Isla Negra 3/134

Casa de poesía y literaturas.

2004- abril-  2008-

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Pier Paolo Pasolini

Italia -1922 - 1975

Abro la mañana

Abro a la mañana de un blanco lunes
la ventana, y la calle indiferente               
roba entre su luz y sus rumores
mi presencia infrecuente entre las hojas.               
Este moverme... en días totalmente
fuera del tiempo que parecía consagrado               
a mí, sin regresos ni paradas,
espacio lleno todo de mi estado,               
casi prolongación de la existencia
mía, de mi calor, del cuerpo mío...               
y se ha truncado... Estoy en otro tiempo,
un tiempo que dispone sus mañanas               
en esta calle que yo miro, ignoto,
en esta gente fruto de otra historia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fransiles Gallardo

Perú

Soy

 

el horcón de la cabaña

de tus pesares

 

la paja de caña   que escurre

el aguacero de tus penas

 

por donde resbalan

también

 

aciagos vientos de tu angustia

 

las goteras    de tu soledad

 

                                                           de: Arco iris de Magdalena, 2006.

 

 

 

 

Octavio Paz
Mixcoac, México, 1914- 1998 
La poesía
 
Llegas, silenciosa, secreta,
y despiertas los furores, los goces,
y esta angustia
que enciende lo que toca
y engendra en cada cosa
una avidez sombría.
 
El mundo cede y se desploma
como metal al fuego.
Entre mis ruinas me levanto,
solo, desnudo, despojado,
sobre la roca inmensa del silencio,
como un solitario combatiente
contra invisibles huestes.
 
Verdad abrasadora,
¿A qué me empujas?
No quiero tu verdad,
tu insensata pregunta.
¿A qué esta lucha estéril?
No es el hombre criatura capaz de contenerte,
avidez que sólo en la sed se sacia,
llama que todos los labios consume,
espíritu que no vive en ninguna forma
mas hace arder todas las formas.
 
Subes desde lo más hondo de mí,
desde el centro innombrable de mi ser,
ejército, marea.
Creces, tu sed me ahoga,
expulsando, tiránica,
aquello que no cede
a tu espada frenética.
Ya sólo tú me habitas,
, sin nombre, furiosa substancia,
avidez subterránea, delirante.
 
Golpean mi pecho tus fantasmas,
despiertas a mi tacto,
hielas mi frente,
abres mis ojos.
 
Percibo el mundo y te toco,
substancia intocable,
unidad de mi alma y de mi cuerpo,
y contemplo el combate que combato
y mis bodas de tierra.
 
Nublan mis ojos imágenes opuestas,
y a las mismas imágenes
otras, más profundas, las niegan,
ardiente balbuceo,
aguas que anega un agua más oculta y densa.
En su húmeda tiniebla vida y muerte,
quietud y movimiento, son lo mismo.
 
Insiste, vencedora,
porque tan sólo existo porque existes,
y mi boca y mi lengua se formaron
para decir tan sólo tu existencia
y tus secretas sílabas, palabra
impalpable y despótica,
substancia de mi alma.
 
Eres tan sólo un sueño,
pero en ti sueña el mundo
y su mudez habla con tus palabras.
Rozo al tocar tu pecho
la eléctrica frontera de la vida,
la tiniebla de sangre
donde pacta la boca cruel y enamorada,
ávida aún de destruir lo que ama
y revivir lo que destruye,
con el mundo, impasible
y siempre idéntico a sí mismo,
porque no se detiene en ninguna forma
ni se demora sobre lo que engendra.
 
Llévame, solitaria,
llévame entre los sueños,
llévame, madre mía,
despiértame del todo,
hazme soñar tu sueño,
unta mis ojos con aceite,
para que al conocerte me conozca.
 
 
 

Carlos Garrido Chalen

Perú

Para que sepan todos el maderal que era

 

Alguien dirá por allí que no fui nadie

Que fui un simple helecho copado de vacíos

Pero no saben ellos del maderal que era

Pues ni siquiera fueron insectos en mis copas.

 

No fueron ni bacterias ni hongos en mi alero.

Yo regulaba el clima y moderaba al viento insurrectazo

y protegía  el suelo de cárcavas y zanjas.

Mis jacintos crecieron para el amor del bosque

Con sus colores propios buscando el infinito.

 

Y fui madera buena

Pues influí en la lluvia precipitando su agua.

Por eso los que dicen que fui un simple árbol

Desconocen que amando fertilicé los sueños del gladiolo

Y fui muy generoso con el trigal y el cactus

Porque a los dos sin tregua les daba mis amores.

Y lanzaba a los campos mi ánimo de puma

(y el hombre se sentía ante mí soberano

Ignorando obstinado su muda dependencia).

 

Yo era un leño raro, según los tulipanes

Porque me homenajeaban por las noches las ranas

Y al salir las auroras me amenazaban los mirtos.

                                                                                                 De: Confesiones de un árbol

 

 

 

 

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