Isla Negra 4/146

Casa de poesía y literaturas.

(2004) Agosto  2008-

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Publicación inscripta en el Directorio Mundial de Revistas Literarias UNESCO

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Fransiles Gallardo

Perù

 

SI mi voz no es digna de su oído

no es tu culpa   hermana poesía

 

la culpa es mía

por no saber cantarla

por no llegar con la pureza del rocío

                                                                                                      de: Ventisca tu (des)amor

 

 

 

Rafael Alberti

España, 1902- 1999

Agua de Roma

 

Oyes correr en Roma eternamente,
en la noche, en el día, a toda hora
el agua, el agua, el agua corredora
de una fuente a otra fuente y otra fuente.

Arrebatada, acústica, demente,
infinita insistencia corredora,
cante en lo oscuro, gima bullidora,
es su fija locura ser corriente.

Ría de un ojo, llore de unos senos,
salte de un caracol, de entre la boca
de la más afilada dentadura.

O de las ingles de unos muslos llenos,
correrá siempre, desbandada y loca
libre y presa y perdida en su locura.

 

 

Carlos Garrido Chalen

Perù

Poema para el tiempo que se viene

 

Cuando el predicador aseguró

     que todo tiene su tiempo

y que todo lo que se quiere debajo del cielo

     tiene su hora

el mundo entendió que había que arrancar entonces

     todo lo plantado,

que el tiempo de abrazar y el tiempo de endechar

     había llegado;

pero no existía aún eternidad en el corazón

     del sembrador herido,

era mejor llegar con sospecha a la casa del luto

antes que a la casa jubilosa del banquete,

oír la reprensión del sabio

antes que la canción del necio que se muere

y del infinito, desde los suburbios de todas las galaxias,

     se escuchó la voz de un ave moribunda;

y todos los hijos de su canto fuero abatidos;

pero antes que se rompa el cuenco de oro

     y el cántaro se quiebre

el que sube del desierto como columna de humo,

     presuroso,

zahumado de mirra nos dijo que era el tiempo

     de la guerra.

Y la tórtola ciega vestida de nardo y azafrán

     se enfrentó sin retardo al cuervo

     en el monte del incienso;

Y como contó Isaías

aquel día, alguien – amargo como el ajenjo –

     les quitó el atavío del calzado,

las redecillas, las lunetas, los collares,

los pendientes y los brazaletes,

las cofias, los adornos de las piernas,

los partidores del pelo, los pomitos de olor

     y los zarcillos

y en lugar de los perfumes aromáticos

llegó la muerte y su quejumbre a la mandrágora.

 

El espíritu de la devastación

     también tenía su tiempo.

                                         Del Poemario "El sol nunca se pone en mis dominios"

 

 

 

 

 

 

Ernesto Cardenal

Nicaragua

Acuarela

 

Los ranchos dorados cercados de cardos;

chanchos en las calles;

una rueda de carreta

junto a un rancho, un excusado en el patio,

una muchacha llenando su tinaja,

y el Momotombo

azul, detrás de los alegres calzones colgados

amarillos, blancos, rosados.

 

 

 

 

Rosina Valcarcel

Lima, Perù

Anzuelo

 

Al, beso el declive fucsia de tu oreja

El maravilloso sonido de tu mente

La agilidad de tus manos viajeras

Todo fuera del deseo se nos desvanece

Todo fuera del amor nos ahoga

Huyamos a la cómplice Edad de Oro.