Libros de Cajamarca - 2012

 

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TORRES RUIZ, Guillermo Manuel. Velero de ensueños - HAIKUS. Servicom Brophy EIRL. 1ra. edic. Cajamarca, Setiembre 2012.  168 Pág. 14.4 x 9.8 cm.

 

PREFACIO

Los finales del siglo XX, en cuanto a la ciencia, la tecnología y el arte nos muestran un cambio de ruta, un marcado cientismo y una sofisticada técnica, pero también una elevada transformación de los modos de vida y una deshuma-nización. Pero es acaso que, ¿lo clásico y tradicional puede sucumbir ante la nueva tecnología en una sociedad del conocimiento?, ¿qué es el conocimiento?, ¿qué la verdadera verdad? Llanas preguntas y llanas respuestas; sin embargo en esta oportunidad nos adentramos en la poética de uno de los más destacados y laureados de nuestra región y por qué no decir nacional, pues ha viajado representando a nuestro país en importantes eventos de literatura fuera de nuestra patria.

Como decía líneas arriba no es que la técnica, la tecnología y la sociedad del siglo XXI, denominada, sociedad del conocimiento haga perecer lo que en el arte se llama técnica, más por el contrario, hace resurgir, remozadas y siempre vivas las técnicas ancestrales que se ven respaldadas por quienes las practican en un número cada vez mayor, tanto en el campo de la medicina, como en otros campos.

Así el haiku, como técnica literaria ha sido poco difundida y utilizada en los poetas de fines del siglo veinte, a excepción del recordado José Watanabe, perteneciente a la generación del 80, descubierto por los editores extranjeros un poco antes de su temprana muerte.

En Cajamarca, poco o nada se sabe de poetas que hayan utilizado esta técnica poética, como bien sabemos, esta deviene estéticamente del Zen que a su vez proviene del Budismo y el Tao.

Sin duda, ya en sus épocas de floreciente juventud, nuestro poeta ha tenido contacto con esta sabiduría que busca humanizar al ser llamado hombre, hoy secuestrado por tanta máquina y tanta tecnología, el haiku en los versos de Guillermo Manuel Torres Ruiz, revela el sentimiento del paisaje.

En este nuevo poemario podemos degustar con encanto la contemplación y reverencia de la naturaleza, el sentir del misterio mismo de la existencia y de la vida meditados a través de cada verso. Versos que significan, a la luz de la filosofía Zen que la vida no tiene procedencia; lleva hacia adelante, y hacia adelante una y otra vez, y que cuando uno muere, la muerte no tiene un más allá; conduce fuera, y fuera una y otra vez

La vida se fue

anudando recuerdos,

en barcas sin fin.

También están presentes las vivencias en su terruño, en la idea de que jamás el ser permanece igual ni por un momento, por ello sería imposible hacer que se quede quieto para analizarlo y definirlo en el tiempo, o cambiar las cosas. Con extraña maestría acrisola la fusión de dos mundos: hispano e incaico.

En Cajamarca

Atahualpa no rezó,

llegó a su fin.

 

Fue el hispano

que lució su látigo.

La burla creció.

Al igual que Basho, el máximo exponente de los haikus, el poeta Guillermo Torres posee una concepción animista de la naturaleza, materializada en sus versos:

Un noble sauce.

Casi verde, casi tul,

se volvió llorón.

Son sus versos reflejo de su existencia, dedicada a la contemplación, meditación, un viaje al interior de la naturaleza del hombre y de sí mismo, que se encuentra al final del camino, en búsqueda de la razón de ser del tiempo, cuando los años nos hacen ver que hemos envejecido.

En qué horario

se esfumó mis años,

brújula loca.

 

Intihuatana,

caminos apurados,

cruce de sombras.

De otro lado está el sentimiento amoroso a la mujer, buscando definirlo en su mente, trascendiendo el enfoque común para pasar al significado natural.

Mujer de agua,

sinfonía de viento.

Contracorriente.

 

Tu piel de nogal

complació mi ternura

un día de sol.

Como era de esperar, en el haiku también su poesía va en pos de la belleza a través de los canales sensoriales a fin de lograr la percepción simbólica de la naturaleza.

y las ranitas

juegan en un cenagal,

crece el croar.

 

Esta negrita,

la tal desordeñada,

secó su fuente.

Pues, bien amigas y amigos lectores, os deseo un viaje reflexivo hacia el haiku de Guillermo Manuel Torres Ruiz, unificando los sentidos, hagamos una mirada trascendente que penetre la realidad.

M.Sc. Francisco Sarmiento Cerquín

DOCENTE DEL ISEP «HNO. VEG»

 

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SEIFERT, Reinhard. BAGATE, el pintor negado. Lluvia Editores. s/e. Lima, 5 de noviembre 2012.  240 Pág. 21 x 30 cm.

El indigenismo plástico en la obra de BAGATE

Antonio Zapata

Mi buen amigo Reinhard Seifert me ha pedido que escriba unas líneas para acompañar su monumental trabajo de rescate de la obra del pintor cajamarquino Juan del Carmen Villanueva Rodríguez, conocido con el seudónimo de "BAGATE". Resulta que Cajamarca de comienzos del siglo XX produjo dos pintores indigenistas de primer nivel. El primero es Mario Urteaga, quien es algo mayor y bastante más famoso a nivel nacional. Pero, el segundo es casi desconocido y en su misma ciudad natal ha ido pasando al olvido. Se trata precisamente de BAGATE, a quien Seifert le dedica una biografía y un catálogo razonado de casi toda su obra conocida. Es un trabajo que ha ido realizando a 10 largo de muchos años y tiene la minuciosidad de las obras de enciclopedia.

Como no soy crítico de arte ni mucho menos, cumpliré con el encargo de Reinhard contextualizando al indigenismo, para colaborar con e11ector a comprender la tarea que se impusieron, a 10 largo de

Cubierta del libro

la vida, seres humanos como BAGATE y aquellos de sus contemporáneos que se dedicaron a la cuestión indígena en el Perú. Nos situaremos en los albores de la República e iremos hasta la primera parte del siglo XX.

Algunos intelectuales provincianos fueron los primeros en plantear las reivindicaciones indígenas en el Perú republicano. Mientras que el Perú oficial había celebrado al inca e ignorado al indio, como bien sostiene la historiadora Cecilia Méndez, en algunas provincias andinas se cultivaba otra sensibilidad. Específicamente en Puna, el importante intelectual, viajero, congresista y hombre público Juan Bustamante, acabó envuelto en una rebelión indígena después de haber formado la primera Sociedad de Amigos de los Indios. Era el año 1868 cuando Bustamante perdió la vida en la represión que siguió a la sublevación campesina. Con su actitud marcó la trayectoria que habría de seguir el indigenismo peruano los siguientes ochenta años. Una buena biografía última de este importante personaje puneño se debe a Nicanor Domínguez.

Es decir, el indigenismo va a constituirse como un movimiento surgido en las clases medias, frecuentemente de origen étnico mestizo, que alcanzaban educación y volcaban su cultura a la
protección de los indígenas. En este sentido, el indigenismo nace en las clases medias y se dirige al indígena, pero no surge del indio ni siquiera es recibido con entusiasmo en los medios rurales. En realidad, no solo el agente sino también el público que consume el arte indigenista pertenecen, al mismo medio social, integrado por mestizos urbanos, con cultura y sensibilidad social. Este punto ha sido bien resaltado en los estudios de Efraín Cristal.

En segundo lugar, el ejemplo de la muerte de Bustamante sirvió también para dejar otro legado en aquellos individuos que se comprometieron con los indios. Para ellos se trata de una apuesta vital que ordena toda la existencia. En todos los casos, el indigenismo no fue moda pasajera, sino compromiso verdadero de profesionales y artistas de clase media deseosos de integrar al Perú, incorporando a los indígenas a la heredad nacional.

Pocas regiones del país gozan de la belleza del paisaje cajamarquino. Los cerros son amables, porque son redondeados y están dotados de bastante vegetación. Carecen de los picos puntiagudos y pelados de la Sierra Sur. Por el contrario, en Cajamarca, el paisaje luce todos los colores y la explosión visual es muy intensa. Por ello, no constituye una sorpresa que en el momento del esplendor del indigenismo plástico, que corresponde a los años veinte del siglo pasado, Cajamarca haya podido alimentar la obra de dos pintores indigenistas formados en la tierra y que permanecieron toda su carrera en ella. Pocas regiones del país presenta esta característica, puesto que la plástica siempre fue arte de pocos y más aún con lo reducido del mercado local.

En el caso personal de BAGATE, añade interés a su carrera el hecho que fue profesor de colegio y que formó en educación artística a muchas promociones del antiguo Colegio Nacional San Ramón. Ante la estrechez del mercado del arte local, un artista de talento como BAGATE, encuentra su razón de ser en la enseñanza. A pesar de su carácter poco afable y de sus maneras algo toscas, se gana el cariño de la población urbana que lo conoce como el pintor de indios que enseña en el colegio. Acaban respetándolo y considerándolo una gloria local. Su entierro fue multitudinario y lo acompañó la sencilla pompa fúnebre que el pueblo sabe darle a los suyos; se fue en olor de multitud.


La penumbra para Juan Villanueva BAGATE

Nora Bonifaz

De Cajamarca lugar histórico por trascendencia, donde nace la crónica y se desarrolla la historia, aupada en una corta pero decisiva tradición incaica y que tiene varios componentes históricos a resaltar, nos interesa ahora una valiosa astilla de la tremenda escultura histórica desprendida de manera no tan natural: nacimiento, educación, lugar de vida y trabajo con brillo de un pintor sobrecogedor por resaltante: Juan Villanueva Rodríguez.

Algunos cuadros y en cualquier época tienen claroscuros. En Cajamarca el indigenismo encumbró de manera natural a dos pintores: José Sabogal y Mario Urteaga, no así a Juan Villanueva Rodríguez. El lienzo de la historia nunca estará completo, siempre tendrá una pátina de olvidos, desatinos y penumbra. Por largos años había un nombre que se mantenía en reserva, porque quien se vanaglorie de conocer la pintura realizada por cajamarquinos, habrá escuchado que Juan Villanueva, llamado BAGATE, era un mal pintor. Gran sorpresa causa el libro BAGATE, el pintor negado, escrito por Reinhard Seifert, alemán de nacimiento, francés de formación y cajamarquino por adopción, quien nos muestra un BAGATE con pinturas de factura extraordinaria. A nosotros, en cambio, llegó una historia contada a media voz, con largos silencios y un cometido muy claro: sepultar al advenedizo BAGATE.

¿Qué sucedió en el ideario cajamarquino con respecto a este pintor que debe estar en las galerías tanto como sus adláteres de la época? Un desapasionado paseo por el libro BAGATE, el pintor negado, nos dará las respuestas adecuadas. No hay atisbo de competencia, maledicencia ni revancha; solo hay un espíritu de gratitud al personaje a quien la historia obvió hasta ahora. BAGATE iba al campo y separaba gesto de actitud; color de amaneramiento y actitud de conducta. Fue aquel quien con su pincel en llamarada colocaba una robusta mujer como mazorca de maíz de colores, dándole el rostro preciso. Tomaba un evento campesino e impregnaba en el lienzo esa imagen sin remedos de medioevo. La bayeta nunca fue capa, los pómulos ni la nariz jamás fueron retocados y el cabello no cayó en bucles sobre el cuello campesino. El indio fue indio en él, antes y después de la Reforma Agraria. Y si había robo de parte del patrón, tenía el fino tacto de gentleman inglés cuando delicadamente titulaba: El daño.

Luego, se gestan las Rondas Campesinas por la necesidad de cuidar la integridad física y material de sus pobladores ante la ausencia del Estado en esa zona rural. Nacen, se fortalecen y perduran con una salud social extraordinaria a pesar que la Ley 27908 promulgada por el Estado les hace más daño que beneficio. También fueron una respuesta a tantos abusos y arbitrariedades, que a lo largo de los siglos sucedieron a diario -sin justicia legal- en todos los rincones del departamento de Cajamarca. BAGATE recoge este mensaje de justicia social y lo plasma con dignidad y frescura en sus lienzos.

Juan Villanueva BAGATE, no hizo de la vida campesina una arcadia, hizo lo que todo indigenista debió hacer: acentuar el gesto, colorear el alma interior del futuro visitante y trabajar con la más profunda limpieza colocando junto a valor y memoria, otra hermana muy querida: intensidad.

El trabajo de Reinhard Seifert ha llevado más de veinte años en búsquedas, acopio, ordenamiento, valoración y ahora publicación. Por ejemplo, en el lienzo El brebaje se muestran espaldas, pero para nosotros cada personaje nos ofrece un rostro que nos encara con ternura que lo reconozcamos como propio. Si el lector mira El gamonal, arribará a la conclusión que en Cajamarca hubo hacendados “de acuerdo a los tiempos" es decir, perversos y abusivos. Altaneros, déspotas y siempre incumplidos con los requerimientos básicos de buena vecindad y armonía con la población de la cual eran dueños y señores. Si los ojos se posan sobre Día de difuntos, encuentran el alma recogida en función a un día sagrado: culto y respeto por sus muertos. El camposanto pobre, seco, estéril y luego detrás del muro con tejas, la inmensidad. En La escuela hay hambre de enseñanza, es una composición que respeta los cánones de una pintura universal, los espacios, el color, la actitud y la necesidad graficados en un lienzo realizado por un hombre que llegó a la cúspide con su obra, pero que algunas personas decidieron escamotear su valía.

Quien observe con detenimiento Llegando al pueblo se encontrará que Juan Villanueva, nuestro BAGATE, conocía el andar cajamarquino musical, pobre, adormecido, pero con un aura de felicidad y dolor, en este lienzo, como en La bayeta se muestra un rostro de una belleza que viene del lado inicial de la especie, es el gesto audaz de sentirse vivo y productivo. Este rostro sin ternura nos encara con energía que lo reconozcamos como propio. BAGATE no solamente usaba pincel, blandía un termómetro empapado en pintura y no pintaba: de él goteaban personajes inolvidables. BAGATE nos entrega cuadros apacibles con fiebre interior inaudita que debemos apaciguar con mirada agradecida. Tino y prudencia en su quehacer, el perfil bajo, la mirada inquisitiva y siempre trabajando a la vera de la incomprensión, como todo gran artista, sin esperar retribución alguna.

A BAGATE, sin ser pintor de brocha gorda, hasta ahora, siempre se le trató como a tal. En memoria de él llega este libro a las esferas celestes de su tumba como un pan de vindicación, como una corona de paz, como una flor de agradecimiento por pintar con pulcritud para nuestros inquisitivos ojos que descansaban a la vera del olvido. Bienvenido a la Historia apreciado Juan Villanueva Rodríguez.

 


Introducción

Por más lejos que uno esté del tema, más cercana se vuelve la objetividad tangible. BAGATE y el ‘Hinterland’ Cajamarca merecen un sitial sin barreras en la valorización clara, coherente y contundente del rescate pictórico del indigenismo, que nace en este rincón andino, que fue el principal motivo o la guía mental (Leitfaden) para narrar la historia. Es una suerte de imposible cuando los críticos subjetivos valoran más al epígono que al original.

Aunque he demorado casi veinte años -no en forma ininterrumpida por supuesto para 'culminar' este trabajo, porque había que buscar, ubicar y documentar las telas al óleo, todavía sigo pensando en la redacción de mis memorias escritas, no finalizadas. Algunos cuadros desaparecidos y escondidos para los ojos críticos, fueron como aves migratorias -salvajes e indomables- que en su largo recorrido no descansan, tanto para refugiarse en el siempre inestable nido de la procreación, pues como errantes casi nunca se sabe dónde lo harán. En esa búsqueda, como ellas, estoy en pleno vuelo. Debo reconocer también que diferente fue el soporte cuando tomé la primera foto en 1993 y otro muy distinto para las últimas en 2012.

Olfatear el olor del eucalipto que se desprende de sus ramas, respirar el aire enrarecido de las alturas, apreciar el marcado cielo azul, fueron suficiente sugerencia para adentrame en el corazón cajamarquino. De esto no quepa la menor duda, significó la cimentación y el estímulo para vislumbrar el encendido relámpago de colores. ¡Y qué decir del campesino cajamarquino! Reflexionar y escribir fuera de otro ecosistema tan rico en historia hubiese resultado un propósito vano. Un hombre de la ciudad fue obligado a 'empolvar' sus zapatos y caminar. En este contexto rara vez la cultura y el arte serán efímeros, es decir, valía el esfuerzo del encuentro cultural (campo-ciudad) en sus múltiples facetas. Entender algo sobre todas las ‘sangres andinas' y su legado artístico, son frases de sentimiento intelectual-no confundir con el sentimentalismo- que me movían a superar los múltiples y conmovedores obstáculos encontrados.

Poco a poco al familiarizarme con el pintor desconocido y su obra, creció en mí un espíritu de solidaridad. Durante el pasado desarraigado -para muchos- el tema regional era una cuestión crucial para incitar a la rebeldía del «Perú profundo» frente al centralismo limeño. Poco se avanzó para reducir esta clásica confrontación de este rudo centralismo contra las provincias del interior, salvo para la ilusión demagógica del político ladino. Soy escéptico en que se pueda construir esta unidad de consenso, aún pasarán muchos años. Tal vez la cuestión radique en superar egoísmos -tarea fundamental de la buena política- y entrar al terreno de una analogía próspera. Motivación, materia y concretización que no se hacen todavía. Hoy en día recobra una proyección factible.

¿Algún día se contará con el regionalismo?

¿Cuál entonces podría haber sido el hilo conductor para situar' objetivamente' la dimensión fidedigna del pintor? Muy a menudo los pintores indigenistas fueron encasillados en conceptos teóricos que relucían más limitaciones que explicaciones razonables. Nadie pretendía tampoco cuestionar infructuosamente lo alcanzado. Sin embargo, existen vacíos conceptuales poco confrontados entre sí -el pensamiento indigenista ya hace tiempo está fuera de discusión e investigación universitarias o académicas- y que limitan ser más explícitos. De algún modo juzgar la pintura forma parte de una agradable subjetividad personal.

Un postulado importante para la presente investigación fue comprobar si habían o no las condiciones históricas para forjar una entrega artística libre y de acción; es decir, la libertad de desarrollar el compromiso serio, comprometido y las posibles trabas que de algún modo se sentían y quedaban sellados en el estrecho ambiente comarcano. ¿En qué condiciones generales se daban tales iniciativas? ¿Promueve o no una reacción inusual contra las medievales actitudes serviles? ¿Interesaba sobremanera el elemento modernizante de su pintura?, ¿o incentivaba un debate artístico alturado? La precariedad cultural no impidió que saliera a flote la vocación.

De ahí que se abrace el tema discutido en las palabras del mismo pintor: «Mis óleos por lo mismo, no son para estudiarlos bajo una severa crítica pictórica, sino, sobre todo, sentirlos en su verdadera inspiración. Es la historia de la raza verificada en gestos y colores. Es la eterna dualidad artística de consciencia de la unidad misma»5. Probablemente éste fue el mejor autorreconocimiento.

Así, en el imaginario popular, la pintura de BAGATE siempre estuvo presente como materia inicial; luego fue lentamente desalojada, hasta negada por una impuesta voluntad propia, tanto que el poco rastro de peso que tiene en pleno siglo XXI es incomprensible por mínimo. Claro está, este es el drama de célebres pintores, pero en Cajamarca es un drama inexcusable de vida convertida en arte; contradicción incomprensible impregnada en muchas hojas de vida, que durante el trayecto en algún momento se echaron a volar. Son estas las páginas no escritas hasta ahora -páginas intocables-, para dar a conocer que no todo destino es fatal para pintores postergados. El arte de BAGATE, por su verdadera valía debe ser comunicado a las futuras generaciones, para su valoración.

Sobre todo que sea bien respetado. El respeto es básico en cualquier relación humana. Respetos guardan respetos. Sin él nos reducimos a cenizas efímeras.

Enfatizo que la intención fue introducir un acercamiento artístico y una interpretación equilibrada a la pintura bagatiana concordante con su mensaje esperanzador. Por ahora, la entrego a grosso modo para -tal vez- una posterior investigación técnica, científica y social-económica la enriquezca. El motivo de esta publicación es trascendental, quizá de esta manera se pueda despertar más interés para seguir estudiándola. El posterior trabajo sobre este importante pintor hará que las palabras reivindicación y justicia sean positivas y que al subrayadas quede la más acertada.

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NR. Expresamos nuestro profundo agradecimiento al Ing. Reinart Seifert por obsequiarnos un ejemplar de esta excelente obra tanto en el fondo como en la forma.

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GALLARDO, Fransiles. Estremecido Gato Montés. Cajamarca, Fondo Editorial MPC. 1ra. Edic. Cajamarca, Diciembre 2012.

NECESARIAS PALABRAS PARA UN

GALLARDO Y ESTREMECIDO

GATO MONTÉS

 

Fransiles Gallardo es un ebanista de la palabra  sentida.

El “maestro carpintero/ en el absoluto medio en la jungla equinoccial” que descubre “el cedro apropiado sin herirlo derribarlo” “garlopa entre las manos la escofina / golpe a golpe el cincel letra tras letra / tatuar / arabescos  palabras frases / unos versos/ cepillarlos / como zapatos de fiesta o fino mueble/ despacio / barnizar (se) el alma   lentamente antes de usarlo/  mucho antes”.

Y tal vez también, y por eso mismo, el que más ansia “un mundo  perfecto único/ maravilloso / un palacio real  blancos  cisnes

jardines sin fin/ en la querencia  un río sin agua   un huerto agrietado / una casona en soledad / automóviles del año  deportivos con chofer de gorrita y corbatín / en el corral el achacoso lucero / corroído el apero  desvencijada la silla lerdo trajín / poder dinero gloria figuración / nada de nada todo por hacer / un príncipe azul   montado en blanco corcel  al rescate / solo un traficante de versos    un  ingeniero  tan solo / un aprendiz de poeta  constructor de sueños”.

Su poesía es un verdadero oasis en medio del desierto, a través de la cual encontramos a un hombre cabal, digno e imperturbable, que se contagia de la ternura de un mundo circundante; perseverante y que ha aprendido a amar como un gato montés, sin cortapisas.

Que también sabe del tumulto de las caídas que ennoblecen, respaldadas por un corazón que se levanta.

Por eso dice: “No me lamento no por las trompadas/ que de los fracasos recibí / no me aflijo/ por los rectos a la mandíbula  ganchos al hígado / puntapiés en la espinilla / por más que quise propinarles / atrevido / no pude devolverle / a los  fracasos míos desencantado río / desilusionado / sin el privilegio del toma que te doy / diente por ojo / moretón contra moradura / quebrantado / el corazón mi corteza antigua  el alma mía / aún “.

En él, hay una búsqueda inobjetable por “amar lo no amado sin resquemores / re vivir / lo no vivido / sin tardos momentos  sin omisiones / dolorosas / estremecidos / re editar / historias inconclusas  encantos  afónicos cantos / las playas no soñadas  los amores perdidos / sus mares no invadidos / antes del ocaso    a toda prisa    después del mediodía / urgentemente / el puerto y su faro    sus riveras minadas / el fuerte / sus torres infranqueables  las quebradas cercadas / amadas    sus colinas armadas / espada en mano / habremos de reconquistar”.

Debe ser porque cuando le apunta el alba, es un “envejecido gato montés entre las grietas / sobre los roquedales refugiado entre los peñascales / agazapado    espero / tenso el cuerpo encrespado el lomo / prestos los oídos    atentas las pupilas / las garras afiladas / excitado aguardo / los zarpazos del puma y sus cachorros / los garfios letales del gavilán / mortales dentelladas de la cascabel/ del águila real  su pico fatal / sin resignación desespero / del oeste al norte afinando sonidos / del sur al este de arriba / descifrando ruidos  de abajo  escaramuzas / palpitante el corazón  vibrante / supremo el instante / esperando espero”.

El transfondo de la poesía de Fransiles Gallardo es reflexiva, nueva, coherente, con sangre de rey que se consagra como un aeda de grandes proyecciones.

Por eso escribe “Nuestras heridas     lamemos / con guatopa de acero   las cortaduras cosemos / cuchilladas de la vida / con hilo de cáñamo    restañamos / cicatrizando      calamidades / otra batalla    de vida     levantando el puño / desafiantes / re comenzamos”.

Es en esa contextura que crece para asirse a si mismo, y para fecundar en terreno fértil sus más grandes conquistas literarias.

 “A pecho abierto  impetuosos / apostamos  la yugular / en un instante / cargados los dados      dos ases arteros / saliendo en un tiro /   retadores / poniéndolo todo     apostando contra el destino / al azar    lo no posible      la  vida  y su bravura / lo probable     estadísticamente    improbable / un estandarte    blandiendo     un clarín de guerra / fatigado / aún con acezante aliento / la penúltima batalla    comienzo”

Es este nuestro poeta Fransiles Gallardo que también sabe experimentar en los cielos de la desesperanza: “Sobre el potro de la desesperanza    tengo / instalado  el dolor     su tragedia / perder(te)  es  doblemente     doloroso / mis pies hablan     las manos callan / tironeo / jirones del cuerpo     cabestreo     camino solo / dos pasos     tambaleo     entre charcos de agonía / me derrumbo / está cercenada    el alma mía”

Pero es bueno que el poeta se entienda alguna vez cercenado por lo que más le duele, habitado por lo que más cree, porque en ese avatar, en la playa en donde se arrincona el alma, hay un conocimiento que te obliga a crecer en los nogales

 

MAGULLADO COMBATIENTE   de la vida

 

herido        mal herido    destruido    

   bien herido

 

conquistando

una pérdida    en el intento    una mueca

el encierro  y sus suplicios

 

culminada la contienda      sobre los campos   

tendidos

     

charcos de cariño    rasgaduras de piel

andrajos de ternura  

combatiente    combatido

 

 también estropeado el  corazón

 

Y como el mismo dice: “Aquí estamos / de cara a la vida  a un costado de la ausencia / de espaldas a la angustia / con un máuser sin balas  un machete sin filo / una bandera descocida / mostrando el pecho la testa enhiesta / cantando un himno / delante un mechero / que a ciegas   deslumbra / nuestro indescifrable sino”.

Y también, entre los dedos se escurre / la arcilla de los años / se  agrieta / el verde    verde gris / se resquebraja / el talante    más firme / el coraje más bravo / en mis manos y su alzheimer / ave de encanto / tu trinar reposa”.

Y además “a la sombra de un naranjo apolillado / desciframos oráculos / auscultamos estrellas profecías marchitas / cumplimos sentencias sin culparnos de nada / sin tirar los naipes      cerrados los ojos / sin bastón de ciego  ni perro lazarillo / no hay mañanas de luz      eterno adagio / sin previos ayeres    sin puestas de sol / sin tu regazo    almohada sin paz”.

Fransiles Gallardo es definitivamente, un poeta de gran inventiva, al que no le es difícil bajar como subir las crestas indómitas de los mares, los picos nevados, los valles majestuosos.

Y por eso no le es impropio entrar y salir de las posibilidades de un paisaje natural en la que hasta la fauna trepita y se hace eco de sus palabras pletóricas de gozo.

Como cuando trata a ese: arisco toro de las laderas / en la línea del surco  agachada la testa / ida y vuelta jalando el arado manso torete / que no embistes  más / toro matrero de las quebradas / sometido al yugo  tus vigores  reprimidos / no templas  el lazo   más / vigoroso becerro    de las  terneras castas / jubilado padrillo   de las  hondonadas / agachada la testa  no arremetes    más / son tus bramidos  mugidos tan solo / apagado eco  del ternero arisco / sosegada / la moceril ansia    de vestir el becerril cuero / mudarte / al otrora   novillo     indomable novillo / de las laderas y los escarpados”.

Al bravío torillo de los riscos / fiero de las cañadas    rebelde de los montes / toro curtido   que el lazo moldea / el arado amaestra    esculpe la puya / el cuero y sus ataduras / la raya de los surcos    los  pastos amontonados / el barbecho de los campos   el trajín de los molinos / las pircas de los corrales / las cornadas esas  torillo  las patadas aquellas / que nunca    más nunca     volverás a dar”.

Al:  Cóndor real majestuoso vuelo /vestido de nubes    habitante de altas cumbres / imponente / de los andes    los valles    el mar / de los escombros    barrendero / de la carroña / degustador / minúsculo colibrí     vibrante planeo / ataviado de arco iris     a ras del floredal / pequeñuelo / del parque    los campos  el vergel / de los pistilos vírgenes     fecundador / de los jardines nuevos / humilde emperador” .

Y también  a su burro Medardino: habituado / a los fardos agobiantes    molestos costales / insufribles cargamentos / sobre el lomo / mataduras sangrantes / las garrapatas  jergas deshilachadas / mezquinos rastrojos     que rumiar / barrizales en las cuestas    en los riscos    pleno el sol / clareando la ida    a luz de luna    caminando / regresos con el estrellado azul / se acabaron / las pircas    los espinos   tus joviales ardores / tu trote ligero    rebuznos de contento / en jamonada     convertido    estás hoy / mi buen burro Medardino    embutido oloroso / acompañando / este recién    pasadito café”.

En esa constante, mientras invoca el aire de todas las praderas y también el éter del boscaje, Fransiles se enfrenta: “a la reseca odre del gato montés / oxidado cofre    guardián de silenciadas  antaras / ajadas canciones descordadas guitarras / tembloroso odre / seco arroyo    manantial de cauces sin causas / odre reseco    de recuerdos pleno / desandando prisas persiguiendo rastros / borroneadas pisadas    trastos / reseco odre     tu memoria     de harapos cubierto / remendados vestigios    zurcidos / entre las telarañas / (re) comenzando  desmemoriado / volviendo a empezar”.

Mientras: “como envejecido río, el hombre / habla     solo / del mar    sin saber    que ya es mar / aferrado río  a la vida  envejecido / hablas    solo / de inviernos    sin saber   que las lluvias    pasaron ya / río    envejecido    río / atado     a tu bastón    caminante / hablas    solo / de estancias    sin saber    que son rastros   tus huellas / que no alcanzaste   no alcanzarás”.

 

 

AQUELLOS SEMBRÍOS DE TERNURA    que a mano partida

cultivamos    no están más

 

marchitaron las heladas   consumieron las sequías

ningún rastrojo   queda ya

 

invaden

los remiendos    lamentos    las telarañas

 

el troje es soledad

 

se resquebraja

el alma    las ganas   y sus contentos

 

la ternura  y sus ansias    a pulmón limpio    bucean

entre charcos y correntadas

 

buscando

 

una reivindicación de vida   una estaca clavada

a medio río   los brazos     abrazos

 

que no llegarán

       

Para nuestro poeta Fransiles Gallardo, “son nuestros los miedos nuestros / corajes    que huyen     despavoridos / heroísmos    espantados / como desbocados caballos    se van / son los ratones del barco    que hundiéndose está / golondrinas     anunciantes del tornado / que embraveciendo mares  se acercan  ya / corajes     en prisa     arrojos en fuga / valentías escondidas / su huída / se estampa  en el piso / indelebles / señales     de su furioso valor / sobre el aterido pelambre    humedad  visible / tan solo / visible humedad” y no nos queda mas que aferrarnos     a la ternura    a dos manos / firmemente / a ti mismo    al dolor de todos     al dolor nuestro / es decir / a nuestro ensangrentado corazón”. 

Y es que “en nuestra desvencijada carreta tercamente arrastramos / fúnebre  el cortejo de los años    que se van / viejo oráculo   gato montés / adivino de las lluvias   de los tiempos buenos / las sequías / de los fallidos designios de oropel / vestigio heroico  compañero / los vacíos se ensanchan / la guarida es inmensa  en el fogón cenizas y unos leños / la soledad consume / amores eternos   que no regresarán / a media distancia      a distancia y media / camarada aventurero   fisgoneando quedito / atizando esos leños / lo que pudo haber sido / y nunca fue”.                        

Entrando a discernir los matices de esta obra, me doy cuenta que estoy frente a un poeta de gran valía; que ameritaría un mayor análisis textual para entrar a su  herramientario, pero también al virtuosismo de un arte que él maneja con maestría y genialidad cuando se propone.

Como cuando imaginariamente le habla a ese gato montés que es errante pero tiene guarida, y que retrata en su mirada la voz de los tiempos y también ese idioma que nadie conocía – ni él mismo – que habita en su poesía como un regalo del Cielo que se acerca.

 

ERES     EL CAUTIVERIO    la siempre cierta

guarida     del errante gato montés

 

amor hembra     mujer   amor de siempre

 vuelvo

 

abrumado de encantos y veranos nuevos

otoños en primavera    la bella placidez

 

    sin renuncias

 

a los leños humeantes    raídas las cobijas

     las fríadas

la soledad    de a dos

 

convence a mis ganas    el  dulzor de tu abrigo

 

      el siempre retorno

a no prescindir de la caverna    árida    amada

tempestuosa

 

a no proscribir    a las antiguas cobijas

   cómplices

 

los maderos de siempre     la tibieza   de a dos

 

 

Celebro por eso este hermoso libro y a su autor increíble; quien hace hablar a las piedras, a la flora, a los vientos y a esa fauna que todo, absolutamente todo, lo engrandece.

 

SOBRE EL POYO DE LA VIDA   el ocaso

 

un leño    un tizón de dicha    para la camada  

malherido gato montés

   

del humeante pozo    de la fogata inmensa

de la desolación

 

un resplandor

para los cachorros y  sus incendios    de la llamarada

 

una brizna

para las granizadas     la ventisca     los  infames inviernos

que mañana volverán

 

 Lo importante de todo, es que como nuestro poeta escribe: “ el campo entiende sus silencios / austera    la convivencia nuestra / cañadas llenas de noche    luciérnagas / brisas de nocturnidad / en agosto    se siegan espigas   crujen molinos / oportunas    en diciembre    las lluvias bendecidas / el verde florece   la vida  también / calores a destiempo   sequías anuncian / no habrán en mayo    ni pastores ni  pan / soles con aguaceros     se aterra el campo / una  cruz más  sobre los cansados lomos    los chacareros / perdices en fuga    los recién nacidos / vientos en primavera     mensajeros no son”  y es importante soñar, porque los sueños son agua clara del puquial / donde en cada aurora / se retrata el corazón”.

En ese recomienzo se agita para verse, se empina para tocarse y son sus palabras, fermentadas en el prodigio de su genio creador, las que definen su existencia creadora, el lujo con el que lanza su caña de pescador al agua fabulosa del delirio.

Termina siendo ese mismo gallardo gato montés, que crea y se amotina.

                                             Carlos Garrido Chalén

                                        Presidente Ejecutivo Fundador

                                          Unión Hispanoamericana de

                                                   Escritores (UHE)

                         Premio Mundial de Literatura “Andrés Bello” 2009

                                                       de Venezuela

                                      http://carlosgarridochalen.ning.com

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PEREYRA TERRONES, Jorge. Leyendas, Creencias y Costumbres Cajamarquinas. Cajamarca, Fondo Editorial UPAGU. 1ra. edic. 2012.

Prólogo

Cuando Jorge Pereyra nos ofreció Algunas reflexiones personales sobre el arte de escribir dijo: “Se escribe lo que se recuerda, lo que no se quiere perder…”; y, mostrando su gran cariño por Cajamarca  ––como ya lo ha hecho en su poemario Valle de sueños verdes y también en 101 razones por las que estoy orgulloso de ser cajamarquino––  esto es lo que hace precisamente en este libro. 

En “Leyendas, creencias y costumbres cajamarquinas”, encontramos un gran esfuerzo para recordar y guardar la memoria popular cajamarquina; y guardar la memoria es vital, tanto para el individuo como para la comunidad. 

A mi parecer, una de las enfermedades más tristes que aflige a personas mayores es el Alzheimer, ––una demencia presenil que, entre otras cosas, produce una pérdida de la memoria––, y así la víctima es reducida a ser menos que una persona plenamente humana.  Algo parecido ocurre con la colectividad, sea una comunidad local o sea un país entero, porque cuando éstos pierden la memoria de su propia historia, también pierden su identidad.  Entonces, todo esfuerzo para conservar la memoria es muy loable.

Aquí, en Cajamarca, varios escritores se han dedicado a rescatar la memoria, tanto de la ciudad, como del campo y de las provincias. Una de las más notables fue la parienta de Jorge Pereyra, doña Elsa Vásquez Pereyra, quien publicó en 1987 Cuentos de mi tierra, con un prólogo del gran historiador cajamarquino, don Fernando Silva Santisteban, donde él habla de “una tradición sui generis” y de “una determinada visión del mundo”.  Ambas encontramos en la colección de leyendas y costumbres que nos ofrece don Jorge, de tal manera que abarca todo Cajamarca porque, a diferencia de otros escritores, esta colección no se limita a la ciudad o a tal o cual provincia, sino las dos dimensiones están presentes.  Hay muchas leyendas de la ciudad de Cajamarca, pero también hay de San Ignacio, de Llapa y de Contumazá.  Leemos del Niño Dios de Pumarume.  Puedo dar fe de que Él tiene mucho jale en la devoción popular de Celendín y cuya imagen me mira mientras escribo estas líneas.  Al leer del susto dado a un grupo de jóvenes bullangueros por los penitentes de Llacanora, me reí de buena gana.  Luego, el cuento de La novia burlada me hizo pensar en una de las novelas del autor inglés Carlos Dickens, Grandes esperanzas, donde también hay una novia burlada.

Este paso desde lo muy local hacia la literatura de otro país indica que, aunque haya algo sui generis en una colección de leyendas de un lugar determinado, también éstas nos pueden abrir puertas hacia lo universal. ¿Quién no ha gozado de las leyendas alemanas recopiladas por los Hermanos Grimm, como La cenicienta, Blanca nieves y Hänsel y Gretel, de los cuentos de Hans Christian Andersen, o de las fábulas de Esopo?

Las costumbres presentadas en este libro de Jorge Pereyra no son sólo recuerdos del pasado, sino siguen vigentes hoy en día, especialmente en el campo, y es valioso que el autor nos ofrece algo más que una simple descripción de ellas.  Por ejemplo, nos informa que el Landaruto data desde el tiempo de los incas y que el Botaluto pretende restaurar la alegría a una familia después de haber sufrido la muerte de uno de sus miembros.

La sección dedicada a las creencias nos ofrece acontecimientos con dimensiones ocultas o sobrenaturales, que siguen presentes en la psique humana aún en nuestros tiempos actuales, marcados por el escepticismo de la filosofía postmoderna.  Entonces, aquí también, el libro de don Jorge nos abre a la condición humana universal a través de la presentación de algo muy local y propio; y quizá la mejor manera de resumir una apreciación de este libro “Leyendas, creencias y costumbres cajamarquinas”, es decir que es como un buen queso cajamarquino  ––el queso es conocido universalmente, pero el queso cajamarquino es algo especial––.

                                                            Miguel Garnett

                                                           Cajamarca, mayo de 2010.

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PEREYRA TERRONES, Jorge. Cuentos pichos cajachos. Cajamarca, Fondo Editorial UPAGU. 1ra. edic. 2012.

Prólogo

El arte es, a diferencia de todo quehacer humano, la transfiguración de la realidad. Vale decir la creación de un mundo, que partiendo del acontecer histórico es, por gracia del talento del creador, convertido en palabras. Lo que no significa, en modo alguno, una copia de la realidad, pues si en algo se parece a ella es por su propia naturaleza, tal como un hijo lleva los rasgos de sus progenitores.

Cuentos Pichos Cajachos son, qué duda cabe, una transfiguración del mundo de su creador, Jorge Pereyra, en una hechura semejante a la filigrana que tejen con el metal precioso los orfebres.

Son historias de pocas, de poquísimas palabras, más que acontecimientos son rasgos que nos sugieren acontecimientos. Con ellas o en ellas, su autor ha logrado desarrollar en admirable forma un estilo de cuentos que, por su síntesis, resultan semejantes a una gota de lluvia que, de una u otra manera, nos meten en un gran aluvión.

Cuentos Pichos Cajachos, además de llevar en su propio nombre una palabra tan peruana (pichos) que designa lo pequeño, lleva los rasgos de quien nos muestra un universo al alcance de nuestro tiempo, tiempo en el cual, por su turbulencia, no nos queda mucho espacio para las extensas lecturas.

Hay en Cuentos Pichos Cajachos mucha gracia, muchas sorpresas, tal como si anduviéramos en una calle desconocida topándonos con los más inimaginables personajes, con los más inimaginables hechos. Este mundo y el otro andan juntos, se dan la mano, se prestan sus encuentros y dejan al lector con el encanto de haber recorrido unas páginas originales y llenas de esa versatilidad propia de un escritor, como lo es Jorge Pereyra, que sabe disparar las palabras con la habilidad del buen tirador que apunta y da en el blanco.

La originalidad no consiste en la novedad sino en la profundidad, en el talento de quien nos da una obra para recrearnos con ella y caminar con ella en el pensamiento y en el sentimiento. En tal sentido, Cuentos Pichos Cajachos es un libro de cuentos que quien los lee no los olvidará, con el agregado de que, además, sumará a su repertorio gratas y divertidas historias que contar.

Cuentos Pichos Cajachos tienen esa gracia y esa brevedad de los cuentos populares (quizá valdría decir de los cuentos callejeros convertidos en oro) que en breves palabras nos hacen soltar la risa o las lágrimas. Pero sobre todo conllevan al lector a la reflexión.

Un libro donde la retórica queda  a un lado y la palabra llega veloz y efectiva a cumplir su función.

                                                                                       Jorge Díaz Herrera
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CAMPOS MORALES, Segundo E.. Versos para ser leídos en la lluvia. Cajamarca, UNTOL Consorcio Publicitario. 1ra. edic. 2012, 88 Pág. 14.5 x 20.1 cm..

Prólogo

Aludir al compás rítmico de un corazón en su marcha por la permeable función de desnudar la experiencia, es lo que hace pairar el sentido de extender un tiempo al campo del amor que nos humaniza entre búsquedas y renuncias cuando ante sí se queman las naves profundas del silencio. Segundo Emilio visibiliza emociones expiando presencias a la vez que invita a desanclar puerto seguro para reconfirmar las espadas que atraviesan cuando de volver a intentar el amor se trata.

Es de amantes desovillar el fino hilo de las circunstancias, rozar el parte inconcluso y visceral, donde, sostener la ilusión conmina el precio de otras libertades: las de sostener su hegemonía sin por ello dejar de nombrarlas como lo hace el poeta desde la semántica que ratifica cada pulsación del sentir.

Bendito amor aún en la renuncia que lo apresta a ser vuelo perpetuo entre rostros que emanan el vértigo alucinante de lo no establecido en códigos para vivirse. Aquí el lenguaje fluye, el lenguaje es cómplice único donde dos dan pie a desbordarse de paréntesis incontenibles casi como un advenimiento ante un cofre que, frente a nuestros ojos deja escapar la conquista para aprehender el dolor que visten el corazón y las pieles.

La lírica es intensa, se viven espacios donde reverberan pasiones en libre plenitud de agonías pausadas como habitantes de un otoño que se desvisten entre notas de un violín melancólico ante el apremio. Es palpable el devenir de huellas donde quien ama exuda sufrimiento y Segundo Emilio, poeta de nostalgias profundas nos invita a traspasarlas; es así como acaricia en uno de sus poemas:

"Para continuar

aún me falta medir la estadística

dé los besos que quepan en tu cuerpo"...

Ante la marca de silencios extiende la piel amada, bien para franquear el vínculo de dos ante el fuego o para guardarse en la vastedad de sus soliloquios. Explorando el lenguaje íntimo de Segundo Campos, no puedo dejar de mencionar al gran poeta Jaime Sabines cuando nos dice:

"No es que muera de amor, muero de ti. / Muero de ti, amor, de amor de ti, / de urgencia mía de mi piel de ti, / de mi alma, de ti y de mi boca / y del insoportable que yo soy sin ti".

Todo porque en este poemario hallé la sencillez de nombrar los sentimientos así como lo hizo el gran Sabines, algo que hace del poeta una fuerte presencia para llegar al corazón mismo de una universalidad donde el componente social (también presente al final del poemario, retoño de nueva existencia), sigue ratificándolo entre los que dejan huella.

La premisa del amor palpa la confidencia, el duelo refugia el clamor de la entraña y el destino es campo abierto de ansiedad que el verso trasluce:

"Danzamos en pieles que fueron ríos.

El hotel de barcos

-testigo-

La próxima vez

devolveré la huella

que se resiste a olvidarla".

 

Nos encontramos ante las páginas de una voz que impela desde el incendio interior a soltar cenizas, a recobrar albergue sin temor a los muchos duelos que el amor o sus espejismos conllevan y trascienden; alientan los versos del poeta a no cesar en las búsquedas si con ello damos salida al laberinto donde se redimen abstracciones. Por esto y más vive, quien a plenitud se juega la vida.

¿Para qué escribir un prólogo a un libro de poemas?, sí, muchos se lo han preguntado, pero, si ya lo han leído, que sea motivo para adentrarse a las páginas interiores y degustar el sentido de lo que no puede explicarse: La Poesía.

Anna Francisca Rodas Iglesias

Poetiza Colombiana

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OLIVEROS SOTO, Deilú Elizabeth. Ensueños y Poesía. Cajamarca, 1ra. edic. Servicios Impresos IMG. Junio 2012, 102 Pág. 14.8 x 20.5 cm..

Entre la palabra y los ensueños

La poesía es la expresión máxima de la literatura. Se basa en la vida y en el conocimiento que el autor(a) tiene de la realidad. Por eso, se dice que es la simbolización vivencial e ideológica de la realidad, a través de la creación artística. Para su expresión utiliza la palabra oral o escrita, comúnmente, en forma de verso, aunque a veces también utiliza la prosa.

Simbolizar, significa representar a través de algo otra cosa.

Vivencia, se refiere a aspectos de la vida humana: alegrías, goces, sueños, esperanzas, sufrimientos, dolores, que se obtienen en el trajinar de los días por sobrevivir.

Ideología, es la idea que se tiene de las cosas, es la forma como se las ve. Cada autor tiene su propia ideología, de acuerdo con su situación individual y social, y del mo-

mento histórico.

Realidad, es todo lo que nos rodea, lo que existe sin que dependa de nuestra voluntad: la naturaleza, la sociedad, la cultura.

La poesía es creación porque es un trabajo intelectual basado en la imaginación, que amolda la palabra a su más intima expresión. Por esta razón, también es arte, es decir, cultura con valor de belleza, hecha para la satisfacción del ser humano.

Rainer María Rilke, manifiesta que: "Las poesías, son experiencias. Para escribir un solo verso, es necesario haber visto muchas ciudades, hombre y cosas; hace falta conocer a los animales, hay que sentir como vuelan los pájaros y saber qué movimiento hacen las florecitas al abrirse por la mañana. Es necesario poder pensar en caminos de regiones desconocidas, en encuentros inesperados, en despedidas que hacía tiempo se veían venir, en días de infancia cuyo misterio no está aún aclarado (...) y tampoco basta tener recuerdos. Es necesario saber olvidarlos cuando son muchos, y hay que tener la paciencia de esperar a que vuelvan”. Teniendo en cuenta estas breves definiciones de poesía es que me honro en presentar a la comunidad lectora de Cajamarca el libro "Ensueños y Poesía" de la poetisa Deilú Elizabeth Oliveros Soto. El libro "Ensueños y Poesía" nos muestra una sucesión de títulos de diversa temática, en donde se pone de manifiesto la adversidad, el romance, la flora , la fauna y la geografía, las estaciones, lo abstracto, la cosmovisión andina, la cosmogonía del espacio ,tiempo y ambiente. Elizabeth fluye sus emociones como el sonido del río en su cauce.

"...Quiero vestir verbenas junto al claro de luna / y acariciar violetas en aromas de miel, / y bajo la distancia de un murmullo de quenas / regocijar la noche en los besos de piel" (Primorosa)

En el libro la vida es tema central, es el gran problema que sobrecoge y estremece a nuestra poetisa. La vida como problema existencial y la vida en general, el gran misterio de la vida en nuestro universo y el amor se hace poesía. La poesía de   Elizabeth, cuando toca el tema amoroso se hace arte, porque su poesía comulga con los fundamentos primeros de la creación y que se substancia en las más hondas vetas de la pasión humana, existe amor a la mujer andina en que el sentimiento materno se erige en el ande como un réquiem a esta madre sufriente.

"Madrecita andina / de los pies descalzos / gota cristalina bajo el Colluadar. / Hoy vistes polleras / polleras de lana, / sombrerito de paja y un dulce cantar..."(Madrecita andina)

Pero también sus versos crecen en una reflexión a los hijos, al pueblo, a la amistad y en un arranque de fraternidad escribe:

"...Dame tu mano mi fiel amigo, / ayúdame en mi triste despertar, /quiero   acostarme   bajo   la   luna   /   y   en   trinitarias   poder bailar..."(Dame tu mano)

La vida, la madre tierra, los caminos son una historia en la memoria de Deilú Elizabeth, por ello expresa:

"...Y a la ancianidad, le rezo / Mas, no dudo en recitarle / entre el cántico de un verso / y una sonrisa al cantarle..." (Recitar)

Pero la identidad y los objetos andinos también son motivos que regocijan su poesía:

"Por el tejado empinado / diviso al gran Guanamí, / cerro imperial impregnado / junto al tronco del capulí..."(Guanamí)

-_ Entre el chirimoyo y el dulce trinar / nace el pastorcito de dulce cantar / quien viste su poncho, su poncho al andar / junto a su antarita que le hace cantar... "(Antarita andina)

El amor es en "Aroma de mar" desazón y angustia de enamorada ante el amante ausente o inaccesible, es herida en el corazón de la poetisa o un navegar sin norte por los mares sin fin. Sólo la presencia del enamorado ausente podrá salvar a la poetisa de este naufragio.

"Hoy quise pintar tu nombre / en las orillas del mar / y ocultar la bella luna / en la peña de cristal. / Hoy despejé tu recuerdo / en el aroma del mar / y junto a las caracolas / eche mi canto a volar..." (Aroma de mar)

Y prendidos en sus recuerdos, en su corazón y en sus ojos, están tantos lugares recorridos que tejidos en hermosos versos nos hace ver la realidad, cuando menciona a Jesús, Llacanora, Bambamarca, Perla Mayo, San Miguel, Chota, Baños de Chancay, reflejando en estos identidad, promoción y admiración por la geografía serrana.

Esta poesía de pura extroversión, que siente el halago sensorial de la naturaleza exuberante y que se embriaga de sus perfumes de retamas, jazmines y azahar, le lleva lentamente al descubrimiento de sí misma. Mientras rosales, maizales, racimos, azucenas, totorales, margaritas, platanales, frutas, constituyen toda una cadena de objetos cargados de simbolismo sensual, también la pureza halla su encarnación en los campos desnudos, capullos, limones, trigales, capulí, aromas, el cielo puro, piel, dedos, placer, caricia, sabor a piel, juegos de amor, besos de piel almohada, pasión, labios, ríos serenos sin espuma y hasta en el altísimo placer espiritual del trino de pájaros y gorriones.

El libro se abre con un poema escrito titulado "Un amor en primavera", en el que la poetisa expresa su convicción de que cuando uno está cargado de amor sueña, ríe y carcajea, disimula sus enojos y festeja sus antojos,  se duerme junto a la luna en las alas de un gorrión -haciéndonos recordar las dos caras del amor, la amable y la trágica, y unidas de forma indisoluble- que va en busca de introducirse, a la manera de un “rayo de metal crispado haciendo volar sus deseos a la luna de cristal, en lo más íntimo de la vida de la mujer enamorada que va desnudando sus secretos y sus deseos en cada poema, en cada verso,  en cada palabra con sabor a miel, a melodía a fuego y esperanza, y en algunos temas que nos presenta resultado de la herida no es otro que tristeza y dolor, pues el destino de la amada es la playa –metáfora con la que expresa su deseo de calma y sosiego-, mientras que la vocación del amante es el mar, sinónimo de acción y de pasión desatada.

Más, una vez recobrada la cordura y cuando ya el dolor empieza a remansarse, comprende que no le queda más remedio que aceptar esa situación irreversible y buscar el posible consuelo. Es entonces cuando los versos fluyen y dan paso a lo que tradicionalmente podríamos denominar consolación y que nos lo muestra con su huida:

Huyo del recuerdo, ¿Más no se por qué? / la noche fluye fría y tormentosa / y deshoja mi llanto al anochecer

Deilú Elizabeth, terna viajera por tantos caminos de nuestra región y de nuestro país, plasma en sus versos las experiencias de estos recorridos; nos muestra las imágenes de contexto que sólo ella sabe describirlos, porque los ha vivenciado, paisaje, amor y geografía. Mundo interno y extremo, que se entreteje en imágenes literarias que transitan lo andado, viajando en el tiempo, con su sensibilidad y ternura; navegando en ese inmenso mar de sufrimiento y dolor, las evasiones difuminadas, las melancolías, las visiones del cosmos, la sensación del infinito, la inspiración como fuerza poderosa que proviene de algún punto del ámbito del universo, la nostalgia del origen perdido, la concepción de la poesía como un ritual mágico que convoca a la poesía, la unión indisoluble del amor y la naturaleza, la unidad primordial de todos los elementos

Sí, el amor arde en el cuerpo como un efluvio armonioso de cantos y deseos, sangre y versos, reconstruyendo y construyendo la imagen del sueño, hace que la palabra se vuelva hilo de cariño, de agua, de sublime respeto a la tierra, imágenes que danzan en las aurículas del corazón.

Un poema reproduce el universo: sus formas y sus ritmos. ¿Un objeto? Podríamos ver en esta idea un resabio del formalismo o del estructuralismo; sin embargo, debemos entender ese objeto como una máquina productora de significantes: siempre nuevos y distantes. El poema es tiempo y espacio: es el espacio de un momento inabarcable e innombrable, pero cercano y terreno. La paradoja y la contradicción provienen de nombrar el mundo para abolido y tomar su lugar. La poesía se vuelve (in)habitable, y entonces se debe retornar al orden natural, original, génesis perpetua: caos, "-cada sociedad está edificada sobre un poema", un poema porque el lenguaje es el que construye la cultura (la constituye), para posteriormente destruirla y renovarla; sin embargo, esas sociedades deben permitirle al ser humano su condición de vida y existencia, para no arrojarlo al vacío inexorable de la nada. "La idea de correspondencia universal es probablemente tan antigua como la sociedad humana. Es explicable: la analogía vuelve habitable al mundo. Y el poemario "Ensueños y Poesía" nos presenta algunas analogías en este romanticismo que se encadena al amor.

¿Y cuáles respuestas puede dar el amor al problema vital del ser humano? Ninguna. De ahí su radical desesperación. Amor y poesía son das ramas del mismo sueño: abolir la cultura, los nombres, el yo y el vos, las palabras. Escribir y estar enamorado es lo mismo, no otra operación realiza aquel que dice estar enamorado, a pesar de no lograr nunca la sublimación. Señala Roland Barthes en su texto Fragmentos de un discurso amoroso: "Saber que no se escribe para el otro, saber que esas cosas que voy a escribir no me harán jamás amar por quien amo, saber que la escritura no compensa nada, no sublima nada, que es precisamente ahí donde no estás; tal es el comienzo de la escritura" (1996c: 122). Justamente por eso se escribe, porque hay una falta, un espacio vacío que permite la rotación infinita y dolorosa.

Así, el amor es quizá la única y la última justificación, en sí mismo, por sí mismo, como discurso, como tarea, como herramienta, escudo o pincel. Puesto que toda aspiración humana es ridícula o absurda, el amor es la única que nos redime, justamente por ser la más absurda de todas. A toda aspiración o empresa se le asigna un valor, un uso, un reducto práctico y seguro; no así al amor, espacio de locura y soledad. Al amor y a la escritura, aislados del sistema, parias del mercado, sol les queda su autoafirmación.

Que estas noventa y cuatro estaciones, de variada temática, del libo "Ensueños y poesía" sea el comienzo de una larga travesía en 1a escritura de Deilú Elizabeth .Que su tierna poesía que tiene el encanto del cristal burilado y el sonido como suave eco de una lluvia de estrellas, se mantenga firme y se conozca a lo largo de nuestra región. Un salud poético bajo el altar de la amistad y la fraternidad. Que ti éxitos crezcan y siempre logres alcanzar tus metas deseadas.

Guillermo Manuel Torres Ruiz

Docente del ISEP "Hno.VEC”

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RAMOS TELLO, Glendy. Pétalos de Abril -Poemas para recitar. Cajamarca, Servicom Brophy EIRL, 1ra. edic. Abril 2012, 104 Pág. 11.5 x 20.5 cm..

 

No es que mi mundo sea tan hermoso y pacífico, pero sí lleno de esperanzas que les iré contando a través del tiempo.

Así, los invito a acompañarme en mi sencillo mundo y podrán ver cuán diáfano es, y que está lleno de sol, poesía, música y bellas historias que hacen grata mi existencia.

Soy feliz, y por lo mismo quiero compartir mi felicidad con ustedes a través de mis versos.

Glendy Ramos

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GUILLÉN PADILLA, William. 77 + 7 nanocuentos. Lima. Lluvia Editores. 1ra. edic. 2012, 158 Pág. 12.0 x 16.8 cm..

Para tus ojos (llámese Proemio)

Dos partes tiene este libro: la primera 77 nanoculentos; la segunda 7 cuentos.

Empecé a escribirlo en Guadalajara, México, cuando -alma en paz bajo cielo azul añil- encontré a un grupo de ángeles maternales que me acompañaron por pueblos vestidos de amistad, agaves, tequila y viento. No sé de dónde aparecieron, solo sé que a ellos debo muchas de las ideas y las palabras que transcribí en noches que toqué estrellas y leyendas.

Lo traje luego al Perú, a mi patria amada que la saboreo en frases de mis seres queridos y en deseos no manifiestos de rocas y vegetales. Las calles de mis pueblos olvidados me dan los suficientes espacios que tomo a sorbos largos para reinventarlos, y el verbo de mi casa

-maternidad, hermandad y familia- acompaña mis pasos al son del eco maravilloso de la escritura.

La alegría de vivir entre los míos es el latido de lo que publico. Nada más grande que un escrito llevado a la mirada de los que amo. Un libro. Este libro, es un ejemplo: suma de imaginación y cielo; tierra y mar; sol, orilla y castillo.

Sonrisas de ángeles y mortales me llevan a ofrecerte estos escritos. Ángeles que vienen por la noche a despertarme para atenderlos y escucharlos; para que, en presencia suya, pueda seguir apuntando ideas en rocas y frutales, como en un principio.

Aún en papel, este libro es un compañero que cuidará tus sueños y los elevará al espacio donde aún la luz acompaña el camino de viajeros y danzantes.

Canto con este libro. Festejo la palabra y su silencio. Agradezco a palmeras y calles, a corazones puntuales y emocionados, por la imaginación que rebalsó el abecedario. Y, con el propósito de reconocer siempre en la Fuerza Cósmica Viviente la bendición de ángeles encontrados, asumo que: el brillo indiscutible de tus ojos eleva al cosmos mis palabras a través de tu luminosa mirada.

William Guillen Padilla

Cajamarca, Perú,

Abril 26, 2012

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DEL RISCO, Raúl. Oraciones Desesperadas. Ediciones RDE, Cajamarca, 1212 Pág. 40. 14.6 x 20.1 cm..

Presentación

Raúl del Risco nos entrega un manojo de versos imaginados a partir del palpito de la realidad, con un sentimiento que convierte en noción poética el acontecer, el día a día de los pueblos como los de Cajamarca que expresan su desacuerdo con la acometida del poder. Versos que se hilan en el son del clarín; poesía que cobra su vigor rebelde en el hábito de la propuesta popular, en la lucha de las multitudes con sus vueltas y sus idas, que la ambición de mineras crea pasiones desesperadas.

Oficio este, del poeta del Risco que en su poema - el más logrado tal vez - Recaudador caminante, dialoga económicamente para humanizar al funcionario, al cobrador, con el conjuro de la necesidad y la pobreza del viejo arriero del bohío.

El poeta enfrenta a los señores del dinero y del abuso, para que cesen sus ofensas y abusos, su prepotencia y destrucción de la naturaleza, de la bella Cajamarca.

Pero también el recuerdo, la nostalgia, mitigan el dolor, y el poeta evoca las canciones viejas, pasiones sembradas, ilusiones desiertas, el candoroso amor serrano y pastoril. Los versos que narran en el corazón que ruega a la amada para volver a la cópula del cuerpo.

Saludamos este libro de un poeta que sigue en la aventura de ficcionar los hechos y espiritualidades de los hombres cuyo destino es hacer de la vida un compromiso por la paz y la justicia. Que sigan floreciendo los versos de don Raúl del Risco para contento de sus amigos lectores y paisanos.

Consuelo Lezcano Ruiz

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RAVINES SÁNCHEZ, Tristán. Enciclopedia de la memoria. Editorial Lozano, Cajamarca, 2012. Pág. 131. 14 x 20.4 cm..

A MODO DE PRESENTACIÓN

Una fórmula rápida y atractiva de rememorar acontecimientos o hechos singulares, de esclarecer paradojas, o simplemente de acercarnos fiel y sensualmente al piélago de nuestra ciudad, es que nos ha llevado a preparar este pequeño volumen, que hemos titulado Enciclopedia de la memoria.

En ella se apunta de modo breve, bajo una palabra clave, el dato curioso, la anécdota obsequiosa o simple y llanamente la referencia histórica de trascendencia local. Lo que sucedió por primera vez, o lo que tiene la condición de exclusivo o primigenio. quizá, con mayor o menor propiedad, se podría empezar cada entrada, usando la conocida fórmula: Sabía usted que...?

En fin, no queremos distraer al lector con explicaciones vanas o banales y lo invitamos a recorrer las siguientes páginas con fruición cajamarquina.

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BAZÁN BECERRA, Guillermo Alfonso. Diario Virtual 2. Fondo Editorial de la Municipalidad Provincial de Cajamarca, Carátula, diagramación y fotos Guillermo A. Bazán Becerra. Impresión: Editora SERVICIOS IMPRESOS IMG, Jr. Lloque Yupanquiu 136. Cajamarca, Perú. 205 pág. 14.2 x 20.4 cm.

PRESENTACIÓN

Toda deuda se paga y estas páginas constituyen algo así, de tal modo que al publicarse llevarán sus mensajes como ofrenda. Aquí se cierra el diario virtual porque es necesario que dejemos descansar a algunos recuerdos, a muchas divagaciones e invenciones diversas que brotaron de los sueños o de horas de fiebre y acaso de locura.

En el primer volumen de "Diario virtual" aparecieron contenidos que pueden haber llevado a algunos a creer que todo lo escrito era fiel reflejo de la vida del autor, pero no fue así. Relatar en primera persona no es necesariamente reflejo de la vida personal sino

un estilo en que el autor desea vivir la historia, el cuento o la simple narración "desde adentro" de los mismos renglones y a los lectores toca preguntarse cuál es la verdad, cuál la creación, cuál la vivencia, cuál la invención... La literatura, pues, por sencillo que sea su fruto -como ocurre en estas páginas- se convierte en algo así como un parque de diversiones con todo tipo de juegos y cada uno elegirá a cuál subir y disfrutar, a cuál volver y a cuál dejar, quizá porque en algo se parece a su vida, a lo que un día alcanzó o que nunca pudo ni siquiera tocar.

Respecto de Diario virtual 1 hubo alguien que no estuvo de acuerdo con algo de lo que allí se incluyó, pero cuyo mérito fue decirme con franqueza su parecer un anciano renegón, borrachín empedernido, monumental tramposo y cuyo afán es decir las cosas simples de la manera más rebuscada v confusa, para que quienes las escuchan le hagan creer que las entienden de todos modos, sin más explicaciones Me descalificó y se lo agradecí, desde luego con franca humildad, mientras por dentro recordaba –en contrapartida- lo que me dijo una pareja de adolescentes que iban con su padre: Nos resulta fácil leer lo suyo, porque es sencillo y fácil entender su mensaje. Si así escribieran todos nadie huiría de la lectura… yo creo que unos y otros tenían razón en algo, aunque no quiero ponerme a considerar ello; sólo busco compartir con ustedes parle de mis horas, aún a sabiendas que nunca puede gustar a todos lo que se publica.

Mi primera intención es proyectarme a todos los que gusten de leer y desde ya acepto-respeto su opinión; la segunda es dejar un mensaje para mis descendientes y para quienes estimen en algo esta ofrenda, con eso me doy por bien pagado.

Gracias por recibirme.

El autor

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IZQUIERDO GONZÁLEZ, Wilson. La Casa de mi Abuela. Fondo Editorial de la Municipalidad Provincial de Cajamarca, Diseño e Impresión: Industria Gráfica San Judas Tadeo SAC. Lima..

PRÓLOGO DEL AUTOR

"La casa de mi abuela" es el quinto libro que publico. Pero deseo aclarar que esta vez lo hago acicateado por una motivación especial: escribir para niños. Por ese detalle, las veinte narraciones que comprende el libro son historias que son contadas por personajes que, inequívocamente, son niños, obviamente con algunas excepciones en los que este particular detalle pareciera que no es muy fácil de identificar.

Como maestro de profesión que soy, y después de haber transitado por todos los niveles educativos, con excepción del nivel de educación inicial, ya que nunca fui profesor de niñitos tan pequeños -aunque si capacitador de las profesoras de inicial, en muchas oportunidades, especialmente para dilucidar los casos de cómo hacer el tratamiento de nociones

de matemática - me he encontrado con la realidad de que no hay suficiente literatura para niños.

El mundo de la actualidad, ha sido desbordado por la información globalizada en la que, lamentablemente, no se controla ni se cuida, la naturaleza y el carácter que debería tener la data que difunden indiscriminadamente, sea buena o mala, o hasta perniciosa para ellos. En muchos de los casos, la información que se encuentra en el Internet es simplemente basura. Tratándose de información científica, nadie se da el cuidado de que los "datos" que aparecen allí sean relativamente verdaderos, como la ciencia lo exige. Simplemente, se cuelgan y san sea acabó.

El otro elemento pernicioso es la publicidad, que se trasmite por los medios de comunicación masivos y también por Internet. Lo que se debería difundir a través de estos medios es propaganda y no publicidad. La publicidad motiva a consumir, al generar a través de estrategias incluso subliminales, el consumo de un producto. En cambio la propaganda, informa sobre las características, los componentes, las ventajas y desventajas que pudiera tener el producto que se está ofertando, lo cual, desde cualquier perspectiva de análisis es válido.

Propaganda es alertar, por ejemplo, que el consumir cigarrillos es arriesgarse a adquirir cáncer de pulmón entre otros, además de informar de qué materiales esta hecho el "bendito envoltorio de tabaco". Publicidad, en cambio, es mostrar a chicas semidesnudas en carros de último modelo, acompañadas de chicos de similares características sociales y culturales, fumando con expresiones de placer inconmensurables en sus rostros. En las instituciones educativas se sabe que no existe ningún profesor que enseñe a sus alumnos a contaminar el ambiente en el que vive. Se sabe en cambio que informan a sus alumnos que las pilas, de la marca y del material que fueran, son altamente tóxicas y perjudiciales para la conservación del ecosistema. Sin embargo, aparece por allí un spot publicitario en el cual se ve a una chica casi desnuda hablando por un celular, comiendo comida chatarra en una bolsa de plástico a orillas de un hermoso y cantarino manantial, enmarcado dentro de un paisaje de ensueño. Hasta allí el espectáculo es inocuo y hasta distraído, pero ocurre que al hablar por su teléfono móvil, la chica se disgusta con la persona que está conversando por ese medio, e irresponsablemente arroja la bolsa plástica de su comida chatarra y el celular íntegramente de plástico, al arroyo límpido que discurre cantarinamente a su lado.

¿Qué puede hacer la escuela frente a este ataque radicalmente agresivo a su trabajo de cuidar el ambiente? Casi nada. La chica del spot publicitario es una chica "ya no ya", hermosa por añadidura por sus cuatro costados y, al parecer, de un posición social, económica y ¿cultural?, ¡Envidiables! Un maestro altamente creativo lo único que podría hacer, en tal caso, es preguntar a sus niños qué es lo que posiblemente tiene dentro de su cabeza la tal chica del spot, o hacer reflexionar sobre la posibilidad de que tenga cerebro o no. Eso es todo. Pero no puede garantizar que las conductas y comportamientos que devengan en sus niños como consecuencia de ver el spot televisivo sean los deseables, educativamente.

Sin embargo, si en la institución educativa se instaura una jornada de reflexión al inicio de las clases, en las que se de lectura a alguna "historia" o narración que haga posible tratar los temas de los valores en general, de la seguridad ciudadana, de la convivencia humana y otros, esta tarea podría ser más fácil de llevar y el trabajo de contrarrestar la influencia nefasta de la televisión y de los demás medios masivos de comunicación sería más fácil de trabajar para los maestros y para las escuelas.

No se está diciendo que la televisión no eduque. Si lo hace y con eficiencia comprobable. Tampoco se está diciendo que los periódicos y revistas no eduquen también, porque si lo hacen: ¡Cuándo quieren! Lo triste es que "quieren" solamente cuando eso les da rating y mayor cobertura de audiencia. Y como la gente cambia de canal o no lee en un medio visual o escrito, lo que tiene la apariencia de cultural o científico, el resultado es que prefieren ver o leer lo que llegue a serIes divertido.

Por lo tanto, las lecturas para niños tendrían que ser divertidas. No queda otra alternativa. Y divertido para ellos es cuando la narración está referida al entorno que conocen o el que les gustaría conocer. El área rural, en ese terreno, al parecer es mucho más divertido que el mundo citadino. La ciudad también tiene sus particulares encantos, pero si a un niño de la ciudad lo dejan abandonado en una puna, éste es posible que no sobrevivirá. En cambio, si a un niño de la selva o de la sierra, lo dejan en una ciudad, si no muere atropellado por un carro al primer minuto, seguramente que se "achorará" en menos que canta un gallo.

El autor.

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MEDINA, Bethoven. Ulises y Taykanamo en altamar. Fondo editorial Universidad Privada Antonio Guillermo Urrelo, Cajamarca. Enero 2012.

BETHOVEN MEDINA Y LA ODISEA DE LA IMAGINACIÓN POÉTICA RENACENTISTA

Por Armando Arteaga *

email: artenupe@yahoo.es

A los griegos les debemos muchas verdades, muchas cosas fundamentales que conocemos del universo y del hombre.  De la poesía, los griegos, superaron el Beowulf inglés (ese poema épico y viejo) donde la pugna se confronta entre las fuerzas de lo sobrehumano y el hombre (“ser racional”).

El “universo confrontacional”  del Beowulfes más

limitado y más silvestre que el que nos presenta Homero en sus dos grandes obras: La Iliada y La Odisea.  Homero es el poeta más virtuoso de toda la poesía universal, la inspiración y la razón caminaron de la mano en La Iliada y en La Odisea, logrando grandes resultados poéticos con recursos de sencillez literaria. Homero narra lo que “ve” (es un decir) y lo que “oye” (es otro decir), comunica con naturalidad los sucesos más inverosímiles; lo que dicen y las acciones que realizan los personajes de Homero: resultan cosas tan naturales por momentos, dándole al lector una información directa y análoga.  El suceso heroico y la palabra elocuente son de una unidad literaria permanente.

Homero es un poeta de la guerra en La Ilíada, Homero no juzga la guerra, exalta los triunfos y los infortunios, cantándole a la energía y a la fuerza humana. Homero –en cambio-  describe en La Odisea las aventuras que le suceden a Ulises, entre otras cosas, durante su impresionante regreso a la patria.  La Odisea es un viaje de cierta desventura para Ulises con un final casi feliz.  La Ilíada apuesta por lo trágico, en cambio La Odisea desarrolla lo novelesco.

Ulises es un personaje de todas las culturas y sociedades épicas, quien tiene que vencer todas las adversidades, su esposa Penélope, su hijo Telémaco, aguardan la desesperanza del regreso del héroe.  El triunfo de Homero es la apertura hacia un nuevo tipo de modernidad, donde los hombres y los dioses entremezclados plantean  preocupaciones sociales y responden a estímulos análogos.

Los dioses, los verdaderos dioses, descendidos a la vivencia “solemne” por el poeta, se acercan casi siempre a la conducta de los hombres (escapando a la coacción de la especie) participan de sus pasiones y de sus desaciertos, en las limitaciones de la vida terrena. A Ulises le tocó mucho navegar en la imaginación de los lectores de La Odisea: de los siete mares, de las siete islas, de los siete países, cabalísticamente divagando en los profanos destinos impuestos por el poeta.

La imaginación “renacentista” de la cultura colonial española, descubrimos ahora, no fue un burdo trasplante de Europa, ni obra de fusión ingenua:   entre las  cosas “europeas”  y las cosas “indígenas”. La fusión cultural  es ubicua.  Lo importante y lo ostensible que impulsó el modelo europeo, en lo cotidiano y en lo domestico, conservó muchas tradiciones autóctonas.  No todo es fusión, desde luego, “mundos” históricos del “legado indio” dejaron estupefactos a los pensadores del racionalismo europeo de entonces, aunque medieval y cristiano, tenía sus atisbos de humanismo, no todo era barbarie de vándalos empobrecidos, aventureros y ambiciosos por fortuna y fama, algo de esa “ilustración soldadesca”: nos sirve ahora para entender procesos de integración.

Sino, como explicarnos la “imaginación” cultural y literaria de la “Miscelánea Antártica” (escrita entre 1576 y 1586,  permaneció inédita hasta el siglo XIX), de Miguel Cabello de Balboa, un jesuita inteligente;  y “La Crónica Moralizadora” (1638), del historiador agustino Antonio de la Calancha. Ambas obras nos sirven ahora para visualizar este alucinante encuentro entre “lo nativo” y “lo foráneo”.

Los españoles realizaron alucinantes recorridos marítimos, pero también los pueblos yungas de la costa desértica peruana (que paradójicamente recepcionaron las primeras llegadas de estos raros “viracochas”) estaban acostumbrados a la persistente navegación y al intercambio con otros pueblos caribeños.

Los Chimús poseían desde tiempos antiquísimos embarcaciones marítimas alucinantes que causaron el asombro entre los españoles.  Toda la fantasía histórica que estos habían recibido del imaginario naval de las grandes migraciones fenicias no pudieron delimitar su cordura.

No en vano, Hermann Leicht, en “Arte y cultura  preincaicos / un milenio de imperio chimú” ( Madrid, 1963) en su especializado estudio, descifra la palabra “skeptron” que significa “cetro” del griego, para explicar el concepto de la actitud de la persona que hace girar el barco, compuesta de las silabas “skep” = barco, y “tar”= girar.  El hombre que empuña el timón es el más importante de la tripulación, el que conserva “el cetro” de este “arte de navegar”.  Ulises es pues ese mito, el que posee el cetro, ese mito europeo del hombre que viaja, vence todas las dificultades posibles y al final regresa a la patria.  Es el constructor de una nueva época.

Ese mito, esa visión, está en Balboa y en Calancha.  Naylamp viene del mar para fundar nuevas tierras, se une al mito de Viracocha, de señores venidos muy lejanos de las aguas del mar.  Este mestizaje cultural en la  fantasía nueva americana fue dando una nueva manera de convivencia humana, de vida interior en los seres nuevos. 

El mito de Taykanamo, muy similar a la Leyenda de Naylamp, se lo atribuye el historiador piurano Reynaldo Moya a Carlos Marcelo Corne, fundador del seminario de Trujillo: la llegada a las costas de Pacasmayo de este personaje llamado Taykanamo, que se asentó en el valle de Chimor, y lo conquistó.  Construyó, bajo su influencia política,  posiblemente Pacatnamú, Chan-Chan, entre otras ciudadelas de barro y adobes.  En realidad, Taykanamo es Chimor Capac, fundador de la dinastía que gobernó la región Chimor o Chimú.

Para entrar en el viaje de “Ulises y Taykanamo en altamar (1)”, el poeta Bethoven Medina desarrolla dos poemas para definir el perfil histórico de nuestros dos personajes en acción: “Antecedente Taykanamo” y “Cantata a Ulises y a Taykanamo”.  De allí va a empezar su potestad poética, su discurso: frente al mar, a la mar, su entusiasmo por el navío, y el descubrimiento y la memoria por ciertos personajes de la mitología griega e indígena, y el mundo lúgubre de los navegantes: Penélope, Corona Boreal, Princesa Chimú, y Ave Fénix.  El poeta tiene licencia para interpretar la historia desde su propia manera de mirar el pasado, el presente y porqué no: el futuro.

Lo fascinante del libro “Ulises y Taykanamo en altamar” del poeta Bethoven Medina es el enredo histórico, rebuscando por momentos a Homero, tiene la fascinación por detenerse en la mirada del pensamiento “renacentista” que también inspiraron a Balboa y a Calancha, pero también,  para contrastar “la realidad poética”  con “la realidad misma actual”  de las “ruinas históricas”.

Cuenta Balboa, que en el primer viaje de exploración que realizo Ruiz, el audaz y experto piloto de Pizarro, en 1526, al divisar sorprendido una curiosa nave india en el Mar Pacifico.  Esa “balsa” rustica tenía un timón, y un hombre la conducía, que le daba estabilidad a la embarcación.  Este “suceso de encuentro” sorprende tanto a Ruiz, como los actuales “caballitos de totora” de Huanchaco a nuestro poeta Bethoven Medina manipulados por los pescadores actuales. Sorprende el triunfo de la “técnica creativa” al perdurar su propio uso, sorprende la destreza, la habilidad para manejar con “técnica” tal artefacto nativo.

Importa aquí,  citar a Oswald Spengler, quien en su libro “El hombre y la técnica” descubre la tragedia del hombre que comienza a entender que la naturaleza es más fuerte que él: “La lucha contra la naturaleza es una lucha sin esperanza; y, sin embargo, el hombre la lleva hasta el final”. Homero nos dice casi lo mismo con el final de La Odisea. El hombre cree que siempre al final triunfará sobre la naturaleza, pero esa es ya una vieja utopía renacentista.

Un naturalista como fue Paul Rivet, en su libro “los orígenes del hombre americano”, nos ayuda a comprender mejor esta inquietud poética desarrollada por Bethoven Medina.  Los antiguos peruanos, navegaron duro, por eso Rivet nos recuerda la construcción de una “balsa” para la intensificación de tráfico marítimo, una nueva polución humana por el mundo. La “balsa” de la costa peruana, según Girolamo Benzoni en “La historia del Mundo Nuovo” (Venezia, 1572) es un dibujo fiel de este sueño imaginativo  y renacentista: la nueva dinámica. Se habla de una tradición de los mangarevienses, citada por F.W. Chrístian (“Early Maori migrations as evidenced by physical geografhy and language”. 1923): “Los mangarevieses conservan la tradición de un jefe llamado Tupa, un hombre rojo, que vino del Este con una flota de embarcaciones de tipo no-polinésico, en forma de balsas”.  Esta descripción evoca la tradición de la expedición de Túpac-Yupanqui, personaje histórico que Bethoven Medina indica como líder de una época nefasta:

“Años después,

Del sur

Vinieron los huestes de Túpac Yupanqui

y a los Chimúes nos doblegaron.

Ahora, superados los siglos,

Yo, Taykanamo simbolizado por el hombre

común,

             sobrevivo en la estirpe de pescadores

y, majestuoso,

                          navego el mar

en mi brioso caballito de totora.

Ya lo dijo O. Spengler: “El hombre se ha hecho hombre por la mano.  La mano es un arma sin igual en el mundo de la vida movediza”

Navegar por los mares fue la técnica más sublime y sofisticada del pensamiento renacentista, como hoy es volar.  Volar como los pájaros –todavía-. No podemos volar como los pájaros. Pero, el poeta sí puede volar con su imaginación.

Y esto es lo que ha realizado Bethoven Medina con este libro, imaginar muchas cosas de la historia; haciendo viajar en líneas paralelas a Ulises y a Taykanamo.  Para seguir “volando” tenemos que usar todos los recursos de “lo tecnológico”, pero nos recuerda Bethoven Medina, que sin poesía no hay vida, ni triunfos.  Por eso, el poeta observa con nostalgia la destrucción del mar por agentes culturales externos,  y llama con nombre propio a las diversas especies marinas del mar y el litoral peruano, con aproximación casi científica a el plancton, el bemtos y el necton, espacios  naturales  donde pululan habitantes también vivientes, pero también desde la expresión familiar y popular como los pescadores llaman a algunas especies locales: cachemas, bagres, spondylus.

Bethoven Medina en este hermoso libro de poesía acerca de Ulises y Taykanamo, ha tomado en mano todas las herramientas que le brinda la historia y la memoria del hombre para hacernos volver la mirada hacia el mar y hacia el pasado.  Todavía vivimos una “sociología del renacimiento” para recordar a Alfred von Martín: “sin peligro no se hace nada grande”, adagio que nos revela el interés social por cierta mitología marítima que afiebró la imaginación renacentista. Aunque todavía estamos entrampados en algunos  paradigmas truculentos de la historia medieval, la poesía no.  La poesía puede ser la “balsa”  de cierto aprendizaje de búsqueda de un nuevo renacimiento, que por ahora no sabemos hacia dónde podría ir. El plano geométrico-cartográfico del mar: se acabó, no hubo infierno.  Bethoven Medina dixi:

El silencio en altamar

La patria en pie

El puerto

                 El faro

                             La Esperanza

Meciéndose en antigua Grecia

Y en cualquier país del mundo.

Todos somos indios, griegos, Ulises, Taykanamo, en cualquier parte del mundo, amenazados por la destrucción del mar.  Volvamos la mirada al mar, puede ser algo decisivo para salvarnos. Volvamos al mar, aunque esto sea una locura, y ese regreso no es “locura” en la historia del hombre, busquemos un humanismo renacentista, una forma de vida natural que evite la bancarrota de la humanidad.  Renacer de las cenizas, no es hoy un mito, a pesar de todo lo recorrido.  Navegamos, en las tangibles provincias de cierta modernidad, respetemos lo sabio de la tradición, ese es el reproche que nos hace el poeta Bethoven Medina: indaguemos por una nueva sociología histórica de un renacimiento cultural distinto.

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·         Poeta nacional, docente UNI.

 

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