Libros de Cajamarca - 1990

 

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ZÚÑIGA GÁLVEZ, Noé Salvador. El Socavón Compactado. 1990. CONCYTEC (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología) 404 Pág. 15.7 x 27 cm.

 PRESENTACIÓN

La novelística cajamarquina no es abundante; pero sí trascendente por sus planteamientos temáticos y realizaciones formales. En la litera­tura peruana figuran cómo hitos sólidos y visibles las siguientes novelas de los cajamarquinos: “Cumbrera del mundo ", de Pedro Barrantes Cas­tro, relato cholo elogiado por Ciro Alegría desde Chile, y juzgada fa­vorablemente por la crítica literaria latinoamericana porque se convier­te en novela clave de la narrativa nacional, junto con “La serpiente de oro”, de Ciro Alegría, y “Agua”, de José María Arguedas, las tres publi­cadas coincidentemente- en el año de 1935. Después de “Cumbrera en el mundo”, vinieron “Los Baratas”, de Amalia Puga de Losada, “El pan Prohibido”, de Alfonso Alcalde, “La Guacha” y “El Frontón”, de Julio arrido Malaver; “Los mitimaes”, de Mario Florián, “Los hijos del or­den” de Luis Urteaga Cabrera, y “La agonía del inmortal”, de Jorge Díaz Herrera, para sólo mencionar los títulos más importantes. Cuan- o creíamos que la novela cajamarquina entraba en adormecido inte­rregno, volvemos a ver dos obras importantes del género: “Obdulia de los alisos”, de Miguel Arribasplata, y “El socavón compactado”, de Noé Zúñiga Gálvez.

Desde “El Tungsteno”, de César Vallejo, y “Collacocha”, de Enrique Solari Swayne, los asientos mineros del Perú no habían encontrado en la literatura la vía denunciante capaz de mostrar a flor de tierra la entraña Metálica y el drama del hombre andino. “El Socavón compactado” centra las acciones en las minas de Hualgayoc, a 3,600 metros de altura sobre el nivel del mar. Un pequeño lugar en el mundo, encla­vado en la sierra peruana, se convierte en patético escenario de escondi­dos idilios y soterradas ludias sociales.

Es una novela de corte clásico, de estilo tradicional, sin los artifi­cios técnicos de la novela contemporánea, de lenguaje sencillo, ausente de acrobacias verbales; de vez en cuando se engalana y recrea, es cierto, en frases elaboradas con sobriedad, pero se mantiene ajena a los desbor­des de la expresión alambicada que muchas veces genera la imaginería creadora.

Novela muy personal, encarcelada en su propio estilo, sin mayores preocupaciones técnicas. En ella no aparecen los laberintos estructura­les, superposiciones telescópicas, el disloque temporal, las aperturas intempestivas, el monólogo interior, el discurso polisindético, la elipsis de puntuación, los párrafos introspectivos, los elementos míticos o fantasmagóricos. Lo red maravilloso no se advierte en ningún instante. El relato se ofrece gobernado por la corrección gramatical y la subordinación sintagmática. Es una novela en la cual la descripción del paisaje se relega a un segundó plano -y con ello pierde colorido- para dar paso al acontecimiento, sin mayores meandros episódico? o sinuosida­des incidentales, vertebrado en un argumento casi lineal. Novela nucleada en la acción antes que en el escenario.

Es un relato ceñido a la verdad porque sus personajes existieron; el autor mismo fue protagonista presencial de los hechos producidos en el socavón; se combina el dato histórico con la elaboración novelís­tica; podríamos llamarla, por eso, novela histórica o historia novelada, cuyos pasajes principales bien pueden mostrarse como testimonio revelador.

La obra tiene episodios de emotiva beligerancia y delicada ternura; pero campea la nobleza y el pudor. La hazaña de Pablo ante el sollamo de la mina adquiere la dimensión de verdadera épica heroica, precedida de acendrada rendición idílica. Hay cuadros de gentes humildes, imbui­dos de sanos sentimientos, personificados en el obrero Pablo Rojas Villoslada, extremados en respeto y timidez frente a la “Haute societé’’, encopetada y perjuiciosa, encarnada por el magnate José Félix Esparza y su familia.

Existe acertada pintura de sus personajes como Pablo Rojas, obre­ro sencillo, valiente y honesto; Concepción Lobato -doña Shonita-, chismosa que bien puede haber tenido los siete pelos del diablo. Dentro del relato unitario, trabado y coherente, no faltan ligeras pinceladas de gracia, socarronería y chispa criolla del autor; de vez en cuando apare­cen modismos y refranes populares aderezados de travesura y picardía:

“ ... y se la lleve a Carmencita sin molerla ni cerniría”; “Si esto no es saber de minería ; ¡que me emplumen en brea hirviendo!”; “el fue­go junto a la estopa, viene del diablo y sopla”.

El intento del novelista de inmortalizar a su pueblo culmina en éxi­to. Noé ha salvado en el arca a su gente, a su Hualgayoc minero; la se­cular tragedia, inédita del minero, pospuesta al anonimato por mucho tiempo, sale hoy del oscuro socavón argentífero y ve la luz esplendente de la edición.

Noé Zúñiga, narrador sereno, limpio y pudoroso, recoge con emo­ción y lealtad la tragedia de su pueblo minero. Este es el compromiso del autor, el tributo a su gente, con argumento y personajes verdaderos, sobre todo la peripecia romántica de Pablo - el personaje principal- evocado melancólicamente, tronchado a la vida en el último sueño de un intenso lampo de amor.

Cajamarca, agosto 1989

LUZMÁN SALAS SALAS

Profesor de Idioma y Literatura


AL LECTOR

Alguien ha sostenido que la Tradición es la historia de los pueblos sin Historia.

En esta obra trato de demostrar que además de tracción, Hualgayoc, mi patria chica, tiene un rico acervo histórico que aún permanece ignorado e inédito.

Los datos históricos en ella consignados fueron recogidos por el autor de documentos fidedignos existentes en los archivos de la Subprefectura de ésta -provincia, el Concejo Provincial, la Delegación de Minas, la Parroquia de San Femando y la Benefi­cencia Pública, antes aún dé que su extensa jurisdicción fuese retaceada para formar las actuales provincias de Hualgayoc, Santa Cruz y San Miguel de Pallaquea.

Trato de reseñar en ella una época (1918 — 1920), como otras «añilares, en su asendereada historia de denodada lucha por sU supervivencia. *

Época en que se confunden angustias y esperanzas, luz y sombra, Tabor y Calvario, en la vida de un pueblo laborioso y honrado. De un pueblo que ha hecho de la amistad, el amor al trabajo; del respeto a la palabra encalada, un código de moral de la ternura y el respeto a la mujer, un culto.

Todos estos atributos forman las hebras de lienzo teñido con pinceladas firmes de un “aguafuerte” nostálgico y senti­mental.

Ojala que en parte haya conseguido mi propósito al exaltar los valores humanos de mi sudo natal.

EL AUTOR

Hualgayoc, abril de 1990.

 

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SEIFERT, Reinhard. CAJAMARCA: Vía campesina y cuenca lechera. 1990. CONCYTEC (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología) y CAPLECAJ (Centro de Apoyo a la Producción Lechera en Cajamarca). Pág. 356.

 

Prólogo

El tema de la economía campesina en los andes altos es uno de los más polémicos de nuestros tiempos; si bien es cierto la economía campesina de la zona sur y centro del Perú es una de las más estudiadas, difieren bastante de la economía campesina de los andes bajos del norte que no se han estudiado aún con el suficiente detenimiento, pudiendo asegurarse que uno de los primeros trabajos, aunque referido principalmente al aspecto lechero, es visto con acuciosidad y dedicación por Reinhard Seifert en este libro que lo entrega con gran afecto al investigador, al político, al planificador al técnico y especialmente al campesino cajamarquino, por quien manifiesta un gran aprecio, ya que constituye un invalorable aporte que debe ser tomado en cuenta para propuesta del proyecto de desarrollo regional de Cajamarca.

Ing. Pablo Sánchez Zevallos, junio 1990.

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CABANILLAS, Ricardo, Arte y folclor en la socialización del niño. Cajamarca,1990.

 PRÓLOGO

Uno de los postulados de la Didáctica Creativa es la utilización de juego como eje dinámico del proceso enseñanza-aprendizaje. Aquello que antes era considerado como un acto superfluo y trivial –válido tan sólo para el espacio extraescolar del niño-, cobra en la actualidad una progresiva vigencia en el espacio comunicativo del docente con el educando. De otro lado, la Educación por el Arte, tan postergada en nuestra educación, también adquiere presencia dentro de la didáctica moderna cuando se la enfoca de manera holística y sistémica. Cuando se conjuga el arte y el juego en la socialización y creatividad del niño, la educación se hace más placentera y  eficaz. Sin embargo, las buenas intenciones de nuestros colegas docentes que intentan aplicar el juego y el arte como técnicas educativas, se

ven frustradas por la ostensible carencia de material bibliográfico y por la falta de una seria implementación en materia lúdica y estética. En el mejor de los casos, las reiteradas capacitaciones sólo orientan sus objetivos hacia la zona urbana, y no así hacia la zona rural, donde se encuentra un elevado porcentaje de nuestros educandos.

Hemos venido observando en los últimos años que no pocos juegos infantiles de la zona rural se encuentran en franca extinción. Este fenómeno se debe a la constante migración  del poblador andino, pero también debido a la invasión descontrolada de juguetes de corte occidental y a la influencia de los mass media, especialmente la TCV, con sus programas discordantes con nuestra realidad sociocultural.

Son dos razones fundamentales que han motivado la realización de este trabajo. Por un lado, nuestro sueño infatigable para rescatar los juegos propios de nuestra cultura;  y por otro, tal vez el más significativo, el desafío asumido para generar un proceso metodológico centrado en nuestros juegos, a fin de ponerlos al servicio de la educación. No pretendemos crear esquemas o modelos rígidos. De ninguna manera. Pensamos que la educación es una tarea que exige un permanente reto a la creatividad. Y la educación se hace más atractiva cuando  se emplea el arte al servicio de la educación.

                                                            Cajamarca, noviembre 1990

 

                                                                       RICARDO CABANILLAS

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CABANILLAS, Ricardo, La casita teja roja. Cajamarca,1990.

 PRÓLOGO

“LA CASITA TEJA ROJA”, de Ricardo Cabanillas Aguilar

Es un manojo de poemas infantiles escritos con emoción y ternura de niño.

Su autor, el joven docente de la Universidad Nacional de Cajamarca, Ricardo Cabanillas, no hace mucho que participa orgánicamente de la Asociación Peruana de Literatura Infantil y Juvenil (APLIJ) y sus congresos nacionales; sin embargo, su labor creativa se había anticipado acertadamente a su inscripción en la entidad rectora de la literatura infantil y juvenil del Perú. Como miembro de la APLIJ ha contribuido con importantes ponencias,

principalmente en teatro, su especialidad cultivada con preferencia a través de la creación y representación.

Con prendiendo los principios de la APLIJ y contagiado por la efervescencia promotora de la literatura infantil y juvenil en el país, Ricardo Cabanillas entrega este poemario para niños, siguiendo el delicado derrotero de pioneros y forjadores de la literatura infantil y juvenil en el Perú. Bajo la estela fulgurante de Abraham Arias Larreta, Luis Valle Goicochea, Carlota Carvallo de Núñez, Rosa Cerna Guardia, Omar Zilbert, Francisco Izquierdo Ríos, Matilde Indacochea y otros, y los insignes poetas contemporáneos de los niños y los jóvenes, Cabanillas se inicia con este breve poemario cuyas cualidades sobresalientes son la sencillez, la ternura y el delicado sentimiento con que traduce su visión infantil.

Sin estridencia ni extravagancias se acerca a sus más inmediatos referentes: la casita, los pastorcitos y las avecillas. Se aproxima a ellos, y una vez que los ha hecho suyos, su emoción encuentra el cauce poético para presentarlos sencilla y singularmente sugerentes.

Ritmo, rima, musicalidad, repeticiones, diminutivos y armonías imitativas, atributos aunque no privativos de la literatura infantil, sí muy cuidados por ella por su especial carácter, se advierten ostensiblemente en “La casita teja roja”, de Ricardo Cabanillas.

El recurso expresivo delautor está enriquecido por bien logradas metáforas e imágenes, cuyo empleo revelan inspiración natural y buen conocimiento del arte poético. Basta citar estos ejemplos:

 

                        Mi casita

                        teja roja

                        tiene aromas

                        de canela.

 

                        Toronjiles,

                        manzanillas

                        que espantan

                        a las penas.

 

            ………………………………………..

 

                        Candelita amarilla

                        tu te peinas

                        en los espejos

                        de mis ojos.

 

            ………………………………………….

 

                        Erizan las nubes

                        tropeles de espuma,

                        el viento en su carro

                        pasea a la luna.

            ……………………………………………..

                        Mariposa

                        amarilla

                        abanico

                        de mi hogar.

            ………………………………………………….

                        En tus alas

                       hay mil vuelos

                        y en tu vuelo

                        un girasol.

 

            …………………………………………………..

            Un suave aliento de tristeza se percibe en el poemario; mas esta sensación se atenúa con dulces y gráciles composiciones infantiles.

            Un nuevo hogar en “La casita teja roja” encontró la poesía infantil. En nombre de la APLIJ, Filial Cajamarca, la saludamos y estaremos siempre visitándola. Que sus puertas permanezcan abiertas a la creación de su autor y que su encanto siga cautivando la ilusión de los niños.

Septiembre, 1990.

                                                                       Luzmán Salas

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QUIROZ MALCA, Demetrio, Del mundo en que vivimos. Lima, Ediciones Video Expres S.A. 1990. 119 pp. (Poesía)

 

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