Libros de Cajamarca - 2006

 

Presentación    Carátulas...

 

 

 

BAUTISTA MESTANZA, Manuel Jesús, Oscura Maldad. 1ra. edic. 2006. 10.5 x 16 cm.

 

Prólogo

Después de haber presentado a ustedes mis dos poemarios: “Reflexiones del Alma" y “Destellos de la Vida” hoy regreso para compartir y deleitarles con un relato de acontecimientos que despertaron a mi imaginación. "OSCURA MALDAD" es un conjunto de narraciones que trata de acontecimientos que marcaron mi admiración en un pueblo al que aprecio bastante; aunque no he nacido en ella, pero me identifico por vivir y laborar muchos años en su seno de belleza. Valle cual cofre misterioso que nos deleita e invita a saborear con la vista, su singular paisaje, inagotable manantial de inspiración.

EL AUTOR.


CABRERA MIRANDA, Carlos Ernesto, Columbario. Cajamarca, Ediciones Petroglifo. 1ra. edic. 2006. Pág. 80. 20.4 x 14.8 cm.

Dedicado a:

Los que se fueron abriendo la mañana

A los presentes que guardan esperanza

A los que han vuelto y que sin ver creen…

A la vida con todos sus vaivenes.

 

No es extraño para la danza

Este columbario que pone los ojos amarillos

( ... )

Porque ya no hay quien reparta el pan y el vino,

ni quien cultive hierbas en la boca del muerto

ni quien abra los linos del reposo,

ni quien llore por las heridas de los elefantes.

No hay más que un millón de herreros

forjando cadenas para los niños que han de venir,

no hay más que un millón de carpinteros

que hacen ataúdes sin cruz.

No hay más que un gentío de lamentos

que se abren las ropas en la espera de la bala.

Federico García Lorca

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ARRIBASPLATA CABANILLAS, Miguel, Obdulia de los Alisos. Cajamarca, Publiser S.R.Ltda. 3ra. edic. 2006. pp. 224. 21 x 11 cm.

PRÓLOGO

Lo primero que el lector advierte en la lectura de Obdulia de los Alisos es la ausencia del narrador autoral. El material narrativo acontecimientos, escenarios y personajes, juicios, comentarios y valoraciones sobre el mundo novelado es encomendado enteramente al narrador - personaje. En este sentido, Obdulia de los Alisos prueba que en la novela y el relato la narración puede presentar una organización sumamente variable. La teoría literaria denomina a esta instancia del discurso con la categoría fundamental del narrador: El narrador como parte de la ficción literaria, se identifica en esta novela con el personaje Obdulia, quien constituye el eje fundamental de la narración y lleva el hilo argumental de principio a fin. El autor -siguiendo las pautas de la modernidad narrativa establecidos por Joyce y Faulkner, básicamente- prácticamente se ha desvanecido del texto. Sin embargo, se puede advertir sus huellas, muy tenuemente, al ordenar el material narrativo en bloques o capítulos, ordenados sólo por los espacios en blanco; y la separación del discurso del narrador - personaje en párrafos. De tal manera, el punto y aparte es el único signo de puntuación utilizado en la novela.

Los demás, salvo los signos de interrogación y exclamación, y las rayas de los diálogos, han sido suprimidos enteramente, dando al relato la impresión de un continum narrativo. Continum narrativo que tiene, de otro lado, la función de evocar el mundo de la oralidad.

Si la eliminación del narrador autoral constituye ya una transgresión frente a las normas del canon novelesco, establecidas por una larga tradición romántico - realista de la novela peruana, Obdulia de los Alisos incurre aún en otras transgresiones. Pero ninguna tan notoria ni tan importante como la supresión cuasi total de la arquitectura argumental. La historia que se narra, sumamente escueta, se reduce al siguiente hecho: Obdulia sale temprano en la mañana de San Pablo rumbo a Polán. El motivo del viaje es barbechar, en compañía de su marido «Sheba» y de sus hijos, las tierras del patrón para la próxima siembra. Mientras dura la caminata, sostiene un animado coloquio en el que nos cuenta su vida y la vida de los sampablinos; nos muestra su cultura, su mundo moral, sus conflictos, sus recuerdos y su situación social. Es decir, desde el punto de vista de la trama argumental, casi nada. No nos presenta enigmas por resolver, ni héroes novelescos que admirar: El lector cae en cuenta que todo el interés de la novela cae del lado del nivel lingüístico. Como ocurre en el noveau Joman paradigmático en transgresiones el lenguaje llega a constituir su más notorio protagonista.

Cuando escribió esta obra, Miguel Arribasplata (San Pablo, Cajamarca, 1951) era un joven profesor universitario que se desempeñaba dictando cursos de literatura latinoamericana y contemporánea en la Universidad Nacional Jorge Basadre.

Grohmann de la ciudad de Tacna. Noches enteras de desvelo y de trabajo intenso dieron finalmente el fruto esperado: una novela, una criatura de arte que independizada de la mano que le dio vida tendría que seguir su propio camino, librar su propia batalla. Arribasplata, tenía ya en su haber algunos otros libros publicados, como Agosto todo el año (1975), Tierra sin cosecha (1978), Los tres estamentos (novela universitaria, 1986), Sacramento Chanducas (1987), todas novelas y el pequeño libro de relatos Tandal (1982). Pero según el exacto decir del crítico y profesor sanmarquina Tomás G. Escajadillo es en Obdulia de los Alisos ( 1989) donde Arribasplata verdaderamente eclosiona 1 • Tal la originalidad y tal el aliento y fuerza creativa de esta novela que el recordado poeta Víctor Mazi al leer los originales había dicho que la obra resultaba ser más grande que el autor: Naturalmente, en boca del amigo entrañable y «asesor literario» que era Mazi para los jóvenes cantuteños, poetas y escritores en ciernes, de los años 70, aquello era un elogio para la obra y para el autor.

Ahora bien, ¿una novela con poca arquitectura argumental cómo puede resultar atrayente? ¿Una novela sin plantear ningún enigma cómo puede mantener la atención del lector? Obdulia de los Alisos desmiente estas viejas certezas. Aquí no interesa la historia o el enigma. Toda ella es una regocijada fiesta del lenguaje. Como si fuera un inmenso taller lingüístico vemos florecer un tipo de lenguaje que distanciándose de la norma estándar o culta del español afirma los valores expresivos de un habla coloquial básicamente diglósico, que es justamente lo que caracteriza el lenguaje del poblador andino. Como ningún otro texto de la literatura de tema rural -salvo los cuentos ya clásicos de Eleodoro Vargas Vicuña y algunas otras creaciones de los escritores del "neoindigenismo"- Obdulia de los Alisos nos ofrece el testimonio vivo de cómo se fragua en los Andes un nuevo lenguaje que siguiendo inexorablemente las leyes dé su desarrollo amalgama la lengua del conquistador y la del conquistado. Una lengua, como decía Vallejo, «con fundamento vital en la convivencia humana».

Creemos, esta es la razón por la que el lector «foráneo» se queda por lo menos parcialmente fuera de la fiesta que supone la lectura de Obdulia de los Alisos. La novela indigenista clásica o tradicional estaba destinada a un público culto y citadino, principalmente, distinto o ajeno del mundo al que se referían estas obras. Entonces los escritores de esta corriente -como Jorge ¡caza, autor de Huasipungo, para poner un ejemplo -sentían la obligación de insertar en sus obras un apéndice con el glosario de palabras quechuas o dialectales no conocidas por los lectores urbanos, a quienes, por otra parte, se trataba de sensibilizar contándoles la situación penosa por la que atravesaban los indios, a fin de mover resortes sociales, políticos e ideológicos que posibilitaran tomar medidas correctivas que pudieran paliar por lo menos en parte la situación deplorable en que se encontraba la raza autóctona por causa de la explotación y opresión de clase. Aquel la preocupación por hacer inteligible al texto -con la intervención muchas veces directa del narrador autoral y los glosarios- le tiene sin cuidado al autor de Obdulia de los Alisos. La novela se dirige básicamente a un narratario que se ubica en el mismo referente y tiene competencia en la norma dialectal que emplea. El conocido paternalismo de la novela indigenista clásica o tradicional es reemplazado aquí por una mirada más bien compasiva y solidaria, una mirada desde dentro del mundo que se quiere revelar. En cualquier caso, esta novela nos recuerda en cada línea y en cada página, e incluso en cada palabra, que somos un país plurilingüe y pluricultural. Finalmente, que no es responsabilidad del autor ilustrar al mundo ilustrado sobre las cosas de la Sierra. Su función es literaria, no pedagógica.

De esta manera, el lector «foráneo» corre el riesgo de sólo inferior; es decir; de comprender malo comprender a medias e, incluso, lo que es peor, de empobrecer el texto tomando nota de sólo los aspectos más exteriores del argumento. Por otro lado, creemos ésta es la razón básica por la que esta novela, desde su primera publicación en 1989, no ha tenido una repercusión critica que su valor estético amerita. En el mejor de los casos sólo se ha relievado los aspectos sociales que describe, como el movimiento de sindicalización campesina que, de nuestra perspectiva, es justamente el lado más débil y externo de la novela. El autor nos comunica que en esta segunda edición, creemos con mucho criterio, se ha introducido una variante de autor con la supresión de los párrafos que no tenían otro sentido que ilustrar la doctrina marxista de la lucha de clases.

El valor estético de Obdulia de los Alisos radica, creemos, por el contrario, en el prodigioso manejo de la lengua coloquial de San Pablo, el barroquismo exhultante y regocijado de sus formas: palabras, frases, giros lingüísticos. Pero aquí no podemos siquiera esbozar el estudio del lenguaje de Obdulia de los Alisos. Sólo llamar la atención de lo importante que sería este estudio para una comprensión y apreciación cabal del valor estético de esta obra y su posible caracterización. Lo importante que sería, por ejemplo, el análisis sintáctico de las frases que muchas veces como en los casos del doble posesivo, implica una sintaxis quechua. Ni qué decir de los lexemas de la lengua quechua (v. gr. washpay, curcunchos, shuturaban, jurapa, chucho, huambra, shuplas, Cashaloma, culla, coche, olgoshta, shulal, pucanas, guayhuash, quipes, anay, chirapa, mutuy, guaylla, minga, shingo, Chinayaco, etc.) que hienden el texto hispano acabando por corroer la norma lingüística del español.

Pero sí debemos referimos, aunque someramente, a su técnica narrativa y a sus temas. En principio, por la prefencia de un solo personaje, corre el riesgo de caer en la monotonía, acercando el discurso a la estructura de los textos líricos. Pero este riesgo es superado introduciendo a partir de la voz del narrador - personaje. otras muchas voces afirmativas de su carácter polifónico que según M. Bajtin es el rasgo más importante de la estructura novelesca. Esta técnica narrativa podemos graficarla comparándola con la técnica de los quipus, en las que hay un cordón principal, un cordón - madre, que sostiene toda la estructura significativa consistente en diversos cordones de distinta longitud y diversos colores. De manera similar, el soliloquio de Obdulia es el cordón - madre de donde se desprenden multitud de cordones que son las otras voces de la novela. Hay momentos en los que el lector se siente perdido en la maraña y no sabe ya la voz de quién está escuchando. Otras veces da la impresión de que esta técnica se traiciona como, por ejemplo, en el capítulo quinto que supone una enorme analepsis (según G. Genette, evocación fuera de tiempo de un acontecimiento anterior al punto en que se encuentra la historia). En dicho capítulo se cuenta una grave sequía acontecida en San Pablo durante la infancia de Obdulia. La forma que reviste es el diálogo. Allí dialogan Camilo y Cristina, por un lado, padres de Obdulia; y por otro, Camilo y su compadre Absalón Alvites. Estos charlan sobre la posibilidad de marcharse a la selva mientras dure la sequía. Camilo se resiste aduciendo problemas de salud y edad. Sus frases expresan patéticamente el apego del poblador andino por su tierra. Entre trago y trago la conversación se eleva cobrando inclusive un tinte filosófico. Dice Camilo: «... El tiempo y la vida son un entrevero de urgencias pa los que estamos condicionaos a pasar los días acorralaos de preocupaciones. Porque qué otra cosa sino acondicionamiento se va a llamar a lo que es la determinación de cualquier rico de acabajo e las playas o de acarriba e las jalcas y hasta de los contornos del pueblo, de hacemos desgonzar de a diario la calma con la molienda del trabajo.» (p. 101)2

La analepsis del capítulo quinto presenta además una incursión del género epistolar: dos años después, llega desde las selvas de 8aagua una extensa carta del «compadre», quien acabó «botándose» por el mundo, dejando «lo viejo conociu por lo nuevo por conocer». Aunque su experiencia selvática es verdaderamente desalentadora: «Lo siento compadre ˆdice - es que sea en sierra costa o selva al pobre le hacen el gafo y vibe como venau persegio por casadores y perros desos lanudos medios oques del Rodrigo Vasques y sus hermanos» (p. 108)3. Luego de esta inflexión narrativa, el texto retama el soliloquio de Obdulia y caemos en cuenta que lo anterior no ha sido sino un largo diálogo recontado desde los recuerdos de Obdulia. Volvemos así al cordónmadre, el soliloquio de Obdulia, que sigue desmadejando infinitos temas.

En efecto, los temas son bastísimos en Obdulia de los Alisos. El viaje mismo, que además de tema literario constituye un formidable recurso técnico conocido y explotado desde las épocas más remotas. La Odisea de Homero y la Divina Comedia de Dante son dos ejemplos cimeras. En la narrativa contemporánea, Luz de agosto de w: Faulkner y Pedro Páramo de Juan Rulfo han incidido con excepcional éxito en el tema del viaje. En Obdulia de los Alisos a este tema se agregan otros adyacentes que en conjunto constituyen la historia de un personaje, de una familia campesina y de un pueblo provinciano. El personaje, naturalmente, es Obdulia, una mujer sencilla del pueblo, trabajadora y abnegada; la familia es la de ella, constituida además por Sebastián o «Sheba», el marido, Escolástico el hijo «maltoncito» y la «lloroncita» que es apenas una criatura de pecho. El pueblo es San Pablo, una ciudad serrana y mestiza, antiguo asiento de la cultura preinca del Kuntur Wasi y mentado en la historia contemporánea por la batalla de su nombre en la que el ejército chileno invasor sufrió una grave derrota.

En realidad es difícil señalar cuál sea el tema central de esta novela. Para algunos muy bien podría ser el tema de la pobreza y la marginalidad, con los subtemas adyacentes de la sequía, el problema de las empleadas domésticas, los abusos del poder político y el centralismo enervante. Para otros, el tema del despertar de las masas con el creciente movimiento de sindicalización de los pobres del campo por emulación del proletariado costeño. A nosotros personalmente, nos atrae el tema del fermento de una cultura chola o mestiza que se plasma básicamente en el lenguaje diglósico de la obra. El tema del cholo y del mestizaje cultural empieza nuevamente a cobrar relieve en el panorama de la cultura nacional. Primero fue el indigenismo que en los años 20 del presente siglo irrumpió con fuerza estupenda y hoy, años finales del siglo, otra vez las raíces étnicas de la nacionalidad peruana vuelven por sus fueros.

El «cholismo» insurge nuevamente cubriendo amplios espacios del arte y la literatura, del cine y la televisión nacional. Todo ello a pesar de la política neoliberal que se imprime en estos años y que a causa de esta política el mundo andino atraviesa por el peor momento de su historia con la erosión y destrucción de su cultura y de sus lenguas. Es fuerza reconocer, sin embargo, que la irrupción del «cholismo» corresponde a un cierto ideal de nación basado en el indio, como visionariamente planteara Manuel González Prada en el famoso discurso del Politeama de 1888.

Por otro lado, Obdulia de los Alisos no se agota en el tratamiento de los grandes temas sociales. En consonancia con el panteísmo y el modo de ser de la cultura andina, rescata pequeñas historias, destinos pequeños, de animales, aves, plantas y flores. Así, por ejemplo, tenemos la historia del gallo Chilalo que nos remite al mundo de la infancia y a ese apego de la niñez por los animalitos, las mascotas, con toda su carga de candor y ternura. La historia es como sigue: Escolástico, el hijo «maltoncito» de Obdulia, tiene un gallo llamado Chilalo. Éste, luego de toda una vida de tunante, enamorador, mujeriego y pleitista; luego también de haberse enseñoreado en las huertas del vecindario, haciendo correr a los otros gallos, y con su harem de gallinas haberse paseado por los contornos, escarbando almácigos y haciendo mil perjuicios; y luego todavía de cogido in fraganti habérsele amputado los dedos de los pies, medio cojo y medio desplumado, es llevado a Polán. Viaja colgado del asno, en sola compañía de una pollita. En Polán, tal vez perezca de frío o, tal vez en unión de su polla funde una nueva estirpe. En la trama novelesca, la historia del gallo Chilalo funciona además como metáfora de ciertas vidas licenciosas, cuyas historias recogen las alegres y chispeantes coplas populares.

Pero el soliloquio del narrador-personaje continúa y los temas siguen descajándose o desgranándose. El flujo del relato crece bullente tumultuoso, como los ríos de la Sierra. De esta forma, luego del tema del juez prevaricador y del gobernador abusivo, sobrevine el tema del comerciante, otro elemento expoliador del campesino pobre (<<No te pongas triste Sebastián, así es la agricultura, nadie sabe pa quiénes trabaja»). El tema de los evangelistas constituye capítulo aparte, como también de la maga o adivina y las barajas que dicen y no dicen, que anuncian alegrías pero también tristezas. Además de las inclemencias del clima y las enfermedades que hacen de la vida de los pobres una larga y penosa procesión de indigencias, Obdulia incide en la vida de San Pablo y la tradicional rivalidad de los dos barrios, los barrios de «acabajo» y de «acarriba», Corongo y La Ermita; lo que concatena con el problema del reparto del agua, los esfuerzos de la gente por conseguir el líquido elemento para regar sus huertas y las reyertas a causa de ello. Finalmente, llegando ya a su destino Obdulia debate sobre la «moda de la cochinilla», diserta sabiamente sobre la crianza de las abejas y habla poéticamente sobre las flores. Entonces, pese a las penas y tristezas, y sufrimientos mostrados, sopla sobre las páginas de la novela, reconfortando al actor, un viento fresco y dulce, de amor, de esperanza, y de adhesión a la vida. Lo que nos obliga a recordar las célebres frases de Eleodoro Vargas Vicuña: ¡Viva la vida, carago! Así termina el viaje de Obdulia y con él la novela. Pero la batalla continúa.

 

SAÚL DOMÍNGUEZ AGÜERO

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ALVÍTEZ LINARES, kiara (San Miguel, 1995), Las Aventuras de Kiara. Cuentos. Chimbote, Pis@diablo Ediciones, 2006. 25 pp.

SUEÑOS DE CRISTAL Y VIENTO ANDINO

Ricardo Cotrina Cerdán (*)

Los relatos de Kiara constituyen una muestra significativa de un talento literario que no sólo evidencia una lógica discursiva, propia de una niñez ávida para la expresión de sus vivencias, sino también, una capacidad creativa para encontrarle oportunidades narrativas a la moraleja.

La inteligencia emocional de Kiara se ve signada por el dominio de una gramática intuitiva de la fábula y de los relatos orales. Su experiencia narrativa ha de encontrar, con la madurez literaria, una vía de realizaciones significativas para su personalidad como escritora.

Las aventuras de Kiara muestra al lector una actitud narrativa de encantadora imaginería infantil y un propósito definido para involucrarlo en la moraleja. Hecho que puede evidenciarse con una

constante en sus relatos. Desde esta perspectiva, el relato El pájaro y la manzana no es más que un motivo para expresar su visión idiosincrásica de sus aprendizajes naturales de la realidad y una invitación a ejercer una conducta solidaria. En Kiara, la Soñadora, también se evidencia esta intención aleccionadora para promover una conducta de comprensión familiar; asimismo, en este relato, el lector podrá descubrir que Kiara también es una niña que sueña lo que la televisión y los medios masivos venden a la niñez: Ser americana. Pero ella tiene el valor para comprenderse y comprender a los demás. En Sara la tortera narra lo que conoce en detalle de Sara, se da cuenta que es buena y su moraleja adquiere una curiosa forma de consejo sano y, a la vez, publicitario, tal como es la vida en todos sus detalles. En Las amigas Betsy y Kiara muestra el ambiente de sus aprendizajes intergeneracionales y el sentimiento de amistad que descubre en la compañía de Betsy. En Kiara y su familia presenta a su familia pero de manera subyacente muestra su auto-concepto y autoestima. En este acto escritural descubre la importancia de la familia, por ello, habría de asumir su moraleja en forma de invitación “Amiguitos ven que Kiara tiene suerte, tiene mucha familia y esa es la suerte de Kiara". Ella, aprende en este relato, a diferenciarse de sí misma y, en ese distanciamiento descubre que no está sola, que ha adquirido la destreza espiritual de significar y compartir el significado de familia. El que llegue a esta fuente de sueños, también diga ven. Y el que oiga estos relatos, diga ven; porque sólo el que se acerque como un niño (a) descubrirá con gozo la bondad de sus palabras. Finalmente, en El Gato y Sara muestra que el gato se come como una alternativa para enfrentar el hambre. Estos y otros indicios revelan que la Aventura de Kiara se nutre de saberes culturales propios de su contexto social.

Kiara, es pues, una aventura, una aventura literaria. Desde ella, estas palabras son sólo sueños de cristal y viento andino.

Nuevo Chimbote, enero 2006.

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*Catedrático de la Universidad Nacional del Santa, poeta.

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IZQUIERDO GONZÁLEZ, Wilson. La marcha del Shaplinco" ...y algunos otros más. Lima, Perú, Fimart S.A.C. 1ra. Edición, 2006. 100 p. 20.4 x 14.5 cm.

EL PORQUÉ DE ESTE TÍTULO

Las historias que se desarrollan en este libro son, justamente eso: "anecdocuentos", es decir, sólo narraciones de situaciones anecdóticas. No se ha seguido una estructura determinada, ni se ha querido manejar en su presentación, algunas de las técnicas más conocidas para escribir cuentos, en el sentido ortodoxo del término. Los "hechos" se van presentando como supuestamente han ocurrido, sin más sofisticaciones ni algoritmos literarios que los surgidos de la necesidad de comunicados. Tampoco se han forzado las situaciones para dejar, por allí, una u otra moraleja, como es la costumbre, aun cuando, presumiblemente, cada lector hallará las suyas sin mayor esfuerzo.

"Pitín", por su parte, es el sobrenombre que me puso una de mis nietas, cuando tenía apenas dos años de edad. Hasta ahora no he llegado a saber

de donde sacó el término, ni en qué circunstancias lo descubrió. Sólo recuerdo que, en una de esas tantas tardes friolentas de Cajamarca, "Kusilín" se acercó a mí y cariñándome la barriga, que por esa fecha la tenía más o menos abultada, me dijo en su media lengua: "Velo, velo, su panshita de mi abueliche Pitín" y como "Pitín" me quedé hasta hoy, para mis hijos y para mis otros nietos, aún ~do mi mujer crea que, lo que debió decirme la criatura fue Pitín con "u" en lugar de la primera "i".

La niña autora del "chaplín", según su partida de nacimiento se llama Grecia Carolina. Sin embargo, sólo su madre la trata con esos dos nombres, el resto de la familia le dice "Q", "Kusi", "Kusilín", "Reyna" o simplemente "Osito". Resulta que cuando fue bebé, comenzó a balbucir agú, agú. Su hermano mayor al escucharla creyó que ese era su nombre y comenzó a llamada "Q". Luego, la "Q" se transformó en Kusi y por último en Kusilín o incluso "Kusilandio". Finalmente, yo: su abuelo, le puse el apelativo de "Oso Montañez" porque, al igual que una familia de osos montañeses de una vieja serie de dibujos animados, Kusilín solía renegar para todo, entre dientes, igual que aquellos osos. Sin embargo, siendo raro que a una niña le digan "Oso", en masculino, es posible que llamada de ese modo refleje mi deseo inconsciente de querer un nieto varón más.

El autor

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VILLANUEVA CRUZADO, Jorge Wálter. Hojas Frágiles. Cajamarca, Perú, Martínez Compañón Impresos y Ediciones, 3ra. Edición, Abril 2006. 86 p. 20.8 x 15.2 cm.

INTROITO

El versolibrismo facilita la expresión poética por cuanto supera límites que la Preceptiva Literaria establece. Sin embargo, esas licencias demandan otros requisitos como es el tema profundo y cotidiano, que él sabe identificar como suyo.

El poeta Jorge Villanueva, con el tiempo va mejorando su palabra poética y se presenta como grato lirada, mostrando persistencia por cuanto asume a la literatura con devoción y sacerdocio.

Su temática es de asuntos generales y humanos. El amor, la soledad, la familia, el paisaje litúrgico, historia y religión, son las aristas brillantes de su cuarzo de pureza y pastoril poética.

Por lo tanto, Villanueva ha optado por el verso libre y, condensa su sentir en poemas que si bien no

tiene la excelencia formal, no dejan de ser cotidianos y profundos.

Dentro del parnaso de la literatura cajamarquina, asiste como un juglar de la sinceridad y la esperanza. Algún crítico de oficio juzgaría a su obra como madera a la cual hay que seguir labrando con manos de orfebre como reclama toda disciplina artística. Empero, no podemos arrebatarle el mérito de su constancia de escritor y realizador de cultura y literatura. Creo que ese derecho por parte del autor nos motiva tributarle nuestro deber de celebrar su participación en la poesía.

El libro de poemas intitulado HOJAS FRÁGILES no presenta unidad temática, por el contrario muestra variedad temática. Son poemas unidos por el sentimiento del aeda que pulsa sus mejores sones ante elementos como el viento, recursos como el mar, personajes como: La hilandera, la Madre Dolorosa, muchachita del alba y hasta el Señor Crucificado; todos estos temas constituyen un mosaico plural y, por lo tanto, a cada uno le espera un receptor.

Cabe destacar su corazón agradecido, pues in memorian de ilustres literarios como Manuel Ibañez Rosazza, Zoilo León Ordoñez y Ricardo Ravines Mondoñedo, ha creado poemas sinceros de afecto y reconocimiento. Esto demuestra que Villanueva no sólo escribe cosas bellas de poiseis, sino también engalana y ratifica su espíritu bello.

En lo que respecta a HOJ AS FRÁGILES, entre el fondo y la forma, diremos que el fondo gana a la forma. Lo cual es propio del poeta por su formación humana y su franca finalidad de ser escuchado. Su voz es natural, sencilla y lineal que no demanda de los artificios y rebuscamientos por lo que optan otros poetas. Lógicamente el equilibrio entre ambos es lo óptimo y, para ello, Villanueva debe continuar, pues se hace camino al andar.

Como toda obra inicial aborda el tema del amor, por ello los poemas A ti, Amada sin sombra, te quiero así, y te amo. De esta forma muestra, sin esfuerzo, la emoción del poeta enamorado. El tema social está expuesto en los poemas: Romanza para los hombres libres, Dolory Lucha, Limosnero, Después de las batallas.

Cuando se lee esta poesía de la sinceridad y de la constancia, es fácil determinar que al autor más le interesa lo que va a escribir, en lugar de cómo lo va a escribir; y ante lo cual tenemos que sugerir persistencia en el trabajo. No olvidemos que el eterno Poeta Joven del Perú Javier Heraud, nos advirtió que la poesía es un trabajo difícil, que se pierde o se gana, al compás de los años otoñales. ~ Compartimos la expresión de que: no hay buenos ni malos poetas, tan solo hay hombres que cantan en la tierra.

En su poesía está la frescura de la poesía pastoril española y cuando coge el tema amoroso aparecen el nicaragüense Cardenal, el cubano Bueza y el peruano Federico Barreto.

 

No son, precisamente, HOJAS FRÁGILES, al contrario, son hojas que reverdecen con la savia del entusiasmo, que dista de la fragilidad humana. Tan sólo sugiere que son hojas poéticas no como las Hojas de Hierba de Walt Wiltman, sino enunciado de lo que la hoja puede ser elemento de color, belleza y natura.

La Región de Cajamarca ahora muestra a este cultor del verso y la poesía y es él, el único responsable de que su voz resista al tiempo, al embate de la indiferencia y ante el silencio cómplice.

Estamos seguros que si Jorge Villanueva, persiste, habrá de brindamos en el futuro mejores y sazonados frutos literarios.

Con este saludo, estas HOJAS FRÁGILES alcanzarán a ser elementos no tan sólo botánicos, sino cantos de fe y esperanza. Así sea.

BETHOVEN MEDINA

(Cajamarca,2006)

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BARRANTES ZURITA, Socorro Isabel. Cajamarca, Caminos de Poesía. s/e, Cajamarca, Perú, Pardy's Impresiones, Diciembre 2006. 302 p. 29 x 21 cm.

PRÓLOGO

La palabra se hace verbo, el verbo unido al sentimiento se sedimenta y teje en versos, en largas cataratas de espuma hecha pena, reclamo, romance, alegre melodía que va cantando como un río, a veces ligero, a veces agreste ... Río que al llegar al mar de los días viene a ser la literatura de un pueblo.

La Asociación de poetas y escritores de Cajamarca, APEGAJ, ese sueño silencioso que la poetisa Socorro Barrantes Zurita develó hace unos años, puede hoy después de largos años de espera alumbrar este trabajo poético esperado en la vigilia de angustiosas noches de insomnio y vigilia.

Una antología poética y literaria en la que se reúne el pensamiento de muchos vates y escritores cajamarquinos. Una antología departamental de di-

fícil factura, porque no fue fácil reunir los trabajos literarios en corto tiempo, fueron tres años y algo más, en los que la poesía iba llegando a gotas hasta nuestro itinerante abandono, porque, pese al esfuerzo en más de una década, aún no contamos con un espacio físico propio, aún somos un grupo gitano en el carromato del tiempo cruzando las distancias del olvido. Algunos poetas ya no pudieron ver plasmados sus sueños. Don Ricardo Ravines se despidió una noche en soledad, don Virgilio Montoya abatió su última queja en este octubre. Hoy ellos desde una estrella contemplan su obra en el tatuaje del papel y del alma de nuestra raza.

Hablar de una antología en el estricto sentido de la palabra sería negar la historia del libro, pues no se trata de una selección en la que se haya clasificado a la poesía bajo ningún criterio, se trata simplemente de una reunión poética ordenada alfabéticamente. En la obra se funden versos de elegante poética como los de Amalia Puga, Manuel Ibáñez, Bethoven Medina, Kokín Guillén, Guillermo Torres, Socorro Barrantes ... Pero también están los trabajos de noveles escritores que se lanzaron al mundo de las letras como Paúl Mendoza, Ramina Herrera, Jorge León, Alfredo Alcalde ... Pero la raíz activa de la poesía peruana surge con los poetas de alejadas provincias, aquellas voces silenciadas por omisiones centralistas que creyeron que la poesía solo existía en las urbes grandes donde la cultura proveniente de Europa se encontraba en ebullición. Esas omisiones generaron que gran parte de la poesía y literatura peruana fuera mutilada y patéticamente relegada, olvidando que nuestras raíces provienen de lo andino y no de lo europeo. Grandes cantos fueron incluidos en esta recopilación, cantos grandes que nos hablan de la tierra y de cómo ve la poética desde su olvidado sitial el vate andino postergado.

Es verdad que no hubo un criterio selectivo que enmarcara esta obra como una cumbre de la antología Cajamarquina. Muchos poetas se sentirán disconformes al ver lo variopinto de la reunión poética, se trata más bien de un inventario del departamento de Cajamarca, un inventario de su literatura y con ello nos sentimos complacidos gratamente. Voces que nunca fueron publicadas anteriormente, hoy tuvieron un espacio para esa palabra oculta por tanto tiempo, pero no oculta por iniciativa propia, sino por voluntad perversa de la crítica sin consideraciones.

La APEGAJ quiere rendir homenaje a la cultura cajamarquina, con esta primera reunión abierta de poesía y literatura. Es el primer intento que vamos a continuar en años consecutivos.

Jaime Abanto Padilla

 

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