Isla Negra 4/146
Casa de poesía y literaturas.
suscripción gratuita. Lanusei,Italia. Dirección: Gabriel Impaglione.
Publicación inscripta en el Directorio Mundial de Revistas Literarias UNESCO
Fransiles Gallardo
Perù
SI mi voz no es digna de su oído
no es tu culpa hermana poesía
la culpa es mía
por no saber cantarla
por no llegar con la pureza del rocío
de: Ventisca tu (des)amor
Rafael Alberti
España, 1902- 1999
Agua de Roma
Oyes correr en Roma eternamente,
en la noche, en el día, a toda hora
el agua, el agua, el agua corredora
de una fuente a otra fuente y otra fuente.
Arrebatada, acústica, demente,
infinita insistencia corredora,
cante en lo oscuro, gima bullidora,
es su fija locura ser corriente.
Ría de un ojo, llore de unos senos,
salte de un caracol, de entre la boca
de la más afilada dentadura.
O de las ingles de unos muslos llenos,
correrá siempre, desbandada y loca
libre y presa y perdida en su locura.
Carlos Garrido Chalen
Perù
Poema para el tiempo que se viene
Cuando el predicador aseguró
que todo tiene su tiempo
y que todo lo que se quiere debajo del cielo
tiene su hora
el mundo entendió que había que arrancar entonces
todo lo plantado,
que el tiempo de abrazar y el tiempo de endechar
había llegado;
pero no existía aún eternidad en el corazón
del sembrador herido,
era mejor llegar con sospecha a la casa del luto
antes que a la casa jubilosa del banquete,
oír la reprensión del sabio
antes que la canción del necio que se muere
y del infinito, desde los suburbios de todas las galaxias,
se escuchó la voz de un ave moribunda;
y todos los hijos de su canto fuero abatidos;
pero antes que se rompa el cuenco de oro
y el cántaro se quiebre
el que sube del desierto como columna de humo,
presuroso,
zahumado de mirra nos dijo que era el tiempo
de la guerra.
Y la tórtola ciega vestida de nardo y azafrán
se enfrentó sin retardo al cuervo
en el monte del incienso;
Y como contó Isaías
aquel día, alguien – amargo como el ajenjo –
les quitó el atavío del calzado,
las redecillas, las lunetas, los collares,
los pendientes y los brazaletes,
las cofias, los adornos de las piernas,
los partidores del pelo, los pomitos de olor
y los zarcillos
y en lugar de los perfumes aromáticos
llegó la muerte y su quejumbre a la mandrágora.
El espíritu de la devastación
también tenía su tiempo.
Del Poemario "El sol nunca se pone en mis dominios"
Ernesto Cardenal
Nicaragua
Acuarela
Los ranchos dorados cercados de cardos;
chanchos en las calles;
una rueda de carreta
junto a un rancho, un excusado en el patio,
una muchacha llenando su tinaja,
y el Momotombo
azul, detrás de los alegres calzones colgados
amarillos, blancos, rosados.
Rosina Valcarcel
Lima, Perù
Anzuelo
Al, beso el declive fucsia de tu oreja
El maravilloso sonido de tu mente
La agilidad de tus manos viajeras
Todo fuera del deseo se nos desvanece
Todo fuera del amor nos ahoga
Huyamos a la cómplice Edad de Oro.