Libros de Cajamarca - 2009

 

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ESPINOSA ORREGO, Francisco Santiago. Pedro José Villanueva y Espinoza. Editoral Universidad Privada Antonio Guillermo Urrelo, Primera Edición. Noviembre 2009. Pág. 302. formato 14.5  x 20.5 cm.

PRÓLOGO

Siempre se recibe con alborozo el advenimiento de una publicación y con mayor razón, cuando la temática se refiere a lo nuestro, tal es el caso del libro; Pedro José Villanueva y Espinoza. Prócer y Político, del Departamento”, cuya autoría pertenece al prestigioso docente universitario, Dr. Francisco Santiago Espinoza Orrego, y sobre el cual, en esta oportunidad tengo la grata satisfacción de esbozar estas prologales.

Es una publicación sobre Historia Regional que viene a enriquecer la bibliografía cajamarquina y a contribuir, con secular anhelo, a la consolidación y afirmación de nuestra identidad.

El ensayista Luigi Barzini afirma, fundadamente, que el hombre se orienta a identificar primero su entorno geográfico y cultural más inmediato, para ubicarse mejor dentro de los grandes conjuntos humanos. Ello responde al hecho que en las últimas décadas se ha acrecentado el interés por los estudios regionales, pero integrados siempre a lo nacional. Esto permitirá que haya una mejor identificación con la historia y la geografía de la patria grande, a través de los hilos que la comuniquen con la patria chica.

Esto, que es evidente, ayudará a todos a tener una mejor comprensión del Perú.

En esta propuesta se orienta la presente publicación.

La Revolución del 3 de enero de 1854 es un hito importante en el devenir histórico de esta tierra, porque fue el acontecimiento que determinó la elevación de Cajamarca a la categoría de departamento. Toribio Casanova, Juan Antonio Egúsquiza y Pedro José Villanueva fue el triunvirato que luchó heroicamente por nuestra independencia política, para dejamos esta herencia que como patrimonio debemos defender.

Sobre Pedro José Villanueva sólo se contaba con algunas referencias biográficas, es por ello que el presente libro cubre este espacio tan sentido y que cobra singular valor por cuanto ha sido realizado por un descendiente del prócer, el Dr. Francisco Santiago Espinoza Orrego, quien en su tarea investigativa tiene presente la mística familiar unido a la objetividad del historiador, ya que cumple con ese alto fin de descubrir la verdad, para el imparcial juicio y el permanente ejemplo.

Hemos sido testigos de la inquietud del autor, por transitar con paso firme por el campo de la Heurística, en esa afanosa y primordial labor de acopio de información en los repositorios documentales del Archivo Regional de Cajamarca y del Obispado de Cajamarca, y otros que han permitido estructurar un trabajo con un fundamentado respaldo científico. Después de esta inicial tarea ha construido, ladrillo a ladrillo, con perseverancia, las bases sobre la genealogía y vida de uno de los fundadores del departamento, don Pedro José Villanueva, y la historia de la casona que sirvió como recinto de importantes sucesos, como la firma del Acta Popular, el Convenio de Paz y los decretos que sellaron la categoría departamental de Cajamarca.

El doctor Francisco Santiago Espinoza Orrego, como profesional del Derecho y Ex Magistrado, nos presenta en el nivel hermenéutico, la interpretación y visión jurídica del movimiento revolucionario del 3 de enero, importante análisis que nos permite comprender a cabalidad este primer grito descentralista en el siglo XIX.

Para apreciar y comprender debidamente el gesto, la acción de un personaje, que se traduce en un hecho de carácter histórico, es necesario establecer la relación con el tiempo, así como el ambiente que le toca vivir, con las motivaciones que lo impelen a tomar una determinada posición, o a realizar una acción. Este aspecto referido a contextualizar el hecho histórico está muy bien realizado, por cuanto el autor ha tenido cuidado de presentar la situación y realidad político-social de Cajamarca en la época que se realizaron los acontecimientos.

Toda obra de índole histórica se orienta también al campo axiológico, por ello nos parece importante, sobre todo en el momento actual, que el Dr. Espinoza haga recordar y reflexionar a la ciudadanía y a los gobernantes, sobre el tema de la interculturalidad, orientada a la integración de las etnias y el respeto a sus ideas, tierras y costumbres, tomo una condición básica para vertebrar una cultura de paz y de convivencia en y con la justicia.

Toda biografía -anota Emil Ludwig- tiene una meta artística y una finalidad moral: traza el retrato de un hombre y ofrece al mismo tiempo .al lector una imagen que debe servirle de modelo y advertencia.

Este libro sobre la semblanza de Pedro José Villanueva Espinoza, tiene esas virtudes, por ello será bien recibido y justipreciado en cuanto a un propósito y a lo que significa como mensaje.

Julio Sarmiento Gutiérrez

Cajamarca, Noviembre, 2009

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RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ, Royser Omar. Los ojos del diablo. s/de.Edición 2009. 32 Pág. 20.5 x 14.8 cm.

Presentación

El joven estudiante de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de Cajamarca, Royser Omar Rodríguez Rodríguez, me ha solicitado que escriba una breve presentación de su ensayo «Los ojos del Diablo». Como maestro universitario y abogado comprometido con la defensa de las causas justas, no puedo negarme a tan atenta solicitud y por ende cumplo con satisfacción este encargo, no sólo por alentar el esfuerzo del autor, sino porque estoy convencido que la temática que se aborda en este pequeño libro es trascendente para la vida democrática de nuestro sufrido país, el Perú, corazón clavado a martillazos, como le gustaba decir a Salazar Bondi.

«Los ojos del diablo» constituyen un alegato crítico y comprometido sobre el dramático enfrentamiento entre pobladores y policías en Bagua, ese infausto hecho que no debió suceder, pero que ocurrió por la desidia de un gobierno incapaz de atender y resolver las demandas sociales, sólo por defender la continuidad de un fracasado modelo económico y político antinacional y anti popular.

Aunque el autor prefiera llamar ensayo a su trabajo, la obra se ajusta más al género del libelo político que tan poco se cultiva en estos tiempos. El mismo que, a pesar de ser un género menor, es indispensable en cualquier comunidad política, tal como lo demostraron hace más de 25 siglos, los sofistas, esos viejos maestros de retórica, tan temidos como respetados, que consideraron que la democracia se construye y fortalece con discursos capaces de señalar los males sociales, pero capaces también de persuadir a la comunidad para encontrar soluciones.

El saldo terrible de este enfrentamiento, la muerte de decenas de policías, indígenas y pobladores, es un enorme pasivo político y moral que habrá de atribuirse al segundo gobierno de Alan García, del mismo modo como se recuerda las terribles matanzas del Frontón y de Los Molinos ocurridas en su primer y nefasto gobierno, dos casos extremos de ejecuciones extrajudiciales absolutamente injustificables.

Precisamente, «Los ojos del diablo» nos recuerdan el libro de Agustín Haya de la Torre, llamado «El retorno de la barbarie», en el que, el entonces diputado de izquierda y ahora militante aprista, demostró con tono airado, lenguaje cortante y abundante prueba documental, la intervención directa del presidente García en la matanza de los penales de 1986, denunciando, además, cómo en tan graves circunstancias nadie asumió la responsabilidad que les correspondía. Tal como viene ocurriendo, de nuevo, frente al sangriento «bagüazo».

Este manto de impunidad que se impone, no es, sin embargo, una prueba de la fortaleza del régimen, sino todo lo contrario. Se trata, más bien, de un mal ejemplo que deslegitima las instituciones democráticas y el Estado de Derecho.

Al respecto, los gobernantes actuales, en vez de repetir el fracasado discurso neoliberal y autoritario, deberían volver a leer al viejo Haya de La Torre, quien en 1927 escribió: «Los pueblos no se educan únicamente en escuelas, colegios o universidades, se educan primordialmente en el ejemplo. La moralidad gubernativa es una de las enseñanzas fundamentales que debe darse al pueblo». Y más adelante, de manera premonitoria, respondiendo a los que ahora se escandalizan porque muchos ya no creen en las instituciones y se ven tentados a tomar la justicia por su propia mano, el viejo líder aprista escribió: «Para educar es preciso tener autoridad y dar ejemplo. Cuando la juventud presencia el espectáculo de un país desorganizado, desmoralizado y vendido, la juventud no puede aprender sino la lección de la desesperanza».

Y es esto lo que está en juego en acontecimientos como los analizados en este libro. La legitimidad de la democracia, de sus instituciones, de sus representantes. La autoridad moral de un régimen que no puede combatir a la barbarie con la barbarie, la corrupción con el latrocinio, la irresponsabilidad con la impunidad.

Por eso celebro la actualidad del alegato del joven Rodríguez Rodríguez, ya que, a contracorriente de los escépticos y de los desesperados, tiene fe en la democracia y en sus valores, aun cuando en su mensaje, la Democracia y el Estado de Derecho tenga una tonalidad y sabor diferente a la descolorida e insípida democracia burguesa que agoniza, al entenderla en su sentido lozano de democracia popular y participativa, como realización profunda de justicia social y de responsabilidad política.

Royser Ornar Rodríguez Rodríguez pertenece, pues, a las nuevas generaciones, esas que no se han desmoralizado, que no han perdido su capacidad de indignarse y enfrentarse a cultores de la muerte y la mentira. Y por eso, merece ser escuchado y leído.

Cajamarca, 09 de Julio de 2009.

CÉSAR AUGUSTO ALIAGA DÍAZ

Vice Decano del Ilustre Colegio

de Abogados de Cajamarca.

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DÍAZ HERRERA, Jorge. El placer de leer a Vallejo en zapatillas. Editorial San Marcos E.I.R.I. Primera Edición. 2009. 346 Pág. 20.4 x 14.5 cm.

El placer de leer a Vallejo en Zapatillas, es la visión más desafiante que se haya escrito sobre la poesía del autor de Los heraldos negros. Rompe esa forma manida de ver en el Poeta a un ser sin alegría y le abre al lector una ventana nueva para apreciar el cuerpo poético de Vallejo en toda su extensión, más allá incluso del dolor. Jorge Díaz Herrera muestra el humor en el poeta y en su poesía, esa faceta escondida que al ser descubierta engrandece aún más en el universo vallejiano.

La lectura de este libro ampliará o cambiará en mucho la manera de apreciar al poeta, no obstante que él seguirá siendo el mismo.

El placer de leer a Vallejo en Zapatillas es un libro que cautiva por su visión desconcertante y su estilo ameno, claro, fácil, sin solemnidad alguna, como una conversación con todos.

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PERALTA RAMOS, Segundo Teodoro. Versos de mi alma. Editora Gráfica del Norte, Primera Edición. Noviembre 2009. 96 Pág. 20.8 x 14.6 cm.

PRÓLOGO

''Versos de mi Alma", del autor Segundo Teodoro Peralta Ramos, son justamente eso, en todo el sentido que la frase pueda tener, tanto literalmente como en todas las connotaciones semánticas que nuestra emotividad y vinculación afectiva pudiera encontrar allí, al leer el contenido de este hermoso y muy sentido poemario. No en vano su autor ha visto el nacer de sus días, al pie de la efigie de Dios tallada en roca viva por la naturaleza. No en vano, el autor ha visto enturbiarse las aguas del Llaucano con relaves, hasta hacer desaparecer de allí a todas las formas de vida conocidas. No en vano aprendió el autor, a recitar sus primeros poemas, bajo la luminiscente calidez de su tierra natal: Bambamarca y, bajo la cruel convivencia de gamonales y pobres, en la cercana Chalamarca y otras haciendas de similar origen y naturaleza. Todas esas experiencias de vida, quizás, lograron convertir a Segundo Peralta, mejor que lo que pudiera hacerla cualquier escuela formal, en el hombre poéticamente sensible que ahora es.

Indudablemente, la aventura de leer ''Versos de mi Alna", ha de ser plenamente gratificante para todos los que decidan adentrarse en ese ámbito mágico, imaginario y poético que construye su autor, en torno al amor, a la amistad, a la certeza, a la duda y al deseo de otros motivos más, que en la pluma del autor se hacen poesía. Es indudable, igualmente, que pasar por los vetustos claustros del Colegio "San Ramón" de Cajamarca, le ha de haber impactado profundamente en el sentimiento de querer hacer de su vida, una fecunda respuesta literaria frente al mundo, y para tratar con su aporte de "granito de arena", de contribuir a hacer más grande la "tradición gloriosa" y el "vínculo de fraternidad" que une a todos los alumnos de esa formidable y centenaria institución educativa.

No menos vivificante en la vida de Segundo Peralta, tiene que haber sido, formarse profesionalmente para docente, a la sombra del Hermano Victorino Elorz Goicoechea, hombre que supo hacer de su vida, un ejemplo de probidad y entereza, frente a los retos que entraña la educación y la formación de educadores. Sin embargo, no es a su apostolado a quien canta, porque lo que escribe nos indica con luz y sentimientos propios, que él está tan enamorado del amor como de su profesión.

En "Romances", le canta al amor, por encima de todo. El amor es el hilo conductor omnipresente en todos sus poemas en esta sección de su obra y, es el sentimiento que tiñe, a veces con pena, con dolor y alegría, los versos que pareciera que están escritos con el corazón dolido y a veces con la alegría rebosante que nos llena cuando ese amor es correspondido.

En "Humanidad" el autor denuncia, casi a gritos, su inconformidad, su desazón y su dolida resignación frente al mundo que le rodea, al identificar allí con sus ojos de poeta, a la injusticia, a la desidia y al exceso, conviviendo juntos en una dolorosa simbiosis con las ganas de amar o de vivir que, de no existir como hálito espiritual que nos vivifica, nos llevaría irreversiblemente por el camino del suicidio o la "síntesis".

En "Dios Mío", el autor más fortalecido con su infinito amor a Dios, canta a la cristiandad, implora en "Qué me faltará" y en "Sufragio" reflexiona sobre este amor cuando dice: ¿Por qué Maestro Santo sublimo mi ternura / a un amor pagano que no dura?". No cabe duda que Segundo Peralta, sangra por sus cuatro costados en este poemario, pero sangra para deleitamos con sus versos dolidos y plagados de sentimiento que, a veces, se encierran voluntariamente en las rimas y las métricas de la poesía clásica convencional.

Finalmente, hay que decirlo, en "Linaje de Oro" el autor canta pletórico de dicha y entusiasmo a la juventud, que nunca acabará; a su escondido y añorado linaje, del que siempre se sentirá orgulloso; a las alboradas que ocurren cotidianamente en su tierra pero que, como ya lo hemos dicho, cada día nacen pletórico s de luz y de color; sin olvidarse de su mentor espiritual y magisterial: el Hermano Victorino Elorz Goicoechea, ni de su vetusto y centenario colegio "San Ramón" del que dice como si fuera una arenga: ¡Compañero!, nunca falles / ni en las luchas tú desmayes, / con estudio ponte regio / y da prestigio a tu Colegio. / Con fervor entona tu himno, / que del bien es Un gran signo. / Siempre en alto lleva el lema, / como lo haces con tu emblema. / Nunca olvides "SAN RAMÓN" / que eres tú, mi corazón. / A tu nombre..., ¡A tus honores! / te obsequio mil amores.

Cajamarca, noviembre de 2009

Wilson Izquierdo González

Subgerente de Educación, Cultura y Deporte de la MPC.

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BAZÁN BECERRA, Guillermo Alfonso. Diario virtual 1. Fondo Editorial de la Municipalidad Provincial de Cajamarca, 2009. Pre prensa e impresión: Editorial Gráfica del Norte, 2009. 124 pág. 20.5 x 13 cm.

 

INVITACIÓN

Un Diario suele ser privado y sus páginas se reservan a quien lo hace, cuando posee secretos del alma; pero éste debo compartido porque de lo contrario perdería su razón de ser, pues mucho de su contenido aflora como planta silvestre en el jardín literario y -por qué no- como desvarío de la fiebre o de las pesadillas.

Resulta reconfortante para quien, como yo, disfruta dejando constancia de cada jornada, hacer partícipes de ella a todos cuantos busquen hermanarse a través de estas páginas. Ingresa, pues, por esta pequeña puerta y en alguna referencia quizá encuentres algún enlace con tus vivencias, recuerdos, sueños o algún fragmento del tiempo que pensaste habías perdido...

Algunos de estos contenidos ya circulan a través de Internet, como diapositivas con música: allí nació el nombre de Diario virtual, que ahora se vuelca al formato impreso. Gracias por permitirme acompañar tu camino.

Lo dedico a la memoria de mi hermano Wálter Enri-

que Bazán y la de aquellos amigos que me honraron son su afecto: Salustio y Eileen Muñoz Arana, Manuel Ibáñez Rosazza, Dolores Estela Goicochea, Fernando Silva Santisteban, Aldo Gonzáles Muro, Gi1berto Cubas A1va, Hernán Caballero Rojas, Che1ita Caballero Chávez, Fernando Serván Rocha, José Za1dívar Mas, José Tejada Goicochea, Abraham Guevara Martínez y Pedro Ortiz Silva, entre otros. También a la memoria de mis extraordinarios profesores Juan Villanueva Rodríguez, Alfonso La Torre Barrantes, Tarsicio Bazán Zegarra y Norberto Barboza Miller, cuyas buenas enseñanzas felizmente siguen frescas.

Este Diario es ofrenda especial para esas admirables mujeres que me amaron y que fueron ejemplo de integridad, cuya presencia sigue latente en mí, aunque hayan muerto: Gladys Silva Arana, Antonieta U. y Carmen Ghimy. Cada una inspiró muchos de mis escritos.

Y, como debe ser, para aquellos profesores que fueron decisivos en mi formación y desarrollo cultural y artístico, a los que me gustaría volver a abrazar como expresión de mi gratitud y cariño: Delia Sáenz Cacho Souza, Edelmira Mada1engoitia y Julio Bardales Álvarez. El ejemplo de integridad total de todos los nombrados dio riqueza a mi vida.

El autor

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CABANILLAS, Ricardo. La casita teja roja. Octubre 2009.

PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN DE LA CASITA TEJA ROJA

                Después de casi diecinueve años  hemos vuelto a visitar  “La Casita Teja Roja”. Y hemos sentido la misma emoción de la primera vez. Su aroma a ruralidad,  propio de la zona cajamarquina, con sus personajes y motivos ahítos de honda ternura infantil. Estos referentes contextuales coadyuvan a fortalecer el amor a la naturaleza para re-descubrir el espacio eco ambiental y espiritual del ser humano. Así,  aparecen los sentimientos de pertenencia, identidad  y convivencia que echan profundas raíces en la niñez.  Como decía Juan Ramón Jiménez: la infancia es la edad de oro del ser humano. Allí pernoctan y germinan la sensibilidad y la fantasía; allí la metáfora de la existencia es

más lúdica, emocional y afectiva que lógica, lineal  y racional. Eso es lo que da ritmo y sentido a la vida. Nos sentimos honrados, por eso, de cantar a la niñez, a los espacios excluidos por el propio ser humano, corroborando así,  que aunque pasen los años, uno nunca deja de ser niño.

Anhelamos que el lector nos acompañe siempre en esta terca aventura de creer  como Manuel Ibáñez Rosazza, que la poesía siempre abrigará el alma, tan fría, a veces, en estos difíciles tiempos. Que los niños, del campo y la ciudad, encuentren  una ronda de lectura compartida para valorar con hondo sentimiento, nuestro entorno rural andino. Que en “la casita teja Roja” siempre habrá una habitación para el solaz del espíritu y una ventana abierta para contemplar, leer y comprender el mundo.

                                                            Cajamarca, octubre de2009

Ricardo Cabanillas

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ORTIZ CHÁVEZ, Víctor Ramón. Perdón Celendín - Edición Histórica. Fondo Editorial Fundación por el Arte, Febrero 2009. 146 Pág. 21 x 20.8 cm.

PROLOGO

Con nosotros, nuevamente... El Vrocha

Para todo ser humano la infancia marca y, de algún modo, define y orienta su vida. Esta premisa se da, de manera especial, para aquellos seres sensibles que, ha partir de la utilización creadora de su pasión e intelecto, llamamos artistas.

El ambiente que rodea al creador define y moldea su personalidad y su obra; es el sello que lleva y perenniza, directa o indirectamente, en su trabajo.

Sin embargo, es la infancia la que inicia al artista en sus percepciones más sublimes e impactantes. La infancia es el cimiento de su creatividad; su hilo conductor; su nexo infinito.

El entorno familiar, la casa y su magia, el barrio y sus personajes, el pueblo y su vida propia son, además, los elementos que lo nutren y le permiten continuidad en su tarea inagotable. Así, con dedicación y gran perseverancia, es capaz de presentarnos lo que ha percibido de un modo especial. Con un aliento propio nos muestra los que, en buena y gran medida, le ha impactado.

Un verdadero artista nunca deja de ser niño. En él la infancia, como elemento indisoluble de su paso vital por el Planeta sumado a su alma noble y bienhechora, cumple un rol: el de mostrarnos seres, sucesos o ambientes, que le han impresionado y con quienes se siente plenamente identificado.

Ahora, un artista no común, genial y talentoso creador, nos presenta este magnífico libro lleno de vitalidad y expresión visual, demostrándonos que su creador es, en esencia, un ser singular por su extraordinaria capacidad de asombro. Él ve, desde lo que nos muestra, lo que muchos no ven: percibe en lo oculto, encuentra motivos y motivaciones en lo aparentemente vacío.

En este majestuoso trabajo se perenniza el creador, el hombre que no ha dejado de ser niño, el capturador de personajes a quienes respeta y presenta como un espejo para mirarnos. El artista impregna, además, con su caricatura como firma y señal de respeto, un perdón que es actitud de hermandad y valoración a los hombres simples y universales por él representados.

Como verdadero artista, El Vrocha ha hecho suyo el espíritu de la casa mayor: el barrio; y de la casa global: el pueblo. Su pueblo de anécdotas y risas continuas, de artistas por doquier, de gente noble y trabajadora. En este pueblo, El Vrocha tuvo sus primeras impresiones, allí nació su arte y creció sencillo y contundente, pues Celendín es, y seguirá siendo para nuestro artista que hoy nos acompaña, el espacio de valor único que le permite crear y mostrar su valía artística en cualquier parte del mundo. Celendín seguirá siendo para El Vrocha universal en la medida que continúe floreciendo como su espacio de desarrollo artístico.

Este maravilloso libro que El Vrocha ha trabajado con gran dedicación es la mejor muestra del amor de este notable artista por su terruño y su gente. Es la mejor prueba de las irrefutables razones para no dejar la casa paterna, la calle de personajes singulares y el barrio que siempre espera paciente su obra para reconocerse y orgulloso mostrarse abierto a su pueblo y al lector sencillo y de corazón sincero.

Hay que subrayarlo: nadie como El Vrocha para damos una idea cabal del hombre común en su entorno a partir de la caricatura, de allí su universalidad telúrica e individual. De allí también que cualquier palabra preliminar a la obra de este artista cabal sólo sea una invitación para compartir la vitalidad creadora del hombre simple que, como ente viviente, se queda en estas páginas para acompañarnos en lo eterno.

Estas breves palabras de inicio solo deben servir para abrir el telón para descubrir un mundo donde habitan, eternas y humanas, caricaturas trazadas con respeto y aliento de vida; por eso solo nos queda decir ... con nosotros, nuevamente: El Vrocha.

William Guillén Padilla

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TELLO, Olga. Pétalos de Poesía. Primera Edición, Diciembre 2009. 60 Pág. 14.4 x 21 cm.

PROLOGO

Más allá del universo de la palabra de Oiga Tello

La poesía es una comunicación que se da entre los seres que habitan el planeta Tierra, la poesía no sólo está limitada a los seres humanos ni es facultad exclusiva de determinada especie, es por eso que asume un carácter de universal cuando es lanzada en versos.

Pocas veces la poesía ha sido un ente disyuntivo, salvo en los salmos, entre el bien y el mal. La poesía es básicamente la libertad de los sentimientos hechos palomas que buscan alcanzar su vuelo y una vez libres su único objetivo es el volar y transmitir en sus líneas la explicación sincera de los sentimientos.

Hoy que el mundo se sumerge en una pérdida de valores, se ha hecho cada vez más extraño el publicar poesía y sentimientos tatuados en el papel a través de poemas, es importante revalorar la identidad de los pueblos y traslucir los sentimientos a través de la palabra.

La palabra hecha poema implica compartir una experiencia, un sentimiento y las vivencias simples de la cotidianeidad hasta la profundidad excelsa del amor y el desamor. Nada como la poesía para construir puentes entre el hombre y los seres que habitamos este mundo cada vez más deshumanizado.

La poesía de Olga Tello es un testimonio lúcido de que las palabras pueden ser el reflejo de lo vivido, idealizado y reproyectado en el futuro. Su carrerea de profesora de literatura le permite jugar con las imágenes y plantear el cambio sistemático de figuras literarias, usar neologismos en tiempos diferentes que la sumergen en una etapa y la hacen aparecer en otra distinta, (como el nado de un delfín que vuelve a su pasado sin respirar y de nuevo vuelve a su realidad a tomar bocanadas de aire puro).

El poemario, en su primera parte, está saturado de tristeza como tema de fondo, sin embargo es circundado por otros como la melancolía que evoca un tiempo en que la felicidad era recurrente.

La soledad es un punto central en medio del poemario que alimenta los elementos y los tecnicismos aplicados a la morfología de la estructura literaria. La vida es un paso breve que se repite y que se sostiene y refuerza con figuras importantes como:

“Tengo el alma enferma de distancia y de tiempos "

‘‘Juguemos a vivir entre hombres llagados de penas…

"Mis manos besan un paisaje del ayer" Son solo algunos ejemplos del manojo del versolibrismo.

La segunda parte es una paradoja con respecto a los versos de la primera. “Apacible soledad" es la continuidad de un episodio previo que si bien no ha cambiado tiene elementos de sensualidad que la engrandecen y añaden un tono impregnado a poesía moderna con figuras entremezcladas en lo real y lo irreal, con sueños más fraternalmente vividos y humanamente idealizados.

J. A. Padilla.

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MONDRAGÓN TAPIA, Edilberto. Así es Cajamarca. Tomo I. Nor Cultural, Jaén, 2010.

En la Biblioteca del Congreso figura la siguiente Ficha Bibliográfica:

R / 918.15 / M77

Mondragón Tapia, Edilberto

Así es Cajamarca / Edilberto Mondragón Tapia. -- Jaén: Nor Cultural, 2010.

t.: fot. ; 21 cm.

Contenido: Cajamarca y sus provincias. Jaén y sus distritos. Chota y sus distritos. San Ignacio y sus distritos. Cajamarca y sus distritos. San Marcos y sus distritos. San Miguel y sus distritos. Contumazá y sus distritos. Santa Cruz y sus distritos. Celendín y sus distritos. Hualgayoc y sus distritos. San Pablo y sus distritos.

[Ubicación en el Anexo]

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RODRÍGUEZ GUTIÉRREZ, Manuel. Espirales de voces en el silencio del arco iris. Cuervo Blanco Ediciones, s.e., Cajamarca, Diciembre 2009. 10.5 x 21 cm. 210 Pág.

Presentación

Construir universos figurativos sobre las bases de una realidad caóticamente existente, son una de las tantas peligrosas formas de vida por las que el escritor opta.

Que un hombre o mujer piense o escriba literariamente resulta algo simpático, admirativo y si se quiere hasta estrambótico.

Ahora que ya no uno sino un grupo de literatos piensen y escriban sobre el devenir de la vida, y encima tengan la buena voluntad de juntarse para socializar sus ideas, resulta peligroso, para un sistema en el cual las imposiciones" oficiales" y la violación de los derechos fundamentales del ser humano son el pan de cada día.

Por eso resultó peligroso y aleccionador que este grupo de escritores se hayan reunido, con un claro compromiso con la naturaleza, con las igualdades sociales, étnicas y de las diferentes formas de libertad; es decir, un compromiso real con la defensa de la vida.

En el marco del IX Encuentro de Escritores "Guillermo Torres Ruiz", aparece esta antolo-

gía que reúne las voces de hombres y mujeres peligrosos y peligrosas que vienen desde diferentes partes de nuestra angustiada realidad, para manifestarnos el fruto de sus mundos figurativos.

Por tanto, dada la diversidad de realidades y de contextos sociales donde se desenvuelven, es que hemos de encontrar variedades en cuanto a la temática, estilos, recursos y mensajes que al fin y al cabo construyen la individualidad y la personalidad de cada uno de los escritores.

Estamos seguros que si esta obra ve la luz por segunda vez, es porque se tiene claro que la literatura sirve para entretenernos, enriquecernos espiritualmente, cuestionamos y sensibilizamos y a través de ella buscar el respeto de los derechos humanos, de la naturaleza y, en suma, de la vida misma.

Manuel Rodríguez Gutiérrez

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PEREYRA, TERRONES, Jorge. Valle de Sueños Verdes.  © Jorge Pereyra Terrones / Autor – Editor. Primera edición, diciembre 2012. Diseño, Diagramación e Impresión: C&J Impresiones E.I.R.L. Cajamarca, Perú. 102 pág. 14.8 x 20.9 cm.

 

PRÓLOGO

Valle de Sueños Verdes es el poemario del poeta cajamarquino Jorge Pereyra Terrones que confirma no sólo su conciencia del oficio de poetizar, sino su acrisolado sentimiento de amor partido en dos mitades: la mujer amada y la tierra natal.

Con estos ingredientes, Jorge Pereyra consagra su vocación romántica, y en su reencuentro con la mujer y el lar nativo, vuelve al tema común de los románticos: el amor, para desde allí producir la más vigorosa eclosión de sus originales imágenes poéticas.

Su inspiración vuela hacia la pintoresca e histórica ciudad de Cajamarca, su lugar de nacimiento, insinuando a veces notas sensuales. Abril es la personificación del amor que va al sur del continente americano como un horizonte de esperanza:

 Cuando venga abril,

subirán por mi barba los duendes de la lluvia.

Y se dormirá el trigo en las alas de los pájaros

En Cajamarca,

mi tierra,

abril salpicará su amor sobre los patios,

los portales coloniales

los caminos empedrados

y las estatuas de los parques.

A las muchachas que suspiran por el novio ausente,

Abril les morderá los senos,

les moldeará el vientre

y las tumbará ebrio de placer sobre la hierba

hasta que se abran como una flor.

 

Abril llegará en abril

cuando todos miremos hacia el sur.

 

Sin dificultad se advierte el retorno y el reencuentro con el ser amado; el poeta vuelve desde aquella inmensidad azul, el mar. El despliegue de imágenes poéticas fluye cual un torrente nerudiano, cargado de lirismo sugerente, como en el poema “Araña de fuego”, donde el amor se extingue a pesar del intento por reconstruirlo piel a piel. La distancia del suelo natal provoca la nostalgia y la añoranza del poeta. El anhelo del retorno abre la esperanza del rencuentro con los espacios y vivencias de la infancia. Y el citado poema termina así:

 

Regresaré nuevamente

como un viento caliente para soplar entre los árboles

las húmedas astillas de mi voz

 

La imagen inolvidable de la mujer hermosa, de aquella dama de rostro níveo y de mirada azul –lo intuimos-, se evoca en el sueño poético del autor: Bellita, / esta tarde tú me llegas / desde adentro/.

Así, pues, en el delicado lirismo de Jorge Pereyra, vuelven a intensificarse los conocidos ingredientes románticos: el paisaje, el recuerdo, la añoranza… En la evocación, el poeta se denuncia a sí mismo, la emoción poética se plasma en la palabra florecida. Las repeticiones o anáforas del poema “Confesión a mí mismo” es una manera caleidoscópica de su confidencia.

El prístino amor del poeta, sin duda, está en Cajamarca. Los sentimientos de amor y de la naturaleza se conjugan en la floración de la palabra para revelar a veces los eróticos anhelos:

Búscame a tientas,

si es posible,

cholita cajamarquina,

en los pliegues tibios

de tu amor sin sábanas.

 

Ábrete a la vida,

cholita,

como se entregan las retamas al sol

y así convertiremos nuestro amor en semilla.

 

El lirismo de Jorge Pereyra se encumbra y asciende al nivel cenital de su creación en el poema “Doña Marujita”, nombre sin duda de su madre, a quien la recuerda con merecido amor y ternura. Pues, el poeta que canta a su madre, canta a todas las madres del mundo; de allí la universalización de sus sentimientos personales:

 

Pero yo sé, Madre,

que algún día regresarás en pañales

como vienen las cosas que aún se quieren,

para que nos arropes

y nos despiertes por las mañanas.

 

Ese día será puntual el sol,

brillarán los flecos desvanecidos del arco iris

y un florecimiento de geranios

enternecerá las palmas de tus pequeñas manos.

 

El manejo del recurso poético facilita la entrega del mensaje. En el poema “Estrella apagada”, la reiteración del primer verso de cada estrofa revela el tema eje de la composición como una convicción del poeta acerca de su destino final:

 

El día que muera

escribiré estos versos con las manos del recuerdo

en una pared de arena.

 

El día que muera

alguien seguirá soñándote cada noche

y cerraré mis ojos para volverte a ver.

 

Y otra vez en “Fui Feliz” el estro se eleva para ubicar a gran altura imágenes poéticas de gran factura como éstas:

 

Erige un tiempo nuevo

de azafranes frescos

y la lluvia bajará temblando por tus muslos

como una bandera desgarrada.

 

Tienes algo de montaña

por el agua limpia que baja de tus ojos

y remoja mi estatua con su voz decapitada.

 

Búscame

como a un zapato extraviado

y toda la vida seré

el sillón que sonríe a tus espaldas.

 

La tristeza invade el espíritu del poeta y otra vez la añoranza por la tierra natal se anida en su corazón convirtiéndose en tema recurrente del poemario. Claramente aparece el poeta transido de ausencias y lejanías, típicos signos de su manifiesto romanticismo. Recuerdos y añoranzas de Cajamarca palpitan en su cantera sentimental; distante de su tierra, vuelve a ella con su palabra fresca y renovada:

 

Allá,

donde mi Cajamarca empieza

debajo de un sauce huérfano.

 

Como hemos dicho ya, es un romanticismo en el que se funden la impresión del paisaje y la vivencia íntima. Los asuntos familiares se convierten en intensos motivos poéticos que alcanzan notable altura artística. Entre anhelos y añoranzas acuden a sus recuerdos la casa familiar, la callecita empedrada, la infancia feliz, el amor juvenil y la bella naturaleza con sus variados elementos. El poeta vuelve a ser niño y la evocación se rinde ante la tierra querida: Cajamarca. Éste es uno de los hilos conductores de la poesía de Jorge Pereyra. Es un entrañable canto lírico a la tierra del Cumbe; pero también es un canto tierno a la mujer amada. El poeta, inevitablemente, está atado a dos fuerzas centrípetas: la amada y la tierra natal. Lacerado por el amor y acaso sumido en sombras, el vate se libera del infortunio y su corazón herido renace en la alegría del reencuentro con el ser que ama:

y al final

nos abrazaremos muy heridos

para que florezca sin espinas nuestro amor.

 

Es un romanticismo contenido que no se desborda en extremosidades eróticas ni en exageraciones lacrimosas o melodramáticas en el que a menudo han caído muchos vates románticos en ciernes.

Jorge Pereyra encuentra en el verso la formalización poética para definir con marcado lirismo lo que es el amor. Es una manera original no sólo de concebir el amor, sino de expresarlo en imágenes poéticas de singular belleza verbal:

 

El amor

se detiene en los puentes

para interrogar al agua.

 

El amor

es la sencilla desnudez de los eucaliptos cajamarquinos

que cantan en coro.

 

El amor

permite que vuelen juntos

dos corazones alados.

 

Finalmente diremos que Valle de Sueños Verdes es un hermoso poemario que fluye natural como un torrente sin cauce para juntar sus aguas en el mar inmenso que baña el amor y la tierra añorada de Jorge Pereyra, estancias imborrables de su edad juvenil.

 

                                                                       Luzmán Salas Salas

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PEREYRA, TERRONES, Jorge. La Otra Mitad del Amor. CUERVO BLANCO EDICIONES, Cajamarca, 2009.

PRÓLOGO

     Ampliamente reconocido como periodista de fuste y como el original narrador del libro de cuentos “La Lengua del Silencio”, Jorge Pereyra en esta grata oportunidad nos entrega un precioso ramillete de poemas amorosos con su más reciente poemario “La Otra Mitad del Amor”,.

No se sabe qué admirar más en ellos, si la precisa y sabia arquitectura que los sustenta –y que confiere a cada composición su admirable unidad- o el lenguaje intensamente connotativo, pródigo en felices hallazgos verbales y rico en sugerencias alusivas al mundo de la naturaleza.

Fácil nos resulta advertir que el autor ha pergeñado, en mayor o menor medida, sus quintaesenciadas composiciones a la luz de las nuevas fórmulas estéticas que han abierto nuevos horizontes al arte.

Nuestra imaginación resulta herida, aquí y allá, por impresiones fugaces a veces, vivencias de honda repercusión emocional, sensaciones vibrantes de color y de luz.

No en vano ha dicho Paul Valéry: “La Literatura es y no puede ser otra cosa que una especie de extensión y de aplicación de ciertas propiedades del Lenguaje”.

Y el gran poeta francés, más adelante añade: “¿Y no es acaso el Lenguaje la obra maestra de las obras maestras literarias, ya que toda creación literaria se reduce a la combinación de las potencias de un vocabulario determinado?”

La filosofía, más de una vez se nos ha dicho, tiene afinidades con la poesía y las dos tratan de expresar el sentido final de la vida. La creatividad poética de Pereyra alcanza este sublime y elevado propósito con la mejor elección de palabras, en el mejor orden, y eso es la perfección.

Cientos de pormenores de orden circunstancial o verbal componen un libro; Jorge Pereyra los ha imaginado y combinado con singular maestría.  Una vez adentrados en la lectura, nuestro interés es vivo y creciente.

Porque en los versos de Jorge Pereyra ya no vemos sólo un canto de amor.  Vemos al hombre refractario ante el ciego destino, que anuncia su ventura y, como el espectro de la balada germánica, no busca los árboles secos sino las rosas de primavera.

Poeta al fin, y poeta de amor; porque la desazón incluso, poéticamente expresada no es más que la espina que se clava por amor a la rosa.

Este maravilloso ramillete lírico –es preciso decirlo de una vez- sonríe a la sonrisa de la Vida y de su entraña se desprende la nieve de glaciales estrellas. A la vez que un canto al amor es la apoteosis de las espigas, es un árbol cuajado de insectos y de flores.

Hay  libros  que  nos  tocan  físicamente,  como  la  cercanía  del  mar  o  de  la  mañana.   Éste -para mí- es uno de ellos.

                                                                     Alfredo Jimeno Mora

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GUILLÉN PADILLA, William. Actos y Relatos. Universidad Alas Peruanas, Cajamarca, 2009.

LOS ACTOS Y RELATOS DE WILLIAM GUILLÉN PADILLA O UNA ELOCUENTE INVITACIÓN A LA LECTURA

Luis Enrique Plasencia

Soy cajamarquino de nacimiento y de experiencias primigenias. Y una de esas experiencias siempre fue el círculo alrededor de la abuela, a la hora de las historias justo antes de las buenas noches. En algunas de esas historias, aparecía siempre el mítico túnel incaico que transportaba, directo y sin escalas, de Cuzco a Cajamarca.

En esas noches idas, tampoco eran pocas las historias en las que algún valiente jovenzuelo se atrevía a robarse a la mujer de su vida y a huir con ella mientras el indignado futuro suegro iniciaba la inútil cruzada, con bala incluida, de traer de vuelta a su sitio a la joya sustraída tan repentinamente.

Y, de paso, siempre andábamos pendientes de los personajes acuchillados, de los bandoleros invero-

símiles, de las inefables matanzas al por mayor y de brujas, duendes y aparecidos. O de las jocosas experiencias de algunos dicharacheros.

Será por eso que no he podido hacer menos que conmoverme, carcajearme y hasta sonrojarme mientras recorría las páginas de “Actos y Relatos”, libro de quince cuentos de mi paisano William Guillén Padilla, que llegó a mis manos gracias a la generosidad de Bethoven Medina, el gran poeta de Expediente para un nuevo juicio.

Y es que Guillén es uno de esos narradores que han llevado a la plenitud a la palabra justa, a la extensión precisa y al clímax perfecto. Esto es precisamente lo que nos transporta al universo de la catarsis absoluta y al sentido práctico de la lectura.

El humor negro es una constante en cada uno de los cuentos. La ironía, el sin sentido y la nostalgia también ocupan un espacio imprescindible en la estructura narrativa. Todo esto combinado perfectamente con un innegable acercamiento telúrico y una subyacente ternura que atraviesa silenciosa pero tenazmente cada una de las páginas del libro.

No es complicado acercar a Guillén a la genialidad de Rulfo o a la irónica parsimonia de Maupassant. Los personajes de Actos y Relatos casi siempre están sumidos en un éxtasis del presente sin percatarse que su propia existencia está fuera ya de su control y no les queda sino descubrir que ese presente sólo es una sombra posada sobre la existencia del personaje, para bien o para mal.

Asimismo, el libro se convierte en una especie de crítica histórica respecto a temas tan trascendentales como la conquista española o como la explotación minera. En ambas, Cajamarca siempre ha sido y sigue siendo un escenario propicio y casi predestinado. Ahí mismo se combina la leyenda y la realidad y el sentimiento de pertenencia a una cultura apabullada desde hace medio milenio, pero que sigue existiendo y tratando de ser feliz a pesar de la injusticia y el desengaño.

Supongo que el libro ha recorrido mucho camino antes de convertirse en tal. Es raro encontrar en nuestro medio trabajos que combinen la calidad formal con la calidad de fondo.  En nuestro caso, la pulcra presentación de este siamés (pegado a Planetario Astral, por la espalda) viene acompañada de un buen manejo de la técnica narrativa, siempre asociado a un lenguaje sencillo y envolvente que, repito, nos acerca a la posibilidad de compartir con el autor, la esencia de la lectura: conocer juntos el mundo que nos es común como seres humanos y que nos hermana eternamente, como una madre que sabe perdonar las marcadas diferencias entre sus hijos para convertirlas en el punto de partida de la fraternidad eterna.

El Plan Lector tiene, desde este viernes 12 de marzo en que será presentado en Trujillo (Casa de la Emancipación), una nueva justificación para que alumnos y maestros se encuentren en el siempre fascinante mundo de la lectura.

Estamos invitados, pues, a recorrer las páginas de Actos y relatos, cuantas veces sea necesario.

Cajamarca, 12 de marzo del 2010.

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OLIVAS WESTON, Marcela. Cajamarca. El sabor del mestizaje, Lima. Edición: Universidad de San Martín de Porres, diciembre 2009, 230 p. a todo color.

El aporte de Cajamarca a la revolución gastronómica peruana de las últimas décadas resulta enorme, no solo por el obvio factor alimenticio sino por su componente ritual. El volumen, que incluye un vasto recetario, describe en extenso la cocina popular cajamarquina, que se debate en medio de una fricción continua entre el impulso de preservar la tradición y las innovaciones gastronómicas modernas.

La cocina cajamarquina es de leña, de humo, de lenta y pacienzuda cocción, de cucharas de madera, ollas de barro y batán.

Vive en íntima relación con los ciclos de producción agrícola y  con lo que se ha ido incorporando de otras zonas.

Hay que darse el tiempo para disfrutarla en sus verdes campos y bajo el azul de sus cielos.

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PEREYRA TERRONES, Jorge, 101 Razones por las que estoy orgullosos de ser cajamarquino, Cajamarca, Perú. 1ra Edición, noviembre 2009.

PRÓLOGO

Jorge Pereyra Terrones, cajamarquino de buena cepa, entinta esta vez su pluma para entregarnos páginas elocuentes en torno al rico patrimonio tangible e intangible de Cajamarca, bajo el título sugerente de 101 razones por las que estoy orgulloso de ser cajamarquino.

Son párrafos numerados del 1 al 101 manteniendo la secuencia cronológica de los hechos trascendentes. En estilo ágil y conciso –de factura periodística-, el autor presenta con objetividad y de manera incontrovertible la enorme valía de Cajamarca encarnada en los singulares acontecimientos históricos, el encantador escenario andino, los paradigmáticos perfiles humanos de figuras prominentes, la particular idiosincrasia antropológica de la gente, los admirables monumentos históricos, el envidiable potencial económico de los recursos naturales, las originales manifestaciones costumbristas  y  folkló-

ricas, la semblanza humana de personajes ejemplares, etc.

Cabe advertir que dentro de aquella objetividad demostrativa palpita en la entraña de cada párrafo la emoción y el sentimiento cajamarquinista del autor. Sus motivaciones íntimas están impulsadas por el reencuentro con la tierra que lo vio nacer y crecer, y que hoy vuelve a acunarlo luego de permanecer por varios años fuera del lar nativo. Y es que en la lejanía de la patria y la provincia la añoranza es fragua que enciende la decisión de volver a la querencia. Los deslumbrantes avances tecnológicos de Norteamérica no lograron encadenar a Jorge Pereyra. Más poder tuvieron las maravillas de su Cajamarca para dar lugar al ansiado retorno del autor y dedicarse a exaltar las excelencias de nuestra tierra.

En esencia, “101 razones…” es un testimonio de identidad, un signo de autoconciencia, un autorreconocimiento no sólo de la  mismidad individual, sino también de la mismidad colectiva. En esa línea, Jorge Pereyra ha entendido que recordar nuestra historia y revalorar las acciones de sus protagonistas es una de las mejores formas de forjar la identidad de los cajamarquinos. Pues, bien decía la argentina Marta Freytes de Vilanova: “La identidad es la parte biográfica de un pueblo, la narración interna de su vida; es la versión cálida y palpitante del hombre común, de sus sueños y sus luchas, sus aspiraciones y conquistas. Tiene algo de patrimonio y tradición, brota del más hondo pasado y se proyecta al porvenir. Es como una red que se va tejiendo desde la diversidad para converger en el encuentro, y mientras modela en profundidad el alma de cada uno, cincela el alma de la comunidad” (Marta Freytes de Vilanova. Villa General de Belgrano).

Jorge Pereyra conoce la cultura cajamarquina, por eso su identidad personal está sólidamente cimentada, y se proyecta hacia los otros para el reconocimiento colectivo de las peculiaridades y singularidades que ostenta Cajamarca.

No cabe duda de que existen más de 101 razones para sentirse orgullosos de Cajamarca. Pero Jorge Pereyra sólo presenta 101 razones –que por cierto son temas medulares, importantes y trascendentes- para revelar su acendrado cajamarquinismo. Son respetables sus selecciones y adhesiones porque representan sus preferencias personales. Y hay que reconocer que se trata de una valiosa e interesante contribución orientada a difundir la riqueza material y espiritual de Cajamarca, justamente en el momento en que la globalización con sus grandes transformaciones sociales tiende a desarraigar las genuinas identidades de nuestros pueblos.

Conocer y amar es el sentido implícito que anima al autor en sus 101 razones. Más allá del dato histórico debemos ir, a través de la atenta lectura, al encuentro del cautivante espíritu de la letra que encierra cada razón de Jorge Pereyra Terrones.

Luzmán Salas Salas

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RODRÍGUEZ GUTIÉRREZ, Manuel. Literatura de Cajamarca Nº 4. Cajamarca. Cuervo Blanco Ediciones. Cajamarca, 1ra. edic. 2009. 94 Pág. 20.5 x 14.7 cm.

PRESENTACIÓN

Cierto es que los universos figurativos en que se sustenta la literatura se construyen con imaginación, sensibilidad y mucha dosis de sapiencia al conceptualizar nuestra perspectiva desde la cual avizoramos la realidad circundante.

Pero también es cierto que el arte poético es un ejercicio en el que la paciencia para luchar con nuestro caos interno y el ejercicio constante de la escritura, nos permite ofrece al mundo una obra cada día más depurada.

Podemos decir que en el arte de poetizar son muchos los llamados pero son pocos los que a base de sacrificio y amor a la palabra, resultan ser los elegidos y se trascienden a sí mismos para constituir las nuevas voces en el parnaso de la literatura.

Yesos poetas son el material con que se ha construido este nuevo retazo de la literatura cajamarquina, quienes junto a los poetas que les antecedieron, forman un amplio panorama de la Literatura Regional, distintos en sus decires, pero homogéneos en el acto de su búsqueda de ser más humanos cada día.

y se es más humano cuando se escribe para otros con nobleza y generosidad, cuando existe la certeza de que la poesía es más que un malabarismo de palabras o de términos rebuscados.

Muchos de los poetas hermanados en la presente edición tienen ya un largo recorrido y muchos premios que engrandecen su espíritu, pero existen también aquellos poetas que buscando están su propio estilo, porque esa es la poesía, una búsqueda incesante de un sello personal.

Por eso saludamos la nueva entrega de Cuervo Blanco Ediciones, porque este libro se constituye en un valioso aporte para reafirmar la validez de la palabra, en un medio que crece en hostilidad, y porque a través de la poesía estamos identificándonos con el devenir del hombre.

Larga vida a los poetas por regalamos la magia de soñar, de poder construir nuestros propios universos y porque nos abren la posibilidad de acompañados en ese recorrido en que viajan sus versos, en el eterno azul del lago de la vida.

Rodrigo Emanuel.


Comentario:

Quienes conocemos a Manuel Rodríguez, no sabemos qué elogiar más de él: su grande y sufrido empeño por el quehacer cultural de Cajamarca o su innegable talento como poeta, cada día más hondo y maduro o, finalmente, su extraordinaria capacidad como promotor cultural.

Ahora, siempre, en esta línea nos sorprende con una muestra de "gavilanes poetas" que están dejando logrados vuelos estéticos, dignos de la historia literaria peruana.

Este libro posee la virtud de decirle: - ¡no a la exclusión de los jóvenes poetas!, dándoles el espacio necesario para que mañana emprendan el vuelo definitivo.

Sólo debo agregar mi deseo de que este libro llegue a vuestros hogares como una luz de vida espiritual.

Santiago Aguilar Aguilar.

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GOICOCHEA CRUZADO, Antonio. Cantata a San Miguel. 3ra Edición, Cajamarca-Perú 2009. Crear´t S.R.L. 52 p. 15 x 10.5 cm.

"Con sus versos y narraciones Antonio Goicochea Cruzado, nos pinta la vida de los sanmiguelinos que allí viven o de los visitantes de fiesta y vacaciones. Nos pinta, dibujando con sus dedos pródigos de belleza literaria, la tierra de San Miguel. Infunde en nuestros sentidos, el olor, el sabor, la mirada, el sonido, la sensibilidad de esta andina tierra, de sus lugares llenos de señales, de sus gentes, de sus artesanos y artesanas que hilan finamente la historia de este singular pueblo, al que Antonio Goicochea idolatra, permitiéndonos compartir ese sentimiento entre propios y extranjeros".*

Contiene: A manera de prólogo / Palabras de Santiago Aguilar / Vuelvo a tu fiesta / Cantata a San Miguel / Cánticos I, II, III, IV, V y Final / Niepos de los Celajes / Hilandera / Tejedora Ancestral / Herrero Grande / La miradita / Todos juntos / Corazón desdeñoso / Bobachón / Alfonso Barrantes Lingán / Retornando a San Miguel.

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*Del prólogo, por: Socorro Barrantes Zurita.

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MIRES ORTIZ, Alfredo. Los ojos de Gabi. 3ra. Edición, 2009.

“Gli occhi di Gabi” que en buen castellano se traduce “Los ojos de Gabi” es el nombre de un testimonio escrito por Alfredo Mires (miembro fundador y asesor de la Red) desde la mirada de Gabi, una niña campesina con parálisis cerebral infantil.

Yo no soy una «minusválida» ni una «discapacitada» –dice Gabi, y se pregunta–: “¿Quién será más «minusválido», uno que no puede entender a tantos o tantos que no saben entender a uno?; ¿Quién será más «discapacitado», uno que no hace porque no puede o uno que no hace aunque pueda?”

La primera edición bilingüe español-alemán del texto apareció en febrero del año 2007, y diez meses después la segunda edición. Ahora, Michele Sini, compañero de la Red, ha hecho la traducción al italiano y acaba de ser publicada.

El libro está completamente ilustrado con imágenes de antiguas pinturas rupestres, petroglifos, litoesculturas y cerámicas de Cajamarca. N.R.: Tomado del BlogSpot: Bibliotecasruralescajamarca.

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GALLARDO, Fransiles. Alrcoiris de Magdalena. 1ra Edición, Lima - Perú, 2009. Grupo Editorial Arteide. 120 p. 20.5 x 15 cm.

Es inminente que cuando uno viaja por las miríficas páginas de “Arco iris de Magdalena” de Fransiles Gallardo, un abrasante encuentro humano entre poesía e ingeniería se da de mil maneras, es una ósmosis entre literatura de sentimientos y matemática exacta de palabras que vacacionan por las querencias silvestres de esta Magdalena en Cajamarca. Allí uno fácilmente encumbra lo que Alberto Hidalgo llamó la química del espíritu, ese juego lúdico de sus “poemas propios” que hacen de este poeta un serio romántico y un visionario a la manera de William Wordsworth en sus ¨Atisbos de la inmortalidad en los recuerdos de la primera infancia.

En estas “odas” a la inmortalidad de las cosas se registra en Fransiles Gallardo una intuición pagana y campesina de la existencia de una vida interior y anterior al nacimiento de uno mismo, vida que se va

campesina de la existencia de una vida interior y anterior al nacimiento de uno mismo, vida que se va aniquilando dialécticamente en este mundo de la materia, pero que puede “recuperarse” en algunos momentos afortunados, ante la observación de la naturaleza misma. Ante “el resplandor del césped” del “Camposanto en el sur de Escocia” o ante el “esplendor del ichu serrano” del “Rainbow of Magdalena”, no hay ninguna diferencia, es casi lo mismo, uno tiene la impresión de estar leyendo a un poeta universal cuando estamos ante la poética de Fransiles Gallardo, o simplemente ante las imágenes brillantes y románticas tomadas de Wordsworth.

Ya quisiéramos muchos de nosotros escribir como Fransiles Gallardo con una impecable soledad, con un impertérrito compromiso hacia el terruño. Sus poemas están ordenados en una morfología gramatical notable y con gran limpieza del lenguaje. Son versos de juventud escritos con ímpetu, en donde la naturaleza y la palabra del poeta se unen y se bifurcan espontáneamente, la contemplación y la soledad del poeta se unen y se bifurcan en senderos de tiempos distintos, expresan la estética del mensaje romántico. Vive su poesía en un tiempo dulce y rumoroso.

 Armando Arteaga

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LOMBARDI, Carmen., Algo mío para ti - Desde el zaguán de mis recuerdos. 1ra Edición, Cajamarca, junio 2009. Martínez Compañón Editores S.R.L. 130 p. 20.9 x 14.8 cm

Prólogo

Hemos caminado por las calles de Cajamarca, más de cincuenta años. Nuestras décadas en hileras, como ataditos de leña secándose frente al sol. Así han transcurrido los años. Caminado mil caminos. Encendido fogones de todas layas. Leído cientos de libros y, algunos, más de tres veces. La lectura es el alimento que no puede faltar en los poetas. Carmen Lombardi Cruzado es esa lectora de indescriptible ternura. Más no sólo ha leído libros, también las calles, desde las ventanas, en la naturaleza, en las amigas, en la familia, en el arco iris, en el piquito ardiente del picaflor y sobre todo en cinco esencias presentes: Dios, la Virgen Madre del Dolor y la Alegría, Cajamarca, la Naturaleza y la Humanidad.

Sus versos parten de estas cinco vertientes para alentar las otras vetas de sus escritos y no es que Dios esté, como el Todopoderoso distante e infinito, ella lo toma en sus versos, como se toman las manos del padre, para hurgar en su grandeza y, sin embargo, en la sencillez de un Dios que está cercano a nosotros, que sufre y ríe entre nosotros; que ama yes coronado de espinas por desamores humanos.

Ese Dios que ilumina y alimenta sus cantares, ese Jesús humanado que ríe, sufre y participa de las procesiones y de las ricas comidas de su pueblo:

"yo le tengo preparado / su chicharrón con su mote /

Yo su du1cecito de oca/ ¡Si vieran cómo provoca!

Nos versifica a un Dios que está cercano a ella y es el que le da los dones de hacer versos tan lindos, tan musicales, rimando entre la literatura y la vida:

"yo tengo un amigo / Jesús Nazareno/ Mi amigo el más bueno". Dios está presente y actuante en la poesía de Carmen Lombardi, no como Dios del altar, sino como el Ser que se halla y comparte con su pueblo.

Su Madre, igualmente, recoge nuestras súplicas, intercede como Madre, del dolor y la alegría, porque es Madre:

"Del templo de San Francisco / El cielo azul como marco/ de aquella hermosa salida; / el sol sus rayos envía/ Saludando a la Señora / del dolor y de la fe.... La Madre de sus amores/la dueña de la ciudad".

El mundo no se mueve sin fe, esa fe exquisita de nuestra autora, que en ningún momento la pierde. Al contrario, la alimenta, la ennoblece y la hace fructificar en versos consonantes, que riman fluidamente.

A Cajamarca le canta, con encantador ritmo, la hace prodigiosa. Podemos oler el paisaje que ella enmarca en sus versos, podemos sentida mujer, entraña, goce, plenitud. Repaso de su historia, de sus costumbres ya perdiéndose, de su fulgor, floreciente, de su recuerdo:

"Déjame que recuerde/ el zaguán empedrado/ con sus piedras azules/ reflejando el cielo/ con sus nubes de tules".

"Déjame que recuerde/ el batán bullicioso/ que molía el sabroso/ rocoto con su venal mezclado con la dulce berenjena".

y las obras de Bagate/ los cuadros de Mario Urteaga/ y los de Camilo BIas/ Egúsquiza, Villanueva/ Casanova y José Gálvez/ hicieron de Cajamarca/ ciudad departamental".

Pero defiende al terruño de la sierra, que ha cambiado, que se ha puesto diferente con los giros que dan el progreso y la civilización comercializadora.

"Donde las manos extrañas/movidas por la ambición/ causan contaminación/

"yo les digo: no hay derecho/ pongan la mano en el pecho / ¡no destruyan a mi sierra!

"Ahora respiramos miedo/ terror a la delincuencia/ al asalto, a la violencia/ de dónde vino, sabe Dios de dónde".

La Naturaleza es su cosmovisión presente. Lo bueno, lo fructífero está en ella, en el sol, las flores, las aves, el cielo azul de Cajamarca, las nubes, la primavera, en el concierto ecológico:

"Entonan ya su gorjeo / con arrullo muy de" aquí" / las palomas cuculí/ las palomas de castilla/ qué concierto tan hermoso/ qué delicado detalle/ de alabanza a nuestro Dios / debiéramos aprender".

La Naturaleza, la Vida, la Tierra se conglomeran en el éxtasis de su creación poética. Se vuelven personas, aves, fuerzas, tempestades o quietud, fortaleza, armonía, sentimiento positivo, amor, sacrificio. Para Carmen Lombardi, la esperanza y la alegría son valores que la animan, que le dan forma, estilo a su vida y a sus versos:

"la primavera ha llegado / y ya siento su esplendor".

Que la obnubila, que la enciende, que la ilumina, que la hace verter en su poesía, un canto a la vida, un canto a ese Ser Supremo con ojos de madrugada y de esperanza a plenitud, en las entrañas de nuestra poeta, se cocinan versos sencillos y de una musicalidad que hace fácil la lectura, que persevera, que se hace agua fresca en el continente de la humanidad, la que gusta que le hablen de frente y bonito para entenderlo.

Carmen Lombardi responde al gusto del pueblo. Es la juglar de su tierra que desde su ventana mira el pasar de la existencia

"Del ventanal de mi casal veo la vida que pasa/ en sus múltiples facetas".

"Gracias ventana querida,! a través de tus cristales/ soy testigo de este mundo / con su gran diversidad".

La humanidad, para nuestra autora, está en esos personajes entrañables macerados en la cotidianeidad de nuestra existencia cajamarquina.

La señorita Gosvinda: el jirón Amalia Puga/ tiene una puerta especial! donde los martes y viernes/ se congrega mucha gente/ haciendo una cola inmensa/ esperando con paciencia/ a un Ángel sanador/ tan dulce como la guinda".

Sus personajes están cercanos todavía, no se acaban de ir, los trae para que tengan referencia los niños, los jóvenes de hoy y establezcan las comparaciones pertinentes. El sonido del c1arinero, de las monjas, de los padres, de la familia andando en el corazón y sus venas, de las amigas, de los amigos que se fueron. Da gusto leer sus versos, esa musicalidad en fiesta de la palabra, cuando habla de su madre modista, de su padre, de su hijo, de su amor, de sus hermanas y amigas de aula, de su organización, de su vida de mujer empedernida en la esperanza y el deseo de amor y paz.

Maestra por sobre todas las cosas, maestra de niños que le enseñaron más que los libros, maestra de aprendizajes múltiples de la palabra, del verso, del canto, de la escultura. Pero, sobre todo, de una vida digna que la hace brillar con luz propia, mientras esgrime la crónica de una Cajamarca que espera volver a ser la mujer inigualable de un Perú maravilloso y diverso.

Cajamarca, 11 de mayo.

Socorro Isabel Barrantes Zurita.

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RODRÍGUEZ GUTIÉRREZ, Manuel. Literatura de Cajamarca Nº 3. Cajamarca.  Cuervo Blanco Ediciones. Cajamarca, 1ra. edic. 2009. 110 Pág. 20.5 x 14.7 cm.

Presentación

Hacia las primeras décadas de 1900, el Perú intentaba recuperarse del sangriento saldo de la guerra del Pacífico. La economía estaba quebrada, los gobiernos militares se sucedían tras continuos golpes de estado, las luchas caudillistas, buscando algún acomodo político o económico, aún sobrevivían a lo largo de las serranías del Perú.

Triste era la realidad peruana; pero dentro de este contexto, algunos aspectos favorables para las grandes mayorías populares se estaban consiguiendo.

Fruto de las luchas de las masas obreras, alentadas por los universitarios, se lograban algunos beneficios sociales que no poca sangre costaron.

Si bien es cierto que estos beneficios alcanzaban a los empleados y obreros, la masa indígena, que se extendía a lo largo de toda la cordillera, seguía olvidada. Casi en nada había cambiado su situación económica ni social; campesinos que en las guerras de independencia y guerrillas de caudillos habían sido carne de cañón, fueron literalmente olvidados por los diferentes gobiernos que de ellos se sirvieron.

La historia reconoce a Haya de La Torre, como el líder de las masas obreras, y a José Carlos Mariátegui, como una voz auténtica en la lucha por la reivindicación campesina. Voz que se refuerza con poetas como Vallejo, Florián y Garrido Malaver, y sobre todo con escritores como Alegría y Arguedas, este último junto a Mariátegui, serían quienes definen en su verdadero contexto la psicología del hombre andino.

Hacia 1940, después del fervor de los "itsmos", de las corrientes vanguardistas e indigenistas que se habían ensayado o confirmado en la poética y la narrativa peruana; dos corrientes empiezan a separarse, pero sin dejar de seguir siempre el mismo cauce; por un lado la "poesía pura" que es la· que expresa la interioridad o el "yo" del poeta, sin compromiso de defender alguna causa social, pero no por ello indiferente frente a ésta; y, por otro lado, la "poesía social o comprometida" que se inmiscuye en la problemática de las grandes masas, buscando reivindicaciones y justicia para sus causas. Estas corrientes se verían reforzadas en el número de seguidores en las décadas posteriores, pero con un claro repunte de la poesía social, por el contexto histórico que le tocó vivir al país.

Tal vez podríamos ensayar en Cajamarca, los inicios de los 90 como una época en que se calman las aguas y se busca fusionar las dos corrientes, los creadores optan por una temática de búsqueda interna, planteando y replanteando su desasosiego ante una realidad incierta, adoptando una actitud" neo" con respecto a los movimientos literarios de antaño.

Es en este contexto social en grandes rasgos, en el que aparecen las primeras obras de nuestros poetas cajamarquinos partícipes de la presente edición, con una ternura y una voz lírica en primer momento, para luego, arrastrados por los designios de la historia, comprometerse con el destino de los pueblos y ser, a través de la poesía, su voz representativa.

Difícil sería poder ubicar a todos los antologados en una misma tendencia, escuela o movimiento literario, ya que el contexto social en el que maduraron su obra fue distinto; por un lado, los que partieron hacia la capital o a las ciudades grandes, como Trujillo, foco de cultura peruana en ese entonces, y aún ahora, donde encontraron un fervor cultural, político y revolucionario siempre latente; y, por otro lado, los que se quedaron o se internaron en el seno de Cajamarca y encontraron una ciudad tranquila, bucólica, con ganas de avanzar como toda ciudad pequeña, pero donde la vida y los sueños, todavía eran posibles.

Por ello nuestro deseo de mostrar a ustedes estas dos caras de una misma moneda que, por lo mismo, debe ser entendida como parte indesligable de nuestra historia social y literaria, tanto de nuestra patria como de nuestro pueblo, y en suma, como parte de la historia de cada uno de nosotros mismos.

Manuel Rodríguez Gutiérrez.

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QUIROZ ASCURRA, Nelson. Albor Cajamarquino. 1ra. ed. Cajamarca, febrero, 2009. Fondo Editorial de la Municipalidad Provincial de Cajamarca. Edición, Diagramación e Impresión: Pardys Imprenta & Servicios, 40 pág. 20.4 x 14.8 cm.

PRESENTACIÓN

La CREATIVIDAD ha sida el «motor impulsor» del desarrollo humano, en todas las sociedades, por tal motivo no es novedad que este concepto se haya convertido en el centro del estudio de psicólogos, sociólogos y pedagogos contemporáneos. Tomando la definición de la cubana Albertina Mitjáns Martínez se dice que la creatividad es un proceso de descubrimiento o de producción de «Algo nuevo», que cumple exigencias de una determinada situación social, en el cual se expresa el vínculo de los aspectos cognitivos y afectivos de la personalidad.

Se puede decir que desde tiempos ancestrales los hombres que poblaron el valle de los caxamarcas desarrollaron su vida espiritual, la misma que se manifestó también en el arte. Es así como esa vida espiritual palpitante, se ha proyectado y seguirá proyectándose a partir de los valores humanos primigenios; descubriendo en las manifestaciones culturales que se expresan en leyendas, narraciones, pintura, música, poesía, etc.

Por ello es que al presentar el poemario «Albor Cajamarquino» de Nelson Quiroz Ascurra podemos saborear un suave discurrir del lenguaje dando una sensación de naturalidad y espontaneidad.

Quiroz, es un poeta con identidad, de sus versos fluyen la sangre íntima de lo~ ancestros a través de objetos, folklore, música, monumentos, aves, personas, instituciones y fiestas patronales, pero, también reflexiona a cerca de los importante que es la creación personal y social que nos llena el alma y nos ayuda a través de la lecto-escritura a solucionar problemas, por ello nuestros pueblos deben practicarlo haciendo de ello un hábito, teniendo en cuenta que un pueblo que produce o lee es un pueblo culto yeso lo sabe Quiroz, por ser también docente de profesión. Volvamos a recordar que la creatividad es obra y arte de sabios, cambia mentes y generaciones y que acompañado de la lectura nos hace cada vez más libres.

Pero, no podemos olvidarnos de manifestar que la escritura es la consecuencia de signos en el medio más eficaz del conocimiento y del contexto. El poeta manifiesta:

Señora altiva,

tus matices verdes,

tu clarín de fiesta,

me llenan el alma.

(Señora Cajamarca)

 

Nelson Quiroz Ascurra, es un poeta cajamarquino consciente de los contextos que lo rodean, podríamos decir que es un mensajero o juglar de la época y el tiempo que le ha tocado vivir. Sus versos y sus palabras y su múltiple gama de emociones emanan un suave rumor natural de toma de conciencia y -acercamiento a los nuestro como mencionáramos líneas arriba, sus simbólicas imágenes, comparan y contrastan la vida de nuestro mundo natural, de nuestro pueblo que exige una valoración de nuestra parte, eso lo auscultamos en los temas: «Cuadrito cajamarquino», «Huanchaco», «Pajarito cantor», «Señor clarín», «Campesino», «Santa Apolonia», «Ya llegaron las patrullas», «Cholita cajamarquina».

El poeta en su temática expresa su sentir, sus afectos con mensajes cajamarquinos, lo expresa desde varias ópticas: realista, paisajista, bucólica, vitalista, folklórica, de identidad y también de fuerza telúrica, mostrando el mundo mágico de los pueblos cajamarquinos.)

«Se oyen flautas y clarines,

muy alegres los maichiles.

juegan a ritmo de caja

iDanzan los chunchos al cielo!

i Danzan los chunchos al agua!»

(Huanchaco)

 

En todo momento el poeta manifiesta su apego a elementos del paisaje serrano y con encendidas palabras llenas de entusiasmo matutino y de doliente malestar de ver a la tierra donde nació, que crece, que cambia, y lo ve con ojos líricos, con ojos de vida, con ojos de tiempo y con otros ojos desde el contexto social. En su poema «Llegaste tarde». El tiempo es un símbolo predilecto, un ser espiralado, es la expresión más irónica de los retos que nos impone su creador. Identifiquémonos con este constante desafío de enrarecida incertidumbre que siembra en la idea misteriosa que elaboramos de él: un punto convencional, un punto es hueco y cada vez voluminosamente es más hoquedad, cumpliendo la ley de una constante que constantemente se voluminisa y nos va dando cierta. idea de lo que no podemos tener idea: lo eterno de la duración del tiempo, únicamente posible de graficarlo en la espiral de los espacios infinitos con todo su castigo de velocidad abismal. E/poema nos habla del amor, de las estaciones, de los astros, del color de las mariposas, del dolor, mirándola desde el ángulo del tiempo. En la juventud es posible la felicidad que va perdiéndose con los años. La felicidad y la esperanza deben ser hermanas, o por lo menos parientes. La verdad es que en la juventud todo es color de rosa, todo es bueno, se podría decir que hasta lo malo es bueno, pero el tiempo que evoluciona y cambia nos muestra otra realidad, así el poeta nos habla de los mensajes dolorosas de la existencia y donde las voces se pierden en las distancias, en el misterio de la aureola del día y que se pierde en los siglos, en los símbolos, en los labios de un rito venerable .

... Están de luto las horas

llora de pena el reloj,

se congelaran las manos

se llenaron de dolor.

 

El poeta termina diciendo:

«... Es muy tarde primavera

se ha secado mi sudor,

se ha dormido eternamente

una promesa de amor».

 

Todo lo antes mencionado traduce nuestra cultura ondina, que nos engrandece y deja una huella imborrable en cada uno, como la identificación y orgullo de lo nuestro. Así lo señala José Nieves Ramos de Chamis. Trabajar con la palabra de un ejercicio riguroso y pese a nuestro compromiso por dominarla y poseerla algo más, nunca ha de procuramos una satisfacción última. Un escritor decía que (e más que expresar un poema, es la posibilidad de un encuentro con lo expresado y lo expresado por dos: autor y lector, todo poema es un texto incompleto, toda lectura de un poema es creadora». Importa ya un intento de conclusión para esta adopción literaria que Nelson Quiroz Ascurra nos presenta a través del presente libro. Seamos todos coautores aun cuando mucho o poco tengamos de común frente a las circunstancias dispares que comprometen el propósito de mantener el fragor de nuestras luchas y promoviendo un equilibrio constante que signifique esa posibilidad feliz de que se conjuguen nuestros ideales y acciones en un entendimiento. Dejo a consideración del público lector y censor el presente poemario ya que ellos serán los mejores críticos que harán crecer el trabajo del poeta dándole sus mejores aportes.

Guillermo Manuel Torres Ruiz

Vicepresidente de la Asociación

de Poetas y Escritores de Cajamarca

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QUIROZ CISNEROS, Esteban. Pizarra de Aire. ©Lluvia Editores, 2009. 2da. ed. Lima: Lago Sagrado Editores, Puno. 96 p. 16.2 x 12.1 cm..

PRÓLOGO

PEDAGOGÍA DEL REINO VEGETAL.

El maestro como agricultor

Constantino Carvallo Rey

Amable lector, Pizarra de Aire, el objeto que sostienes entre tus manos, es un libro, un trozo singular de mate­ria, una cosa limitada en el espacio, breve y que sin em­bargo no puede ni quiere esconder la vida que contiene y que brota y se derrama y palpita desde que lo cogemos por el lomo. Este libro es un ser vivo, un pedazo bendito de un árbol, un cedro, un ciprés, un roble, que ha recibido plácidamente al espíritu deseoso de fecundidad de su escritor, el poeta-educador Esteban Quiroz Cisneros. Es la corteza forestal llevada mediante la escritura ha­cia la auténtica vida eterna.

Hay una profundidad que penetra desde la aparen­te superficie plana de la hoja de papel, a la que magnífica­mente llama un pueblo de la selva del Perú, la “piel de dios”. Una profundidad reconciliadora del hombre y su tierra, de naturaleza y sociedad, de libertad y educación.

Es un libro curiosamente religioso, místico, dominado por la serenidad. O mejor aún, por el amor.

Un amor al ser humano y a su mundo, a la patria y a su destino y a esa promesa que se anuncia en el rostro de cada niño para el maestro que sabe mirar. Un amor pedagógico. Por­que, desde su sugerente título, es un libro sobre educa­ción. Diría con mayor precisión: es la obra de un educa­dor. No un libro sobre pedagogía, esa ciencia gris que invade a las facultades de educación, ni una reflexión sobre el oficio o un canto a la trascendencia del magisterio. Nada de eso, he dicho ya que es un objeto vivo. Este libro es protoplasma, tejidos, corazón; es la memoria expuesta de un maestro y está poblada de cantos y gritos de niños, de la cosecha de todo lo bueno visto, de las palabras ama­bles y los días maravillosos en los que su voz llegó hasta el alma de un pequeño y lo transformó, lo reconfortó y lo convenció de su irrepetible valor. Y le dio el don supremo del buen educador: vigor eterno, entusiasmo, ganas de vivir. Esa vida recogida en la conciencia, esa experiencia rumiada, esa duplicación, esa vida de la vida, es el pensa­miento. Este libro es el pensamiento vivo de un profesor, es su Tiempo.

Muchas ideas dan forma al modo personal que tiene el autor de concebir y actuar la educación. Quizá la que me resulta más atrayente y me impacta por su noble exigencia es la de considerar a cada alumno en su original singularidad, valga la redundancia. Esteban Quiroz ha recorrido el Perú y ha penetrado en la atmós­fera muchas veces siniestra de sus escuelas. Durante ocho años ha viajado entre Tumbes y Cajamarca, entre Puquio y Huamanga, desde Ocros hasta Andahuaylas y alrededor del lago Titicaca. Y en esas aulas a veces mal iluminadas, descuidadas, en las que se exhibe el desin­terés del estado y hasta el maltrato que le da a los niños, Quiroz ha visto siempre el tesoro oculto que cada uno de esos niños encierra, a veces incluso para sí mismos. Y ha podido mantener con ellos la mirada que hace al buen maestro, la mirada que distingue, que diferencia, que establece y devuelve la identidad personal. Notable es la manifestación visual de esta extraordinaria diversi­dad. Porque el maestro ve en ellos frutas, verduras, flo­res, lo que algún filósofo llamaba el ser “vegetal racional”. Para Quiroz el maestro es un horticultor, un crea­dor de climas, y las aulas son los surcos sobre los que se siembran los hombres y la vida buena. Y el buen horti­cultor es pródigo en cuidados. Es más que una metáfo­ra. Porque la vida vegetal tiene ese crecimiento infinito que comparte con el desarrollo del espíritu. Y esa capa­cidad de renovarse y renacer que es ejemplo para el ho­rizonte moral de los hombres. Así los niños son rosas, margaritas, jacintos, melocotones, manzanas, naranjas, plátanos, cocos, granadas, membrillos, tumbos, arvejas. Y cada especie, cada individuo, requiere un trato perti­nente, adecuado, personal. Unos demandan mucha luz, otros menos agua, más aire, un poco de alimento. Los niños son plantas soberbias que tienen el tallo movedizo -una caña que piensa, decía Pascal- y a las que el maes­tro conduce, para que apunten al cielo, hasta el soporte firme del aprendizaje significativo por el que pueden trepar y lucirse al sol.

Y no dibuja, como muchos educadores, una visión idealizada, rosada, de la infancia ni esos alumnos siem­pre entregados, pugnando por alcanzar el aprendizaje. No. Quiroz habla con sinceridad y tiene que decir que existe también el combate y la lucha contra los enemi­gos del desarrollo y el crecimiento, esas plagas que a veces habitan dentro del propio niño. No sólo está la indiferencia ministerial, las disposiciones burocráticas, el abuso contra los maestros. También hay que enfren­tar el desinterés, la desconfianza y la falta de motiva­ción en los propios pequeños. Por eso decía Saramago que es un oficio para valientes. Porque la rosa tiene es­pinas y el jacinto un revólver en el cinto. Y a los cocos, si queremos que den agua, hay que enfrentarlos con un machete en las manos. Y el melocotón es pepón y presumido.

Y está el gusano y la oruga y la manzana picoteada. Las armas del maestro están todas en su voz. En el sonido delicado de su amor. En la prudencia y en la compren­sión. En la tolerancia, en la firmeza de la dulce autori­dad. Por eso hay aquí un manifiesto contra el castigo, contra el látigo, contra la inhumanidad. Contra la es­cuela violenta que es fábrica de rencor.

La puerta de ingreso a este mundo complejo y exube­rante es la comunicación. Y, sobre todo, como en el princi­pio, el logos, la palabra. La palabra que siembra, la que esti­mula, la que nutre y la que interroga. La que escribe en la memoria, en esa pizarra de aire que es el alma humana. La educación es este diálogo en el que maestro y alumnos apren­den a escucharse y a encontrar su propia voz. La palabra es la lluvia que cae del cielo, la que lava, vincula y nos hace germinar. Hay en este libro una confianza conmovedora en el poder misterioso y esencial de esta relación entre maestro y niños bajo el manto atmosférico que crea la palabra.

Y entre todas las palabras hay un modo de darse que el maestro Quiroz ama apasionadamente: la palabra escrita, el registro de las letras, las hojas con tinta y su espectacular destino en él libro impreso. Esta es la religión de Esteban Quiroz, su templo sagrado es la biblioteca, la librería, un bosque que habla, y su sacramento es la lectura, una liturgia que encama también al verbo y que transforma la sustancia en espíritu inmortal. Hay una devoción por esta relación con un trozo de materia que nos lleva a regiones insospe­chadas, que nos emociona, nos enseña y nos protege de la soledad. De esa soledad que el propio autor siente en su tarea heroica de llevar la lectura a todas las regiones de nues­tro país. Porque la escritura atrapa al tiempo, lo detiene, nos da eternidad. Y en contacto con sus historias, con sus cuen­tos, con sus poemas, la inteligencia se ensancha, danza la imaginación y la geografía desborda sus límites. Leer es así crecer, es el agua que madura la semilla, el medio ambiente esencialmente humano. Y la lectura al posibilitar la con­frontación con mundos nuevos estimula la razón, pero la promesa mayor de la lectura, la que lo lleva a caminar por los rincones de la patria es la capacidad que tiene para con­tagiamos el valor moral de nuestra común humanidad. Para elevamos y hacemos comulgar. Leer no sólo nos hace pen­sar, disfrutar, conocer, sentir compañía. Además nos enno­blece, nos ayuda a ser mejores, nos enseña a ser buenos. Esta es la fe del maestro Quiroz, quien saliendo de las aulas en Ishua, Huaycahuacho, Aucará, Cabana Sur, Sullana, Chaylo, Illimo, Niepos, Cajamarca, Huampica, Ccallapayocc, Huaccana, Argama se ha sentido un sembrador de lectura. Y, penosamente, se ha sentido un solitario sembrador de lectu­ra. Que no sea así, que este hermoso y sabio libro sirva para encontrarse con los maestros del Perú que comparten esta pasión y este amor por la infancia y por el poder salvador de la palabra escrita, por la ecología del saber leer. Son millares aunque los gobiernos y la sociedad indolente intenten lo contrario. Y que lo acompañen siempre los rostros de los niños que amó y que revoloteen en la memoria sus risas, sus juegos, su gratitud. Como la de Renata, una dalia, una mari­posa, que gracias a su obra de buen amor tiene hoy una mi­rada en la que se mece en paz unos ojos infinitos. Créame, en la vida no hay mejor recompensa, Maestro.

Barranco, febrero de 2007

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RODRÍGUEZ GUTIÉRREZ, Manuel. Literatura de Cajamarca Nº 2. Cajamarca.  Cuervo Blanco Ediciones. Cajamarca. 1ra. edic. 2009. 66 Pág. 20.5 x 14.7 cm.

Presentación

El pasado año 2008 iniciamos un proyecto de trabajo que consta en publicar un amplio panorama de la literatura de Cajamarca, para lo cual iniciamos con una muestra que reúne el trabajo de 17 escritores y poetas, cuya obra constituye actualmente en el referente literario de esta parte del país.

En este ambicioso proyecto editorial son muchas las manos que han ido sumándose, quienes desde su profunda convicción humanística están aportando ya sea en forma económica o con su conocimientos y experiencias, convencidos del desarrollo de los pueblos a través de la cultura.

Un hombre no solo pertenece a una tierra cuando ve la luz primera en ella, sino que le pertenece desde cuando se identifica con ella, cuando sueña con ella y cuando desde ella desparrama su palabra y su pensamiento a los vientos del mundo, en este contexto ubicamos al poeta Bethoven Medina, hombre y poeta que le pertenece a Cajamarca desde hace muchos años, y quien es un bastión importante para desarrollar este trabajo.

La mayor gratitud que el pueblo le puede brindar a un escritor es a través de la lectura de sus obras, para así mantenerlo vigente; esto

sucede con la obra del estudioso cajamarquino Luzmán Salas Salas, cuya libro "Poetas de Cajamarca", fruto de un estudio paciente de más de diez años, se ha convertido en libro imprescindible para quienes deseen conocer la historia literaria de Cajamarca a través de los tiempos, este tratado en el género lírico ha servido de espina medular para la construcción del presente libro y constituirá una valiosa fuente de consulta para nuestras sucesivas publicaciones.

En nuestro pasado incaico se creía en la fuerza protectora de los cerros, a quienes se conocía por Apus; así, cada región tenía sus Apus, a quienes se ofrendaba y guardaba respeto.

La presente serie se denomina " Apu" y está destinada a difundir la creación de nuestros poetas que echaron las raíces para una literatura con características propias en Cajamarca, poetas tutelares que el viento del olvido ha ido borrándolos de nuestra memoria, pero que hoy los volvemos vigentes con la publicación de su obra, buscando ponerlos en contacto con estudiantes, quienes conforman el público de nuestro trabajo.

El presente texto no tiene pues por finalidad hacer un estudio profundo sobre la obra de los poetas y escritores antologados, sino más bien acercamos a su producción literaria en una selección que busca mostrar los diferentes registros temáticos y la alta calidad de cada uno de los autores.

Con mucha sinceridad manifiesto mi especial interés en que este libro llegue en primer orden a los docentes de comunicación, y en forma general a los maestros y padres de familia, a fin de que puedan sembrar en nuestros alumnos el amor a lo propio, para así lograr el principio de identidad regional que hoy por hoy nuestra sociedad tanto reclama.

Manuel Rodríguez Gutiérrez.

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CORCUERA OSORES, Daniel Arturo. Carnaval de Coplas Cajamarquinas. Antología y Comentario. 1ra. ed. Lima: Antares, Artes y Letras, 2009. 116 p. 14.5 x 22.5 cm.

“Carnaval de Coplas Cajamarquinas / Antología y Comentarios” excelente libro de Arturo Corcuera que contiene una muestra antológica de las coplas más relevantes del Carnaval de Cajamarca, "en las que se conjugan el humor, la sátira, la malicia popular y la burla. El despecho, la ironía, el doble sentido de los ingredientes que le dan sabor y la gracia a las cuartillas que a menudo se valen del contrapunto, un duelo que puede ser entre hombres y mujeres, en forma individual o en pandilla”. Está dividido en Canto y cuento del Ño Carnavalón, Coplas tiernas, amorosas y pícaras, Coplas atrevidas del desamor y el desengaño, Coplas después de copas, descaradas y salsa roja, Coplas del abandono, de la lisonja y del despecho. Ha sido editado con los auspicios de la compañía de Minas Buenaventura. Antares, Artes y Letras.[02/04/2009]

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GUTIÉRREZ SISNIEGAS, Sara Rosa. Caminando en Silencio. Cajamarca, Marzo 2009. Fondo Editorial de la Municipalidad Provincial de Cajamarca. s/e. 28 p. 20.5 x 15 cm.

PRÓLOGO

César Vallejo dijo que "toda voz genial viene del pueblo y va hacia él" y podemos añadir que todo pueblo tiene su tierra que inspira aquella voz. En el caso de la poetisa Sara Gutiérrez esta tierra es Caja marca, bellamente retratada aquí en sus versos y también su prosa. En la reseña "Mi Barrio", doña Sara nos vuelve a la memoria de una Cajamarca bucólica y pueblerina donde se saboreaba la vida con "los biscochitos de Campos" y "el cantarito cajamarquino con espumante chocolate". Regresamos a aquel mundo de ensueños mirando "los pajaritos que revolotean en la pileta del medio del patio, cuyos pilares llenos de jazmines y helechos de tul le cuentan a las enredaderas que el durazno está en flor y el manzano también". Entrar mentalmente en aquel ambiente es entrar en un lugar propicio para crear una poesía evocativa del Ande y Sara Gutiérrez lo hace explícitamente en sus poemas "Linaje Andino", "Caty hoy estoy alegre", "El Chale" y "Cantarito", e implícitamente en otros poemas con una metáfora, una frase o aún una palabra. Los poemas que ella nos ofrece en este libro sólo hubieran podido ser creados en el corazón del Ande - del Ande cajamarquino.

El claroscuro del Ande está retratado aquí. En cuando al claro, lo encontramos expresado en el sol, el cielo azul y los colores, presentes en frases como: "i Déjame beber el sol entre tus manos!"; "bebiendo gota a gota la luz del sol"; "La mirada puesta en el azul del cielo"; el "color de la primavera". Lo oscuro se manifiesta en casi todo el poema "Insomnio"; más en las referencias al dolor: "Vivir, generando un dolor innecesario "; "Porque el dolor me acerca a ti... "; "Con las alas rotas y dolida el alma ". En este claroscuro es el claro que sale triunfante porque aunque las alas sean rotas y el alma dolida "seguí guiando el rumbo de mi vida...

Cuando más se me doblaba la espalda con el peso,

más alto alzaba la mirada y alcanzaba la cumbre".

El hecho del claroscuro - "En el dolor y la alegría" - subraya una dimensión casi intrínseca en el arte literario y se habla de ella en muchos autores. Se ha dicho de las obras de Carlos Dickens que revelan que él "estaba encantado al mismo tiempo que estaba desesperado". El poeta Francisco Luis Bernárdez habla de "ignorar en qué consiste la diferencia entre la pena y la alegría". Esta mezcla curiosa es expresada a la perfección en la escultura de Bernini de Santa Teresa de Ávila en éxtasis - mientras el dardo de amor penetra en el corazón de la santa, ella lanza una mirada de la más profunda alegría y pena a la vez -. Así es la vida humana vivida en plenitud y en la trama de la poesía de Sara Gutiérrez corren estos dos hilos para crear figuras hermosamente matizadas, como por ejemplo:

"A lomo de potros salvajes,

cabalgan mis recuerdos,

azotando el corazón con el látigo del olvido,

para llegar nueva de soles e ilusiones".

 

El Ande es así. En la oscuridad profunda de la noche brillan mil estrellas y a su frío intenso sucede el calor abrasador del día, quizá con un colibrí aleteando entre las flores de un patio o una brisa fresca acariciando la cara de un viajero. Entonces, con este manojo de poemas el lector puede deleitarse con muchos perfumes y hondos sentimientos andinos.

 

Miguel Garnett,

Cajamarca, agosto de 2006.


Comentario:

"Caminando en Silencio” es el primer libro de poemas que la gran poetisa cajamarquina Sara Gutiérrez le entrega a Cajamarca, recordando la presentación oficial, el ‘maestro de ceremonias’, en esta ocasión, Guillermo Bazán Becerra ‘definió’ a la poetisa con los tres últimos versos de su poema Linaje Andino: Yo soy Cajamarca siempre / una historia hecha poesía / una poesía hecha mujer y con ello sintetizan el gran amor y cariño que la autora siente y vive por Cajamarca.

Como es de esperar, la temática de sus poemas es netamente cajamarquina y en los versos que componen sus poemas, que son muy expresivos y fluidos, utiliza vocablos muy ‘cajachos’ como: shiprar, ashuturado, joijona, caty, pullo, etc., que armoniosamente combinados proporcionan mensajes de “hondos pensamientos andinos”, como lo expresó en la noche de la presentación las fuentes de su motivación son las cuatro cosas que le regaló la vida “su familia, sus maestras, sus amigas y su Cajamarca” que tanto añora.

Iniciando el prólogo de “Caminando en Silencio” el Rvdo. Padre Miguel Garnett, escritor muy experimentado en estos avatares literarios expresa: "César Vallejo dijo que 'toda voz genial viene del pueblo y va hacia él’ y podemos añadir que todo pueblo tiene su tierra que inspira aquella voz. En el caso de la poetisa Sara Gutiérrez esta tierra es Cajamarca, bellamente retratada aquí en sus versos y también en su prosa”.

El libro ha sido auspiciado y editado por el Fondo Editorial de la Municipalidad Provincial de Cajamarca, contiene 16 grandes poemas entre los que sobresalen: Niña Campesina, Linaje Andino, Caty hoy estoy alegre, Hermanos del Universo, poema por la Paz y por supuesto “Mi Barrio” compuesto en prosa y galardonado con el Primer Premio en el concurso del Adulto Mayor en el año 2003.

En la Caratula se aprecia un precioso paisaje pintado especialmente para este libro por el talentoso artista cajamarquino Pepe Chávez "que marcan las huellas de la vida caminando en silencio".

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TORRES RUIZ, Guillermo Manuel. Estaciones de Amor. Cajamarca, Enero 2009. Ediciones y composición: Talleres Gráficos Colegio Pre Universitario "Segundo Cabrera Muñoz". s/e. 26 p. 21 x 14.3 cm.

PRESENTACIÓN

Aún Recuerdo con emoción sus primeros versos que leí llenos de candor, ternura, tan humanos, sencillos y profundos como su autor, el poeta Guillermo Torres.

Eran los finales de los 80, aquellos tiempos en los que yo garabateaba los primeros versos y pasaba una de las crisis más profundas de mi vida.

Tal vez desde entonces esa imagen de poeta que yo tenía de Guillermo Torres me acompañó por siempre y aquellos versos suyos que rezan:

«Quiero escribirte de nuevo/ porque escribir cada palabra! es acortar distancias/ entre seres que se aman» me sosiegan en mis momentos abismales de nostalgia.

Han pasado muchos años desde que aquel joven poeta diera a conocer su primer libro «Cadena de Relámpagos» y hoy por hoy, la voz de Guillermo Torres es una de las más autorizadas y queridas en el firmamento poético local y regional.

Que elleit motiv de Guillermo Torres ha ido variando; es lógico, como el de todo ser en proceso de transición, siendo tal vez sus versos lacerados, por el dolor de la partida de su amado hijo, los que más hondamente calaron en nuestras almas.

La vida es un río que después de golpear las paredes de nuestro destino, un buen día calma y nos vuelve a la serenidad, así un día Guillermo levantó la mirada y encontró que después de la tormenta las gardenias florecían y le saludaban con el candor de sus sonrisas, y al fin el poeta pudo divisar que al compás de la esperanza se abría un nuevo camino que lo llevaba a la nueva estación del amor.

Este nuevo libro tiene unidad temática, y va desarrollando la historia y cada estación de sensaciones que le tocó vivir al poeta. Empieza desnudando su ilusión de amar:

«Cómo quisiera mecerme

en el hamaca de tus suspiros

envolverme en tus cálidos senos

de azucena veraniega»

el hilo de este amor irá creciendo para tejer el marco en que aparecerá la amada.

«Se hicieron las palabras

en tus canciones de alborada

entonces la inocencia quebró tu voz

y despertamos en la estancia»

el amor, dentro de su candor tiene mucho de tristeza y el poeta lo sabe:

«Dejamos pasar tantas primaveras

cerca de nuestros párpados

lejos de nuestras manos

junto a nuestros besos»

 

«Pero así son las cosas en el amor como decía algún poema y los senderos del sacrificio y la ilusión nos arribarán al cáliz precioso de la amada.

«Nuestras respiraciones cabalgaron

pulsándose con nuestros dedos

haciendo gemir a nuestras almas

alimentando cada secreto de nuestras vidas»

Un himno al amor enmarcado en nuestro andino terruño, poemas que hacen gala de figuras literarias abundando las anáforas, antítesis y metáforas, las mismas que unidas al sentimiento mohíno dan a la totalidad del libro un aire nostálgico, lo cual a nuestro parecer refleja el alma y la personalidad del poeta.

Todo esto configuran y vuelven a poner a tono la voz de nuestro querido Guillermo Torres Ruiz, porque allí está su voz de compromiso y amor para reafirmarlo.

 

« ... en tanto este campo

haga temblar mi voz

y sea poesía

en este grotesco lugar

no moriré jamás

sin palpar tu ardiente corazón»

 

Celebro este nuevo hijo poético de Guillermo Torres y hago un salud porque contitlúe produciendo y regalándono.5la grandiosidad de su amistad.

 

Manuel Torres Ruiz

Profesor de Lengua y Literatura


Comentario:

Guillermo M. Torres Ruiz empieza el 2009 brindándonos "Estaciones de Amor" un gran libro de poemas, llenos de romanticismo, que fue presentado oficialmente ayer por la noche en las instalaciones del Hospital de Varones del Complejo Monumental de Belén a cargo del Ing. Horacio Urteaga Becerra ante un nutrido grupo de poetas y escritores de Cajamarca que se congregaron para la ceremonia inaugural del II Encuentro - Exposición de poemas y cartas de amor, en honor al día del amor, “Día de San Valentín” .

El poeta y profesor Manuel Rodríguez Gutiérrez explica "Este nuevo libro tiene unidad temática, y va desarrollando la historia y cada estación de sensaciones que le tocó vivir al poeta". [15/02/2009]

 

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