaciones y preocupaciones eran semejantes a las de sus paisanos actuales: la siembra, la cosecha, el ganado, los negocios, la arriería; pero también las inquietudes ciudadanas en atención a las cuales estampó su firma en documentos que nos han permitido ubicarlo como un ciudadano que vivía en Contumazá hace unos cien años; sólo se distinguió de sus contemporáneos en aquello que dijimos al principio: en ser un fabulador. Sus cuentos concretan las preocupaciones y problemas lugareños, algunos de los cuales, al tornarse apremiantes, merecen soluciones drásticas; entonces es cuando el humor del Tío Lino los despoja de su dramaticidad dándoles soluciones tangenciales tan simplistas que mueven a risa abierta.

Es proverbial el sentido de humor contumacino; sin embargo requiere cierta iniciación para entenderlo a cabalidad, puesto que mayormente gira sobre expresiones idiomáticas de origen quechua o yunga, y otras, quizá más numerosas, conformadas por arcaísmos hispanos. Las plantas y los animales, tanto domésticos como silvestres, los fenómenos geográficos -sobre todo geológicos y metereológicos- están siempre presentes en la trama de historias, chistes, cuentos, alusiones y apodos.

Podemos, pues, pensar en una humorística contumacina cuyo más destacado representante vendría a ser el Tío Lino. Siguiendo el mismo estilo estaría el Tío Canchungas de quien, desgraciadamente, no contamos con datos. Seguidamente consideraríamos a don Alberto Díaz, abuelo materno del laureado poeta Mario Florián. De don Alberto conocemos algunos cuentos que a pesar de seguir la línea del Tío Lino, dejan traslucir la originalidad del autor.

Nos fue dado tratar personalmente a don Abel Castillo, más conocido como Abel Poncho, quien nos contó algunos cuentos que hoy se publican; él también los creaba dentro del estilo del maestro pero con una vis cómica singular.

Tratándose de literatura oral, es indudable que la narración en sí haya sufrido cambios desde cuando don Lino León contaba sus cuentos a los muchachos que solían juntarse alrededor suyo en las gradas del coro de la iglesia. Por ese motivo no puede, pues haber una versión oficial, estereotipada, por cuanto estos cuentos pertenecen ya al folklore, es decir que están sujetos a la influencia del tiempo, lugar y personas; así es por ejemplo, en San Benito hay una versión del cuento titulado “El macho moro” según el cual el Tío Lino viajaba por allí hacia Ascope y que fue en la Encañada de Shimba donde se dio cuenta que estaba sobre un venado. Quizá si el propio don Lino adecuaba las circunstancias cuando en determinado lugar le solicitaban contar sus cuentos, cosa que posiblemente sucedía a menudo.

Debemos lamentar la posible pérdida de muchos cuentos, quizá por olvido colectivo, pues no creemos que los pocos que han perdurado representen toda la creación del Tío Lino cuya capacidad de improvisación se advierte fácilmente. Además de los quince que hoy presentamos, tenemos imprecisas referencias de otros sobre cuya forma definitiva estamos pendientes. Hay otros que le han sido atribuidos, como aquel en que un puma se llevó la antara del Tío Lino prendida bajo la cola. Este cuento, que aparece en el libro Los Cuentos del Tío Lino publicado en 1941, por el Dr. Fidel A. Zárate en Lima, fue recogido por nosotros como creación de don Alberto Díaz.

Hemos escrito estos cuentos1 en atención a la solicitud de muchos amigos que nos ha oído contarlos, entre ellos recordamos especialmente a José María Arguedas cuya desaparición frustró una grabación que deseaba hacer de ellos.

Ha sido preocupación nuestra conservar la forma coloquial, manteniendo giros y modismos de la región, tal y como llegó a nosotros. A fin de facilitar su cabal comprensión entre quienes no son precisamente contumacinos y teniendo en cuenta que los lectores rurales prefieren textos ilustrados sobre temas campesinos, a cada cuento le hemos hecho una ilustración. En estos dibujos hemos procurado dar un ambiente más o menos identificable con el escenario de los hechos narrados; así el cuento “La penitencia” pretende reconstruir la antigua torre del campanario de Contumazá con un balcón a modo de puente y al fondo la arquería del Cabildo, ahora desaparecidos. Para ello nos hemos valido de un dibujo del siglo XIX que pertenece al libro que sobre sus viajes por América publicó en París el viajero francés Charles Wienner.

Con esta publicación queremos rendir homenaje al Tío Lino en ocasión de los difusos cien años que han pasado desde cuando andaba por estos caminos derramando creaciones para solaz de las gentes.

Andrés Zevallos

Cajamarca, marzo de 1980

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AGRADECIMIENTO

Al presentar la primera edición de Cuentos del Tío Lino, lamentábamos que fueran sólo quince los que se publicaban, y prometíamos estar pendientes de dar forma a aquellos de los cuales sólo teníamos algún vago recuerdo infantil o imprecisas referencias1. Con este objeto, en junio de 1985, hicimos una visita a Contumazá, donde nos fue posible tomar contacto con gente que conserva este acervo como una manifestación de identidad contumacina.

Cotejando las distintas versiones oídas, hemos procurado extraer de este nuevo conjunto aquellos elementos que, a nuestro juicio, hacen posible una mejor expresión del espíritu del Tío Lino.

Con esto no pretendemos adjudicarnos la exclusividad en la interpretación de la narrativa “linesca” ya que, tratándose de una expresión que pertenece al folklore, cada quien tiene el derecho de contar estos cuentos a su manera.

Entre nuestros numerosos informantes recordamos de manera especial a doña Isaura Mostacero Bazán, nacida en 1899, cuyo padre, don Isaías Mostacero, solía contarle los cuentos que había escuchado de boca del propio Tío Lino en circunstancias que este y el padre de don Isaías tenían sus respectivos "arriendos" en Cosiete.

A doña Magna Nureña, Directora de la Escuela de La Banda; y a don Pedro Florián Espinoza, secretario del Concejo Provincial de Contumazá.

Expresamos nuestra gratitud a estas y a todas las generosas personas que nos han ayudado a hacer realidad esta edición, la que posteriormente será ampliada en formato especial.

Andrés Zevallos

Cajamarca, 1997

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N.R.: Expresamos nuestro sincero y público agradecimiento al Dr. Esteban Quiroz Cisneros por obsequiarnos un ejemplar de este precioso libro, editado bajo su sello de Lluvia Editores SRL.

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